A cuenta de perdones

Sorprende que un pueblo como el español, tan devoto de la religión que profesa y habituado a comulgar con el perdón y a recitarlo a coro, aún siga empecinado en la creencia de que el perdón no es virtud de ida y vuelta sino una impagable deuda que Dios y el mundo tienen contraída con España.

De ahí que siga reprochando a los vascos que no pidan perdón por ese cerril empeño en seguir siendo vascos; y a los torturados, que se disculpen por denunciarlo; a los asesinados por negarse a delatar su vida, y a las cunetas perdón por su memoria; y que los emigrantes pidan perdón por serlo, las mujeres por pretenderlo y los ateos por practicarlo; que los accidentes laborales pidan perdón por sus mortales imprudencias y los millones de parados por su notoria afición a la indolencia; que pidan perdón los jubilados por evadir sus años de trabajo, los desahuciados por ocupar esquinas y portales, y los jóvenes por su notoria desconfianza en las promesas del futuro que se les miente y niega; que pida perdón el clima por sus veleidosos cambios, las vacas por sus locuras, las aves por sus gripes, los elefantes por extinguirse, los pangolines por los coronavirus y los toros por los toreros muertos.

Por si acaso, mis disculpas por esta imperdonable columna.

(Preso politikoak aske)

¿Y si fuera mentira?

A veces pienso que el cambio climático es un “fake new” puesto a rodar por los de siempre, esos que se oponen al progreso y añoran la caverna. Lo pienso porque, si fuera cierto, los privilegiados cráneos que rigen los destinos de este gran mercado ya habrían puesto fin, hace rato, a la devastación del planeta y al expolio de sus recursos, conscientes de que no tenemos otro al que mudarnos, ellos tampoco.

El que sea una mentira explicaría que ante el deshielo de los polos, por ejemplo, se festeje la apertura de nuevas rutas comerciales por el Ártico; que ante el riesgo de algunas energías, como la nuclear, Europa le extienda un certificado verde; que ante la certeza de que la sequía llegó para quedarse, sigamos regando los campos de golf; que ante la inminencia de un tórrido y pirómano verano, no se contraten más guardas forestales y bomberos; que ante el aumento de emisiones de CO2 y otros gases de efecto invernadero, celebremos el auge del turismo.

Si fuera cierto el cambio, nuestras autoridades, que no son gilipollas, no estarían malbaratando millonarios recursos en trenes de alta velocidad, incineradoras o metros imposibles, sino en cómo empezar a hacer habitable este pedacito de tierra para quienes estén naciendo ahora.

(Preso politikoak aske)

«¡No quieren trabajar!»

Leo que Osakidetza necesita personal sanitario y que los profesionales de la medicina que se han ido, nadie sabe cómo ni porqué, vuelvan a vincularse cuanto antes a la sanidad pública.

Me dicen que los hosteleros andan consternados porque, a estas alturas del bochorno que ya anticipa el verano, siguen sin encontrar profesionales que quieran trabajar en barras, terrazas y chiringuitos, ni tampoco se explican a qué se deba semejante fenómeno, qué maldición aleja a los camareros de bares y restaurantes.

La directora de la residencia de mayores de Azkoitia, señora Plazaola, también se queja amargamente de que, excepto las jóvenes que vienen de prácticas, muchos profesionales no quieran trabajar en este sector y que esta es una de las razones por las que falta personal. Sin embargo, al margen de los muchos testimonios de auxiliares, cocineros y demás profesionales que han pasado por la residencia de Azkoitia y que desmentirían a la directora, hay una prueba irrefutable que demuestra hasta qué punto no es verdad que no haya profesionales con deseos de trabajar en la residencia. Y la irrebatible prueba es ella, la directora, inmune a denuncias, huelgas, pandemias… ¡Dieciocho (18) años en la residencia trabajando… de directora!

(Preso politikoak aske)

Hay días para todo

La vida viene a ser un fogonazo de osadía mejor o peor pensada que te lleva y te trae por la calle. Doblando esquinas te encuentras con los otros, esos que también son tu memoria, la historia de una vida compartida. Y sales de tu refugio, te cruzas con ellos, dejas atrás miedos y suspicacias, los nombras, los abrazas, te quitas el sombrero, desmontas los prejuicios, te sientas a desandar el tiempo como si fuera suyo, como si fuera nuestro, descorchas un saludo, compartes una mesa, remiendas las distancias, te pierdes, te descubres pero, sobre todo, celebras los encuentros.

A racionales dosis de locura, andas en tránsito por nubes y tejados aprendiendo a exorcizar iglesias, a desmontar engaños y a disolver absurdos, así que apagas todo lo que no sea música y vuelves a la calle llevando de la mano a ese niño que sabe que no mientes.

La vida es un fulgor alegre y atrevido, un sensual aldabonazo que solemos oír muy tarde, cuando ya ningún día nos es indiferente, y hay días para cerrar los ojos y que la tarde desenrede nostalgias y desnudos hasta llorar la noche a sorbos y en silencio, como hay días para nacer, para abrazarse al mundo y dejar, al cabo de la noche, una sonata de amor en la ventana y una sonrisa colgada del espejo.

(Preso politikoak aske)

Hay que renovar el repertorio

Decía Shakespeare que “la felicidad de una agudeza está en la oreja del que la escucha, no en la lengua del que la dice” y me vino a la memoria la cita del inglés oyendo a Andoni Ortuzar pedir a sus votantes no dejarse engañar por “los del palestino, el forro polar y el flequillo cortado a motosierra que por dentro son los mismos. Son los de la mani… aunque se vistan de Armani”.

También se atribuye a Shakespeare el consejo de que “si vas a volver a decir las viejas chorradas de siempre en público, al menos búscate un auditorio amigo en el Aberri Eguna que esté a tu altura y te las celebre”. No sé si Ortuzar conoce la primera cita pero sí practica la segunda.

Este es el nivel, Ortuzar, presidente del PNV, el nivelador, el genuino, el verdadero, el poeta… ¡el auténtico!

Lástima que el mundo del espectáculo se esté perdiendo un extraordinario showman que a su carisma natural para la gracia añade el ser gracioso y, además, el caer en gracia, y no voy a decir dónde porque no hay más que verlo y oírlo.

El Club de la Comedia se le quedó chiquito y Ortuzar se decidió por la política. ¡Con lo bien que le haría al programa Akelarre contar con su talento!

Ortuzar tampoco debería dejarse engañar, pero sí renovar su repertorio.

(Preso politikoak aske)