Seguimos a la espera

La televisión vasca informaba el lunes con contenida alegría (la mía desatada) de que ni Partido Popular, Ciudadanos y VOX habían conseguido escaños en la comunidad vasca. Ninguno. Nada.

Y EITB resaltaba igualmente con cierto regodeo (el mío es alborozo) el fracaso de Maroto en Alava. De perder la alcaldía a perder el escaño y, para mayor regocijo, a manos de Ruiz de Pinedo y Bildu. El conocido como el “trifachito” suerte de armada invencible dispuesta a la reconquista, al igual que aquella se hundía por el camino. No había sido mandada a luchar contra los elementos y, en su noche más negra, desaparecía bajo los votos.

Seguimos a la espera, sin embargo, de que en EITB también desaparezcan de sus tertulias los tantos voceros de esos partidos citados, así asistan con el carnet del partido o como periodistas. No es mi intención negarles su derecho a la palabra que, además ejercen en todos los medios, sino evitar las tertulias multitudinarias en las que a nadie se excluya, con docenas, cientos de tertulianos hablando al mismo tiempo y donde solo se prohíba la sensatez. Esa es precisamente la razón por la que los grandes medios y cadenas excluyen a BILDU hasta de los informativos. Pero si no es posible tanto gozo y menos del diez por ciento de la sociedad vasca ocupa la mitad de escaños en las tertulias, que al menos su presencia en EITB se corresponda con la incidencia social de sus propuestas en el país. Las tertulias en televisión ya pagan demasiado tributo a la inmediatez, la publicidad y el espectáculo como para que encima, no importa de qué se hable, siempre esté por el medio un portavox del trifachito. La tertulia que, hasta el momento, al menos se sobrellevaba, se vuelve insoportable, bochornosa, cada vez que un contertulio (a veces dos) insiste en que el planeta es cuadrado, la violencia machista es doméstica, o que en Nueva York se puede abortar después del parto y los atascos son una bendita tradición madrileña de la España cañí.

(Preso politikoak aske)

Buenas noticias

En estos días y en el puerto de Bilbao, el jefe de máquinas de la embarcación Ibaizabal Ocho moría en lo que se conoce como accidente laboral no traumático. En febrero, también en ese puerto, otro trabajador moría tras precipitarse al suelo desde una grúa. En enero, otro más resultaba muerto al caer al agua mientras realizaba labores de limpieza en un barco. El jefe de máquinas fallecido ahora es el quinto trabajador que muere en el puerto de Bilbao en los últimos meses. Hacía turnos de 48 horas. La empresa Remolcadores Ibaizabal optó por cambiar los turnos de sus trabajadores de 24 horas seguidas a 48. Dos días consecutivos. El sindicato LAB viene denunciando que “los accidentes no traumáticos, infartos e ictus, son la primera causa de muerte laboral”.

En marzo fallecía una trabajadora en la empresa Mendiaraiz (Zumaia) como consecuencia de un accidente laboral no traumático. Durante el pasado año 35 personas murieron en accidentes laborales en Euskadi.

Pero no todo son malas noticias. Fátima Báñez, la que fuera ministra española de empleo e impulsora de la reforma laboral, ya ha encontrado trabajo. No, no en el puerto de Bilbao ni en turnos de 48 horas. A partir de ahora será asesora personal de la CEOE y de su presidente Antonio Garamendi.

(Preso politikoak aske)

Tragedia

El mundo asiste conmocionado al derrumbe del símbolo más importante de su cultura y de su historia. El templo del Ártico se deshiela y desploma ante la consternada mirada de los principales dirigentes mundiales. Donald Trump ya ha planteado la necesidad de erigir un muro alrededor del Ártico que contenga el deshielo mientras su esposa Melania afirma tener el corazón roto. Ángela Merkel se declara desolada, Obama llama a sobreponernos para reconstruirlo con tanta fuerza como se pueda y Marine Le Pen se duele por la devastación de nuestro patrimonio. Hillary Clinton afirma que su corazón está en el Ártico, Theresa May insiste en que sus pensamientos están con los osos polares, Antonio Guterres (ONU) se siente horrorizado por las imágenes, Trudeau (Canadá) dice que es desgarrador el deshielo, Bolsonaro y Lenin Moreno se muestran solidarios y Pedro Sánchez define el derrumbe de las masas polares como una catástrofe para Francia, para España y para Europa. Hasta el Vaticano y Guaidó han mostrado su desolación por lo ocurrido.

Macron va a abrir un concurso público para elegir el mejor proyecto que se ocupe de la reconstrucción del Ártico y se estima en cinco años el tiempo que se pueda tardar. Ya se han obtenido casi mil millones de euros en donaciones.

(Preso politikoak aske)

Eufemismos

Con el cambio de siglo la conocida como Escuela de las Américas también cambió de nombre y pasó a llamarse Instituto del Hemisferio Occidental para la Cooperación en Seguridad. Lo que no cambió fue su función: adiestrar a militares latinoamericanos en la guerra contra sus propios pueblos. Luis Caldera, secretario del Ejército de los EEUU, lamentó entonces que “entre tantos graduados por la causa de la democracia se colara algún granuja”. O lo que es lo mismo si me atengo al diccionario de sinónimos, que los golpistas argentinos Viola y Galtieri fueron unos pilluelos; que Manuel Contreras, jefe de la tortura en Chile o el general Wessin y Wessin, golpista dominicano, fueron unos pícaros; que el dictador boliviano Hugo Banzer o el guatemalteco Ríos Montt fueron unos malandrines; y que los agentes de la CIA, Luis Posada Carriles (terrorista gusano) o Heriberto Lazcano (jefe del cartel mexicano de Los Zetas) todos alumnos de la Escuela de las Américas, fueron unos bribones.

En el Estado español, que también dispone de un amplio surtido de eufemismos, son declarados abusos policiales los asesinatos, secuestros y torturas del Estado. O lo que es lo mismo si me atengo al diccionario de sinónimos, que Rodríguez Galindo se extralimitó; que lo de Elgorriaga y Sancristóbal fue una tropelía; que se propasaron Vera y Barrionuevo; que lo de Garzón fue una grosería y el enigma sin resolver en el abecedario español solo fue una gamberrada de Felipe Gonzálex.

(Preso politikoak aske)

Los hipócritas

Los hipócritas no tienen rostro,

apenas la sonrisa maquillada

con que ensamblar la pose y la fachada

para poder sumarse al carnaval

y simular una apariencia humana.

Los hipócritas no tienen amigos,

como mucho otros socios

de embozos y emboscadas

con quienes tramar complicidades

y multiplicar los beneficios.

Los hipócritas tampoco tienen sueños,

si acaso la utopía a plazo fijo,

las alas rotas de tanto otear el suelo

o la pesadilla del espejo

cuando el tiempo se cobre los olvidos.

Los hipócritas no tienen palabras,

únicamente voces de artificio,

registros de fogueo

con que acallar conciencias

y maquinar coartadas.

Los hipócritas no tienen vergüenza,

la extraviaron delante de sus ojos

el día en que aprendieron a ignorarla

para no exponerse más a verla.

Los hipócritas no tienen amor,

sólo miedo a conocerse y a que los descubran,

a que la vida reivindique su pulso

y los pulmones dejen salir el aire.

Los hipócritas no tienen Dios,

les basta darse golpes en el pecho

invocando su nombre

en el temor de que alguna vez los oiga.

Lo único que,

en una sociedad como la nuestra,

tienen los hipócritas es… futuro.

Pero, eso sí, un futuro sin rostro,

sin amigos,

sin sueños,

sin palabras,

sin vergüenza,

sin amor…

sin futuro.

Semana Santa

Los usureros al frente de bancos y financieras, en Semana Santa, no perdonan nuestras deudas así como nosotros tampoco perdonamos a nuestros deudores pero, virtuosos que son y agradecidos, se encomiendan a Dios por permitirles multiplicar impunemente sus panes y sus peces.

Los políticos, acostumbrados a tomar el nombre del pueblo en vano y a no dejar ileso ningún mandamiento, en Semana Santa, sin embargo, oran para no volver a caer en la tentación… hasta que caigan si no están aforados y, Dios mediante, puedan resucitar al tercer grado.

Los empresarios y demás gentiles mercaderes, en Semana Santa, después de despedir obreros, tramitar expedientes y abaratar soldadas, cubren sus vergüenzas con negros capirotes y en devota cofradía desmienten una por una sus siete palabras.

Los jueces, versados en el Sanedrín de sus audiencias en postrar ante la cruz a vergüenzas sin cargos y en poner en la calle a cargos sin vergüenza, en Semana Santa se lavan las manos y suscriben lo que firme el anillo que besan y disponga el poder que veneran.

Los torturadores, por misericordiosos, antes de incorporarse el Viernes Santo al habitual calvario en que trajinan ora la bolsa ora la picana, piadosos se persignan y flagelan también al cirineo por ser parte del entorno.

Los hipócritas, en Semana Santa, penan encapuchados las velas en las que arden sus arrepentimientos mientras se dan golpes en el pecho invocando el nombre de Dios en el temor de que los oiga.

Y Dios, cansado de tanta indescriptible emoción contenida, de ese fervor popular que levanta los pasos bajo cuyos faldones corre el aguardiente tanto como la cera por las calles; harto de tanta mojiganga y cofradía, de tanto capirote y penitente, de tanta hipocresía, de tanto nazareno, de tanta vela en tanto entierro ajeno, en Semana Santa también se marcha a la playa así sea por no tener que coincidir con tanta procesión de fariseos.

(Presos politikoak aske)