Tomar conciencia

Debieran tener cuidado esas autoridades que, además de reprocharnos la propagación del virus, insisten en motivarnos a comprender el drama que vivimos, a ser responsables. Debieran pensárselo dos veces antes de invitarnos a ser conscientes porque podría ocurrir que tanto empeño tuviera éxito y, felizmente, acabáramos tomando conciencia de la delicada situación por la que atravesamos y diéramos valor a aquello que en verdad lo tiene y nos importa, empezando por la educación y la sanidad pública.

Debieran tener cuidado con tanto apelar a la conciencia ciudadana porque, de repente, va y nos volvemos responsables y nos da por clausurar el negocio que se traen con las viviendas, con las residencias de mayores, con los vertederos y las incineradoras; por ahí se nos ocurre cerrar salones de juego y abrir parques infantiles, archivar trenes de alta velocidad y abrir más bidegorris; por ahí nos da por exigir que la banca nos reintegre lo robado, que la Iglesia pague impuestos y devuelva los inmuebles de los que se ha apropiado, que la monarquía se confine en los museos; por ahí nos da por apagar youtubers, telecincos y telebatzokis y nos ponemos a leer a Galeano, a José Luis Otamendi, a oír música humana… ¿De verdad quieren que seamos conscientes, responsables? ¿No será mejor que sigamos siendo unos pendejos?

(Preso politikoak aske)

Condenas y excepciones

Son condenables y merecen el rechazo general las algaradas en las calles, la barbarie, el vandalismo, el caos, la quema de contenedores y vehículos, el saqueo de tiendas y comercios, los incendios de oficinas públicas… excepto en Venezuela.

Son condenables y deben ser reprimidos sin contemplaciones los atentados contra las fuerzas del orden, quemar vivos a los opositores, asesinar fiscales del Estado, el terrorismo en cualquiera de sus formas, los golpes de Estado… excepto en Venezuela.

Y son condenables y merecen el repudio de toda la ciudadanía los instigadores y autores de todas las conductas violentas y homicidas porque toda violencia es mala, y lo es siempre, venga de donde venga, en cualquier circunstancia… excepto en Venezuela, donde los gobiernos vasco y español pueden exculpar y justificar a los violentos, ignorar sus crímenes, financiar y proteger a sus líderes, ayudarles a huir de la justicia de su país, pueden darles asilo, reconocerlos como presidentes aunque nunca hayan pasado por las urnas o aunque las urnas los hayan desmentido, pueden recibirlos con todos los honores a la sombra del árbol de Gernika y a los acordes del himno vasco a los Leopoldo López, Guaidó y demás vulgares ladrones, matones y asesinos.

Es lo que tiene cotejar el suelo ético de la hipocresía con el Puto Negocio Vasco.

(Preso politikoak aske)

El derecho saharaui

En 1884 Europa llevó a cabo un nuevo reparto de colonias entre los miembros de su selecto club y al Estado español le tocó en suerte el Sahara, colonia que en 1958 se convirtió, incluso, en provincia española. Los conflictos coloniales en el mundo, sin embargo, provocan que Naciones Unidas forme en 1961 un Comité Especial de Descolonización para impulsar la autodeterminación y acabar con el colonialismo y, años más tarde, el Estado español se compromete ante la comunidad internacional y Naciones Unidas a abandonar el Sahara y devolverlo a su legítimo propietario: el pueblo saharaui. En 1976, el Estado español, traicionando sus propios compromisos, entrega el Sahara (incluyendo a sus habitantes) a Marruecos y Mauritania escribiendo una de las páginas más bochornosas (y mira que hay unas cuantas) de la historia española. La ocupación del Sahara por sus países vecinos provoca la respuesta armada del pueblo saharaui y Mauritania renuncia al regalo pero no Marruecos que intensifica la ocupación y la guerra.

Un acuerdo de paz en 1991 deja en manos de la ONU la realización de un referéndum que permita a los saharauis decidir su futuro. Marruecos lo boicotea, las Naciones Unidas siguen dando plazos a los plazos, el estado español mira para otro lado cuando no sonríe al monarca marroquí, y treinta años después todavía el pueblo saharaui espera justicia mientras Marruecos ocupa el el país y roba sus recursos ante la indiferencia general.

(Preso politikoak aske)

«Que nadie escupa sangre»

Un brote de humanismo recorre el mundo. También Euskalherria. “No estamos dispuestos a consentir que tenga que morir gente para que los demás puedan seguir haciendo su vida como si nada pasara”.

Lo decía la presidenta navarra. Su colega en Euskadi insistía en los mismos humanistas conceptos: “que nadie quede atrás”.

Y yo que comparto tan hermosos principios, salté alborozado de mi silla para abrazarme al televisor. ¡Bravo! ¡Bravo! Zoragarria! ¡Viva Chivite! ¡Viva Urkullu!

Decía Eduardo Galeano que “en este mundo sin alma que se nos obliga a aceptar como único posible, no hay pueblos, sino mercados; no hay ciudadanos, sino consumidores; no hay naciones, sino empresas; no hay relaciones humanas, sino competencias mercantiles” y así fuese porque, de improviso, Urkullu y Chivite se habían vuelto comunistas o cristianos coherentes, brindé junto a ellos por el fin de las residencias de mayores en manos de buitres, por el fin del lucro inmobiliario, por el cierre de las putas incineradoras y vertederos, porque ni la educación ni la salud vuelvan a ser nunca un maldito negocio, porque dejen de morir de hambre todos los días en el mundo 25 mil seres humanos, para que, como decía aquella vieja canción de Atahualpa Yupanqui en sus preguntas a Dios, “nadie escupa sangre para que otros vivan mejor.”

(Preso politikoak aske)

Agradecimientos

A la infinita torpeza del Estado español inhabilitando el derecho del pueblo catalán a elegir sus presidentes habrá que agradecer que la independencia a la que aspira ese pueblo recobre fuerzas y sentido, volviendo a aunar voluntades por encima de sus diferencias, porque la independencia, también en el País Vasco, no solo es necesaria sino imprescindible.

A la prevaricadora arrogancia de las cloacas supremas y generales del poder judicial español habrá que agradecer que termine de caerse la venda de los ojos de quienes, hasta ahora, todavía creían que justicia es un principio moral que sirve para dar a cada quien lo que le corresponda y pertenezca.

A la delictiva ambición de la patronal y sus representantes españoles o vascos, Garamendi o Zubiaurre, habrá que agradecer la toma de conciencia de una clase trabajadora a la que se propone la resignación de sus condiciones de vida, la reducción de sus derechos y salarios y que, además, aplauda agradecida.

A la congénita estupidez y codicia de la monarquía y sus Voxbones habrá que agradecer el auge republicano, al igual que a las grandes letrinas de desinformación agradecemos nuestra pasión por encontrar espacios que no nos avergüencen y medios honestos y veraces.

Y a la madre naturaleza, cómo no, también habrá que agradecerle que nos siga proveyendo de piedras.

(Preso politikoak aske)