¿Quién está en contra?

Una pregunta retórica es aquella que no necesita respuesta porque la que resulte será obvia y unánime. Se hace por hacer.

Y si quieren un ejemplo aquí va una: ¿Quién está en contra de los derechos humanos? Nadie. Hasta cualquier experto en vulnerarlos todos, cualquier torturador, cualquier sicario o criminal nos confirmaría que nadie.

En estos tiempos en los que hasta el Gobierno Vasco (toque de clarines y timbales) ha declarado ¡La emergencia climática! les propongo otro ejemplo y pregunta: ¿Quién está en contra de la naturaleza? Nadie. Si acaso alguna gente desaprensiva, unos cuantos insensatos con licencia, ciertos depredadores compulsivos, algunos gobiernos y hacendados miserables y pocos más que vienen a ser nadie.…

El tercer ejemplo no lo expongo yo sino Javier Zubizarreta, alcalde Azkoitia, que mientras su partido (PNV) trajina a hurtadillas otro vertedero tan inocuo como el de Zaldíbar, nos pregunta: ¿Quién está en contra de reciclar? El propio alcalde se responde: Nadie.

Y es verdad. Nadie se opone a reciclar, excepto algunos ignorantes, determinados estúpidos, ciertos negociantes sin escrúpulos y algún que otro empresario sin vergüenza, esos amigos del lucro que han hecho fortuna gestionando vertederos e incineradoras, cualquiera de esos numerarios y socios en las urnas que tienen su negocio y comisiones en la basura… en una palabra: Nadie.

(Preso politikoak aske)

Dando ideas

 

Dice un colega de confinamiento en la residencia que “a grandes males grandes remedios” y dado el desastre económico que se avecina y solo por dar ideas…¿no sería buena idea disolver el ejército?

Estamos hablando de un presupuesto de 11.000 millones de euros sin contar los cazas, bombarderos, portaaviones, dragaminas, torpederas, submarinos, fragatas, tanques, misiles y toda suerte de violentos artilugios que solo sirven para matar, además de uniformes, cascos y demás útiles de guerra que cada dos o tres años hay que ir renovando porque ha salido al mercado un modelo más mortífero de lanzacohetes o una nueva bomba de racimo más efectiva o, simplemente, para que no se echen a perder o se oxiden por falta de uso.

Hasta podrían venderse todos esos infernales aparatos a otros países aunque, es de desear, que con mejor acierto que las ventas que en el 2014 hizo el Estado español al reino magrebí de 6 torpedos y 8 lanzabombas de demolición al precio de un euro (1) con la venia del Congreso español “para fortalecer la especial relación de hermandad existente entre las Fuerzas Armadas de España y de Marruecos”.

Por otra parte… ¿para qué sirve el ejército? En los últimos cien años la única guerra que ha sostenido el ejército español ha sido contra su propio pueblo y gobierno en un golpe de Estado que provocó cientos de miles de muertos, muchos de los cuales aún siguen tirados, 80 años después, en las cunetas del país, así como otros tantos miles de exiliados.

A reseñar, también, la histórica batalla del Perejil en la que tropas españolas recuperaron en cuestión de horas el peñón del mismo nombre liberando dos cabras que habían sido retenidas por otros tantos marroquíes y que solo es comparable a la reciente detención por la Guardia Civil, en pleno confinamiento, de fuerzas hostiles que se habían apoderado ilegalmente de 30 kilos de naranja.

Los alrededor de 140 mil efectivos de todos los ejércitos bien podrían reemplazar la mano de obra agrícola que falta en los campos para la recogida de toda clase de frutas, espárragos y demás tubérculos, o cursar (podrían ser becados) carreras de medicina y educación que sí parecen profesiones con futuro garantizado y que hacen verdadera necesidad en hospitales y escuelas.

Los cuarteles, cuartelillos y demás dependencias castrenses, incluyendo bases militares, podrían habilitarse, precisamente, como centros sanitarios, educativos, residencias de mayores o granjas. Los vehículos militares también podrían reconvertirse en bibliotecas y ambulatorios médicos ambulantes, o dedicarse al acarreo de productos agrícolas.

Y junto al desmantelamiento del Ejército que, al fin y al cabo, ya hay más de una treintena de países que no tienen ejército, como Panamá, Costa Rica, Mónaco, Islandia, o las Islas Feroe y no han desaparecido, ni han sido invadidos ni ocupados, a diferencia de otros que sí los tenían y han sido, incluso, destruidos, otra medida que agregaría más recursos es suprimir la monarquía y toda la amplia nómina real y bienes o, es otra posibilidad, cedérsela a Marruecos, a Arabia Saudí o Botsuana (donde todavía quedan elefantes) y hasta podría ser sin costo alguno.

(Preso politikoak aske)

Palabra de Dios

La Conferencia Episcopal Española rechaza la creación de una renta mínima, estable y duradera porque provocaría que “grupos amplios de ciudadanos se acostumbraran a vivir subsidiados”. El portavoz de los obispos, Luis Argüello, al leer los resultados de la conferencia, agregó que “la necesidad de una renta básica en estos momentos no debería ser coartada para un subsidio permanente que retirase del horizonte de las personas el poder ejercer un trabajo”.

Y lo dice la subsidiada iglesia por el Estado en una declaración histórica por el grado de alineamiento demostrado con la derecha política y empresarial más rancia y facha del Estado.

La conferencia también llamó la atención sobre la “cuestión ecológica” y la necesidad de “no convertir a la Tierra en un ídolo porque esta tierra produce estos virus a los que es preciso combatir”. La culpa es del planeta porque “en la mirada ecológica debe haber una jerarquía en la que el hombre y la mujer deben estar en el centro”.

A los jóvenes, y el “incierto futuro que les aguarda” les pidió que oigan una llamada “al sacrificio, la entrega y el trabajo”, y de las mujeres la Conferencia de los Obispos criticó su empoderamiento y subrayó la necesidad de “hablar de las diferencias sexuales”.

Ya de paso, pidió a los políticos “recrear el espíritu de la Transición” para sacar adelante un proyecto común que, obviamente, para los obispos de Cristo no cuenta con los pobres de la Tierra, tampoco con las mujeres empoderadas, ni con los jóvenes sacrificados, ni con un ingrato planeta que lejos de mostrarse agradecido con los seres humanos nos manda pandemias.

¿Y qué dicen los cristianos de base, los que dicen tomarse en serio el cristianismo…? Lo de siempre. Nada. Palabra de Dios, te alabamos Señor.

(Preso politikoak aske)

Txetxu Urteaga

Txetxu Urteaga

Koldo Campos Sagaseta

La cárcel mata, el exilio mata… pero, sobre todo, mata la indolencia de un Estado en manos de canallas e incapaz de respetar sus propias leyes, que en vez de la justicia practica la venganza y que ni siquiera en las presentes circunstancias, en las que un virus letal aún hace más hermética y perversa la cárcel o el exilio, es capaz de mostrar un atisbo de cordura o de humanismo y hasta se jacta de seguir exhibiendo su crueldad en el trato a la población reclusa y a sus familiares, especialmente con los presos políticos vascos y catalanes.

Txetxu Urteaga, azkoitiarra refugiado en Venezuela desde hacía 36 años, ha sido la última víctima de ese Estado miserable.

(Euskal preso eta iheslariak etxera)

Pasear sin problemas

Si no tiene perro que pasear y tampoco es tan canalla como para hacerse con uno en estos días y así caminar un rato por la ciudad, si tampoco es militar como para andar paseando su uniforme por la calle al ritmo del himno español así tenga que soportar las caceroladas en balcones y ventanas pero necesita salir a la calle y romper por unas horas el confinamiento, le propongo un disfraz infalible, sin riesgo alguno para su integridad. Nadie le va a detener, a golpear o arrastrar por el suelo. Tampoco le van a insultar como a esas enfermeras y médicos que regresan a sus casas. Simplemente haga como Alfredo Beltrá, cura de Sax (Alicante), que vistiendo su espléndida batola blanca se dedicó a pasear el 30 de marzo por las calles de la ciudad sosteniendo en alto un enorme copón lleno de hostias.

A su gusto queda, como el cura de Sax, aprovechar el paseo para bendecir a su rebaño y a las ovejas descarriadas sin temor a las reacciones de los balcones que le van a ver pasar entre aplausos, saetas, y conmovedoras muestras de devoción cristiana. Y tampoco va a precisar una mascarilla con la que protegerse la cara o unos guantes para levantar el copón porque Dios está con usted y no va a pasarle nada. Es más, hasta la Guardia Civil lo va a trasladar en sus vehículos y a darle escolta con todo y el copón.

(Preso politikoak aske)