Tiza en el bolsillo

Porque ninguna herida es más honda que la que mata a un niño, porque ninguna sangra más que su sonrisa rota… no le soltéis la mano, no le tapéis la boca.

Dejad que os acompañe, que se siente a la mesa a recontar escobas y barajar triunfos, que se vaya de rumba en bicicleta, que se suba y se baje del urbano, que juegue al escondite por el parque, que se quede dormido en el columpio, que despierte sesenta años más tarde y siga siendo el niño que lleva de la mano.

Dejad que llore, que ría y que pregunte, aunque no haya respuestas, que pregunte, que aprenda que dudar no es un delito, que a cierta edad no hay vida de la que arrepentirse ni arrepentimiento que pueda costar la vida, que la soledad está muy concurrida, que respirar no requiere licencia ni tampoco la vida depende de un permiso.

Y porque nada se puede llegar a añorar tanto como el sueño de un ángel caído abrazado a tu pecho, y nada es más urgente o importante que mecer una cuna… no le perdáis el rastro, no le carguéis la culpa.

Dejad que siga siendo el niño que llevas de la mano y que aprendió que en la vida hay tres cosas sin las cuales la existencia sería un desatino: no tener un sueño en las nubes, carecer de un abrazo a la sombra y, sobre todo, andar sin tiza en el bolsillo.

(Preso politikoak aske)

Tomar conciencia

Debieran tener cuidado esas autoridades que, además de reprocharnos la propagación del virus, insisten en motivarnos a comprender el drama que vivimos, a ser responsables. Debieran pensárselo dos veces antes de invitarnos a ser conscientes porque podría ocurrir que tanto empeño tuviera éxito y, felizmente, acabáramos tomando conciencia de la delicada situación por la que atravesamos y diéramos valor a aquello que en verdad lo tiene y nos importa, empezando por la educación y la sanidad pública.

Debieran tener cuidado con tanto apelar a la conciencia ciudadana porque, de repente, va y nos volvemos responsables y nos da por clausurar el negocio que se traen con las viviendas, con las residencias de mayores, con los vertederos y las incineradoras; por ahí se nos ocurre cerrar salones de juego y abrir parques infantiles, archivar trenes de alta velocidad y abrir más bidegorris; por ahí nos da por exigir que la banca nos reintegre lo robado, que la Iglesia pague impuestos y devuelva los inmuebles de los que se ha apropiado, que la monarquía se confine en los museos; por ahí nos da por apagar youtubers, telecincos y telebatzokis y nos ponemos a leer a Galeano, a José Luis Otamendi, a oír música humana… ¿De verdad quieren que seamos conscientes, responsables? ¿No será mejor que sigamos siendo unos pendejos?

(Preso politikoak aske)

Condenas y excepciones

Son condenables y merecen el rechazo general las algaradas en las calles, la barbarie, el vandalismo, el caos, la quema de contenedores y vehículos, el saqueo de tiendas y comercios, los incendios de oficinas públicas… excepto en Venezuela.

Son condenables y deben ser reprimidos sin contemplaciones los atentados contra las fuerzas del orden, quemar vivos a los opositores, asesinar fiscales del Estado, el terrorismo en cualquiera de sus formas, los golpes de Estado… excepto en Venezuela.

Y son condenables y merecen el repudio de toda la ciudadanía los instigadores y autores de todas las conductas violentas y homicidas porque toda violencia es mala, y lo es siempre, venga de donde venga, en cualquier circunstancia… excepto en Venezuela, donde los gobiernos vasco y español pueden exculpar y justificar a los violentos, ignorar sus crímenes, financiar y proteger a sus líderes, ayudarles a huir de la justicia de su país, pueden darles asilo, reconocerlos como presidentes aunque nunca hayan pasado por las urnas o aunque las urnas los hayan desmentido, pueden recibirlos con todos los honores a la sombra del árbol de Gernika y a los acordes del himno vasco a los Leopoldo López, Guaidó y demás vulgares ladrones, matones y asesinos.

Es lo que tiene cotejar el suelo ético de la hipocresía con el Puto Negocio Vasco.

(Preso politikoak aske)

El derecho saharaui

En 1884 Europa llevó a cabo un nuevo reparto de colonias entre los miembros de su selecto club y al Estado español le tocó en suerte el Sahara, colonia que en 1958 se convirtió, incluso, en provincia española. Los conflictos coloniales en el mundo, sin embargo, provocan que Naciones Unidas forme en 1961 un Comité Especial de Descolonización para impulsar la autodeterminación y acabar con el colonialismo y, años más tarde, el Estado español se compromete ante la comunidad internacional y Naciones Unidas a abandonar el Sahara y devolverlo a su legítimo propietario: el pueblo saharaui. En 1976, el Estado español, traicionando sus propios compromisos, entrega el Sahara (incluyendo a sus habitantes) a Marruecos y Mauritania escribiendo una de las páginas más bochornosas (y mira que hay unas cuantas) de la historia española. La ocupación del Sahara por sus países vecinos provoca la respuesta armada del pueblo saharaui y Mauritania renuncia al regalo pero no Marruecos que intensifica la ocupación y la guerra.

Un acuerdo de paz en 1991 deja en manos de la ONU la realización de un referéndum que permita a los saharauis decidir su futuro. Marruecos lo boicotea, las Naciones Unidas siguen dando plazos a los plazos, el estado español mira para otro lado cuando no sonríe al monarca marroquí, y treinta años después todavía el pueblo saharaui espera justicia mientras Marruecos ocupa el el país y roba sus recursos ante la indiferencia general.

(Preso politikoak aske)

“Que nadie escupa sangre”

Un brote de humanismo recorre el mundo. También Euskalherria. “No estamos dispuestos a consentir que tenga que morir gente para que los demás puedan seguir haciendo su vida como si nada pasara”.

Lo decía la presidenta navarra. Su colega en Euskadi insistía en los mismos humanistas conceptos: “que nadie quede atrás”.

Y yo que comparto tan hermosos principios, salté alborozado de mi silla para abrazarme al televisor. ¡Bravo! ¡Bravo! Zoragarria! ¡Viva Chivite! ¡Viva Urkullu!

Decía Eduardo Galeano que “en este mundo sin alma que se nos obliga a aceptar como único posible, no hay pueblos, sino mercados; no hay ciudadanos, sino consumidores; no hay naciones, sino empresas; no hay relaciones humanas, sino competencias mercantiles” y así fuese porque, de improviso, Urkullu y Chivite se habían vuelto comunistas o cristianos coherentes, brindé junto a ellos por el fin de las residencias de mayores en manos de buitres, por el fin del lucro inmobiliario, por el cierre de las putas incineradoras y vertederos, porque ni la educación ni la salud vuelvan a ser nunca un maldito negocio, porque dejen de morir de hambre todos los días en el mundo 25 mil seres humanos, para que, como decía aquella vieja canción de Atahualpa Yupanqui en sus preguntas a Dios, “nadie escupa sangre para que otros vivan mejor.”

(Preso politikoak aske)