Si así fuera

Si llegara a ocurrir que un feliz día

acabaras perdiendo la cordura,

que extraviaras los puntos y las comas,

y amanecieras ida, extrañamente insana,

perdidamente loca…

Si llegara a ocurrir

que toda sensatez te fuera ajena

y te diera lo mismo salir a tus adentros

que entrar a tus afueras,

que a cada desvarío sucediera un delirio

y no le dieras tregua a la razón…

Si ocurriera que un día, que no llega,

fuera el discernimiento algo más comprensivo

y la prudencia demandada

por su notoria tendencia a envilecerse,

y el respeto emplazado a definirse

y el derecho puesto del revés…

Si llegara a ocurrir que ese temor,

que cavila remilgos y acuna las palabras

que han de negarnos cuerdos,

esos miedos que son las cortapisas

del juicio que perdemos…

Si llegara a ocurrir que lo perdemos,

para entonces,

a ti y a mí nos tendrá la demencia reservada

una mesa simple, de madera,

donde acodar los sueños

y aliento para hacerlos al camino.

Sospecho, también, un día de lluvia

y que el sol que amanezca no nos halle dormidos;

supongo algunas risas,

ni tantas como para aturdirnos,

ni tontas como para olvidarnos,

podrían ser las justas, las debidas,

esas que cuando son, son un encuentro,

un agitado cruce de alborotos,

otra loca manera de abrazarnos.

Y habrá, de vez en cuando, luna llena,

así le guste al cielo o le disguste,

y una ventana azul y un árbol viejo.

 

 

Afirmaba mi hermano

Afirmaba mi hermano que entre ir o no ir

él se quedaba en medio.

¿Y cuál es el término medio entre ir o no ir?

Ir despacio es ir

Ir a veces es ir

Ir apenas es ir

Ir a tientas es ir

Sólo quedarse es no ir.

El término medio entre ir o no ir… es mi hermano.

 

El entorno y el umbral

Para el gobierno español cualquier muestra de disidencia que le llegue del País Vasco, o se considera parte del entorno o se reconoce como parte del umbral.

Y es caso es que el entorno y el umbral hubieran sido dos magníficos conceptos para un tango. Lo pienso cada vez que los oigo en boca de sesudos milongueros de tertulia, desafinando a coro por los medios, o cuando artero los columpia en sus ruedas de prensa el ministro fabulador de turno.

Bastaría agregarles una viejita ciega y aterida de frío en una esquina, o una nena famélica al borde del colapso, incorporar un bandoneón que respire la pena y una guitarra que le haga el contrapunto, para que, al instante, en criollo cambalache, como juega el gato maula con el mísero ratón, aparezcan mano a mano los entornos, los umbrales,  y a media luz los dos.

Y es que el entorno y el umbral están hechos para ser cantados.

Hasta pudieron, de no haber sido un tango, servir a  algún bolero y sellar una amable cuarteta que echara a rodar los pies y los pretextos… pero ni como tango ni como bolero suenan.

Por ahí andan el entorno y el umbral, en la Audiencia Nacional, convertidos por la gracia de Dios y de esta infamia en otro bochornoso y español pasodoble.