«Hemos tomado nota»

Fue la declaración más repetida en la misma noche electoral del 28 de mayo. Conforme los resultados iban poniendo al PNV al descubierto y aireando sus carencias, iban también sus dirigentes, uno detrás de otro, haciendo acto de pública contrición ante los medios para que, ahí mismo, procesados los datos e identificados los errores, entonaran el mismo salmo: “Hemos tomado nota”. Habían tomado nota.

En Laguardia, rioja alavesa, todo hacía suponer que Barinaga, candidato del PNV, sería alcalde con el apoyo de Bildu que había quedado tercera y en detrimento del PP que había sido la lista más votada entre los 1.500 habitantes. Que así fuera, además, lo querían las partes implicadas en el cambio… hasta que los jeltzales que habían tomado nota en mayo llaman en junio a Barinaga para que no se presente y renuncie a la alcaldía. El instruido acepta. PNV y PP están cambiando cromos.

El PNV ha utilizado a sus propios votantes en Laguardia como si fueran fichas, cosas, como gorroños de Gernika que te quito y te pongo en un patético reality show. Ojalá que el electorado también tome nota y cuando vuelva a las urnas se haga respetar. En Laguardia, en Gernika, en Iruña, en Azkoitia… está en sus manos.

(Preso politikoak aske)

Niños

Ha sido la noticia del día: “Hallan niños perdidos con vida”, “Rescatados los niños perdidos en la selva colombiana”, “Encuentran con vida a los niños”… “Los niños de la paz” los ha declarado el presidente Petro. Cuatro niños sobrevivían a un accidente en el que murió su madre y otras dos personas y a 40 días perdidos en la selva.

Al margen de mi alegría porque esta historia que pintaba tragedia acabara felizmente, su relato también delata lo mucho que cuesta ver a la mujer y la incapacidad del castellano para contarnos los hechos porque, realmente, los niños fueron niñas. Niña era la mayor, Lesly, de 13 años, y niña Soleyny, la siguiente al mando, con 9 años. Quienes sí eran niños, los más “niños” precisamente, eran Noriel, de 4 años, y Cristin, el bebé.

Fueron las niñas las que hicieron posible que el grupo sobreviviera. Ellas se ocuparon de sus hermanos, de darles afecto, alimento, abrigo durante un largo mes y por la selva.

La noticia, en cierto modo, también resume la historia de la humanidad. El relato de las “niñas” se ningunea en la crónica oficial, como se desvanece su presencia en los titulares de los medios en los que la lengua aplica el rigor de sus artículos. El castellano excluye hasta por definición, y eso habla muy mal de una lengua que, por cierto, sigue siendo la que más cambios de género provoca, que se lo piensen.

(Preso politikoak aske)

El asco es un derecho

Temo que, en cualquier momento, también sea el asco declarado delito penal y, en consecuencia, pueda la ciudadanía ser acusada de delitos de asco y condenada a las penas que la justicia le imponga.

Y me preocupa porque, así como no odio ni deseo mal a nadie, bueno… a casi nadie, que tampoco hay que exagerar, lo que si tengo es asco, mucho asco y, lo que es peor, lo tengo por arrobas, a mansalva, en cantidades industriales. Son tantos mis ascos que enumerarlos me llevaría cien columnas y la imposibilidad de nombrarlos todos porque mi nómina de ascos es trasatlántica, oceánica, y los tengo en todas las notas y escalas, en do, en re, en mi-fa-sol, en blanco y en negro, al “baño maría”, en prosa y en verso, ascos en todos los tamaños y medidas. Tengo asco a las cortes de marranos y a sus cortesanos, asco a sus fétidos tribunales, a sus vomitivos medios de manipulación, además de aversiones religiosas y aborrecimientos varios. También tengo grima y algún que otro repelús de vez en cuando.

En fin, que me preocupa que se judicialice el asco porque, lo reconozco y para que me entiendan, solo con el asco que les tengo a las esporrinas y los sociolistos navarros, me da para condena permanente y sin revisión que valga en el tribunal más considerado con mis náuseas.

(Preso politikoak aske)

¡Qué joder!

Eso que llaman “España” ha llevado a la justicia, acusados de injurias, a tres humoristas catalanes por una parodia de la Virgen del Rocío. Puesto a buscar agravios yo no conozco afrenta más soez para la venerada que el tenido por el “salto de la reja de Almonte”, en el que miles de fervientes devotos se disputan a hostias el místico goce de tocar el manto de la “blanca paloma”. Es una emoción indescriptible, cuentan los mamporreros que han hecho de este patético espectáculo su mejor expresión religiosa

y que todos los años reiteran para dejar constancia de su fe.

Quien no era blanco ni palomo era el negro Cristo de Lepanto de la catedral de Barcelona, la imagen más adorada tras “la Moreneta”. Así fue hasta que, recientemente, nos enteramos que el cristo negro era blanco. Un siglo sin que nadie le pasara un paño a la imagen lo convirtieron en “el Moreneto de Lepanto”.

A España la sigue retratando Valle-Inclán cuando en sus “Luces de bohemia” ya se dolía de un “pueblo miserable que transformaba todos los grandes conceptos en un cuento de beatas costureras que disecaban el gato cuando se les moría y cuyo cielo era una kermés sin obscenidades a donde, con permiso del párroco, asistían las hijas de María”.

Cien años después, aquella España sigue detrás como pesadilla pero también delante como amenaza.

(Preso politikoak aske)

Llamado a los votantes

Quiero aprovechar esta columna para apelar a votantes del PNV a que, esta vez, se lo piensen seriamente antes de volver a las urnas, porque no todos los votantes van a poder acceder a una subcontrata, no a todos se les va a poder montar un txiringuito, ni van a poder contar con puertas giratorias hacia bancos y energéticas, o beneficiarse de fraudes en OPES de Osakidetza, en vertederos, metros, trenes de alta velocidad e incineradoras. Como diría Aitor Esteban, que no desperdicien su voto porque luego no hay ocasión para el arrepentimiento.

Y como también apunta el portavoz del PNV en el Congreso, viene a ser casi lo mismo votar al PNV, que al PP, al PSOE o a VOX, que razón no le falta, reitero el llamado para que esos votantes indecisos que todavía no saben a qué agencias de empleo acudir y en cuáles negociar sus votos, se decidan por corromperlos con quienes mejor les mientan un ajuste en la nómina o que, simplemente, se abstengan.

En EHbildu no los queremos, no aceptamos esos votos, no nos interesan, no son nuestros votos.

En EHbildu queremos votos que apuesten por la vida y la convivencia, votos amasados por mujeres y hombres de una Euskal Herria feminista, trabajadora y euskaldun que busca labrarse un futuro socialista e independiente. Egingo dugu!

(Preso politikoak aske)