Una silla

Un informe de este año realizado por el Gabinete de Prospección Sociológica del Gobierno Vasco en relación a las actitudes de la ciudadanía vasca hacia el medio ambiente, determinaba que cada vez es mayor la conciencia que esa ciudadanía tiene del problema, que también aumenta el número de personas “favorables a traducir esa sensibilidad en acciones”, pero que un 38% de quienes se dicen conscientes del problema solo estarían de acuerdo en los imprescindibles cambios que contribuyan a la mejoría del medio ambiente… “si no les supone esfuerzo”.

Es preocupante el resultado, entre otras razones, porque no hay nada que se pueda hacer con respecto al deterioro del medio ambiente o cualquier otro problema social, personal, de cualquier índole, que no requiera algún esfuerzo. Cualquier nuevo hábito de vida que pretendamos asumir nos va a suponer un esfuerzo. Reciclar, por ejemplo, consumir de manera racional, una alimentación más saludable, nos va a exigir un esfuerzo. Hasta mirar para otro lado requiere un esfuerzo, pero mientras cruje el planeta por todas sus costuras, el mercado exige más y nuevos beneficios y el negocio impone su locura, hay gente, mucha gente, un 38% asegura ese informe, solo quiere una silla.

Yo… prefiero una hamaca.

(Euskal presoak-euskal herrira)

Dudas y certezas

Entre tantas dudas como en los grandes medios se ponen de manifiesto con respecto a Catalunya y tras oír cientos de conjeturas, presunciones, cábalas y demás augurios, hay dos certezas que no debiéramos perder de vista.

La primera es que Catalunya acabará siendo una república independiente porque así se declare y porque así se construya. Y lo es ya, o lo será mañana o el día en que la cordura y el derecho lo determinen, pero Catalunya será independiente y republicana. Además del registro de la fecha, (una anécdota en la historia de un país) lo único que queda por resolver es si la futura relación de esa República de Catalunya con sus vecinos será cordial, tal vez llevadera, o será penosa.

La segunda certeza que no conviene olvidar es que el Estado español está gobernado por una organizada camarilla de delincuentes que amparándose en la misma Constitución que incumple y en los tribunales que controla, ha convertido la Justicia en un escarnio y el Estado en una cárcel, con el aval de la banca, de la Iglesia y del monarca.

Lamentablemente, entre la España que sale a los caminos a jalear a los Tercios de Flandes rumbo a Catalunya y la España que sigue en las cunetas demandando memoria, hay un metro de tierra y ochenta años de impunidad.

(euskal presoak-euskal herrira)

Españolizar Catalunya

De “españolizar a los niños catalanes” de que hablara el ministro español Wert hemos pasado a españolizar a Catalunya. Y no, no van a desembarcar en Catalunya los Machado, Lorca, Picasso o Miguel Hernández… no. No van a ser ellos.

En primer lugar porque serían los primeros en negarse, y en segundo lugar porque los Tercios de Flandes que se aprestan a invadir la república catalana son los mismos de siempre, los tricornios, las monteras, la corona bajo palio, sotanas, escapularios, mantillas y peinetas. Son cachulis, campeadores, nazarenos, macarenas, pizarros, poceros y pantojas, y duquesas del alba y borbones de copas.

Mientras las cunetas del Estado español siguen escondiendo sus vergüenzas y el propio Estado se jacta de incumplir la ley de la Memoria, la historia que nos cuentan, y lo subraya el diccionario español, se nos va llenando de ecuánimes dictadores de objetivos procedimientos que nos legaron equitativos cadáveres de neutrales responsos.

¡Visca la República de Catalunya!

(Euskal presoak-euskal herrira)