El Lobo Feroz, en un nuevo esfuerzo por promover el respeto a los derechos humanos y las libertades en los cuentos, ha hecho público en estos días su tradicional informe. El estudio presentado en esta ocasión por el Lobo, estudio que busca servir de referencia a otros cuentos y niños, se propone acabar con los abusos, reforzar la capacidad de los cuentos para proteger los derechos humanos, y centrar la atención en quienes no cumplan las normas internacionales.
Nuevamente, el informe condena a Caperucita Roja por su ilegal tráfico de canastas de alimentos por el bosque, por su insistencia en perturbar la naturaleza, así como por desatender la atención de personas de la tercera edad y prestar asistencia a furtivos cazadores.
También se condena a Cenicienta por abandono del puesto de trabajo, connivencia con hadas terroristas, usurpación de identidades y vestidos, conducción temeraria de carrozas, y entrada ilegal en reales palacios. Igualmente, el informe censura el abandono de zapatos en escaleras públicas y la permanente campaña de difamación que Cenicienta sigue manifestando hacia sus hermanas y madrastra.
Tampoco Blancanieves se ha salvado de las críticas del informe por su fragrante y reiterada animadversión hacia la dignidad real, la recurrente falsificación de espejos y su respaldo a bandas de enanos indocumentados. En el informe también se denuncia a Blancanieves por complicidad con cazadores, sacrificio de ciervos y venta fraudulenta de corazones.
Sin embargo, el informe presentado por el Lobo Feroz, reconoce y destaca el avance que vienen observando en materia de derechos humanos y libertades: el Ogro y la Bruja, dado que el primero ha dado inicio a una exitosa campaña vegetariana de adelgazamiento renunciando, incluso, a la ingesta tradicional de su propia descendencia, y la segunda implementa en la actualidad una masiva construcción de viviendas de chocolate, todas dotadas de sus correspondientes hornos, que permitan a la infancia desvalida abandonar bosques y calles y disfrutar del calor de un hogar.
El informe del Lobo Feroz resalta, igualmente, los logros alcanzados en materia de derechos humanos por el Capitán Garfio que, lejos de arrojar a sus enemigos al mar, ahora los entierra cristianamente de dos mil en dos mil, y los significativos avances de Cruella de Vil que, aunque sigue utilizando abrigos de piel, ya no utiliza perros como materia prima, lo que ha merecido el elogio de 101 dálmatas y las reticencias de sus trabajadores.
Finalmente, el informe este año del Lobo Feroz, ha censurado la conculcación que se comete actualmente en algunos cuentos contra los derechos lingüísticos de los lobos que están viendo como sus gruñidos y aullidos son discriminados en beneficio de otras lenguas.
Mes: agosto 2010
¿De dónde habrán salido?
Es una obligada pregunta cada vez que te encuentras en los medios de comunicación la penosa constancia de los tantos cretinos con licencia que gobiernan nuestras vidas.
Los hay por pares y por docenas; en blanco, en negro y a todo color; los hay en todos los tamaños y medidas: small, medium, large, extra-large; los hay que se reciclan, los hay nuevos; los hay que son demonios, los hay que van al cielo; los hay desnudos, los hay a medio pelo; los hay en frac, en tirantes, con levita, con sabor a menta y gusto a caramelo…
¿De donde habrán salido la Barberá, el Fabra, el Basagoiti, la Barcina, el Camps, la Aguirre, el Oyarzabal, la Pajín, el Pachi López, la Cospedal, el Sabater, el Sanz, la Rosa Díez…?
Y no sólo asientan sus reales en ilustres escaños y despachos, también son comunes en los medios de comunicación, en los tribunales, en los templos, en cualquier órgano de poder.
Los partidos compiten por ver quien es capaz de acumular más imbéciles en sus nóminas. Tiempos hubo en los que bastaba que fueran canallas que supieran acreditar su vileza, pero ahora también es preciso que sean idiotas, y no obstante aumentar los requisitos que aúpen las solicitudes más impresentables, los partidos se las ingenian para abarrotar sus escaparates de engreídos mamarrachos que al mismo tiempo resulten petulantes sinvergüenzas.
“La paciencia del Ministerio de Fomento es infinita, pero se nos está terminando la paciencia” declaraba ayer uno de ellos, a la sazón ministro español de esa cartera. Nuestra paciencia, sin embargo, siendo finita no termina nunca. Otra paradoja más de la política española a la que ya no le caben más bodoques pero a la que todavía le falta una respuesta: ¿Por qué los elegimos?
Repugnante manipulación
El caso de la joven afgana Aisha, a la que su marido cortó la nariz y las orejas por huir de su casa, no es sólo un caso más de violencia machista, es también una repugnante manipulación de esa violencia porque lo que algunos medios de comunicación están haciendo es utilizarla para justificar el genocidio que las tropas estadounidenses y europeas vienen haciendo desde que consumaron la invasión de ese país.
“Lo que pasa si nos retiramos de Afganistán” titulaba en su portada la revista “Time” sobre la desfigurada imagen de la joven afgana.
Tampoco es la primera vez que se apela a la violencia machista como pretexto que ampare todas las violencias que, curiosamente, en nombre de la civilización y la democracia, viene Occidente perpetrando en los países que ocupa y arruina.
La repercusión que, por ejemplo, ha tenido en estos días la condena a morir lapidada de una mujer iraní, siendo como es un sangrante caso, es una más de las repulsivas vejaciones y crímenes de las que son objeto las mujeres en muchas “irreprochables” democracias de Oriente Medio, regidas por sanguinarias monarquías que, sin embargo, merecen todo el apoyo y respaldo de monarcas y estados europeos y americanos, y ninguna atención de los grandes medios de comunicación.
La única manera en que podremos influir para que puedan ir superándose cualquiera de las tradiciones o costumbres en otras culturas que, a nuestros ojos, resultan repugnantes, es el ejemplo que les brindemos desde modelos de convivencia más abiertos y tolerantes, desde sociedades más participativas y justas, desde intercambios más igualitarios y respetuosos. Y de más está decir lo lejos que estamos de servir de ejemplo. No sólo no hemos sido capaces de ofrecer conductas alternativas que les sirvan de modelo, sino que nos hemos convertido en paradigma de todas las vilezas que, supuestamente, rechazamos; en verdaderos maestros de todos los horrores que aseguramos aborrecer y en los principales sostenedores de su miseria.
Los miles de soldados estadounidenses y europeos desplegados en Afganistán no llegaron para proteger a las mujeres afganas de la violencia de una cultura machista que no es desgracia exclusiva de esa nación y de esa cultura. Tampoco fueron a impartir talleres educativos en relación a la violencia machista o a implementar sistemas de formación escolar que hagan posible superar esas violentas conductas.
Si así fuera no tendrían que haber ido tan lejos. Si lo que pretendían era prevenir o castigar la violencia machista podrían haber invadido sus propios países, haber intervenido, por ejemplo, el Estado español o cualquiera de las democracias europeas o los Estados Unidos, donde los crímenes machistas siguen estando a la hora del día.
Si enfrentar la violencia machista fuera realmente una válida razón para no salir de Afganistán y en consecuencia la razón de haber llegado, no eran soldados los más indicados para tal cometido. Debieran haber enviado contingentes de educadores, de asistentes sociales, de maestras y pensadores, de psicólogos, de personas cualificadas y capaces de ayudar a la sociedad afgana a reconducir la visión y el papel de la mujer por espacios de justicia, equidad y respeto.
Si enfrentar la violencia machista fuera, en verdad, la razón que justifica invadir y ocupar Afganistán, no eran bombas, ni tanques, ni armas, los instrumentos capaces de contribuir con esa cultura a superar esa sexista violencia, sino libros, material didáctico, recursos económicos…
Los cientos de miles de uniformados que invadieron Afganistán o Iraq, llegaron a ocupar esos países para hacerse con sus bienes, garantizarse espacios de influencia, permitir el trasiego de sus recursos, instalar sus bases… A eso fue que llegaron y por eso es que están allí. Y para hacerlo posible no han tenido empacho en aniquilar cientos de miles de vidas humanas de la manera más artera y cruel. Soldados que, sea enviados por sus gobiernos o en representación de las Naciones Unidas, también se han destacado en el ejercicio de las más asquerosas lacras humanas que puedan imaginarse. Entre ellas, violaciones y torturas de mujeres, de niñas, en cualquiera de los países que con distintos pretextos ocupan.
La ginecóloga suiza Mónica Hauser dedicada a prestar asistencia a mujeres que han sufrido la violencia de la guerra, la violencia de ver destruidos sus hogares, la violencia de ver asesinados sus hijos, la violencia de la miseria y de ser ultrajadas, declaraba en referencia a la República Democrática del Congo, que los cascos azules de la ONU y el personal masculino humanitario no sólo no contribuían a la paz y el orden sino que eran parte del problema, y que las familias ya no mandaban a sus hijas a la escuela sino a la puerta de los cuarteles.
Son incontables los casos de violaciones, de asesinatos, que han tenido como protagonistas, además de las niñas y las mujeres que la padecen, a tropas de paz en Haití, a soldados de la OTAN en los Balcanes, a los cascos azules en Africa y a soldados europeos y estadounidenses donde quiera que llegan.
Entre los miles de crímenes y violaciones que la revista “Time” no recuerda, uno de los casos más infames fue el de la niña iraquí Abeer Qasim Hamza, de 14 años, vecina de Mahmudiya, al sur de Bagdad, cuya modesta casa se levantaba a escasos metros de un puesto de control estadounidense.
Varios soldados de la 101 División Aerotransportada, con base en Fort Campbell (Kentucky) entraron en la casa, asesinaron a sus padres y se fueron turnando en la violación de la niña, a la que, finalmente, destrozaron la cabeza y le quemaron el torso y las piernas.
Luego de que el ejército estadounidense culpara a la insurgencia, el caso llegó a saberse cuando, en venganza, suníes islamistas mataron a tres miembros del cuerpo militar y otro soldado, arrepentido, relató lo sucedido.
Cuatro uniformados fueron detenidos y trasladados a Estados Unidos para ser juzgados y condenados: Steve Green, quien mató a los padres y a la niña; James Barker, que se declaró culpable de violación y asesinato; el sargento Paul Cortez, que también asumió su culpa; y el soldado Jesse V. Spielman que declaró que él sólo se limitó a acompañar a sus compañeros y a tocar un pecho de la niña cuando ya estaba muerta. Al margen de las condenas impuestas, todos podrían salir en libertad antes de 10 años.
Según trascendió en el juicio los temas de conversación más habituales de los soldados eran “matar iraquíes y follar”. Otro de los imputados, Bryan Howard, declaró que cuando los soldados regresaron a la base les escuchó decir: “Fue asombroso”, mientras uno de ellos saltaba en la cama. Paul Cortez admitió en el juicio que odiaba a los iraquíes y también a las mujeres. Steve Green, que pudo alistarse en el ejército cuando se le retiraron los cargos en su contra por abuso de alcohol y otras drogas, procedimiento al que se acogieron más de 34 mil reclutas sólo en el 2006, confesó en el juicio que fue a Iraq “porque quería matar gente”.
“Maté a un tío que no quiso parar en el puesto de control y fue como si nada… Matar gente aquí es como pisar una hormiga. Quiero decir, matas a alguien y es como decir ok, vamos a comprar pizza”.

¿Es esta basura humana la que va a lograr que en Afganistán cambie la visión que se tiene de la mujer? ¿Es ese fusil el arma que condensa la terapia que hará posible el cambio?
¿No sería también ésta fotografía una buena portada para el Time?
Cómo no confundir a la Señora Obama con otra
Dada la inminente llegada de la familia real estadounidense a Madrid y a tenor de sus características raciales y el desempeño de los funcionarios y policías con asiento en el aeropuerto español, hago públicas cuatro consideraciones que debieran tener en cuenta las autoridades y que eviten enojosas confusiones en el trato debido a las augustas visitas, ya que sería lamentable que con el tradicional celo que ponen de manifiesto funcionarios y policías españoles en Barajas, alguien confundiera a la primera dama estadounidense con una “sudaca de mierda” o con una “maldita negra”.
1/Aunque la Señora Obama no haya acreditado su correspondiente carta de recomendación, cuentas bancarias, visa y demás documentos que certifiquen no se va a quedar en la península a buscar trabajo o a vivir del Estado, ella no los necesita
2/La Señora Obama viaja acompañada de 50 agentes y guardaespaldas estadounidenses, además de un médico y cocinero personal, compañía que no acostumbran las presuntas turistas procedentes de América y Africa.
3/ No obstante la Señora Obama desconozca la lengua y la historia de España, cómo se cocina una tortilla de patatas, para qué sirve una mantilla o quien fue Frascuelo, ella tampoco está obligada a responder preguntas identitarias.
4/A diferencia de lo que ocurre con las alegadas turistas que llegan del tercer mundo, a esperar a la Señora Obama se congregarán en el aeropuerto centenares de periodistas, personal diplomático estadounidense, contingentes antiterroristas y miles de ciudadanos agitando banderitas estadounidenses y españolas.
Estados Unidos advierte sobre prejuicios racistas
La Oficina de Asuntos Consulares de los Estados Unidos, órgano del Departamento de Estado, advertía en estos días a los afroamericanos interesados en viajar al estado español sobre los prejuicios racistas de su policía y las posibilidades de ser arrestados.
De que así es, y no sólo con afroamericanos sino con cualquier persona cuyos rasgos lo relacionen con el llamado tercer mundo, hay suficientes constancias en los medios como para abundar en ellas. Tampoco los prejuicios son un exclusivo rasgo de las distintas policías españolas. Esos prejuicios se extienden a toda la sociedad española comenzando por aquella que se ocupa de administrar el Estado. Y tampoco los mentados prejuicios raciales son peculiar patrimonio del Estado español. Europa y los Estados Unidos hace muchos años que se han doctorado en el tema con matrícula de honor.
Ni siquiera es necesario para confirmarlo viajar a Europa o a los Estados Unidos. Ya el intento por obtener el correspondiente visado que haga posible el casi siempre imposible viaje pone de manifiesto esos prejuicios en toda su crudeza. Y para advertirlo basta darse una vuelta por las embajadas europeas o la estadounidense en las capitales americanas, africanas o asiáticas. Centenares de personas pernoctando en la calle, a las puertas de los consulados, como si fueran ganado, para no ser recibidas, para tener que volver al día siguiente, para saber que aún les quedan datos que rellenar, cuentas bancarias que prueben su solvencia, títulos que presentar, motivos que convenzan, cartas que certifiquen, referencias que demuestren… Un día sí y otro también, a la intemperie, haga calor o frío, debajo del agua, como parias, “buscando visa para un sueño”.
Los poco afortunados volverán a repetir el calvario cuando lleguen a los aeropuertos de destino en Europa o Estados Unidos. En muchos casos para acabar, como la abuela argentina de 88 años, Ada Ghiara de Rodríguez, que fue deportada a Argentina desde el mismo aeropuerto madrileño de Barajas y a la que ni siquiera permitieron ver a su familia española que la esperaba en el aeropuerto, residente en Málaga, a la que visitaba desde hacía 30 años. Acompañada de su hija, abogada argentina, solicitaron una silla de ruedas para poder desplazarse por el aeropuerto. Un funcionario les pidió entonces que le enseñaran los pasajes de avión y el dinero que tenían para comprobar si cumplían con el Código de Fronteras que estipula un tiempo máximo de medio año de permanencia y 63 euros diarios como manutención. «Yo iba a pasar cinco meses y mi hija uno. Llevábamos casi tres mil euros, más tarjetas de crédito y le explicamos que íbamos a vivir en casas de familia y por lo tanto no íbamos a gastar en hotel», indicó la anciana. “El policía no me dejaba hablar y me dijo: Si usted viene hace 30 años a España a ver a sus hijos, pues entonces ha vivido 15 años acá y representó gastos para el fisco español. Después se fue. Nos trataron peor que a delincuentes y en siete horas ni siquiera nos dieron un vaso de agua”.
En los mismos días y en el mismo aeropuerto, otra abuela argentina de 72 años que llegaba al Estado español a visitar a su hija y sus nietos, fue detenida y deportada horas más tarde porque la carta de recomendación que tenía en su poder no servía. Durante tres horas, Luisa Ormeño fue detenida en una habitación, completamente aislada, sin comida y sin permitirle tomar la medicación que requiere por padecer problemas cardíacos.
Si estos dos patéticos casos han sido recogidos por algunos medios de comunicación españoles, que no la mayoría, sólo se debe a la condición nonagenaria de las dos mujeres, blancas y de habla española, hijas al fin de la llamada “madre patria”. Hay que imaginar qué es lo que pasa con quienes ni comparten el idioma ni el color de la piel.
Y para quienes logren, finalmente, salir indemnes de los aeropuertos, la calle también se convierte en un nuevo riesgo que afrontar y en el que seguir acreditando todos sus derechos y documentos a exigencias del primer policía al que infundan sospechas un “sudaca de mierda” o un “puto negro”.
Todo ello mientras ciudadanos estadounidenses y europeos pueden viajar a Argentina, al Caribe, o a cualquier exótico destino, sea para refugiarse como delincuentes o para hacer turismo, sin prácticamente documentación alguna. En ocasiones, hasta sin pasaporte. Y con derecho a indignarse si, llegado el caso, consideran que han sido irrespetados sus augustos derechos, como ocurriera con el ex vicepresidente y ex consejero de Justicia e Interior en la comunidad de Madrid, Alfredo Prada, del Partido Popular, que hace dos años fue retenido unas horas en el aeropuerto brasileño de Sao Paulo, por amenazar y mostrarse violento con un funcionario que pretendió requisarle un bote de espuma de afeitar que, por sus características, contravenía los procedimientos exigidos por la legislación brasileña para permitir su embarque, como guardar el recipiente con el líquido en una bolsa de plástico transparente. El político español, lejos de atender el pedido del funcionario, trató de cerrar su bulto dando por terminada la discusión, en actitud desafiante e irrespetuosa, lo que provocó que interviniera la policía.
Que la advertencia de la Oficina de Asuntos Consulares estadounidense está cargada de razón es más que evidente, pero se queda corta, muy corta. Por los mismos y por más graves motivos bien podía haber advertido a la población afroamericana, a cualquier otra, del peligro de viajar a Arizona. Claro que Arizona queda demasiado cerca del Departamento de Estado.

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