Una educación de mierda

Nunca hubo una niña en el pupitre de al lado, ni de párvulo ni de bachiller. Nunca hubo una niña que estudiara y jugara conmigo, con nosotros, ni en la escuela ni en el instituto, tampoco en la calle.

Éramos dos mundos separados. Estaban ellas, las que salían por la otra puerta, caminaban por la otra acera y siempre pasaban de largo, y estábamos nosotros, los que venimos de no saber crecer con ellas, torpes y confusos, alardeando de ser más brutos, los que nos quedábamos mirando.

En nombre del miedo, con Dios como testigo y sin más argumentos que el castigo, a niños y niñas se nos enseñaba a extrañarnos, a temernos, se nos entrenaba para desconocernos.

La educación que imponía la dictadura franquista urdida y amasada en conventos y cuarteles, trazaba las conductas y roles sociales que, según el sexo, desempeñaríamos en el futuro, cuando, a salvo del infierno, nos convirtiéramos en hombres de provecho y en mujeres de bien.

Muchos no lograron reconducir las consecuencias y, en cualquier caso, a nadie dejó ileso. Esta sociedad todavía purga el lastre de generaciones enteras taradas en lo afectivo, en lo sexual, en la comprensión de la otra persona.

Una educación que segregue y discrimine en razón del sexo, es una educación de mierda.

(Preso politikoak aske)

Ni siquiera el Opus

Pocos meses después de que el Gobierno de Navarra diera por acabado el concierto educativo que mantenía con el colegio Miravalles-El Redín, el Tribunal Superior de Justicia de Navarra paralizaba “cautelarmente” la decisión del gobierno navarro.

El asunto viene de muy lejos y de muchas largas, tantas que hasta las evidencias se vuelven obvias para que se constate, secreto reincidente a voces, que algunos centros incumplían “la 25ª disposición adicional” de la ley educativa que, dicho con menos adicionales eufemismos, viene a ser lo mismo que segregar por sexo, contraviniendo no solo lo natural sino, también, el propio concierto educativo.

No entiendo que se considere “disposición adicional” lo que debiera ser requisito imprescindible, que la segregación se pague con los impuestos de la ciudadanía navarra, y que se ampare la segregación cuando hablamos de educación y de adolescencia.

Hace más de 200 años Simón Rodríguez, educador y maestro de Bolívar, insistía en que niños y niñas debían educarse juntos para que ellos aprendieran a respetarlas y ellas a no tenerles miedo.

Resumiendo, que el Opus sigue teniendo las manos largas y asientos en todos los tribunales, claustros y despachos, y que decía Bertolt Brecht: “Algunos jueces son absolutamente incorruptibles. Nadie puede inducirles a hacer justicia”. Ni siquiera el Opus.

(Preso politikoak aske)

«Hemos tomado nota»

Fue la declaración más repetida en la misma noche electoral del 28 de mayo. Conforme los resultados iban poniendo al PNV al descubierto y aireando sus carencias, iban también sus dirigentes, uno detrás de otro, haciendo acto de pública contrición ante los medios para que, ahí mismo, procesados los datos e identificados los errores, entonaran el mismo salmo: “Hemos tomado nota”. Habían tomado nota.

En Laguardia, rioja alavesa, todo hacía suponer que Barinaga, candidato del PNV, sería alcalde con el apoyo de Bildu que había quedado tercera y en detrimento del PP que había sido la lista más votada entre los 1.500 habitantes. Que así fuera, además, lo querían las partes implicadas en el cambio… hasta que los jeltzales que habían tomado nota en mayo llaman en junio a Barinaga para que no se presente y renuncie a la alcaldía. El instruido acepta. PNV y PP están cambiando cromos.

El PNV ha utilizado a sus propios votantes en Laguardia como si fueran fichas, cosas, como gorroños de Gernika que te quito y te pongo en un patético reality show. Ojalá que el electorado también tome nota y cuando vuelva a las urnas se haga respetar. En Laguardia, en Gernika, en Iruña, en Azkoitia… está en sus manos.

(Preso politikoak aske)

Niños

Ha sido la noticia del día: “Hallan niños perdidos con vida”, “Rescatados los niños perdidos en la selva colombiana”, “Encuentran con vida a los niños”… “Los niños de la paz” los ha declarado el presidente Petro. Cuatro niños sobrevivían a un accidente en el que murió su madre y otras dos personas y a 40 días perdidos en la selva.

Al margen de mi alegría porque esta historia que pintaba tragedia acabara felizmente, su relato también delata lo mucho que cuesta ver a la mujer y la incapacidad del castellano para contarnos los hechos porque, realmente, los niños fueron niñas. Niña era la mayor, Lesly, de 13 años, y niña Soleyny, la siguiente al mando, con 9 años. Quienes sí eran niños, los más “niños” precisamente, eran Noriel, de 4 años, y Cristin, el bebé.

Fueron las niñas las que hicieron posible que el grupo sobreviviera. Ellas se ocuparon de sus hermanos, de darles afecto, alimento, abrigo durante un largo mes y por la selva.

La noticia, en cierto modo, también resume la historia de la humanidad. El relato de las “niñas” se ningunea en la crónica oficial, como se desvanece su presencia en los titulares de los medios en los que la lengua aplica el rigor de sus artículos. El castellano excluye hasta por definición, y eso habla muy mal de una lengua que, por cierto, sigue siendo la que más cambios de género provoca, que se lo piensen.

(Preso politikoak aske)

El asco es un derecho

Temo que, en cualquier momento, también sea el asco declarado delito penal y, en consecuencia, pueda la ciudadanía ser acusada de delitos de asco y condenada a las penas que la justicia le imponga.

Y me preocupa porque, así como no odio ni deseo mal a nadie, bueno… a casi nadie, que tampoco hay que exagerar, lo que si tengo es asco, mucho asco y, lo que es peor, lo tengo por arrobas, a mansalva, en cantidades industriales. Son tantos mis ascos que enumerarlos me llevaría cien columnas y la imposibilidad de nombrarlos todos porque mi nómina de ascos es trasatlántica, oceánica, y los tengo en todas las notas y escalas, en do, en re, en mi-fa-sol, en blanco y en negro, al “baño maría”, en prosa y en verso, ascos en todos los tamaños y medidas. Tengo asco a las cortes de marranos y a sus cortesanos, asco a sus fétidos tribunales, a sus vomitivos medios de manipulación, además de aversiones religiosas y aborrecimientos varios. También tengo grima y algún que otro repelús de vez en cuando.

En fin, que me preocupa que se judicialice el asco porque, lo reconozco y para que me entiendan, solo con el asco que les tengo a las esporrinas y los sociolistos navarros, me da para condena permanente y sin revisión que valga en el tribunal más considerado con mis náuseas.

(Preso politikoak aske)