Telemaratones

Con los telemaratones tengo sentimientos contradictorios. Cada vez que asisto a una colecta pública para que la solidaridad de la gente disponga recursos en beneficio de causas sanitarias o educativas me admira y aplaudo esa generosidad, tanto como me irrita y censuro la dejación de responsabilidades de los gobiernos en esas mismas causas.

Han pasado sesenta años desde aquel programa de radio “¡Ustedes son formidables!”, dramático llamado a ejercer la caridad que tenía de contrapunto musical la Sinfonía del Nuevo Mundo de Dvorák y que conducido por Alberto Oliveras socorría calamidades para las que no había Estado. Pasa el tiempo, cambian los medios, también las sinfonías, pero se sigue dependiendo de la generosidad pública para causas de primer orden.

A este paso pronto va a ser necesario organizar telemaratones para comprar camillas y pupitres, ayudar a quienes no puedan pagar la factura de la luz, o dotar de más personal a las residencias de mayores y, sin embargo, el día ha de llegar, y ese será un buen ejemplo del progreso de la sociedad, en que se seguirán haciendo telemaratones en los medios, sí, pero los que se hagan entonces los organizará el Estado y serán para renovar la fuerza aérea y adquirir más submarinos, para rescatar a la banca, sostener a la Iglesia o mantener al monarca y a su familia…

(Preso politikoak aske)