Sueños y pesadillas

Para quienes todavía no tengan clara a la hora de acostarse las diferencias que hay entre disfrutar unos dulces sueños o padecer unas amargas pesadillas, las cuentas anuales presentadas por Inditex, el obsceno negocio vinculado a la ropa de Amancio Ortega, le pueden sacar de dudas. Anjel Ordóñez hacía antier en Gara referencia a esa empresa y a esas cuentas: ventas por valor de 23 mil millones de euros; más de 7 mil tiendas; más de 160 mil personas empleadas. Cada minuto que pasa Ortega gana 2.380 euros. Es decir, que cada mañana que el millonario gallego feliz despierta en su mansión después de ocho horas de reparador descanso, sus sueños le han producido más de un millón de euros. Exactamente, según sus propias cuentas, 1,142.400 euros por dormir. Eso son sueños.

Las niñas que trabajan en miserables condiciones para Amancio Ortega en las plantas textiles de India, Bangladesh o Marruecos pueden llegar a ganar un euro por hora trabajada, menos de medio céntimo por minuto al día. Es decir, que cada noche que agotadas regresan a sus casas y, finalmente, se acuestan, siguen debiendo todo, hasta el catre en el que se derrumban. Eso son pesadillas.

Mientras los sueños de algunos acunen las pesadillas de todos nadie debiera dormir.

(euskal presoak-euskal herrira)

Tres noticias de septiembre del 2010 para leer hoy

 

Septiembre del 2010. La primera noticia nos relataba otra nueva denuncia de torturas. Las padecidas en esos días por nueve independentistas del País Vasco detenidos por la Guardia Civil: la “bolsa”, amagos de violación, tocamientos sexuales, golpes… El mismo juez que ordenara las detenciones, la incomunicación y la inasistencia legal, también desestimaría las denuncias de torturas.

Sandra Barrenetxea, una de las detenidas, declaraba haber sido desnudada en el mismo trayecto a Madrid, entre insultos, golpes y tocamientos en los pechos. La vecina de Bilbao denunciaba que un guardia civil le arrancó los pantalones forzándola a que abriera las piernas. Igualmente, denunció que fue obligada a permanecer en bragas en los interrogatorios y amenazada con ser violada en más de una ocasión.

Aniaiz Ariznabarreta, otra de las mujeres apresadas, también denunciaba haber sido torturada en el mismo trayecto a Madrid, viaje que debió hacer semidesnuda, siendo objeto de golpes, tocamientos en los pechos e insultos sexistas. Durante los cinco días que permaneciera detenida e incomunicada fue mantenida desnuda en todos los interrogatorios, sufriendo tocamientos tanto en los pechos como en la vagina.

Septiembre del 2010. La segunda noticia informaba que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos condenaba al Estado español a indemnizar con 23.000 euros al preso político vasco Mikel San Argimiro, al entender que el Estado violó el artículo 3 –que prohíbe la tortura– del Convenio Europeo de Derechos Humanos, por no investigar las torturas (la “bolsa”, golpes y vejaciones sexuales) que denunciara San Argimiro tras ser detenido e incomunicado por la Guardia Civil.

Septiembre del 2010. La tercera noticia nos ponía al tanto de la entrega en Madrid del Premio del Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género que recaía en la Guardia Civil, además de otras policías (Cuerpo Nacional de Policía, Ertzaintza, Mossos d’Esquadra y Policía Foral).
El acto estuvo presidido por los ministros de Igualdad, Bibiana Aído; Interior, Pérez Rubalcaba; y Justicia, Francisco Caamaño, así como por el presidente del Consejo General del Poder Judicial, Carlos Dívar (años después renunciaría por sus semanas caribeñas en Marbella, comidas y despendoles incluidos); por el presidente del Consejo General de la Abogacía Española, Carlos Carnicer; por el Fiscal general del Estado, Cándido Conde-Pumpido (actualmente en el Tribunal Constitucional) y por la presidenta del citado Observatorio, Inmaculada Montalbán.

(Euskal presoak-euskal herrira)

Nuevos delitos

Uno pensaba que el odio era un sentimiento y que, al margen de la consideración que nos merezca, era tan legítimo como el amor, pero los tiempos cambian y ahora resulta que lo que creía un sentimiento también es un delito. Oigo en los medios habar del delito de odio para explicar una bronca, un insulto, cualquier cosa, y me echo a temblar. No porque odie, que si alguna vez odié años hace que no albergo semejante sentimiento, sino porque me preocupa que además del odio también se convierta en delito el asco. Y es que asco si que tengo y, lo que es peor, lo tengo por arrobas, a mansalva, en cantidades industriales. Son tantos mis ascos que enumerarlos me llevaría cien columnas y la certeza de no poder nombrarlos todos. Basta que entre en un bar y tengan puesta, es un ejemplo, Tele-5 para que de inmediato me invada una sensación de asco insoportable; solo con la portada del Diario Vasco es suficiente para que la náusea me haga correr al baño, y con El Correo Español ni siquiera tengo tiempo de correr. Sufro arcadas en todos los tonos y tamaños, ascos S, M, XL, XXXL, ascos en do, en re, en mi-fa-sol, ascos en blanco y negro, en directo y diferido, en prosa y en verso, ascos nacionales e internacionales… ¿También será delito el asco?

(Euskal presoak-euskal herrira)