Al cuidado de sus padres

Nadie en sus cabales aceptaría que un niño maltratado y violado por sus padres siguiera bajo su custodia. Nadie que no fuese un canalla permitiría que ese niño desnutrido y enfermo quedara a cargo de sus padres por más progenitores que se digan.

Pero esa general repulsa en relación a un menor violentado no se expresa, sin embargo, con la misma lógica y contundencia respecto a otros manifiestos atropellos de los que somos víctimas y testigos.

En relación al cambio climático, por ejemplo, no hay cabales que valgan, ni sensatez que hable o común que imponga su sentido.

Los mismos responsables de haber convertido la vida en un mercado, de haber precintado sueños y prostituido conciencias, de haber desatado hambrunas y matanzas, de haber llevado a la ruina a buena parte de la humanidad y tener al planeta al borde del colapso, hoy son los mismos santos principios y varones dispuestos a acompañar los pasos de ese maltratado niño al que ni siquiera se le permite la memoria.

Del relato se ocupan los grandes medios para que sigamos confiando en la bondad del venturoso progreso que se aplaude, en la buena voluntad de los gestores del caos, en la eficacia de las nuevas medidas que van a volver a implementarse, y celebremos que ese niño violado, hambriento y enfermo siga al cuidado de sus padres.

(Preso politikoak aske)


¿Residentes o residuos?

Las residencias de ancianos que, como escuelas y hospitales, nunca debieron ser un negocio, van camino de convertirse, sin embargo, en uno de los más prósperos y lucrativos. Basta ver cómo se extienden esas empresas por el País Vasco para entenderlo. Cuanto más aumenta el número de clientes, en lógica consecuencia, más se reduce el personal cada vez más exigido y peor pagado. Disminuyen las cargas y aumentan los beneficios. Se cuentan los pañales, los fideos y las patatas fritas, todo menos las pastillas. El “clientelismo” del que hablara Iñaki Anasagasti se encarga de lo demás. Estamos en familia. Negocio garantizado.

Lo que pudo haber sido una propuesta de convivencia nueva e integradora, un espacio creativo y hermoso para la tenida por tercera edad, en manos del negocio termina convertido en un desván de trastos viejos, en un invernadero de repollos a los que se les habla como si fueran bebés, se les miente como si no tuvieran memoria y se les ignora como si no existieran. Hay que repensar las residencias no como terminales o antesalas de nada, sino como la oportunidad de refundar la vida ochenta años después, como si no fueran un negocio; hay que contratar más personal y en condiciones de trabajo que puedan llamarse dignas… Las residencias no pueden ser almacenes de residuos tóxicos.

(Preso politikoak aske)

Remilgos de millonarios

Decía San Agustín que “posees lo ajeno cuando posees lo superfluo” y casi una veintena de las más grandes fortunas estadounidenses, quién sabe si influenciadas por el santo, han hecho pública una carta abierta y dirigida a los candidatos a la presidencia para que cuando alguno llegue a la Casa Blanca les grave su riqueza y les aumente los impuestos. Al parecer les da vergüenza seguir acumulando números y cifras y, como si se arrepintieran, confiesan querer pagar más superfluos.

Tampoco es la primera vez. Empieza a ser costumbre que en Estados Unidos, a falta de sindicatos y organizaciones obreras, sean los propios empresarios quienes asuman las reivindicaciones del mundo del trabajo y escuchen y atiendan las demandas de la calle, exigiendo al gobierno que flagele su ambición para, como afirman en la carta, financiar la salud pública y enfrentar el cambio climático. Conmovedor.

Elogios al margen por el dispendio que ahora proponen estos soñadores empresarios que para mi, también para San Agustín, ya tienen ganado el cielo ¿no les sería más cómodo manejarse con algunos escrúpulos de más y algunos despropósitos de menos? ¿No sería una mejor opción reconducir sus negocios con menos voracidad y plusvalía, no hacer tanta sangre y, en consecuencia, no generar tanta miseria superflua?

(Preso politikoak aske)