Yo también quiero un cuadro

Así, de improviso, la Kutxa me cobra 30 euros por el “mantenimiento” de mi tarjeta. Como sólo tenía 20 euros en la cuenta, se llevan los 20 y me dejan 10 en rojo. A través de la “banca on line” me doy cuenta del estropicio pero, no obstante, la Kutxa me manda un mensaje al móvil advirtiéndome de su cobro y me aclara que “este SMS supone un gasto repercutible de 3:00 euros +IVA”.

Voy al banco y les devuelvo la tarjeta. Me dicen que no hay problema y que ya no tendré que pagar por su mantenimiento. Lo que sí tendré que abonar son otros 3:63 euros por “repercusión gastos reclamación impagados”.

¿Y qué hacer en este mundo libre que nos obliga a depender de los malditos bancos? Ya una vez apelé a esos organismos que se ocupan de defender al consumidor y acabé tan consumido que, incluso, entrar en los bancos con los brazos en alto, como si te estuvieran atracando, me pareció una buena idea hasta que hallé otra mejor. Se llama Alex Schaefer y es un pintor estadounidense que en vez de pintar bodegones pinta bancos en llamas. Le llegan tantos pedidos de todo el país solicitándole cuadros de sucursales ardiendo que ya el bueno de Alex ha montado varias exposiciones. Por si te animas Alex, ¿qué tal uno de la Kutxa de Azkoitia?

(Preso politikoak aske)

«Son animales»

El ministro de Defensa del régimen sionista ha ordenado dejar sin luz ni alimentos a los más de dos millones de palestinos que “viven” en Gaza porque “son animales” y Europa aplaude porque ese régimen “tiene derecho a defenderse”. También tiene un siglo asesinando palestinos, robando sus recursos, sus tierras, sus viviendas, destruyendo sus pozos de agua, arruinando sus olivares, colonizando Palestina y convirtiendo a Gaza en una gigantesca y bloqueada cárcel y me pregunto: ¿Cuántas resoluciones de condena de la ONU puede ignorar Israel impunemente? ¿Cuántos años más debe esperar Palestina para recuperar sus territorios ocupados? Si el fin no justifica los medios, ¿por qué acabar con Hamas requiere destruir Gaza? Si el fin justifica los medios, ¿qué reprochar entonces a Hamas o Hezbolá?

Al cabo de tanta hipócrita complicidad entre ese dechado de civismo que representa Europa y su “socio preferente”, luego de tantas ecuánimes condenas y ponderadas repulsas, cuando ya la náusea no soporta un noticiero más, un eufemismo más, a Europa solo le cabe hacer lo que mejor hace: teatro. Podrá alegarse que la obra es una mierda, que el texto es indecente y el elenco impresentable, pero desde 1947, resolución tras resolución, es la farsa que más años lleva en cartelera.

(Preso politikoak aske)

Signos de vida

La fachada principal de San Jose Egoitza, residencia de mayores situada entre Azkoitia y Laja, a cargo el servicio y el negocio de la Diputación Foral y la empresa Biharko, podría optar a más de un premio en un concurso de graneros, porque algo así es lo que parece su asoleada fachada, un hangar de tres pisos, dos balconadas y ni una sola planta que alivie tanto cemento.

Los últimos signos de vida que tenía la fachada eran dos banderolas: una era la de la Real, la otra era la mía con el “etxera” de los presos. Las únicas muestras de que en el interior pudiera haber restos de vida tras los cerrados balcones lo suponían esos corazones de trapo que algunos colocábamos en lo que se suponía era nuestro espacio para que, como dijera el alcalde “nos sintiéramos como en nuestra casa” y como Biharko promete la “atención sea personalizada”. Antes hubo otras banderolas apoyando “mareaurdinas” y otros afectos… demasiada vida para un almacén. Ante mi negativa a retirar la banderola, la señora Larraitz, directora de Biharko vino a quitarla junto a la asistente social de la residencia. Decían cumplir órdenes de la Diputación de Gipuzkoa ya que la fachada es un “edificio público” (capilla incluida) y no quieren que la vida se asome a sus balcones.

(Preso politikoak aske)

Mis hijas son inclusivas

Es una pregunta común y habitual a la que yo también respondo: ¿Usted tiene hijos? Pues no, no tengo hijos. Tengo hijas. Y cuando estoy con mis tres hijas, no somos nosotros quienes estamos sino nosotras las que somos, las cuatro.

Según la machirula real academia de la lengua, esa que “limpia, fija y da esplendor”, no importa que sobre el escenario haya una docena de niñas, la sola presencia en una esquina de un niño de espaldas ya es suficiente razón para que el pie de foto hable de “ellos”, de los “niños” en escena. Cuando España ganó el mundial de fútbol femenino, Jorge Vilda, ex entrenador de las 23 jugadoras, gritó eufórico: ¡Somos los campeones del mundo! Veintitrés mujeres se convertían en “los campeones” para que el entrenador se evitara la vergüenza de pasar por “campeona”.

Una niña no siempre sabe si se habla de ella cuando se habla de “niños”, una mujer no siempre sabe si se habla de ella cuando se habla de “hombres”, y el “contexto” no siempre aclara las dudas.

Aunque la gramática me repruebe, es ella la que tiene el problema, no yo, y así el lenguaje inclusivo les resulte intolerable yo no voy a desaparecer a mis hijas ni a ignorarlas para ayudar al castellano a resolver sus viejos problemas con el género.

(Preso politikoak aske)

Sutilezas verbales

Admirable la habilidad de algunos periodistas eligiendo verbos para desandar la historia y hacer de la memoria un descosido.

Decir que el gobierno de los EEUU, simplemente, alentó, animó o cualquiera de los tantos sinónimos que reduzcan su responsabilidad al papel de un hincha que empuja a su equipo en la Super Bowl de Chile de 1973, ofende a uno hasta como ignorante.

Por aquel entonces las sedes de gobierno de los países latinoamericanos residían en las respectivas embajadas y agencias de los EEUU. Nada se movía, excepto Cuba (aprovecho para mandarle un beso) sin permiso de los “americanos”. Muchos “palacios nacionales” aún son parte de la escenografía.

El día en que Allende fue elegido también comenzó a girar la tuerca y a fraguarse el golpe. La mano de obra asesina la aportaron los cuarteles chilenos, los aplausos los puso la burguesía nacional, la Iglesia su tradicional saber estar… pero el “padrino” estaba en la “embajada”.

Lo dejó dicho Henry Kissinger, siniestro secretario de Estado y terrorista con rango de nobel de la paz al que todavía se espera en el infierno: “no podemos permitir que un país se haga comunista porque su pueblo se vuelva irresponsable”. Kissinger se ocupaba entonces de restaurar la sensatez en los chilenos.

(Preso politikoak aske)