Hasta que un día

El boricua se dio la vuelta, descubrió al dominicano y escupió al cielo denunciando a gritos: ¡Los dominicanos nos están invadiendo!

El dominicano giró sobre sus pasos, reconoció al haitiano y, ofuscado, delató la compañía: ¡Los haitianos nos están invadiendo!

El haitiano también se dio la vuelta pero no encontró a nadie tras de sí.

Pasaron los años y el boricua, al advertir al dominicano a sus espaldas, desenvainó lengua y espantos y masculló su ira: ¡Malditos negros!

El dominicano sorprendió al haitiano y, como si hubiera extraviado la razón, enarboló miedos y engaños y rezongó su furia: ¡Malditos negros!

El haitiano también se dio la vuelta pero no encontró a nadie tras de sí.

Todavía ayer, el boricua que buscaba un culpable que explicara su suerte mejor que su fracaso, vio al dominicano y clamó indignado: ¡Hatajo de vagos!

El dominicano que también requería un responsable de su infortunio detrás de su destino halló al haitiano y gritó irritado: ¡Hatajo de vagos!

El haitiano también se dio la vuelta pero no encontró a nadie tras de sí.

Y así dicen que ha sido hasta que un día que todavía no ha llegado, boricuas, dominicanos y haitianos cuando se den la vuelta solo encuentren reflejadas sus alargadas sombras y no sepan distinguir unas de otras.

(Preso politikoak aske)

Sonrisas perdidas

Se dice que un bebé sonríe 400 veces al día a diferencia de un adulto que no suele pasar de las 30 sonrisas diarias. Hacerse adulto, obviamente, no contribuye a hacernos más felices si la sonrisa, la más bella y humana expresión de que disfrutamos, es el costo que debemos pagar por “madurar”.

El bebé que agradece haber comido, dormir plácidamente, que sonríe cuando nos reconoce junto a él, que es capaz de amar, de ser amado y de encontrar en el día cuatrocientas razones para sonreír, desde que se pone los pensamientos largos transforma sus risueñas maneras hasta acabar convirtiendo sus mejores sonrisas en esas muecas desechables de poner y quitar que, cualquier día, aparecerán a la venta en los supermercados o podremos adquirir con la ayuda de un cirujano plástico que nos esculpa en la cara, a gusto de cada quien, los buenos días y las buenas noches.

Y sin embargo, aún estamos a tiempo de crecer. Todavía podríamos recuperar esas sonrisas perdidas si fuéramos capaces de recordar dónde las extraviamos y a cambio de qué juiciosa y madura sensatez optamos por censurarlas. Bastaría que nos atreviéramos a vernos en esos que llevamos de la mano, cuyas voces cargamos a la espalda y para quienes nunca disponemos de tiempo. Tampoco de sonrisas.

(Preso politikoak aske)

 

Los medios no se equivocan

 

Hablo de esos grandes medios que se dicen informativos y alardean de objetividad e independencia. Por ello es que no yerran cuando mienten. Simplemente, cumplen con su papel.

Cada vez que distinguen, según dispongan sus dueños, entre disidentes o terroristas, artefactos o bombas, golpes de estado o presidentes interinos, algaradas o manifestaciones, linchamientos o incidentes, gobiernos o regímenes, solo hacen su trabajo: hacer creíble la mentira y convertir en delito la verdad.

Cada vez que juegan a la prestidigitación con la crónica del día y extraen de su chistera una boda o un divorcio de lujo con que entretener al auditorio mientras se van por el desagüe atropellos, desahucios, desalojos, deforestación, asesinatos de feministas, de ambientalistas, de líderes comunitarios, de sindicalistas, de pobladores indígenas… no es que equivoquen el punto de mira, es que se dedican a eso, a distraernos o, siendo un poco más crudo, a idiotizarnos… más.

Cada vez que los medios coinciden en llamar operación al expolio, retención al secuestro, maltrato a la tortura, conflicto a la matanza, cumplen con su papel de restaurar orden y pensamiento. No se están equivocando. Esa es su función.

De ahí lo innecesaria que es por su parte la disculpa que justifique el yerro porque no se trata de un problema moral o ético, de la corrección de un criterio errado o de una línea de trabajo inexacta. Los grandes medios de comunicación son parte del negocio y, como accionistas, también van a la guerra. Si les das crédito puedes acabar convertido en su soldado.

(Preso politikoak aske)

Noticias fugaces

No son habituales en los grandes medios. A veces te las encuentras, de improviso, incluso en primera página, pero antes de que termines de advertirlas, de querer saber más, ya han difuminado sus vaporosas estelas entre los titulares del día siguiente. Son noticias fugaces.

En estos días surcó la noche una fugaz noticia relacionada con el incendio de la Torre Windsor. Catorce años después de que ardiera en el corazón financiero de Madrid con más de cien metros de altura y 32 plantas ocupadas por agencias inmobiliarias, oficinas de abogados y demás despachos del repulsivo mundo del negocio, una noticia fugaz reabría la hemeroteca y removía los escombros.

El incendio se originó casi a medianoche en la planta 21. Los bomberos llegaron en tres minutos. Dicen los vecinos que ya olía a quemado antes de que ardiera. Alguien vio unas sombras. La culpa fue de un cigarrillo.

Y la noticia fugaz que vuelve y pasa repentina por los medios para dejarte una estela de excreciones y náuseas que termina en los sumideros del poder, con el imprescindible comisario Villarejo y el presidente entonces del BBVA, Francisco González, allá en las cloacas donde el Estado afina sus razones antes de que se bendigan en los medios y esta fugaz noticia vuelva a perderse en la noche.

(Preso politikoak aske)

1919-Vitoria Gasteiz

-¡J-1 llamando a Charly…! ¿Me escuchas Charly?

-¡Adelante J-1…cambio!

-Parece ser que las víctimas del 3 de marzo de 1976 en Vitoria también quieren que se les considere víctimas del terrorismo… ¿Qué hacemos Charly?

-¿Cómo que qué hacemos J-1? Nosotros no tenemos que hacer nada. Ya hicimos nuestro trabajo entonces y, por cierto, lo hicimos “a tope, a mansalva, sin duelo de ninguna clase”. Dos mil tiros, cinco muertos, 78 heridos… contribuimos “a la paliza más grande de la historia”. ¿De qué víctimas me hablas? Cambio.

-Bueno… tú sabes Charly, de las familias de esos muertos, de esos heridos. Al fin y al cabo hay quien dice que a la lucha de esas víctimas de entonces debemos esta democracia de ahora…Cambio.

-Vamos a ver J-1… ¿Tú has bebido algo? Nuestro trabajo consiste en producir víctimas, no en homologarlas. De la denominación de origen se ocupan los políticos, y esas víctimas tienen casi 40 años reivindicando su condición inútilmente y nada hace pensar que se les vaya a reconocer ahora lo que se les ha negado siempre. Cambio

-De acuerdo Charly, de acuerdo.

-Además J-1, las víctimas de terrorismo reciben ayudas económicas, reconocimientos públicos, primeras páginas, audiencias reales, medallas de Navarra… y a mayor circulación de víctimas mayor depreciación de las subvenciones.

-No entiendo Charly… ¿Puedes repetir? Cambio.

-Que aquí no hay más víctimas que las que nos pagan… ¿Me entiendes ahora? Imagínate que también quieran ahora las demás que se les reconozca como víctimas del terrorismo, todas las víctimas del franquismo, del postfranquismo, del neofranquismo… No alcanzaría el presupuesto nacional para pagar compensaciones a los damnificados por nuestro… trabajo. Cambio.

-Entendido Charly… me dispongo a comunicárselo a J.2 y J.3. Yo lo decía porque como las víctimas del 3 de Marzo de 1976 no eran terroristas, ni tampoco del entorno o del umbral, ni ecologistas en bicicleta, ni periodistas curiosos, ni estudiantes inquietos… sino trabajadores, pensaba que igual era diferente. Cambio.
-Oye J-1, hay otro problema al margen del mangoneo y es que si aceptamos que los muertos y heridos de Vitoria también son víctimas del terrorismo, también habrá que preguntarse por sus victimarios… ¿Comprendes? Cambio.

-No del todo…

-Digo que si asumimos que detrás de cada víctima hay un terrorista… ¿qué quieres entonces? ¿Qué sometan por terrorismo al propio Estado? ¿Qué la justicia aplique todo su rigor sobre quien siendo ministro y bajo el alegato de que la calle era suya, dio luz verde a la paliza más grande de la historia?

-Como quiera van a llegar tarde para enjuiciar a Fraga Iribarne.

-Pero no para llevar a los tribunales a todos los que desde el Estado han administrado las cloacas y siguen a su gobierno.

-Entiendo Charly…estaríamos. de darse el caso, frente a la vergüenza más grande de la historia. Cambio.

-Así es J.1, y hasta nosotros iríamos presos. Así que haz el favor de desalojar y dispersar aunque sea a tiros cualquier inquietud de tu cabeza y recuerda que no se nos paga para pensar sino para proceder. Cambio.

-De acuerdo Charly, entendido. Cambio y fuera.

(Preso politikoak aske)

El Nobel de la Paz y Trump

Años atrás, distintos organismos e instituciones se dieron a la tarea de promover a Fidel Castro como Nobel de la Paz. Nunca compartí semejante injuria. Era consciente de que quienes respaldaban la iniciativa no lo hacían con ánimo de ofender a Fidel Castro, pero ocurre que siendo el dirigente cubano uno de los seres humanos que más había contribuido a la paz, el Premio Nobel de la Paz no se lo merecía a él.
Fidel y el pueblo cubano llevan años ganándose el respeto de quienes en el mundo seguimos empeñados en cambiarlo, pero el premio Nobel no se creó para reconocer los esfuerzos que Cuba ha venido haciendo en materia de salud, de educación, de respeto a los derechos humanos, entre otros progresos. Y ello a pesar de bloqueos, invasiones, sabotajes y mentiras.
Alguna vez, dada la catadura moral de los homenajeados, pensé que el Nobel de la Paz no podría caer más bajo pero la siguiente ceremonia siempre acababa por desmentirme.


En Memorias del Fuego cuenta Eduardo Galeano algunos de los méritos que hizo el ex presidente estadounidense Teddy Roosevelt para obtenerlo en 1906: “Teddy cree en la grandeza del destino imperial y en la fuerza de sus puños. Aprendió a boxear en Nueva York, para salvarse de las palizas y humillaciones que de niño sufría por ser enclenque, asmático y muy miope; y de adulto cruza los guantes con los campeones, caza leones, enlaza toros, escribe libros y ruge discursos. En páginas y tribunas exalta las virtudes de las razas fuertes, nacidas para dominar, razas guerreras como la suya, y proclama que en nueve de cada diez casos no hay mejor indio que el indio muerto (y al décimo, dice, habría que mirarlo más de cerca) Voluntario de todas las guerras, adora las supremas cualidades que en la euforia de la batalla siente un lobo en el corazón, y desprecia a los generales sentimentaloides que se angustian por la pérdida de un par de miles de hombres. Este fanático devoto de un Dios que prefiere la pólvora al incienso, hace una pausa y escribe: Ningún triunfo pacífico es tan grandioso como el supremo triunfo de la guerra. Dentro de algunos años recibirá el Nobel de la Paz”.
Desde 1901, en que se creó el premio, hasta 1936, en que fue distinguido el argentino Carlos Saavedra, nunca se eligió a un latinoamericano, africano o asiático. Todos los homenajeados con tan gloriosa distinción habían sido estadounidenses o europeos, como si la paz no dispusiera de otros acentos y no fueran estos más creíbles.
Tuvieron, de todas formas, que pasar otros 24 años para que en 1960 el sudafricano Albert Lutuli, aportara su nombre al esfuerzo de la paz convirtiéndose en el primer africano en ser homologado como Nobel y en el segundo caso en 60 años en que los jueces no encontraron un presidente estadounidense a mano o un candidato europeo que cubriera el expediente.
Ni siquiera Mahatma Gandhi, que entre 1937 y 1948 fue nominado en cinco ocasiones, fue elegido en alguna. Y los lamentos por tan imperdonable olvido que, ante el clamor popular, años más tarde reconociera el comité de sabios que administra el premio, no sirvieron, de todas formas, para restituirle su derecho a quien, curiosamente y después de la paloma, más se ha utilizado como símbolo de la paz.
En Suecia, los responsables de elegir a los premiados, ignoran que el llamado tercer mundo, no por casualidad sino porque carece, precisamente, de la paz, la practica y valora aún con más amor y constancia que occidente. Quizás por ello, salvo algunas cuidadas y obligadas excepciones, como el vietnamita Lee Duc Tho en 1973, (compartido con Kissinger) Teresa de Calcuta en 1979, Pérez Esquivel en 1980, Mandela en 1993 o Arafat al año siguiente, los elegidos como Nobel de la Paz o han sido excelentes administradores o serviles peones del negocio de la guerra: Simón Peres, Isaac Rabin Menachen Begin, Gorbachov, Carter, Lech Walesa, Oscar Arias, Al Gore, Santos…

Barack Obama, a los pocos meses de ser presidente del país que más enarbola la violencia como conducta, la tortura como terapia, el crimen como oficio y la guerra como negocio, se convirtió en el último canalla Nobel de la Paz festejado nadie saber porqué. ¿Por mandar más tropas a Afganistán? ¿Por multiplicar sus bombardeos? ¿Por llenar de bases militares Colombia? ¿Por “torcer el brazo de países que no se avienen a razones”? ¿Por seguir reteniendo contra todo derecho Guantánamo y convertirla, además, en una inmunda cárcel? ¿Por propiciar el golpe de estado en Honduras? ¿Por celebrar tiranos con licencia?

La última nominación de esta cruel bufonada se llama Donald Trump.

(Politikoak preso aske)

Un botijo de agua

Las intervenciones de Aitor Esteban como portavoz del Partido Nacionalista Vasco en el Congreso siempre son jocosas y, como suele ser habitual en el diputado vasco, la semana pasada provocó las carcajadas de sus señorías al señalar que a peperos y comparsas les daba igual que en las conversaciones con los soberanistas catalanes hubiera un relator o un “botijo de agua fresca”.

Lo que sí extrañé en su discurso, al margen de los olvidos de rigor, fue que no puntualizara algunas de sus afirmaciones como, por ejemplo, que “en la calle no se convocan las elecciones”… salvo en Venezuela, donde no solo se pueden convocar las elecciones en la calle sino, incluso, elegir a sus presidentes. Hasta con un voto, el de Donald Trump, es suficiente para que Esteban y su partido reconozca y se sume al golpe de Estado. En alusión a Ciudadanos, decía Esteban, “un verdadero partido de centro (como el PNV) ha de defender siempre el diálogo y nunca la imposición y el ordeno y mando”… salvo en Venezuela, donde en lugar de procurar el diálogo, por encima de la constitución de ese país, de Naciones Unidas y del sentido común, se ordena y manda que en lugar del legítimo gobierno venezolano se proclame como presidente no un botijo de agua sino un orinal de mierda.

(Preso politikoak aske)