Diagnósticos filiales

 

¿Cómo saber lo que se proponía la criatura? Tenía cinco años y, hasta el momento, no había indicios de que pudiera estar incubando un repentino brote psicótico o un acceso furibundo de cólera en respuesta a alguna frustración o como consecuencia de algún extraño virus. Estaba sentada en el suelo, en medio de la sala, jugando con una muñeca de trapo, la más querida. Yo la observaba desde la cocina.

La verdad es que no tenía razones para alarmarme. Su expediente casi era aceptable. Algún que otro desmán, una bronca, un desacato de vez en cuando pero, nada reseñable.

No se le conocían fobias, tampoco manías, todo parecía ir bien.

Tal vez por ello, cuando vi que agarraba a la muñeca por los pelos mientras le secreteaba quien sabe qué amenazas y la conminaba a rendir quién sabe qué cuentas, empecé a preocuparme.

Fue entonces que comprendí lo que estaba pasando y, en la duda de si se limitaría a romperle las piernas o llegaría más lejos, corrí por el pasillo, de la cocina a la sala, decidido a evitarlo.

Demasiado tarde. La muñeca salió despedida, atravesó la sala por encima de mi asombro y se perdió en el pasillo, a mis espaldas.

La criatura no dejaba de reír y celebrarlo: ¡He enseñado a volar a la muñeca! ¡He enseñado a volar a la muñeca!

Tenía coartada la condenada, sí… pero algún día la pilla.

(Preso politikoak aske)

¿Qué hay de Dominicana?

 

¿Qué sabes de la República Dominicana? Y sí, ya sé que es una isla caribeña, que hace un tiempo pasaste una semana (todo incluido) en un hotel, que las vacaciones fueron inolvidables, que se baila merengue y bachata y se bebe cerveza y romo, que las playas son tan hermosas como generosas las nalgas y que El conquistador del Caribe se está grabando en la Dominicana… pero, al margen de todo ello, me gustaría contarte que detrás del selfi que te hiciste en la playa, vive un pueblo; que al otro lado del muro del hotel vive un pueblo; que alrededor del perímetro del reality show vive un pueblo, y que ese pueblo está, en buen dominicano, “jarto” de saberse engañado por las instituciones que lo representan y que ya ni siquiera respetan la pantomima electoral; “jarto” de la generalizada corrupción, de la impunidad, de la violencia policial, de los cientos de mujeres asesinadas por el hecho de ser mujeres, de la desnutrición, del desamparo, de los mercaderes entogados, de las eminencias pederastísimas, de los depredadores empresarios, de los sicarios generales, de no tener con qué pagar el hospital, de tener que emigrar…

A República Dominicana ni siquiera le queda el consuelo de ser Venezuela para que los medios se ocupen de ella y el lehendakari vasco orondo reciba a su embajador virtual.

Nos va la vida en ello

Cuando el hombre inventó la rueda la hizo cuadrada, pero de la frustrante y pública presentación de aquel ingenioso artefacto que revolucionaría el mundo ninguna consecuencia se desprendió, al margen del ridículo del autor quien, al parecer, se dio a la bebida para olvidar su fracaso. Curiosamente, sería su esposa, decidida a proseguir las investigaciones por las noches, cuando acostaba a los hijos y al marido borracho, la que le dio a la rueda una forma redondeada para que su marido demostrara al mundo que rodaba y pasara a la historia como el hombre que inventó la rueda.

Muchos años después se siguen inventando toda suerte de objetos y aparatos, entre útiles y absurdos, pero las energías, los materiales y técnicas que hoy utilizamos no van a penalizar los errores solo con el descrédito del autor que, por cierto, sigue siendo el mismo.

El riesgo de construir centrales nucleares cuadradas, el riesgo de coronar un virus que solo afecte al enemigo, o el de esconder la basura debajo de la alfombra cuando en la basura hay amianto, plomo, molibdeno y quién sabe cuántas otras mierdas y cuántos vertederos… no es un problema de imagen ni termina con una disculpa en el Parlamento. El cambio climático, para el que no hay vacuna, es la consecuencia de un sistema económico, político y social que es absurdo y perverso. Antes le llamábamos capitalismo.

Y lo peor es que, los socios del mercado, además de estar en el origen del desastre, también quieren gestionar la respuesta. A ellos les va el negocio, a los demás nos va la vida en ello.

(Preso politikoak aske)

“Los de siempre”.

Para los bienpensantes hombres de provecho, de misa y chiquiteo, “los de siempre” eran la piedra en el zapato. Y es que se oponían a todo. Eran “los de siempre” cuatro idiotas que, hoy todavía, se creen todo lo que oyen, a los que llenan la cabeza de tonterías y con los que no se puede ni hablar -los sigo oyendo- porque, si fuera por ellos, todavía estaríamos en las cavernas calentándonos alrededor del fuego.

Casi es una enfermedad, un tic nervioso, pero cada vez que los bienpensantes hombres de provecho avistan algún divino proyecto que reparta empleo y bonanza a manos llenas entre este pueblo desagradecido, ahí aparecen de nuevo los mismos cuatro idiotas a decir que no, que no quieren centrales nucleares, ni hacer de Belagua la mayor estación de esquí del Pirineo, que no quieren el fracking ni la minería a cielo abierto, que no quieren la pesca de captura, que no quieren la incineradora, ni que siga en Itoiz temblando la tierra, ni los cazas de guerra volando y disparando en las Bardenas, ni trenes de alta voracidad en los que emigrar en menos tiempo, ni contaminación, ni maltratos animales, ni deforestación, ni cambio climático…

Son otra vez los mismos, los de siempre, aquellos cuatro idiotas a los que no escuchaba nadie, que decían que el amianto es un peligro, que el amianto mata.

(Preso politikoak aske)

Huele mal

Por más repulsiva que nos parezca, la guerra bacteriológica existe. Y bastaría repasar la catadura moral de los canallas que gobiernan el mundo como para pedir la autopsia del cadáver.

La economía china es la gran perjudicada con esta coronacrisis cuyas consecuencias aún son invaluables. Y ello ocurre cuando discutía con EEUU la supremacía en el mundo del puto negocio y, curiosamente, EEUU proponía una tregua a la guerra comercial que provocara con China un año antes.

Al margen de que China es la gran perjudicada y de que Estados Unidos se queda sin competencia, hay un hecho que me resulta muy significativo a la hora de presumir una mano blanca tras el coronavirus en un mercado chino: el papel jugado por los grandes medios de comunicación.

Desde el primer día, con una celeridad y uniformidad impresionante, han convertido sus informativos en monotemáticos por causa de un virus cuya incidencia es ridícula. Hasta la gripe común es mucho más letal. Medios de países en los que no hay casos abren y cierran las noticias con el coronavirus generando alarma que, por cierto, achacan a las redes sociales, cuando son esos grandes medios orquestados por los mismos intereses y surtidos por las mismas agencias las que extienden el miedo.

Pronto un laboratorio estadounidense dará con la vacuna para cerrar el negocio.

(Preso politikoak aske)

Fuera el clientelismo de los hospitales

No comparto del todo la iniciativa de la organización de consumidores Facua Euskadi de que no se cobre la televisión en las habitaciones de los hospitales públicos porque su gratuidad solo es un aspecto de un problema más complejo al que deben enfrentarse las personas ingresadas. En cualquier caso, menos me identifico con la estúpida respuesta del Departamento de Salud del Gobierno Vasco aduciendo que el servicio previo pago no contraviene “ningún principio de la legislación de ordenación sanitaria”.

Ignoro si el sentido común y el respeto son principios de la legislación de ordenación sanitaria pero el negocio de las televisiones en las habitaciones de los hospitales dista mucho de ser un “servicio adicional de confort de tipo hostelero para generar una estancia más agradable”.

Ya de entrada, hay una sola televisión por habitación, o lo que es lo mismo, una televisión por cada dos ingresados, cuya sintonía y volumen decide el paciente que primero contrata el servicio que también puede ser el único que lo contrata. El servicio “hostelero que nos genere una estancia agradable” no está personalizado con lo que si una persona ingresada necesita cierta paz y silencio en su entorno (caso que suele ser habitual en un hospital) va a tener que soportar el programa que haya puesto el vecino, tormento que, a veces, resulta insoportable. Por más que en los hospitales siempre que me preguntan por mis alergias les digo que a Tele-5, poco importan esas fobias mías si el compañero de habitación (solo es un ejemplo) no puede perderse a la Patiño o a la Esteban hablando mierda constantemente. Ni siquiera te queda el recurso de la huida porque estás en un hospital.

ISERN.SA tardó veinte años e innumerables quejas en sustituir sus aparatos de bolsillo colocados casi en el techo de las habitaciones para ingresados que, por razones de edad, suelen tener problemas de audición y de vista, por pantallas algo más grandes, pero siguen cobrando los mismos abusadores precios, siguen robando al consumidor el tiempo que no gastan en sus tarjetas porque han desaparecido en muchos centros las máquinas que devolvían el dinero y siguen desentendiéndose de las quejas de los ingresados que no quieren ver ni oír televisión, entre otras razones porque ISERN.SA y otras empresas semejantes se deben al negocio que les procuran sus contactos en el Gobierno Vasco y sus instituciones y les importa un carajo la “estancia agradable” de los pacientes.

Lo que indigna es que las mismas sinrazones también las haga suyas el Gobierno Vasco.

Yo recomiendo sabotear el negocio de las muchas maneras posibles: armando un lío y pidiendo su traslado a una habitación individual, dañando el funcionamiento de la TV, llevándose una radio y poniéndola al mismo volumen que la TV del vecino… A su criterio e imaginación queda. Eso sí, no se molesten en enviar sus quejas al Departamento de Salud porque ahí no hay nadie que oiga y menos que cumpla.

Preso politikoak aske)

 

 

 

La pasión por la verdad

Benjamín Bradle fue una de las figuras más sobresalientes del periodismo estadounidense. Director del Washington Post de 1968 a 1991, condujo a ese medio a doblar su tirada y también la credibilidad de sus lectores tras destapar el caso Watergate que acabaría sacando a Richard Nixon de la presidencia, así fuera por el más insignificante de sus muchos delitos.

En 1914, un año antes de su muerte, Bradle recibió de manos del presidente Obama la Medalla de la Libertad, el premio más prestigioso de ese país por su “pasión por la verdad y su incansable búsqueda de la verdad”.

La misma pasión por la verdad que le ha supuesto una condena de 35 años de cárcel a Chelsea Manning, ex analista de inteligencia de Estados Unidos, por no aceptar que la verdad tenga que ser secreta; la misma pasión por la verdad que tiene preso en Londres a Julian Assange por no creer que la verdad deba ser proscrita; la misma pasión por la verdad que mantiene en la clandestinidad al ex agente de la CIA Edward Snowdem por no creer que la verdad deba seguir oculta.

Manning, Snowdem y Assange creen que la verdad pertenece a la gente, que es propiedad pública, que ningún pueblo es menor de edad como para vivir en el engaño permanente y que ningún gobierno tiene derecho a mentir a sus ciudadanos. Ninguno de los tres recibirá nunca la Medalla de la Libertad.

También decía Bradle que “el fundamento del periodismo es encontrar la verdad y contarla”. Sí, es verdad, pero… ¿en qué cárcel?

(Preso politikoak aske)