De ilusos y cómplices

Cronopiando

Koldo Campos Sagaseta

 

La diferencia entre un iluso y un cómplice

 

Si a usted le mienten todos los días, así sean laborables o festivos. Si a usted le mienten en el noticiero de las 3, en el avance informativo de las 5 y en el telediario de las 9.

Si a usted le mienten en vivo y diferido, por error y por rutina, en color y en blanco y negro, en discordia, en armonía.

Si a usted le mienten con cita y de improviso, discretamente y con alevosía, sin aval, con garantía, de memoria y de corrido.

Si a usted le mienten en todas las frecuencias y en todas las medidas, en “do”, en “fa”, y en “do-re-mi”, también en “mi-sol-la”.

Si a usted le mienten en todos los modelos y tamaños, en “small”, en “médium” en “large”, también en “extralarge”.

Si a usted le mienten a grande y a pequeña, con filtro y sin filtro, en prosa y en verso, de luto y de bautizo, de frente y de espaldas, de blanco y de amarillo.

Si a usted le mienten cuando se acuesta y cuando se levanta, arriba y abajo, sin aliñar o en su salsa, a jornada y a destajo, a las buenas y a las malas.

Si a usted le mienten por su bien y por si acaso, tal vez a lo civil, tal vez a lo divino. Si a usted le mienten  por su cuenta y por encargo, al contado y a crédito, al cubo y al cuadrado.

Si a usted le dan la razón cuando lo engañan,  sea con prisa o sea con calma, para que el mundo que a diario le mienten no vaya a perturbar cadenas, memorias ni criterios; si a usted le mienten todos los grandes medios de comunicación y, a pesar de ello, usted sigue leyéndolos y, peor todavía, aceptando sus mentiras y haciendo suyo el engaño, usted no es un iluso.

Usted es un cómplice.

Todo es ETA

Meses atrás, el ministro japonés de Justicia, Minoru Yanagida, tuvo que dimitir como consecuencia del escándalo que provocaran unas declaraciones suyas en relación a “lo fácil” que era su trabajo. Y es que, había afirmado el ministro de Justicia, todo consistía en recordar dos frases: “no debo hacer comentarios en casos individuales” y “estoy actuando de forma apropiada de acuerdo a la ley y a las pruebas”.

Curiosamente, en el Estado español, los últimos tres ministros que se han ocupado de la Justicia se han manejado con una sola frase. Desde Fernando López Aguilar, aquel que cuando no construía nuevos cargos a los presos vascos que ya habían cumplido su condena para convertirla en perpetua, escribía prólogos para el cómic del Capitán Trueno; hasta Mariano Bermejo, el que entretenía sus tedios homologando títulos nobiliarios a los Grandes de España y duques de Mola y de Queipo de Llano, o se iba de cacería sin licencia en compañía de Garzón; pasando por el actual ministro y todos los tribunales y audiencias a su cargo, sólo disponen de una frase: “todo es ETA”.

Y lo que no es ETA es su entorno, y si no es el entorno es el umbral, y si aún no lo es lo será mañana porque, como quiera da igual y todo es ETA.

Y así será aunque para lograrlo tengan que manipular groseramente fotografías, como hiciera El Mundo en estos días, convirtiendo una pancarta en manos de la izquierda abertzale en la que se leía “INPOSAKETARIK EZ”  (No a las imposiciones) en otra, que venía a ser la misma, pero en la que sólo aparecía “ETA”.

La necesitan tanto como el aire que infectan.

Dos imágenes

Y las dos retratan una era y un mundo aunque de muy diferente forma.

La primera nos llegaba de Grecia. Un modesto comerciante, megáfono en mano, denunciaba su infortunio a las puertas de un banco e, inmediatamente, se rociaba de gasolina y se prendía fuego. Los medios de comunicación llegaron a tiempo de registrar su desesperación. La policía, también presente, si bien no pudo impedirlo, extintor en mano, logró apagar sus llamas.

La segunda imagen nos la brinda un pintor estadounidense llamado Alex Schaefer que se dedica a pintar cuadros de bancos ardiendo. Según se dice, es tal el número de pedidos que está recibiendo que, en apenas un par de meses, ha conseguido que sus obras multipliquen por veinte su precio y ya ha montado su primera exposición de entidades financieras envueltas en llamas. Le llueven los encargos. Todo el mundo quiere tener un cuadro con su banco ardiendo.

Predicar con el ejemplo

Prueba de hasta qué punto, además de la vergüenza, han perdido el disimulo quienes más alzan la voz, ya que no el ejemplo, para predicar la austeridad entre sus gobernados, la ofrecía en estos días el alcalde cordobés, José Antonio Nieto, del Partido Popular, que a través de su twiter anunciaba al mundo su benemérita gestión como primera autoridad municipal de esa ciudad andaluza, al tener que viajar a Nueva York para convencer y acompañar a Nadal a Córdoba, en la necesidad de que el tenista representara al estado español en la Copa Davis. No iba a estar solo en esa empresa. El presidente de la federación de tenis, que era quien, al decir de Nieto, asumía todos los gastos, le acompañaría en la trascendental misión. Y este es un aspecto que debe quedar claro porque en modo alguno los gastos de avión, hotel y otras menudencias, como ha insistido Nieto, iban a salir de las arcas cordobesas, sino del erario público español.

Y así lo hizo Nieto, aunque hubiera de sacrificar su presencia en un importante pleno de su municipio y desatender sus obligaciones como alcalde dos o tres días. El que Nadal ya hubiera hecho firme ese acuerdo no parecía razón suficiente como para permitir que imponderables frustraran su presencia. ¿Y si se olvidaba? ¿Y si no lo había anotado en su agenda? ¿Y si lo había anotado pero no se acordaba de repasarla? El estar pendiente de su final neoyorquina, a cualquiera le pasa, bien podría haber sido motivo de que el tenista no recordara su compromiso. También podría ocurrir que Nadal se extraviara en el aeropuerto estadounidense, que tomara un avión a Burkina Fasso, que confundiera Córdoba con Pontevedra… Cierto que pocos deportistas como el mallorquín, por no decir ninguno, viaje tanto por el mundo, de torneo en torneo, pero eso no le exime, dada su juventud, de cometer un error, de dejarse el pasaporte en el hotel, de equivocar la hora… Hasta podía haber ocurrido que fuera confundido con un suicida terrorista islámico a punto de abordar un avión y detenido en Nueva York. Al fin y al cabo, el que fuera senador estadounidense, Ted Kennedy, ya fue en el pasado arrestado en un aeropuerto por infundir sospechas semejantes.

Había que garantizar a cualquier costo la presencia de Nadal en Córdoba y de semejante misión tampoco podía ocuparse exclusivamente el presidente de la federación de tenis. Era vital el concurso del alcalde cordobés, aunque le costara, según seguía justificando su altruista labor en su cuenta de twiter, 27 horas sin dormir y otras muchas calamidades que, en su modestia, no quiso develar.

Si algún reproche, en todo caso, pudiera hacerse al viaje a Nueva York del alcalde Nieto y del propio presidente de la federación de tenis, es que se arriesgaran a hacer solos el viaje y no se acompañaran de una amplia delegación, incluso familiar, a medias entre la federación y el ayuntamiento cordobés, que garantizase el retorno a tiempo de Nadal así no cupieran todos en el palco de honor del US OPEN para ver la final.

Y si alguien debiera arrepentirse de no haber sabido estar a la altura de las circunstancias, ese es el propio Nadal que, lejos de agradecer el desprendido gesto de Nieto, ha declarado: “Yo estaría el martes o el miércoles, independientemente de si venía el alcalde a Nueva York. Mis decisiones las tomo con anterioridad, y defiendo a mi país y no tiene que venir nadie a convencerme. Estoy encantado de que haya ido a apoyarme y le estoy muy agradecido, pero no nos confundamos, la decisión estaba tomada desde hace meses”.

Un chin chin

Cuando mi hija Irene tenía poco más de 2 años, un día, sorprendió en el suelo de la cocina a una solitaria hormiga. Fascinada la fue acompañando, a cuatro patas ella, a algunas más la hormiga, a lo largo de varias baldosas hasta que, cansada de la persecución,  me preguntó:

-Papá mira, una hormiguita… ¿La mato?

Ya ni recuerdo la razón por la que, solidario con la hormiga, intercedí por ella.

Irene, que no parecía dispuesta a aceptar mis alegaciones en favor de la hormiga, me propuso a cambio:

-Sólo un “chin-chin”.

Un “chin-chin” en buen dominicano viene a ser un poco, un poquito… Irene sólo pretendía matarla un pedacito, un algo, un diez por ciento quizás.

Irene estaba entonces muy lejos de saber que las decisiones, las medidas que se adoptan en la vida, generalmente, no admiten paliativos.

Y lo cuento porque, aunque el secretario general de Naciones Unidas y los miembros de la comisión de ese organismo que durante meses ha investigado el ataque militar israelí en aguas internacionales contra la nave turca Marmara en su viaje a Gaza en mayo del 2010, tienen bastantes más años que los apenas dos con que contaba mi hija, o se manejan con la misma candorosa ingenuidad de Irene entonces o son unos canallas.

Concluir en el informe sobre la citada salvajada, en la que 9 activistas turcos fueron asesinados y decenas de cooperantes resultaron heridos, que Israel hizo un uso excesivo e irrazonable de su fuerza, en su cómplice desvergüenza, es un paso más que da esa institución, creada para procurar la paz, hacia el más absoluto descrédito. Y el problema de Naciones Unidas, a tenor de lo ocurrido en relación a Libia, es que tiene prisa, verdadera urgencia, por deslegitimarse.

El informe de la ONU define el asedio a Gaza como legal e imprescindible para garantizar la seguridad de Israel: “Israel enfrenta una verdadera amenaza a su seguridad por parte de grupos militantes de Gaza. El bloqueo naval fue impuesto como medida de seguridad legítima para evitar que las armas ingresaran a Gaza por mar y su puesta en práctica se hizo conforme con los requisitos del derecho internacional”.

El único problema que Naciones Unidas advierte es ese uso “excesivo e irrazonable de la fuerza”, además de algunas otras menudencias transformadas en “maltrato físico, hostigamiento, intimidación, incautación injustificada de pertenencias y la negación a prestar ayuda consular”. Un “chin chin” que diría Irene.

Tampoco mi hija habría sido la única. Antes de que Naciones Unidas volviera a ponerse en evidencia ya lo habían hecho esos estados que gustan en llamarse “comunidad internacional” en relación a este criminal acto de piratería y a otros actos terroristas del estado israelí.

El propio presidente Zapatero, luego de que el ejército israelí, un año antes del ataque a la Flotilla de la Libertad, bombardeara Gaza y asesinara a centenares de palestinos, también se había sumado a la teoría de mi hija: “Israel es un amigo de España y por ello debemos decirle la verdad: su respuesta es desproporcionada”.

Y los mismos reparos sobre la desproporción de la masacre habían manifestado los demás integrantes de la recua de países que gobiernan el mundo y todos los grandes medios de comunicación.

Claro que, ni unos ni otros, ni entonces ni ahora, son capaces de apuntar cuál sería la proporcionalidad correcta, qué proporción de fuerza es posible usar para que no resulte ni excesiva ni irracional. ¿Acaso 300 muertos en lugar de los 1.500 cadáveres que dejó la “desproporcionada respuesta” israelí tras sus bombardeos en Gaza? ¿Puede considerarse razonable un uso de la fuerza que sólo hubiera provocado un centenar de niños palestinos muertos en vez de los 400 asesinados? ¿Cabe como proporcionado el empleo de bombas de racimo? ¿Se ajusta a un uso parco y prudente de la fuerza bombardear hospitales, instalaciones de la Cruz Roja o de las propias Naciones Unidas como ocurriera en el asedio genocida a Gaza?

Tampoco en relación al infame acto de piratería contra la Flotilla de la Libertad apunta en su informe Naciones Unidas una medida que nos permita distinguir el uso comedido de la fuerza y, en consecuencia, comprensible, de su desproporcionado empleo. ¿Habrían sido suficientes, tal vez, 5 activistas asesinados en lugar de 9? ¿Se consideraría más prudente un cooperante asesinado?

Sólo el gobierno israelí ha dejado clara su necesidad de “defenderse” y justificar el terror, precisamente, por la templanza con que actuaron sus comandos. Al fin y al cabo, sólo asesinaron a 9 cooperantes sobre un total de 700 que componían el pasaje de la flotilla y ni siquiera hundieron a cañonazos sus barcos o los bombardearon con fósforo blanco.

A lo que tampoco las Naciones Unidas da respuesta es a la proporción de resoluciones  que puede seguir ignorando el  estado israelí sin que ello le represente sanción alguna, incluyendo una posible y, por supuesto, proporcional invasión, o a los años que debe seguir esperando Palestina para recuperar sus territorios ocupados.  De hecho, 66 años han transcurrido desde la resolución 181 de Naciones Unidas, en 1947, conocida, curiosamente, como “resolución de la partición de Palestina”, sin que semejante espera parezca lo suficientemente proporcionada como para que Palestina recupere su derecho a ser.

Irene ha crecido, y ya no se dedica a perseguir hormigas por la casa a las que aplastar moderadamente, para que el pisotón resulte proporcionado, haciendo un uso de la fuerza que no resulte excesivo ni irrazonable. Peor todavía, ahora se dedica a ver y escuchar los informativos, a leer los periódicos, y así ha acabado sabiendo que todo principio jurídico, ético, constitucional, que todo derecho humano o razón pura… cabe en un chin-chin.