Celebrar la derrota

 

Luego de repasar los grandes titulares de los medios españoles al respecto de las elecciones catalanas y de escuchar las declaraciones de algunos de los representantes de sus partidos me queda la duda de si, realmente, han leído los resultados o es que tienen una pésima opinión de sus lectores y votantes.

Lo digo porque interpretar la manifiesta voluntad soberanista de Catalunya en unas elecciones, por cierto, que registraron una enorme asistencia, como la derrota, el fracaso, la debacle, el hundimiento del plan soberanista de Artur Mas, habiendo ganado el político conservador y soberanista las elecciones en las cuatro provincias catalanas y doblando en votos a la segunda fuerza electoral, parece un juicio excesivo cuando, además, se animaba a los catalanes desde todos los espacios políticos a elegir entre España o Catalunya, y el principal valedor de la soberanía catalana, supuestamente, no es más que otro evasor que esconde fortunas en paraísos fiscales, a la espera de que lo confirme un borrador fantasma, sin destinatario,ni firma, ni sello y que, casualmente, irrumpe en medio de las elecciones.

Sí, es verdad, Convergencia y Unió, el partido conservador catalán, ha perdido votos y representantes para su plan soberanista pero, curiosamente, son los mismos votos que ha ganado Esquerra Republicana, el partido de izquierdas catalán, para su reinvidicada independencia.

Y a ello hay que agregarle la irrupción en el parlamento catalán de Candidatura D´unitat Popular (CUP), otra fuerza de izquierda e independentista para conformar una amplia mayoría de voluntades que apuesta por el Estado catalán.

“Ha ganado España” titula el ABC. Que ojalá podamos los demás seguir celebrando en el futuro derrotas como la victoria que hoy festeja España.

Las memorias de Aznar

He leído en algunos medios de comunicación un fragmento de “Las memorias de José María Aznar“ que me parece oportuno compartir, así como las dudas que me ha suscitado su lectura.

Dice Aznar: “La primera vez que supe que no era un ser humano corriente, lo recuerdo bien, fue cuando ETA voló mi coche conmigo dentro. Salí de allí, envuelto en llamas, y pensé: ¿cómo es posible que haya sobrevivido? Nadie se lo explicaba. Los médicos no encontraban una respuesta, tampoco mi personal de seguridad. A todo el mundo le pareció… milagroso. Esa noche soñé con Dios. Era una luz, no tenía rostro, pero sí voz. Me iluminó con su haz y me dijo: Jose Mari, si te he salvado es porque te necesito vivo para que lideres a la humanidad. Me dijo un par de cosas más, pero son personales. Aquella experiencia me cambió, por supuesto. Desde entonces soy mucho más humilde… Muchas veces me han preguntado cómo sé que soy especial. Es difícil de decir; digamos que siempre lo he sabido. Ya desde el colegio, sabía que ninguno de los que me rodeaban estaba a mi altura. Como delegado de mi clase, en 3ºB, tomé la decisión de ocupar 3ºD y librar a aquellos pobres chicos del pésimo delegado que habían elegido. No fue una decisión sencilla; tuve que mandar a varios muchachos a combatir al patio pero, al final, obtuvimos la victoria. Ese día supe que estaba destinado a algo más grande que yo mismo…”.

La verdad es que he quedado atónito, perplejo, que no sé qué pensar. Y es que siempre he creído que Aznar es un pedante insoportable, un pobre estúpido, un bobo acomplejado, un necio recalcitrante, un absoluto imbécil, un idiota perfecto, un tonto del culo, un triste mequetrefe, un patético cretino, un impune chorizo, un macho perturbado, un puto chuloputa, un mamarracho ibérico, un facha de mierda, un criminal de guerra, un hijo de la gran puta… pero me resisto a creer que haya sido capaz de escribir esto…no lo puedo creer, sencillamente, tiene que ser falso, no puede ser… ¿también es el elegido?

 

Cuando es mejor callar

A estas alturas del cuento lo mas sensato habiera sido dejar las cosas como están: que había un buey y una mula, que el niño era blanco y de rubios rizos, que llegaron unos reyes que también eran magos, que cargaban oro, incienso y mirra, y todo gracias a una estrella que desde el cielo les marcaba la ruta como un GPS celestial.

Pero el problema no es el cuento de la Navidad, especialmente, en estas entrañables fechas que se avecinan y en las que ni el esfuerzo conjunto de olentxeros, reyes magos y demás dadivosas figuras va a poder complacer los intereses del comercio y del mercado. El problema es que se nos siga contando cuentos, esos que León Felipe advertía cuando escribía: “Yo no sé muchas cosas, es verdad, digo tan sólo lo que he visto. Y he visto: que la cuna del hombre la mecen con cuentos, que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos, que el llanto del hombre lo taponan con cuentos, que los huesos del hombre los entierran con cuentos, y que el miedo del hombre ha inventado todos los cuentos. Yo no sé muchas cosas, es verdad, pero me han dormido con todos los cuentos y sé todos los cuentos.”

Buena parte de ellos los edita y los publica el Vaticano. En un mundo que cruje por todas sus costuras entre guerras, pestes y general hambruna; en un mundo crispado y violento, en medio de una crisis… ya el silencio habría sido elocuente.

El Vaticano pudo haber seguido meditando algunos desahucios más, algunos genocidios nuevos, o rezando en privado por la salvación del mundo, que es también una virtuosa manera de meditar silencios. De hecho, que yo sepa, en ninguna de las encuestas que suelen hacerse sobre las preocupaciones de la ciudadanía se ha revelado la posible inquietud al respecto de un buey y una mula de más en el portal de Belén.

Y ahí es donde hasta la elocuencia del silencio hubiera sido preferible porque, puestos a decir algo… ¿no pudo el Vaticano haber improvisado otra necedad que no resultara tan insultante, tan atea?

 

 

El Papa no sólo es infalible…

Bombas impunes que estallan sobre la nuca de una ciudad sitiada y de nuevo la muerte que cuenta por centenares las vidas palestinas que se cobra.

El Papa, mientras tanto, sopesa en su escritorio la alocución del día.

Hilary Clinton ya ha llegado a El Cairo y se entrevista con el presidente egipcio Mohamed Morsi para tratar de hacer posible una tregua.

El Papa, mientras tanto, revisa la que ha de ser su intervención.

Colonos israelíes insisten ante Netanyahu la conveniencia de extender los bombardeos y hacer entrar en Gaza los tanques y las tropas israelíes.

El Papa, mientras tanto, tacha un par de verbos acaso inoportunos y agrega un conciliador adjetivo a su inminente declaración.

Hamas se muestra decidida a resistir y emplaza al mundo a que la tregua sirva para terminar de una vez por todas con el bloqueo y haga también posible, además de la tregua, la paz en la región.

El Papa, mientras tanto, se incorpora y camina resuelto hacia el micrófono dispuesto a hacerse oír.

En todo el mundo se suceden manifestaciones en solidaridad con Gaza y Palestina denunciando el genocidio israelí.

El Papa, finalmente, hace llegar al mundo su cristiano mensaje: “En el portal de Belén ni había vaca ni había burro”.

… también es gilipollas.

 

Hilando en fino

¡Qué extraordinario diplomático, qué fino embajador habría tenido en Obama el gobierno estadounidense si no lo hubieran reelegido presidente en estos días!

Y como demostración de su  talante conciliador, de su delicada mesura sólo al alcance de un Nobel de la Paz,  nada más oportuno que sus declaraciones al respecto de la penúltima salvajada terrorista israelí en Palestina.

“Israel tiene derecho a su defensa porque, además, es el país agredido” comenzó diciendo Obama pero, ahí mismo, el presidente cedió la palabra al diplómatico para que, en un virtuoso alarde de templanza, añadiera: “aunque sería preferible defenderse sin provocar una escalada militar en Gaza”.

Tan resuelto a veces, tan enérgico y rotundo como se muestra Obama en su rol de presidente cuando es otro el mapa sobre el que sacudir exigencias y amenazas, qué acusado contraste el que ahora revela su exquisita retórica para, si fuera posible, puedan corregirse ciertas desproporciones en el uso de la fuerza… dado que serían preferibles algunos muertos menos. Tal vez un centenar fuera suficiente.

Y “sería preferible”, agrega el diplomático mientras exhibe su más sutil condescendencia “no sólo para Gaza, también para los soldados israelíes que podrían morir en la incursión…”.

Tampoco Obama es el único que escribe a Santa Claus. La Unión Europea no se queda atrás y pide una solución para el conflicto.

De momento los muertos, los heridos, los “daños colaterales”, son palestinos, como es costumbre que los sean cada vez que las urnas israelíes emplazan a las bombas y las bombas convocan a los votos.

 

¡Agur España!

Así fuera Euskalherria la absurda quimera que amenazara el rey, el localismo estéril que pregonara Aznar o el dilema imposible al que Rajoy apela cada vez que oye el repique de la independencia salpicando las cuentas y los cuentos del reino que administra… ¡Agur España!

Así el repudio europeo nos aislara y fuéramos remitidos a un funesto e irremediable ostracismo, a un eclipse total de sol y luna; al cuarto oscuro en que purgar impulsos secesionistas y expiar extravagancias libertarias; así quedáramos anclados en la nada que el gobierno español nos desea y augura… ¡Agur España!

Así nos excomulgara el Vaticano y fuéramos consignados al limbo; así una pléyade de ilustres matamoros nos negara el favor desde los medios por practicar nacionalismos periféricos; así la Armada Invencible nos conminara a rendir unos delirios que asegura no tienen más destino que el naufragio… ¡Agur España!

Así fuera Euskalherria un páramo, un desierto, una laguna seca, una charca a la deriva, un salivazo en medio de un desagüe, un acertijo en ruinas; así se aguara el vino, así no hubiera pan sobre la mesa, así no hubiera mesa, tampoco sol ni estío… ¡Agur España!

Porque estamos hartos de tricornios, monteras y coronas, de golpes de charol y charreteras; hartos de campeadores y cachulis, de nazarenos y de macarenas; hartos de pelayos, pizarros, poceros y pantojas; hartos de escapularios, mantillas y peinetas, de duquesas del alba y de borbones de copas; hartos de su necedad, de su arrogancia, de su insensatez, de su torpeza; hartos de su intolerancia, de su ineptitud, de su impune violencia, hartos… ¡Agur España!