Dichosamente vivo

 

(Decía el escritor cubano José Martí, uno de los forjadores de la independencia de Cuba, que toda la grandeza del mundo cabe en un grano de maíz. Yo ignoro de cuantas mazorcas estaba hecho Fidel pero sí sé que es uno de los seres humanos más lúcidos y hermosos del siglo por venir)

Hay muertes que, de vivas, nos dan las buenas horas, nos lustran la sonrisa, nos coronan de rosas

los sueños que bregamos, nos llevan de la mano en el beso que hubo, en el parto que fuimos y en la huella que andamos, ilustran el camino, nos atan los zapatos.

Hay muertes que, de vivas, abonan la conciencia para que nuestros gritos sigan urdiendo auroras, para que las sonrisas, las mismas que hemos ido tejiendo a contrapié, también a contramano, del tiempo y la amenaza que imponen los mercados, no terminen rindiendo la flor de sus envidos, la razón de sus vidas, sus pétalos humanos, ni amargue el desaliento los sueños compartidos, aquellos sin permiso que hoy seguimos nombrando.

Hay muertes que, de vivas, no van a abandonarnos. Son muertes tan poco moribundas que siempre están naciendo y así no tengan visa para el cielo o el aval de un mentor para la historia van a seguir estando con nosotros, memoria que respira y pan que se comparte, dichosamente vivas.

(euskal presoak-euskal herrira)

¡Me tocó la lotería!

 

¡Sí… me saqué la lotería! ¡No lo podía creer pero es verdad! ¡Me ha tocado a mi! ¡A mi! ¡El Gordo de la lotería! ¡Aleluya! ¡Me he sacado la lotería! Estoy demasiado emocionado y ni siquiera sé si voy a poder contarlo pero… ¡me ha tocado el Gordo! Ocurrió esta mañana, sí, cuando desperté en la habitación de la residencia de ancianos San José Egoitza de Azkoitia en la que vivo. Yo estaba sentado en la cama poniéndome los calcetines cuando advertí que la noche anterior me había dejado la televisión encendida y me incorporé con intención de apagarla… ¡y sucedió! ¡Mi número había salido en la pantalla! ¡Había ganado la lotería! Inmediatamente me puse las gafas y comencé a llamar a todo el mundo y a contarle la buena nueva y aquí estoy desde entonces, en el balcón de la habitación, esperando ver subir por la cuesta que conduce a la residencia a mi gente, a todo mi pueblo precedido de 2 ertzainas en moto y el urbano con Imanol al volante y las luces encendidas, seguido de la banda de txistularis del ayuntamiento y de la orquesta municipal mientras por el Urola sube la gabarra del Athletic. Y también espero al alcalde, a los concejales, a mis hijas, a mi familia, a la directora de la residencia, al cura, a mi siquiatra, a Jon el panadero, a Pablo, a Aitor, a Alberto… y, sobre todo, al publicista del anuncio de la lotería navideña para compartir el Gordo con él y que confirme que, además de imbéciles, los ancianos también somos generosos

(euskal presoak-euskal herrira)

Mejor que un minuto de silencio, un minuto de memoria

 

Se ha dicho, y es una repulsiva mentira más, que “los medios de comunicación han sido responsables en buena medida por el acoso (cacería y linchamiento) a que han sometido a una persona no juzgada y de la que cabe suponer la presunción de inocencia”.

Los medios, los grandes medios, si por algo se han caracterizado siempre ha sido por tapar la corrupción, por evitarla o reducirla a su mínima expresión, y de ello en todas las redacciones hay ejemplos suficientes como para abundar en ellos. El caso de los GAL solo fue conocido, aunque en el País Vasco nadie lo ignorase, cuando los egos enfrentados de dos jueces estelares ventilaron públicamente los asesinatos urdidos y ejecutados desde las cloacas del Estado; Baninter solo fue noticia cuando terminó por estallar un incontenible y millonario escándalo a pesar de todos los avisos y advertencias previas, incluidas algunas que tenían su origen en el Banco Central; la corrupción en el Partido Popular, su financiamiento ilegal, sus pagos en negro, su doble contabilidad, se extendió por décadas sin que los medios se dieran por enterados. Y así fue hasta que la mierda desbordó todos los límites y aparecieron cuentas en Suiza y otros paraísos fiscales que comprometían la gestión de todos los tesoreros habidos en el Partido Popular y en consecuencia de sus administraciones y secretarías.

Si ha habido cacerías y linchamientos a los que los medios han contribuido, lo siguen haciendo, ha sido en casos relacionados con la izquierda abertzale como el de los jóvenes de Alsasua en que, en cuestión de minutos, todos los medios coincidieron en calificar de linchamiento una gresca a las puertas de un bar, que hoy se va a juzgar como terrorismo sin que valgan para los medios las presunciones de inocencia que ahora se argumentan en el caso de la alcaldesa valenciana.

Se ha dicho, y es otra canalla mentira, que “hay que separar lo humano de lo político” y que “resulta inconcebible que no todos los grupos se sumaran a un minuto de silencio en el Congreso”.

Resulta inseparable lo humano y lo político pero si, a pesar de ello, se insiste en ello, el presidente Rajoy y los dirigentes del Partido Popular debieran haber subrayado, y no en el Congreso, lo afable de su carácter, sus maravillosas dotes como cocinera, su buen humor, el amor que tenía por sus nietos… y no aprovechar su muerte para tratar de lavar su conciencia por haberse distanciado, repudiado en algún caso, de quien había sido su guía espiritual durante casi 30 años y cuando cada vez más hundida comenzaban los casos de corrupción en que se hallaba envuelta a salpicar los intereses de sus viejos y leales amigos, a los que había que llamar por su mote (“Maguis”) para que accedieran a saludarla por la calle sin avergonzarse. Y al mismo tiempo lavar también la trayectoria de Barberá como alcaldesa que dio la vida por esa ciudad, que la tmodernizó y colocó en el mundo, en un Congreso de la que no era diputada y cuando ese mismo Congreso nunca guardó minutos de silencio por Labordeta o por Josu Muguruza, diputado vasco asesinado en Madrid por pistoleros a sueldo de las cloacas españolas y por quien un día más tarde no tuvo ese Congreso gesto alguno.

Se ha dicho ,y asquea tanta mentira, que “Rita fue la alcaldesa de España”, que “transformó Valencia y la hizo conocida internacionalmente”.

La verdad es que si Valencia ha sido reconocida, como toda la región, ha sido como referente de la corrupción llevada a su punto más álgido. Han sido muy escasos los alcaldes, gobernadores y diputados de esa comunidad que han podido evitar verse envueltos en toda clase de delitos, incluyendo el financiamiento ilegal que le permitió al PP competir en ventaja contra los demás partidos y que en buena medida contribuyó a su éxito electoral por contar con más recursos y en consecuencia con más anuncios, más vallas, más carteles, más dádivas, más sobornos. La verdad es también que buena parte de sus supuestos y faraónicos logros solo han servido para llevar a esa ciudad y comunidad a una deuda insoportable además de fomentar la corrupción fuese con premios de Fórmula-1 o con visitas papales.

Cierto es que Barberá, con independencia de los métodos de los que se valiera para granjearse afectos, fue amada por la inmensa mayoría de los valencianos. También han suscitado parecidas adhesiones otros alcaldes como Jesús Gil en Marbella cuya comparación, supongo, algunos verán como ofensiva (para Rita Barberá) pero ambos populistas alcaldes gobernaron sus alcaldías con mayorías absolutas y enorme fervor popular, derrochando gracias a diestro y exabruptos a siniestro (incluidas las víctimas del accidente de metro de las que se burlara Barberá). Cuando se manipula el hambre y la ignorancia de la gente como Gil y Barberá hicieron con notable éxito el resultado suelen ser esas colas para rendir tributo a su cadáver como las que hoy se ven en Valencia.

Que cada quien celebre sus vivos y llore sus muertos. Yo, De Rita Barberá ni tengo vida que celebrarle ni le tengo muerte que llorar.

(Euskal presoak-euskal herrira)

“La venda antes que la herida” GARA

Pablo Berástegui y Denis Itxaso han puesto “la venda antes que la herida” en relación a una exposición sobre reclusión carcelaria censurando algunas obras en el entendido de que “podrían herir la sensibilidad de víctimas” pero no por su contenido, que definen como inocuo, sino por sus autores, presos y ex presos vascos.

Y oportuno parece, dada la experiencia que ambos demuestran en el registro de sensibilidades ajenas, que hagan pública cuanto antes la dimensión de esa sensibilidad que se argumenta, que expliquen cómo se puede sopesar, calcular, medir esa sensibilidad y a qué víctimas es aplicable. Debieran aclarar los requisitos para participar en exposiciones semejantes, qué tribunal de sensibilidades evaluará los trabajos, qué comisión de expertos valorará las obras y si afectan o no y cuánto y a quiénes su sensibilidad, o si también deben los interesados adjuntar certificados de buena conducta.

Aunque lo mejor quizás fuera que Berástegui e Itxaso dimitan para que Donostia 2016 y la cultura en Gipuzkoa queden en manos de esa asociación de víctimas cuya indescriptible sensibilidad está por encima de cualquier derecho o norma. Ellos evitarían el ridículo y los demás nos ahorraríamos poner la censura antes que la obra.

(euskal presoak-euskal herrira)

“La venda antes que la herida”

 

Leo en Gara que el director de Donostia 2016, Pablo Berástegui, al alimón con el diputado de Cultura de Gipuzkoa, Denis Itxaso, han decidido “poner la venda antes que la herida” en relación a una reciente exposición inaugurada en el Centro Cultural Koldo Mitxelena, censurando una serie de obras en el entendido de que “podrían herir la sensibilidad de víctimas de terrorismo” pero no por su contenido, como cabría suponer y que tanto Itxaso como Berástegui coinciden en definir como inocuo, sino por la identidad de sus autores.

Como soy escritor pero no descarto incursionar en otras artes, antes de ponerme a trabajar y yo mismo censurarme evitándoles ese trabajo a los dos representantes de la cultura vasca citados, me interesaría saber, dada la experiencia que demuestran en el registro de sensibilidades ajenas Berástegui e Itxaso, cuál es la dimensión de esa sensibilidad que se argumenta, como puedo sopesar, calcular, medir esa sensibilidad y a qué víctimas, porque las hay de muy diversa naturaleza, se hace referencia.

En sus declaraciones ni siquiera hablan de un hecho consumado, razón por la que anteponen la venda a la herida, insistiendo en que “podrían herir la sensibilidad” de ese colectivo, lo que me hace imprescindible, antes de yo ponerme a trabajar en mi propio proyecto artístico y poner la censura antes de la obra, solicitarles el favor de que me aclaren los requisitos, que me digan ante qué tribunal de sensibilidades debo presentar mi proyecto antes de realizarlo, qué comisión de expertos se ocupará de valorar si mi obra puede afectar o no y cuánto y a quienes su sensibilidad, si debo junto a mi obra adjuntar un certificado de buena conducta, y ya de paso, me encantaría que me digan qué puedo hacer con la mía, con mi sensibilidad que, por cierto, también existe.

(euskal presoak-euskal herrira)

Protestas en los Estados Unidos

 

Los estadounidenses salen a la calle a protestar porque no están de acuerdo con lo que han elegido. Les dieron la oportunidad de votar entre dos funestas opciones y después de discutir cuál era la menos tóxica sin ponerse de acuerdo en el resultado, fueron a las urnas y, como suele ocurrir, ganó la que menos votos obtuvo.

Es frecuente en el mundo que, tras unas elecciones, el perdedor y sus votantes rechacen los resultados por fraudulentos… pero en Estados Unidos nadie protesta por eso. Nadie denuncia que haya habido fraude electoral (si acaso el que ganó y antes de las elecciones), no se alega que haya habido compra de votos, alteración de censos, financiamiento ilegal…

Las elecciones se han desarrollado como siempre, como toda la vida, entre los burros y los elefantes, con una enorme abstención de ciudadanos que no pasan por las urnas porque hace muchos años que ya no creen en ellas. Las elecciones han sido las mismas que siempre se disputan los rojiazules y los azulirrojos, como las que hicieron presidentes a George.W. Bush, aquel alcohólico conocido que había arruinado todas las empresas de las que fuera gerente y que, ya presidente, a punto estuvo de morir inhalando “galletas Prezzler” por no llevarse de los consejos de su madre, antes de asolar Oriente Medio dando continuidad a la obra de su padre, también presidente, buscando armas que nunca existieron; a Ronald Reagan, el mismo que devastara Centroamérica, invadiera Grenada, siempre entre carcajadas, buscando nuez moscada para que no faltara tan puntual ingrediente en el Día de Acción de Gracias, y que cuando se aburría declaraba la guerra a la Unión Soviética solo por gastar una broma; a R. Nixon, que prometió poner fin a la guerra de Vietnam y arrojó sobre aquella pequeña patria más bombas que todas las lanzadas durante la segunda guerra mundial para acabar siendo destituido por mentir, el menor de sus delitos y el más común de todos los inquilinos de la Casa Blanca; a Lyndon Jhonson, otro gestor de la guerra en el mundo que heredó el cargo tras el magnicidio de Kennedy y que si hubiera contado a Shakespeare como contemporáneo el dramaturgo inglés nunca hubiera escrito Macbeth; a Harry Truman, el mismo que afirmara: “la libertad es el derecho de escoger a las personas que tendrán la libertad de limitárnosla”, responsable de haber lanzado las únicas dos bombas nucleares en la historia de la humanidad y en cuya lápida aún puede leerse: “hizo lo que debía”; a Theodore Roosevelt, acomplejado niño convertido en boxeador primero y después en presidente, que públicamente llamaba a su pene “Jumbo” por su gran tamaño y rendimiento y que afirmaba que “ningún triunfo es más supremo que el glorioso triunfo de la guerra” lo que valió el Nobel de la Paz; a William McKinley que no tuvo noche en la que no se le apareciera Dios y le iluminara sobre los países que debía saquear, cómo hacerlo y porqué: “Yo caminaba por la Casa Blanca, noche tras noche hasta medianoche y no siento vergüenza al reconocer que más de una noche he caído de rodillas y he suplicado luz al Todopoderoso y una noche recibí su orientación: que no debemos devolver las Filipinas a España lo que sería cobarde y deshonroso, tampoco a Francia ni a Alemania lo que sería un mal negocio, que no debemos dejárselas a los filipinos porque no están preparados para gobernarse y sería caótico, y que no tenemos otra alternativa que recoger a todos los filipinos y educarlos y civilizarlos y cristianizarlos y por la gracia de Dios hacer lo que podamos por ellos como prójimos por los que Cristo también murió… y entonces volví a la cama y dormí profundamente”….

Cito algunos para no entretenerme con otros presidentes que para recuperar la popularidad que perdían sosteniendo “relaciones impropias” con becarias, recurrían a desencadenar “bombardeos de rutina” sobre Irak, que así era que llamaba Bill Clinton a las miles de vidas que se cobraba el que se hicieran públicos sus escarceos sexuales, o presidentes que compaginaron el cargo con el tráfico de esclavos, comprando y vendiendo negros, como George Washington, Thomas Jefferson, James Madison, James Monroe, Zachary Taylor o Ulises S.Grant, entre otros impresentables que, como ya he dicho alguna vez, han coincidido en enarbolar la violencia como conducta, la tortura como terapia, el crimen como oficio, la guerra como negocio y para los que siempre hay un Nobel de la Paz.

Miles de ciudadanos estadounidenses están saliendo a las calles a protestar porque no les gusta lo

que han votado, porque no aceptan su propia elección. Algo falla en los Estados Unidos pero no es

Donald Trump. Ese triste machista y racista payaso solo es la consecuencia.

(Euskal presoak-euskal herrira)

El populismo

Afirmaba en estos días una contertulia de EITB que populismo es ofrecer respuestas simples a problemas complejos, soplar a favor del viento, prometer imposibles a sabiendas de que lo son. En tan precisa definición la sesuda analista encontró consenso entre la mayoría de los integrantes de la mesa y en algunos artistas invitados (Albert Rivera nunca falta a la cita) que desde Madrid aún han ido más lejos aportando ejemplos. Trump es un populista, como lo fue Berlusconi, o lo son PODEMOS o la izquierda abertzale.

Al margen de las dudas que me quedan y que no logro disipar sobre cómo llamar al arte de ofrecer respuestas complejas a problemas simples o, como cantara Dylan, por qué la respuesta no va a estar en el viento, o por qué no la utopía mejor que resignarnos, hay unas cuantas preguntas, si doy por buena la definición de los medios y sus analistas, para las que no encuentro respuestas, por cierto, ni simples ni complejas: ¿Es populismo acaso prometer que vas a crear empleo días antes de que vuelvas a despedir a más trabajadores? ¿Será también populismo afirmar la importancia del diálogo a quien acabas de prohibirle la palabra? ¿Es populismo ponderar la educación y la cultura mientras reduces sus presupuestos? ¿Es populismo celebrar la sanidad como derecho universal al mismo tiempo que privatizas servicios y hospitales? ¿Es populismo asegurarles a los pobres el reino de los cielos cuando sabes que no existe?

(Euskal presoak-euskal herrira)