Solo por animar

No importa que los sueños se nos llenen de espantos reconforta saber que el Mercado siempre vela por los seres humanos. Hace muchos años que todos tenemos constancia de ello pero, por si acaso alguien insiste en pedirme una prueba, les daré dos noticias. No son tan estremecedoras como el hambre, tan crueles como la muerte o tan desoladoras como la soledad, pero duelen tanto como las tres y reflejan este mundo como cualquiera de ellas.

La primera ocurrió durante el cambio de siglo, año arriba o abajo. La Federación Alemana de Golf ponía en marcha un millonario programa de investigación con el objetivo de averiguar si las pelotas de golf perjudicaban la salud de las vacas alemanas.

Sí, sé que todos los días se publican en los medios noticias como esta pero, lo de las vacas alemanas y el golf me perturbó hasta el punto de que duré tres días barruntando preguntas sobre vacas y pelotas. ¿Pasaban mucha hambre las vacas alemanas? ¿Las investigarían a todas? ¿Tal vez pastaban en esos verdes y bucólicos alrededores de los campos de golf… o en los propios campos? ¿Saldrá con hoyos la leche de una vaca alemana? ¿Por qué las vacas alemanas no comen balones de fútbol? ¿Solo las vacas comen pelotas de golf? Nunca supe nada más sobre el caso.

La segunda noticia es más reciente, diez años, poco más, pero me provocó el mismo sobresalto que la anterior. Salía al mercado la primera pelota de golf ecológica y biodegradable con la que jugar al golf en los cruceros sin contaminar el mar. La capa externa de la “Ecobioball”, una vez caía al agua se biodegradaba y liberaba alimentos que llevaba en su núcleo, siendo causa de fiesta y regocijo para todas las sardinas que, expectantes, jaleaban cada fallo del golfista. Con la “Ecobioball” los jugadores de golf se ahorraban la terapia por sus escrúpulos y, además, contribuían a paliar el hambre en el mar.

Pero no se aflijan. Les tengo una noticia más. La última. Se publicará mañana. Según las últimas encuestas, cinco de cada diez niñas que han consumido leche de vaca alimentada con pelotas de golf ganan de adultas los cruceros de golf por el Mediterráneo. Y una de cada dos lo hace jugando con el nuevo modelo de “Ecobioball” cuyo núcleo está compuesto de hielo que, al contacto con el mar, se libera frenando el cambio climático.

(Euskal presoak-euskal herrira)

Las encuestas

Las encuestas, su mayoría, o sirven para que te enteres de lo que ya sabes o para que sepas lo que no te importa, pero sirven, sobre todo, para que los beneficios que dejan sus ventas multipliquen el patrimonio de sus dueños.

Seguimos pecando de ingenuos. Si antes dábamos por cierto cualquier disparate porque “lo he visto en la televisión o lo han dicho en la radio o viene en el diario” ahora lo confirmamos porque “ha salido en una encuesta”.

En el negocio de las encuestas la credibilidad no es un valor en alza, y ganarse el respeto por la pulcritud de su gestión suele ser la principal causa de que se desplomen sus ventas. Una empresa encuestadora seria, como negocio, es tan ruinosa como un periódico que ejerza la profesión con dignidad. Las encuestas son productos que están en el mercado a la espera de un cliente que las compre. Las venden empresas que se manejan con los mismos principios que las demás en este mercado al uso y que, con independencia de que vendan encuestas, lavadoras o chorizos, deben hacer caja.

Esa podría ser, precisamente, la explicación de porqué no suele haber contradicciones entre los resultados de una encuesta y la firma que la pagó. Ningún partido político, por ejemplo, que acostumbre a encargar encuestas va a pagar un resultado que lo ponga en evidencia. El origen de las encuestas, en contra de lo que algunos piensan, no es divino, y se hacen a la medida, se sirven a la carta, se llevan a domicilio, se facturan en negro y se pagan en diferido.

(Euskal presoak-euskal herrira)