La virtud de la fe

No creer que la vida sea el resultado de un divino designio cuyo espíritu gestiona la iglesia, la que a usted le cuadre, sigue teniendo más inconvenientes que ventajas, porque debe ser reconfortante la vida teniendo asegurado el paraíso, ahora que ya ni para infierno da el relato. Esa confianza que te da el “amigo imaginario” del que ninguna psiquiatría se ocupa, no la tiene quien piensa que con la muerte se cierra el ciclo de la vida y que, cuando el polvo vuelva al polvo, el único cielo posible será la memoria que se deje.

A un creyente no le asaltan las dudas, ni le faltan o sobran reparos, porque tiene algo de lo que carece el ateo: la fe. Por más inverosímil que parezca el milagro la fe lo hace creíble; por más incongruencias que encuentres en la historia, la fe las explica todas; por más absurdo que te parezca Dios, la fe lo glorifica.

La verdad es que, intelectualmente, la fe proporciona una vida mucho más plácida que la atea y, además, los creyentes siempre tienen a Dios de su parte. ¡Con lo fácil que hubiera sido para los descreídos que, casi siempre, fuimos antes monaguillos, cerrar los ojos y vocear la fe! Lástima que fe y pensamiento no puedan llevarse bien. Hay que darle uso a la cabeza y seguir descombrando miedos.

(Preso politikoak aske)

La bicicleta de hilo

Se acercaba al centenario y, mi madre, en los duermevelas de las tardes hilvanaba lamentos y nostalgias. Como si no fuera solo con ella el fragor de su memoria, hurgaba recostada en el sillón alguna guerra patria a la medida de un pañuelo blanco y perfumado en el que rendir las quejas.

Regresaba a la tierra si se le pasaba la mano por los hombros hablándole al oído. Cuando respondía, tres palabras podían ser suficientes para la explicación más exhaustiva, y era su voz un acertijo, un imposible enigma, una sopa de letras.

Un día, sin embargo, reiteró su demanda, la enfatizó, la grito y la siguió enarbolando, rueda tras rueda, hasta el día siguiente y también al otro día. Quería andar en bicicleta.

Ninguno de sus hijos fuimos testigos nunca de sus rondas ciclistas, ni hay constancia de que hubiese en casa de mi madre una bicicleta. Lo más parecido que le hemos conocido fue una Singer en la que, dedal en ristre, pedaleaba los veranos como los inviernos doblando forros y recosiendo agujeros pero, porque a esa edad la memoria vuelve a vestirse de corto, sé que la hubo, mucho antes de que incorporase a su expediente los cargos de esposa y madre, antes de ser viuda, cuando solo era Esther, y que aquella bicicleta no era de hilo.

Noticias que arden

Dos noticias que llegaron juntas, casi de la mano, con sus correspondientes imágenes, y que vinieron a coincidir en el tiempo, allá por mediados de septiembre del 2011. Las dos reflejaban entonces el mismo mundo que hoy nos sigue asqueando cuando asistimos impotentes a los asaltos que los bancos perpetran contra nuestras pobres y tristes cuentas y sin que nos quepa el recurso de percibir nuestras pensiones o salarios por otro medio que no sea un maldito banco. En este mundo libre, `paradojas de de este mafioso orden, estás obligado a someterte a la estafa bancaria.

La primera de aquellas dos noticias llegaba de Grecia. Un modesto comerciante, megáfono en mano, denunciaba su desesperación a las puertas de un banco e, inmediatamente, se rociaba gasolina y se prendía fuego.

La segunda noticia nos hablaba de un pintor estadounidense llamado Alex Schaefer que no pintaba bodegones ni marinas, sino bancos ardiendo. Le llegaban pedidos de todas partes y ya había montado la primera exposición de bancos en llamas. Le llovían los encargos. Todo el mundo quería tener en su casa (si el banco no se la quitaba antes) un cuadro con la sucursal más próxima a su casa ardiendo. Desde aquí le pido, por si aún sigue pintando, un cuadro de la Kutxa de Azkoita.

(Preso politikoak aske)

La cuarta letrina

La cuarta letrina

Declaraba Joe Biden en la Asamblea General de la ONU que “no hay principio más importante en la carta de esa institución que la prohibición de los países a tomar por la fuerza los territorios de sus vecinos”, y hace falta cinismo y desvergüenza para expresarse en estos términos por quien preside el gobierno que más vulnera ese y cualquier otro principio de la ONU, no obstante la competencia de Israel, del imperio británico y de Europa en tan criminal historial de violaciones. La cómplice cobertura de los grandes medios a tanta hipocresía convierte a sus consumidores, como dijera Bertolt Brecht, en ilusos o en delincuentes.

En ilusos, por carecer de esa criticidad que permita generar reflexiones y pensamientos en un mundo en el que cada día son menos los que disfrutan de esas capacidades. De ahí que el iluso no tenga objeciones que hacer a las mentiras difundidas por los grandes medios y las haga suyas.

Y en delincuentes porque, aún conociendo la verdad, prefieren llamarla mentira y defender lo indefendible a cambio de la indigna recompensa que el poder ofrece a quienes, serviles hasta la náusea, reiteran sin sonrojarse que para Joe Biden no hay principio más importante que “no tomar por la fuerza los territorios de sus vecinos”.

(Preso politikoak aske)

«Navarra siempre p´alante»

Si el cambio climático importara realmente a quienes tienen en sus manos el gobierno de las medidas que podrían paliar sus efectos antes de que sea demasiado tarde, no estaríamos asistiendo todos los días al entusiasmo de políticos y medios ante el récord de llegadas de aviones a los aeropuertos, ni tampoco aplaudiendo el lanzamiento de cohetes espaciales, ni celebrando la apertura de nuevas rutas comerciales en el Ártico gracias al deshielo que provoca el cambio climático, pero los delincuentes a cargo del negocio siguen adelante, como si nada, reconvirtiendo la energía nuclear en verde, multiplicando los vertederos y vertiendo en los ríos toda clase de residuos tóxicos. En cualquier caso, que nadie se preocupe, todo va bien y está en buenas manos, las mismas, por cierto, que han provocado el desastre que se avecina. “¡Se recupera el turismo, se recupera la economía, se recupera el crecimiento!” grita el televisor. “¡Volvemos a la normalidad!”

También la navarra profunda festeja la recuperación y rechaza la propuesta de “repensar el Tren de Alta Velocidad” porque el “pensamiento navarro” sigue siendo un oxímoron. Como decía aquella vieja máxima que tanto escuché en mi infancia: “Si se hunde el mundo que se hunda, Navarra siempre p´alante”.

(Preso politikoak aske)