La calle y las cloacas

Nadie debe extrañarse de que, vulnerando las propias normas del Congreso, el Partido Popular le haya negado al grupo mixto su derecho a contar con un representante en la Comisión de Gastos Reservados.

En esa comisión, en la que se hacinan los más sórdidos secretos oficiales a buen resguardo de la curiosidad pública y de la acción de la justicia, no se acepta a cualquiera y, especialmente, cuando esa comisión oculta “temas de gran sensibilidad para el Estado que no pueden estar en conocimiento de grupos en sintonía con Amaiur”. De ahí el veto a que Alfred Bosch, representante catalán de Esquerra Republicana,  formara parte de esa comisión. Como apuntara Garzón  “todo es ETA”, también Esquerra Republicana de Catalunya, por más legítima y legal que sea su presencia en el Congreso.

Obviamente, legislar, aprobar leyes, reformar, incluso, la Constitución del Estado, no son temas sensibles, todavía, que requieran la exclusión de ciertos representantes del poder popular en sintonía con ETA y que, en cualquier caso, siguen a la espera de que prosperen las demandas de Rosa Díez para que sean ilegalizados, pero de ahí a consentir, sea contraviniendo las disposiciones del propio Congreso, que pueda el entorno terrorista asomarse y, tal vez, hasta divulgar esos secretos oficiales en que se archivan las identidades de tantos impunes asesinos, crímenes encubiertos, malversaciones autorizadas, con los que el Estado se garantiza su derecho a protegerse del Estado de derecho, hay un trecho inaceptable.

“La calle es nuestra” bramaba Fraga, las cloacas también.

 

 

«Perdona a tu pueblo… Señor»

Parece mentira que un pueblo, como el español, tan devoto de la religión que profesa y practica, sea tan poco dado a contemplar el perdón, no como exigencia a los demás, sino como ruego que se comparte para que los demás te absuelvan.

“Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo… perdónanos Señor” reza la oración católica. “Y perdónanos nuestras deudas así como nosotros perdonamos a nuestros deudores” apostilla su Padrenuestro porque, como asegura el Credo, “creo en el perdón de los pecados”.

Y sin embargo, ese pueblo de penitentes descalzos, habituado a comulgar con el perdón y a encomendarlo a Dios y a recitarlo a coro, aún sigue empecinado en la creencia, convertida en costumbre, de que el perdón no es virtud de ida y vuelta. El perdón es una deuda que el mundo tiene contraída con España.

Quienes celebran haber llevado la lengua castellana a un continente americano mudo y haber provisto del único Dios verdadero a millones de gentiles, hoy todavía festejan el continental genocidio y despojo que, cinco siglos más tarde, siguen trajinando a bordo de sus nuevas empresas y embajadas. Quienes siempre se reservaron la primera y la última palabra, hoy mandan a callar las voces inconformes con la historia que han urdido del perdón.

Algunos, como Aznar, hasta se han permitido exigir la súplica del perdón al mundo musulmán. “No oigo a ningún musulmán que pida perdón por conquistar España y estar ahí ocho siglos”.  Varios siglos más, por cierto, de los que lleva el estado español llamándose España, los musulmanes le habían invadido su país, un país que no existía entonces, tampoco hoy.

Hasta el gobierno de los Estados Unidos debe estar ya evaluando la posibilidad de establecer una nueva Secretaría de Disculpas, por los tantos perdones que debe estar otorgando a causa de sus constantes desafueros, y que sólo institucionalizando las disculpas podrá satisfacer todas las habidas y pendientes. Ya casi es tradición que, sus presidentes, desde que llegan a la Casa Blanca, se aboquen a pedir perdón al mundo.

Ronald Reagan, aunque nunca se arrepintiera de sus películas, sí pidió disculpas por declarar públicamente la guerra a la Unión Soviética sin que nadie entendiera su bufonada hasta que él mismo desmintiera su broma. George W. Bush ni siquiera esperó a ser presidente para iniciar su catarsis de disculpas y, como candidato, pidió perdón por sus reconocidas experiencias con el alcohol y la cocaína, cuando “era joven e irresponsable”. Clinton pidió perdón por haber bombardeado la embajada china en Belgrado; por la condena de los pueblos indígenas de Norteamérica a degradarse o desaparecer; por el apoyo prestado por sus antecesores al régimen racista sudafricano y el respaldo a todas las dictaduras latinoamericanas; por las matanzas protagonizadas por los marines en Vietnam… Fue tal la fiebre de disculpas que afectó a Clinton que, incluso, llegó a pedir público perdón por su “impropia relación” con la becaria Lewinsky. Y Obama puede llegar a batir todos los registros que en materia de perdón y disculpas suman sus antecesores. Como candidato pidió disculpas a dos mujeres musulmanas con las que rechazó fotografiarse por llevar hiyab, y después pidió perdón a los discapacitados por bromear sobre su puntaje en el salón de boliche que tiene en la Casa Blanca. También se disculpó con sus compatriotas de bajos ingresos a los que llamó “amargados” y,  al mismo tiempo, se disculpó con un profesor negro de Harvard por haber sido objeto de una estúpida detención, y con la Policía que detuvo al profesor por haber considerado estúpido el apresamiento. Siguió pidiendo disculpas por haber sobrevolado a baja altura con su Air Force One el cielo de Manhattan causado el pánico entre sus habitantes, y por los errores antiterroristas cometidos en los controles de seguridad. Después pidió perdón a los negros por los siglos de esclavitud padecida y ya debe estar elucubrando nuevos errores y disculpas.

Y si los Estados Unidos, paradigma de todas las virtudes, son capaces de disculparse, ¿por qué entonces, un pueblo más creyente, nazareno y mariano, como el pueblo español, se muestra tan renuente a pedir perdón?

Y, peor todavía, sigue creyéndose el único agraviado y a la espera de que los vascos pidan perdón por ese irracional empeño en seguir siendo vascos, absurdo semejante al de catalanes y gallegos; de que los emigrantes pidan perdón por serlo, las mujeres por pretenderlo y los ateos por practicarlo; de que los torturados pidan perdón por denunciarlo y los asesinados por negarse a delatar su vida; de que los republicanos pidan perdón por ejercer el voto, y las cunetas perdón por su memoria; de que los accidentados laborales pidan perdón por sus mortales imprudencias, y los cinco millones de parados por su notoria afición a la indolencia; de que pidan perdón los jubilados por evadir sus años de trabajo, los desahuciados por ocupar esquinas y portales, y los jóvenes por desconfiar de reyes magos; de que pida perdón el clima por sus veleidosos cambios,  las vacas por sus locuras, las aves por sus gripes, los cerdos por sus fiebres; de que pidan perdón los toros por los toreros muertos, por El Espartero, por Gitanillo de Triana, por Morenito de Valencia, por Manolete, por Paquirri… que mientras no pidan perdón esos cornudos habrán de seguir siendo las corridas de toros la fiesta nacional; de que pidan perdón los guiñoles franceses, por guiñoles y por franceses; de que pida perdón el enemigo… y el enemigo somos los demás.

 

 

Lo peor de la crisis ya ha pasado

Antes de que lo vuelva a oír, bueno es que sepa hasta qué punto es cierto ese soplo reiterado de optimismo. Y si así lo creo no es tanto por la insistencia con la que los gestores de la crisis, también sus responsables, nos anuncian los venturosos futuros que especulan sino por sus hechos, por esos actos que siempre van a definir las intenciones mejor que las palabras.

¿Qué otra explicación cabe para justificar los recursos económicos que se dispone a aportar a las corridas de toros el ministro de Educación? Cierto es que José Ignacio Wert  acumula más días de mentiras que de ejercicio, pero casi estoy por creer sus intenciones de comprometer mis impuestos con el auxilio de la “fiesta nacional”, que una vez se satisfagan las necesidades prioritarias del país tiempo habrá y recursos para ocuparse de la salud y de la educación.

¿Y qué otra demostración de que lo peor de la crisis ya ha pasado y el estado se dispone a restaurar el bienestar general, que el hecho de se haya podido imprimir, finalmente, “La Vegetación de la Biblia”?

Miguel Arias Cañete, ministro de Agricultura y Medio Ambiente, ya está distribuyendo el libro, tan imprescindible como acuciante,  destinado a “acrecentar el conocimiento de la Biblia y del mundo vegetal mencionado en los libros sagrados” asegura su prólogo. Nada se sabe ni de la tirada ni de su costo, en todo caso, que “la responsabilidad de su publicación corresponde al equipo de la anterior ministra” la socialista Rosa Aguilar. Lo importante ahora es saber que la famosa manzana con que Eva instaurara el pecado original, realmente, era un membrillo, un albaricoque, un pomelo o un naranjo amargo, dado que el manzano no es originario de Palestina.  Queda igualmente probado que no pudo ser un manzano porque si Adán y Eva, como dice la Biblia, al descubrirse desnudos se hubieran cubierto con hojas del manzano, hubieran seguido estando desnudos, que el tamaño de una hoja de manzano da para muy poca vergüenza, y tampoco ninguna versión de la Biblia hace referencia a los exiguos atributos de Adán y Eva como para cubrirse con tan pequeña hoja. En consecuencia, debió ser una higuera. A esas trascendentales conclusiones llegó el autor del libro para el que Cañete y su Ministerio han encontrado fondos, que tiempo habrá y recursos para ocuparse del campo y del medio ambiente. Y ojalá que pronto un nuevo estudio a cargo del ministro nos ilustre al respecto de otras imperiosas dudas que aún tenemos sobre el sagrado texto, para saber, por ejemplo,  si fue en verdad la serpiente la que tentó a Eva, si es que las serpientes palestinas hablan, o si fue Dios, genial ventrílocuo, que encaramado en el manzano que acabó siendo higuera, entretenía su aburrimiento mortificando a sus obras maestras y fingiendo ser serpiente, manzana, higo, incluso, Dios.

Y si las corridas de toros, como confirma el ministro de Educación, van a ser “patrimonio inmaterial de la humanidad”, las procesiones de Semana Santa, lo atestigua el alcalde de Lorca, ya han sido declaradas como “fiesta de interés turístico internacional”

A semejante interés es que donó más de medio millón de euros el gobierno de Navarra y y que lo ha destinado el ayuntamiento de Lorca. Estamos a las puertas de la Semana Santa y urge restaurar y embellecer los pasos de la procesión, que tiempo habrá y recursos para ocuparse de los damnificados del terremoto de Lorca.

Lo dijo el presidente, “nos reclaman que escribamos una página nueva en la historia de nuestra democracia”. Y en ello están. Por su clarividencia y pulcritud, superada la crisis, podremos asistir a una corrida de toros, tal vez en Barcelona, y llegar a tiempo a Lorca de arrodillarnos al paso de la Macarena, gracias al tren de alta velocidad, o a los aviones de Spanair o de Air Comet. Hasta podríamos hacer escala en Castellón para comprar lotería y aprovechar el viaje leyendo “La Vegetación de la Biblia”.

Lo peor de la crisis ya ha pasado, y hasta ahí la buena noticia. La mala noticia es que lo peor del pasado sigue estando delante.

Un gesto de lucidez

No entiendo que renuncien a un gesto de lucidez. Tal vez el interés se los llevó temprano y aprendieron en el patio de la primera escuela a envejecer sin culpa y a envilecerse sin cargos, como pudo ser el signo de unos genes que no se limitaron a parirlos o quizás la inclemente madurez que tuvo a bien mirar para otro lado, pero así fuese el lucro por detrás de la doctrina o el juicio un buen pretexto para los dividendos, no entiendo que tantos ilustres canallas, cuando ya los años no les auguran más camino ni hay fortuna que pueda prorrogarles el viaje, cada vez más cerca de su última palabra, no coronen sus mendaces biografías con un apunte de vergüenza, de virtud o de gloria.

Cuando ya no hay mañana ¿por qué seguir aliñando la pose y la fachada? ¿Por qué seguir jugando al escondite?

¡Sería tan fácil! Bastaría apelar a la conciencia, o al lejano recuerdo que se conserve de ella y, cuando nadie lo espere,  de repente,  desnudarse, empelotarse delante del asombro. Y que cuando el verbo se haga carne y habite en su palabra, esa verdad amarga que se negaran a ver y a conjugar, puedan deletrearla en medio del silencio.

¿Para qué llevárselo a la tumba? Si desnudos nacemos ¿por qué no agradecer la vida y regresar desnudos? Ya sus caudales, saben, que no se irán con ellos, ¿por qué entonces insistir en cargar esos pesados fardos de embustes, de atropellos, de silencios? ¿Por qué no hablar ahora?

Después de haberse asoleado, en su mundano hartazgo, en todos los infiernos ¿por qué no, una brizna de gloria? Después de haber pecado impunemente en todas las escalas, cuando ya no hay delito que les sea indiferente ¿por qué no, la flor de una virtud? Después de una vida consagrada al lucro, sin importar el modo ni los restos que la ambición engendra ¿por qué no, un soplo de vergüenza?

Y si no es por la gloria, la virtud, la vergüenza…  yo qué sé, que sea por variar, por esnobismo, por equivocación, por ósmosis, por imperativo fecal, por dejadez, por joder a la familia, por si acaso hay Dios y hay otra vida, porque no entiendo que renuncien a un gesto, a un solo gesto de lucidez.

 

 

Infalible remedio contra el estreñimiento

No pretendo restar credibilidad a toda la farmacología disponible al respecto pero, como procedimiento, además de costoso puede resultar, incluso, contraproducente. Apelar a remedios caseros es, tal vez, una mejor opción, pero tomarse por las mañanas un plato de sopa orgánica para lo cual, previamente, deberá haber licuado media manzana, tres ramitas de perejil, una más de apio, una rebanada de piña y una hoja de lechuga en medio vaso de jugo de naranja, además de beberse dos litros de agua,  tampoco me parece lo más recomendable. Y las lavativas de glicerina o de agua con aceite casero y limón, aún cuando fueran efectivas, que no lo pongo en duda, nunca lo serían tanto como el remedio que le propongo.

Simplemente, si usted padece estreñimiento, ocupe su lugar en el trono del baño, abra el periódico por la página que guste y espere el resultado.

Sólo tiene que leer, tras haber desclasificado el gobierno alemán documentación en relación al golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 en el parlamento español, la respuesta de la Casa Real: “El papel y la actuación del rey están ya consolidadas por la historia”. Lothar Lahn, entonces embajador alemán en España, en la documentación que ahora se desvela, pone en boca del rey español algunas citas que parecen desmentir la “consolidada historia”:   “los cabecillas sólo pretendían lo que todos deseábamos, la instauración de la disciplina, el orden, la seguridad y la tranquilidad… Aconsejé a Suárez que atendiera los planteamientos de los militares pero no me hizo caso, hasta que estos se decidieron a actuar por su cuenta… El 23-F debería olvidarse lo antes posible”.

Y si la historia ya está consolidada, la unidad de la patria también. Lo asegura en la página de al lado Carlos Urquijo, delegado español en el País Vasco: “El gobierno no permitirá una broma en relación con la unidad de la nación”. Es verdad que no aclara qué nación, tampoco qué gobierno, pero quedan proscritas las bromas, al igual que las palabras “amnistía”, “presos políticos”,  “aurrera bolie” o “movimiento de liberación nacional”, entre otras,  mientras no las mencione el gobierno del Estado o sus miembros, como queda travestida, un titular más abajo, la expresión “cadena perpetua” por el eufemismo “condena permanente”, eso sí, “permanente y revisable”.

Siga leyendo que, dos páginas más lejos, va a encontrarse un titular que le pregunte. “¿Tiene sentido que un enfermo crónico viva gratis del sistema?”. Lo consulta Patricia Flores, consejera de salud por la Comunidad de Madrid. Lo que sí tiene sentido, al parecer, es que Madrid sí tenga esa consejera y celebre sus humanitarias y cristianas dudas.

La culpa es del “backround” y de la “avalancha marroquí”, justifica José Ignacio Wert, ministro de Educación, la debacle educativa y el abandono escolar de las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla, únicas competencias directas que tiene su Ministerio. “Hay que entender que en Ceuta y Melilla no sólo se proporciona educación a jóvenes con “backround” culturales dispares, sino a la avalancha marroquí que se beneficia del sistema gratuito educativo”.

En la siguiente página, el mismo ministro, pone fin a la asignatura “Educación para la Ciudadanía”,  en base al “adoctrinamiento ideológico” que pretendía un libro de texto inexistente. Y otra página más tarde, también el mismo ministro, hace el anuncio de que “Francia puja para que las corridas de toros sean reconocidas en la UNESCO como patrimonio inmaterial de la humanidad”, sin que tal puja haya existido. El que sí existe es el ministro, como Francisco Camps y la Virgen de la Macarena, única y verdadera artífice de la absolución de su macareno y a quien Camps venera, incluso, en euros. ¡Qué bella gráfica la de los dos absueltos!

Pero si tan severo es su estreñimiento que, llegado a este punto, todavía sus intestinos se obstinaran en demorar el homenaje, siga leyendo y sepa que, finalmente, el congreso del PSOE que se proponía hacer posible el cambio en el partido, ya lo ha hecho. Y el cambio no lo será Carme Chacó, de la que Rodríguez Ibarra dice es “Zapatero con faldas” sino Rubalcaba, de quien otros aseguran es “Felipe sin pelo”. En cualquiera de los dos cambios, y si usted pensaba que “cambio” era otra cosa, es bueno que sepa, y se lo aclara Elena Valenciano, que el cambio ha sido un “cambio creíble” y todo para que, apunta Pepín Blanco  “haya ganado el cambio”, el cambio de Rubalcaba por Rubalcaba.

Las noticias internacionales también ayudan a la dura empresa de una feliz evacuación y en la página 14,

Mario Monti,  primer ministro italiano que ni antes ni ahora ha necesitado pasar por las urnas para ejercer el poder, tan discreto como parecía, se descuelga, por fin, con un alarde de sincera y tecnócrata emotividad y declara: “Que los jóvenes se acostumbren a no tener trabajo fijo. Digamos la verdad: ¡qué aburrido es tener un puesto fijo toda la vida! Es mucho más hermoso cambiar y aceptar nuevos desafíos”. A la espera de que renuncie el Papa o dimita el propio Monti para encarar, él también, nuevos y hermosos retos y de que Israel se decida a atacar Irán y desatar el caos, el gobierno de Estados Unidos se indigna por el veto de China y Rusia a las resoluciones contra Siria en Naciones Unidas.

Como lo leen, Estados Unidos se “indigna”, se siente “asqueado” por el uso del veto, no por el que ellos vienen ejerciendo toda la vida de Cuba y de tantos otros pueblos y causas, sino por el que, esta vez, han usado dos de los cinco países que forman el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y que pueden anular con su derecho a veto cualquier decisión que tome el largo centenar de naciones restantes, uno de los mejores ejemplos del tipo de democracia que gestiona el más importante organismo llamado a velar por ella. Clinton, más indignado que nadie, ya ha llamado a actuar al margen de Naciones Unidas. Y de la indignación, en Estados Unidos, que siempre hay espacio para una peor noticia, se pasa al mayor de los escándalos, cuando en la final de la “Superbowl”, la cantante británica M.I.A les hace a los televidentes una “peineta”.

Sí, también lo sé. Ya usted no tiene problemas de estreñimiento. Hace rato que los solucionó. El problema va a ser ahora cómo tratarse la diarrea, pero de esos remedios mejor hablaremos otro día.