ISERN.SA y la lectura

 

Encomiable la campaña que ISERN.SA lleva a cabo en favor de la lectura en los hospitales de Euskadi, no obstante atentar contra sus propios intereses dado que esa empresa instala televisiones en las habitaciones de los hospitales.

Cierto que para periodos prolongados de hospitalización ver televisión en oportunas dosis hasta podría ser reconfortante si no fuera por la programación pero, aún en esos casos, ISERN.SA por comisión y Osakidetza por omisión, insisten en promover la lectura.

Al margen del precio del servicio y de unos diminutos aparatos colocados hace más de diez años a la altura del techo para enfermos que, por razones de edad, no andan muy bien de la vista, el que tengan los pacientes, además, que ponerse de acuerdo (no siempre se logra) en el canal y el volumen que se sintonice, ya que son compartidos, ha vuelto a poner de moda la lectura, así sea la de los crucigramas.

Si en Zumárraga ISERN recorta la pantalla, en el hospital Donosti de la capital la empresa recorta las devoluciones quedándose con los euros que les sobran a los pacientes dados de alta. Hay varias máquinas para comprar tarjetas pero ninguna para hacer reintegros. Eso sí, si el enfermo tiene la fortuna de volver a ingresar  antes de dos años puede seguir haciendo uso de la tarjeta porque esa es la vigencia que tienen.

Estudios realizados en ambos hospitales han demostrado como el menor uso de la televisión ha reducido entre los pacientes las cefaleas, las diarreas mucupurulentas y otras infecciones propias de la exposición a la televisión. Todo un éxito la campaña.

Vive quien participa

Alrededor de quinientos años antes de Cristo lo expresó Confucio: “Si lo oyes, lo olvidas; si lo ves, lo recuerdas; si lo haces, lo aprendes”.

Hace doscientos años, de otra manera, tan hermosa como la del chino, lo dijo también el maestro venezolano Simón Rodríguez: “Enseña y tendrás quien sepa; educa y tendrás quien haga”.

Aunque ninguno de los dos pensadores la citara por su nombre, había una palabra, un verbo presente en las dos reflexiones: participar.

Ambos aludían a la necesidad de implicarse porque para aprender haciendo es indispensable participar. No desde lejos, para saberlo o recordarlo, sino con todos los sentidos, porque somos lo que hacemos. Hacer resume y trasciende los aportes que nos brindan los sentidos. Hacer implica nuestra voluntad, hacer es nuestra decisión.

Y no hay un solo objeto, obra, pensamiento, no hay nada que no haya sido el resultado de distintas ideas, criterios, aportes, porque nadie puede hacer solo sino con los demás y de ahí la necesidad de la participación en cualquier proceso de educación, de desarrollo, de vida.

Quienes nos gobiernan lo saben y a ello se debe su empeño por aislarnos, por dividirnos, por convencernos de la conveniencia de mantenernos al margen.

Hasta ayer, participar era necesario. Hoy comienza a ser imprescindible. Y este verbo que como mejor se conjuga es en gerundio, además de ser imprescindible nos abre las puertas, porque va de la mano, de esas otras hermosas palabras que como unir, compartir, ser solidario… sólo mientras seamos capaces de pronunciarlas van a hacer posible que sigamos vivos.

 

 

 

 

Contrastes que nos delatan

¡Ah, cómo es el mundo y qué extraños sus contrastes!

Denuncia la Organización de Naciones Unidas que mueren en el mundo 24 mil personas todos los días de hambre, y la Bolsa impasible, especulando los flujos y reflujos del dinero al alza y a la baja… porque nada está pasando.

Denuncia Unicef que 20 mil niños mueren diariamente por causas evitables, por infecciones respiratorias, paludismo, malaria, diarreas provocadas por beber agua insalubre o comer alimentos en mal estado, y los parlamentos a lo suyo, enarbolando brotes verdes, desarrollos sostenidos y sustentables, venturosos futuros… porque nada está pasando.

Se denuncia que casi mil millones de personas carecen de agua potable; que la esperanza de vida en algunos países es inferior a 50 años; que hay 2.600 millones de personas que carecen de baño o de letrina; que se multiplica en el mundo el número de indigentes malviviendo en la calle, y los Estados imperturbables,  preocupados por reflotar la banca y seguir mirando para otro lado… porque nada está pasando.

Basta, sin embargo, que un pueblo, uno entre tantos que lo han hecho, haga uso de su derecho a decidir y manifieste en las urnas el futuro al que aspira, para que la Bolsa se tambalee y amenace con graves convulsiones si la elección no es la que espera; y aperciban los bancos terribles consecuencias si el pueblo consultado se equivoca; y adviertan los gobiernos fatales calamidades si Escocia opta por ser Escocia porque, entonces sí estaría pasando algo, algo tan espantoso, tan atroz, tan inhumano como que un pueblo vote y decida.

 

Arranca la Liga de Fútbol

El niño rico, acompañado de su rico padre, se detuvo frente al escaparate de la juguetería.

-¿Cuál quieres? –preguntó complaciente el padre.

-¡Los quiero todos! –respondió complacido el niño.

-¡Lo que tú digas! ¡Vamos a comprarlos todos!-se complacieron los dos.

Una vez dentro del mercado, el niño apuntaba con el dedo y el padre sacaba la cartera.

-¡Y quiero ese alemán campeón del mundo!

-¡Adjudicado! ¡A ese lo colocaremos en el medio del campo y en anuncios de lociones y colonias!

-¡Y quiero al colombiano que marcó más goles en Brasil!

-¡Adjudicado! ¡A ese lo pondremos en algún sitio y nos hará publicidad de calzoncillos!

-¡Y quiero al mejor portero del mundial!

-¡Adjudicado! ¡A ese, de momento, lo pondremos en el banquillo y anunciará seguros y bancos!

¡Papá! –exclamó el niño de improviso al reparar en un problema con el que no contaba- ¿Y qué haremos con los viejos juguetes?

-Lo que hacemos siempre –contestó conciliador el padre- dárselos a los niños pobres…!

-¡El muñeco argentino está casi nuevo! -señaló el niño.

-¡Y tú pasaste muy buenos ratos con él –confirmó el padre- pero no se resigna a quedarse en el armario! ¿Lo vendemos?

-¡Adjudicado! –respondió el niño- ¡Se lo podemos vender a Manchester!

-¿Y algo habrá que hacer con el portero que ahora nos sobra?  -insistió el padre- ¿Lo regalamos?

-¡Adjudicado! –respondió el niño- ¡Se lo podemos dar a Milán!

-¿Y aquella joven promesa vasca? –preguntó el padre- ¡Uno de los grandes regalos del año pasado…! ¿Lo cedemos?

-¡Adjudicado! –respondió el niño antes de sobresaltarse de nuevo- ¿Y dónde está aquel otro muñeco alemán que me compraste hace dos años?

-¡Te cansaste muy pronto de jugar con él –respondió el padre- y se lo pasamos a Arsenal.

-¿Y ese otro alemán grandullón que me compraste? –inquirió el niño- ¿Todavía lo tengo?

-¡Sí –respondió el padre- pero si quieres se lo damos a los pobres!

-¿Y la perla de la cantera blanca? –insistió el niño.

-¡Una se la dimos a Juventus! –respondió el padre- ¡La verdad es que ocupaba mucho espacio en el armario y hay que hacer sitio a los mejores! ¡Lo que no sé es qué

vamos a hacer con el juguete que te compré en Málaga el pasado año! ¡Con él ocurrió lo que con aquel otro que te compré en Santander y ahora lo tiene un niño de Donosti, que era el juguete de moda entonces.

-¿Y si compramos –se atrevió a preguntar el niño- al delantero argentino de Barcelona?

-¡Vamos a ver qué se puede hacer pero, mientras tanto… -cerró el padre la compra y guardó la cartera- ¿Por qué no sigues jugando con Ronaldo? ¡Y vamos a ponerlo a anunciar también yogures y gomina, que hay que hacer caja!

 

 

Los enemigos de Azkoitia

Tres centenarias neuronas del pueblo han logrado sobrevivir a más de veinte minutos de denodados esfuerzos cognoscitivos, no exentos de deliberaciones varias y, a riesgo de un derrame cerebral que, felizmente, no se ha producido, han conseguido identificar y aislar los tres virus que tienen a Azkoitia al borde del colapso.

Como ya se presumía, el problema no era la deuda millonaria que durante más de 30 años fueron acumulando en las arcas del pueblo gobiernos municipales adscritos al PNV y sus imprescindibles megaproyectos que, sin pasar por consultas populares, a veces ni por el pleno, iban a situar a Azkoitia en el mundo mundial, duplicando su población y acabando con el paro (también con Azkoitia). Es verdad sí que, los megaproyectos terminaban por deshincharse, un constructor hacía un gran negocio, y unos cuantos bolsillos eran recompensados con jugosas gratificaciones y comisiones, pero el problema no era este.

El problema tampoco era que negocios turbios del pasado, (juegos de Monopoly en los que un ayuntamiento, graciosamente, permutaba un gran terreno público por una parcela privada y contaminada, a beneficio, obviamente, del pueblo de Azkoitia) pudieran acabar años más tarde, el plomo, el molibdeno y tanta basura tóxica depositada en mal estado en los varios vertederos, por filtrar sus peligrosos restos al agua, al río, a las huertas…

El problema tampoco era que tras unas nuevas elecciones, de ganar quienes hicieron del ayuntamiento privada propiedad, las cuentas volvieran a ser opacas y los cuentos oficiales;  los plenos retornaran a su habitual horario matutino para que no pudiera asistir nadie; la basura fuera de nuevo un negocio y la incineradora un proyecto; y la mediocridad e incompetencia volviera a fotografiarse alrededor de la maqueta de Azkoitia, abrazando al pueblo que ha dejado sin aire…

El problema ni siquiera era la basura, luego de cinco años reciclando un 34%, con los contenedores orgánicos en la calle y en el entendido, todavía insisten algunos, de que “nadie nos puede imponer el reciclaje”, o la senil oposición a un Plan Mixto que el propio PNV propuso en la seguridad, jugada maestra, de que iban a echárselo para atrás. Pero se lo aceptaron los demás grupos a pesar de tener que renunciar a sus propuestas y, entonces, el Plan Mixto dejó de ser una buena idea. Con seguridad iba a garantizar un 70% en el reciclaje de la basura, más del doble, pero no iba a procurarles votos.

Ninguno de estos intrascendentes virus había sido la causa de la enfermedad del pueblo al que, en cualquier momento, como signo revelador de la metástasis, llegarían contingentes de ratas y cucarachas para agravar aún más la enfermedad.

Tres neuronas arropadas por el eco que promueve la ignorancia, en un golpe de suerte, vieron la luz un día. Fue casual, nadie se lo esperaba. Surgió como de la nada, durante una reunión de la llamada Plataforma contra el PaP, con la plana mayor del Partido Popular a la cabeza,  (y la menor también porque viene a ser la misma) cuando en un castizo castellano alguien le gritó a la alcaldesa: “¡Vete a tu pueblo”!

Y tras el primer ramalazo de luz, vino el segundo (¿o sería el primero?) durante una agotadora jornada de trabajo en el sanedrín del PNV en el pueblo, cuando en un vernáculo euskera alguien expuso en la mesa: Azkoitii Azkoittiarrentzat.

Inmediatamente llegó el tercero, el más esplendoroso de todos, el que cerraba el círculo infernal y esclarecía el eje del mal. Al decir del mismo sanedrín y los oráculos del Diario Vasco, el ayuntamiento de Bildu de Azkoitia subvencionaba al de Azpeitia con los fondos de la Mancomunidad.

Lo que las tres irreductibles neuronas acababan de lograr era identificar la identidad de los tres virus que amenazan a Azkoitia: los emigrantes que nos dejan sin trabajo, Azpeitia que nos roba el dinero, y Bildu que, además de defender a emigrantes y azpeitiarras, también nos quita los votos.