Deseo para Año Nuevo

 

Por ahí andan los sesudos contertulios de todos los grandes medios debatiendo si sería legal o inconveniente que Puigdemont desde el exilio o Junqueras desde la cárcel gobernasen la república catalana. Hasta Urkullu, el mejor alumno de la clase, ha levantado la mano y, con la venia, ha cerrado el debate ante el aplauso del profesor: “para dirigir un país hay que estar presente”.

El problema es otro y, por cierto, tampoco es catalán. El problema que tiene el Estado español es, simplemente, que la mayoría del pueblo catalán quiere ejercer su derecho a decidir y “M.Rajoy”, sea porque es un cretino o porque (él mismo lo confirmó) es un cretino que vive en el 2016, se niega a aceptar que los independentistas ganaron de nuevo en las urnas a pesar de la represión, del miedo, de las amenazas y del fraude.

Tengo la impresión de que, si pudiesen elegir, Puigdemont o Junqueras optarían por gobernar Catalunya desde la Generalitat antes que desde el exilio o la cárcel, pero quienes gobiernan desde España a catalanes y vascos no disponen de más respuestas para la Catalunya que quiere ser libre e insiste en reclamar ese derecho pacífica y democráticamente.

Ya que estamos en confianza les confieso que, en cualquier caso, yo prefiero que Puigdemont o Junqueras o Anna Gabriel me gobiernen desde una cárcel de las antípodas a que lo siga haciendo la banda de delincuentes comandada por “M.Rajoy” y asentada en Madrid con sus copias en blanco y negro, incluyendo sus comandos liberados en medios, tribunales y audiencias. Y ese sí que es un problema.

(Euskal presoak-euskal herrira)

Del prior de la Abadía de la Oliva a Marcinkus

En tres breves párrafos define www.turismo.navarra.es la Abadía cisterciense de la Oliva en la ribera navarra. Si en algo se insiste en tan conciso sumario es en el “oasis de paz y tranquilidad” (primer párrafo) en el que “resulta fácil pasar las horas en tranquila y permanente meditación” (segundo párrafo) para que “tu visita te permita descubrir el valor del silencio” (tercer y último párrafo antes de pasar a “más información” para que quien se anime a visitar la abadía, asista a sus liturgias cantadas, compre vinos tintos y rosados (Denominación Origen Navarra), pernocte en la abadía y visite los alrededores, siempre que “se vista con decoro y se guarde silencio”.

En los alrededores de tan apacible oasis se encuentra el polígono de tiro de las Bardenas, el mayor de Europa, donde cazas a reacción del ejército español y de la OTAN ensayan la guerra. El prior de la orden religiosa afirma ya estar acostumbrado al ruido y a los accidentes que genera un polígono cuyo desmantelamiento se viene exigiendo desde hace 66 años pero que a la orden religiosa y a algunos caciques de los pueblos próximos les supone una vergonzosa dádiva a la que no quieren renunciar. “Somos hijos de nuestro tiempo y de nuestras circunstancias” se justifica el prior.

Antes que él, Paul Marcinkus, aquel príncipe del Vaticano encargado de las finanzas de la Iglesia que estuviera detrás del caso del Banco Ambrosiano, el mayor escándalo financiero en Italia, y la media docena de crímenes que supuso su quiebra; que también fue vinculado al secuestro y desaparición de la niña italiana Emanuela Orlandi, al asesinato de Juan Pablo I, a tráfico de oro, a pederastia… y que jamás respondió ante la justicia terminando sus días en una lujosa mansión de Arizona jugando al golf, lo resumió entonces con la misma precisión que ahora el prior de la Oliva: “No se puede administrar la Iglesia solo con avemarías”.

(Euskal presoak-euskal herrira),

 

Los telemaratones

Los telemaratones siempre me han provocado sentimientos contradictorios y avivado tristes recuerdos. Cada vez que, a través de algún medio, asisto a una colecta pública para que la solidaridad de la gente compense la desidia del Estado en asuntos tan básicos como la salud o la educación, me admira constatar que haya gente generosa y dispuesta a aportar lo que pueda en respaldo de una hermosa causa, pero también vienen a mi memoria aquellos programas de radio de mi infancia como “¡Ustedes son formidables!” con Dvorak y su Sinfonía del Nuevo Mundo como contrapunto dramático al llamado a ejercer la caridad cristiana. Han pasado los años, otros son los argumentos, pero se sigue dependiendo de la generosidad pública para investigaciones, servicios, causas de primer orden a las que el Estado se niega a dar respuesta.

Temo que los próximos telemaratones sean para adquirir camillas o pupitres o pagar la factura de la luz, pero quiero soñar que llegará un día en que, si aún hay telemaratones porque el Estado no responda a sus obligaciones, sea la solidaridad de la gente, no sus impuestos, la que se encargue de renovar la fuerza aérea, de comprar más tanques y armas, de rescatar a los bancos, de mantener al monarca y su familia,..

(euskal presoak-euskal herrira)