Predicar con el ejemplo

Prueba de hasta qué punto, además de la vergüenza, han perdido el disimulo quienes más alzan la voz, ya que no el ejemplo, para predicar la austeridad entre sus gobernados, la ofrecía en estos días el alcalde cordobés, José Antonio Nieto, del Partido Popular, que a través de su twiter anunciaba al mundo su benemérita gestión como primera autoridad municipal de esa ciudad andaluza, al tener que viajar a Nueva York para convencer y acompañar a Nadal a Córdoba, en la necesidad de que el tenista representara al estado español en la Copa Davis. No iba a estar solo en esa empresa. El presidente de la federación de tenis, que era quien, al decir de Nieto, asumía todos los gastos, le acompañaría en la trascendental misión. Y este es un aspecto que debe quedar claro porque en modo alguno los gastos de avión, hotel y otras menudencias, como ha insistido Nieto, iban a salir de las arcas cordobesas, sino del erario público español.

Y así lo hizo Nieto, aunque hubiera de sacrificar su presencia en un importante pleno de su municipio y desatender sus obligaciones como alcalde dos o tres días. El que Nadal ya hubiera hecho firme ese acuerdo no parecía razón suficiente como para permitir que imponderables frustraran su presencia. ¿Y si se olvidaba? ¿Y si no lo había anotado en su agenda? ¿Y si lo había anotado pero no se acordaba de repasarla? El estar pendiente de su final neoyorquina, a cualquiera le pasa, bien podría haber sido motivo de que el tenista no recordara su compromiso. También podría ocurrir que Nadal se extraviara en el aeropuerto estadounidense, que tomara un avión a Burkina Fasso, que confundiera Córdoba con Pontevedra… Cierto que pocos deportistas como el mallorquín, por no decir ninguno, viaje tanto por el mundo, de torneo en torneo, pero eso no le exime, dada su juventud, de cometer un error, de dejarse el pasaporte en el hotel, de equivocar la hora… Hasta podía haber ocurrido que fuera confundido con un suicida terrorista islámico a punto de abordar un avión y detenido en Nueva York. Al fin y al cabo, el que fuera senador estadounidense, Ted Kennedy, ya fue en el pasado arrestado en un aeropuerto por infundir sospechas semejantes.

Había que garantizar a cualquier costo la presencia de Nadal en Córdoba y de semejante misión tampoco podía ocuparse exclusivamente el presidente de la federación de tenis. Era vital el concurso del alcalde cordobés, aunque le costara, según seguía justificando su altruista labor en su cuenta de twiter, 27 horas sin dormir y otras muchas calamidades que, en su modestia, no quiso develar.

Si algún reproche, en todo caso, pudiera hacerse al viaje a Nueva York del alcalde Nieto y del propio presidente de la federación de tenis, es que se arriesgaran a hacer solos el viaje y no se acompañaran de una amplia delegación, incluso familiar, a medias entre la federación y el ayuntamiento cordobés, que garantizase el retorno a tiempo de Nadal así no cupieran todos en el palco de honor del US OPEN para ver la final.

Y si alguien debiera arrepentirse de no haber sabido estar a la altura de las circunstancias, ese es el propio Nadal que, lejos de agradecer el desprendido gesto de Nieto, ha declarado: “Yo estaría el martes o el miércoles, independientemente de si venía el alcalde a Nueva York. Mis decisiones las tomo con anterioridad, y defiendo a mi país y no tiene que venir nadie a convencerme. Estoy encantado de que haya ido a apoyarme y le estoy muy agradecido, pero no nos confundamos, la decisión estaba tomada desde hace meses”.