A Manolo Larrañaga

Si llegara a ocurrir que más allá de la muerte hubiese otra residencia esperando a quienes, como tú, supieron honrar la vida, que ojalá Manolo en esa residencia a la que llegas haya suficientes ángeles, arcángeles y querubines trabajando como para que ningún “usuario” se sienta abandonado, tampoco humillado; que ojalá los malditos “ratios” en esa divina residencia hayan sido felizmente remitidos al infierno y que puedas sentarte a comer con quien te plazca sin dar explicaciones y acompañar la comida con un vaso de vino, como lo hiciste durante tu larga y productiva vida antes de llegar a la residencia de Azkoitia, y que las croquetas caseras sean en verdad caseras y que la huevina no sea la ineludible invitada de todas las tortillas; que ojalá Manolo la música no se limite a los conciertos de La 2 y al rato de la tarde de los viernes; que ojalá las líneas y los bingos te sean más propicios, y que ojalá en tu nueva residencia el ruido no contribuya a tu sordera, haya pilas también para tu aparato y, sobre todo, que Dios no sea tan inepto.

Dice Nicolas que él también quiere “algo parecido” para cuando mencionen su nombre en los traslados y, mientras tanto, te manda un gran abrazo y unos “bertsos”. Agur eta ohore Manolo y ¡leña al mono!

(Preso politikoak aske)

¿Por qué se cayó el anciano?

En el comedor de una residencia de mayores que podría ser cualquiera de las que están en manos del negocio, un residente espera el desayuno. Dos auxiliares van trayendo, de uno en uno, a los ancianos desde sus habitaciones una vez los levantan, los visten y asean. No queda tiempo ni para mirarse. El residente que espera sentado el desayuno cada vez se muestra más nervioso.

Le han dicho que no se levante y sabe que no puede hacerlo, que debe estar quieto en la silla a la espera de que venga la auxiliar, que puede caerse, que tampoco sería la primera vez que acaba en el hospital y, de hecho, porque lo sabe es que sigue sentado, pero pasan los minutos y le urge levantarse. Vuelve a pedirle calma una auxiliar que rauda llega al comedor con otro residente antes de irse en busca del siguiente.

Tras algunos amagos, el residente apoya las manos en la mesa e incorpora lentamente el cuerpo, hasta ponerse de pie entre la silla y la mesa. No puede esperar más… y ocurre lo que temía.

La insoportable falta de personal en las residencias del negocio provoca toda clase de conflictos y accidentes, a veces mortales. No es este el caso. La urgencia era intestinal y el residente necesitaba ir al baño. Una vez se puso en pie se cagó encima.

(Preso politikoak aske)