La violencia del Estado

Para el estado español hubiera sido tan fácil como cumplir la ley, su propia ley, y el preso vasco Igor González habría estado en libertad, en su pueblo, con su familia, después de haber cumplido más de las tres cuartas partes de una condena de veinte años por colaboración con ETA y haber salido como cualquier otro preso porque así lo establece la ley, pero no la divina, ni la del talión, ni la de la gravedad, no, la ley española, esa que se estira y se encoge a conveniencia, la misma que te la “afina” un ministro si fuera necesario o, como declarase otro honorable, “se construyen nuevas imputaciones”, que para eso también hay ministros expertos en mirar para otro lado y no da réditos electorales cumplir la ley con los presos vascos. De hecho, Igor González no estaba preso, estaba secuestrado. Ya debía haber salido en libertad pero, por encima de sus propias leyes, el mismo Estado que se lo impedía ni siquiera ha sido capaz de velar por su seguridad como era su obligación. No recuerdo quién dijo una vez que el grado de desarrollo de una sociedad se mide por la forma en que trata a sus presos pero cada dos días muere uno en las cárceles españolas. Y son veinte los presos vascos muertos en prisión. Aunque no figure en el código penal, ser vasco sigue siendo un delito dentro y fuera de la cárcel.

(Preso politikoak aske)

Mascarilla siempre

Lo dice el Gobierno Vasco. Y lo afirma de categórica manera para que nadie se llame a engaño y quede claro que la mascarilla hay que usarla siempre, no vaya a ser que alguien termine encontrando en el mensaje una rendija por la que respirar.

Es siempre, para que se entienda, siempre. Da igual qué hora sea, dónde esté, qué haga, así esté solo o acompañado. En cualquier circunstancia… “maskara beti.”

Y sí, es verdad, hay que usar la mascarilla, pero no siempre. Basta con ver la televisión del Gobierno Vasco para saberlo o, simplemente, apelar a la sensatez, a ese común sentido que nos ayuda a distinguir entre cuando sí y cuando no. Hay espacios, distancias sociales, diferencias rurales y urbanas, pulmones y asmáticos, edades… Creo que estamos usando las mascarillas por encima de nuestras posibilidades, y las mascarillas, en sí, y me disculpan la obviedad, además de protegernos del contagio del virus también nos dificultan respirar aire, una sustancia gaseosa y transparente que, al parecer, es esencial para la vida.

Insisto, no estoy negando ni el uso ni la importancia de la mascarilla, no soy terraplanista, ni soy antivacunas, ni tengo amigos imaginarios a los que prender velas… soy una persona normal cuyo único alivio es quitarse la mascarilla cuando estoy solo y apago la luz.

Apelar a un eslogan tan maximalista como el que titula esta columna solo genera más miedo del debido y más desconfianza de la inevitable.

También hay que ponerse el casco de la moto pero no me parece que ayude a mi salud, yo que duermo solo, acostarme con el casco y con la mascarilla.

(Preso politikoak aske)

Carta pública a los extraterrestres

Estimados extraterrestres: Ya he perdido la cuenta de las cartas que les llevo escritas sin que sus galácticas naves espaciales complazcan mis ruegos y, felizmente, nos invadan.

Les reitero que en absoluto objeto su repugnante viscosidad, repulsivas escamas o cualquier otro asqueroso rasgo alienígena que tengan porque conozco demasiados humanos con mejores apariencias y, sin embargo, mucho más nauseabundos.

Y también les he dejado claro en anteriores cartas que ni siquiera tendrían necesidad de disimular sus peores intenciones con floridos discursos porque aquí tenemos tantos siglos de ejercicio en esa hipócrita costumbre que algunos ya la tienen por oficio, y son, en su ejercicio, virtuosos.

Tampoco necesitan el mandato de alguna organización interestelar o de pretextos que justifiquen sus acciones. Yo mismo puedo ofrecerles las excusas que gusten junto a la confirmación de que ninguna es necesaria dado que nos invaden en defensa propia, sus marcianos actúan en misión de paz, sus bombas son inteligentes y su guerra es humanitaria.

Les he insistido en anteriores cartas que, quien suscribe, se pone a su disposición para lo que consideren sin necesidad de gratificación o comisión alguna, como también les he pedido que su higiénica operación, que bien podría llamarse “Ratas de la Tierra”, la inicien por la Casa Blanca, la Casa de Gobierno de Israel, la sede de la OTAN, las sedes del Banco Mundial, del Fondo Monetario, de Wall Street…

No tengo constancia de que les hayan llegado mis anteriores cartas, tampoco la certeza de que les llegue esta, pero la verdad es que tampoco importa. Por ello me he animado a escribirla. Tal vez, cuando llegue esta carta a sus antenas ya no haya vida “inteligente” en el planeta. La madre naturaleza, inexorable, no negocia y, a este paso, los humanos no van a necesitar vuestra ayuda para irse a la mierda. Solo su ambición es más grande que su estupidez.

(Preso politikoak aske)

¡Emergencia gastroinformativa!

Solo en las últimas horas, sin contar los focos abiertos en los siete espárragos ingresados en la ensalada y que en algunas otras fuentes han sido tomados por alcachofas, se han detectado más de veinte nuevos brotes localizados, la mayoría de ellos, tanto alrededor de los pepinillos como entre la cebolleta, lo que podría suponer la adopción de nuevas y más fuertes restricciones en la ensaladera con objeto de evitar y corregir la constante expansión de la mayonesa cuya cifra de contagio viene siendo la más alta entre las últimas ensaladas de las que hay registro, hasta el punto de que, si la lechuga no mejorase sustancialmente el índice de rastreadores de sal y pimienta, no saliendo todavía el tomate del aislamiento que impusiera el pasado estado de alarma ni tampoco dado por concluido el confinamiento del aceite, a pesar de que se cumpliera con todos los protocolos que sugiere la Comisión Nacional de Cubiertos Autonómicos y el Consejo Superior de Servilletas, el ajo tendría probablemente que volver a la fase 2 al menos durante seis ensaladas más, para no seguir contribuyendo a su transmisión por el mantel luego de que se detectara en lo que ya podemos denominar como una segunda oleada de maíz, que seis aceitunas negras habían dado positivo y que otras tantas verdes habían dado antxoas y, además, asintomáticas, lo que entre otras consecuencias puede llevar al cierre de los aguacates, cierre que se cree sería definitivo, y a la adopción de medidas tan dolorosas como imprescindibles no permitiendo aglomeraciones de más de diez guisantes por patata , ni tolerando que los pedazos de huevo no guarden la distancia social debida entre zanahoria y zanahoria para que no ocurra, y eso es lo que queremos a toda costa evitar, el colapso de la ensalada.

(Y por si acaso, amigas Cris y Tasia, hay que comerse la ensalada con mascarilla. Nunca volveré a leer el periódico mientras como)

(Preso politikoak aske)

Korosagasti

Pronto se cumplirán cien años del suceso y, sin embargo, todavía perdura en la memoria de muchos habitantes del valle del Urola el llamado “crimen de Beizama”, brutal asesinato de dos mujeres, madre e hija, en el caserío Korosagasti que tenían arrendado.

Será, supongo, porque a la truculencia del hecho hubo que agregar la impunidad de la costumbre que, aunque hayan pasado tantos años, cuando el crimen no paga, como fue el caso, quedando la justicia en evidencia y con la Iglesia al quite para que no se desbocara la indignación popular, hasta las piedras terminan murmurando la historia confinada al silencio.

Cuando las oyó, Asier Sustaeta también quiso contarla y hace años que se entregó a ese afán documentándose, concibiendo la película, recabando apoyos, formando los equipos de trabajo para encarar un proyecto complicado como lo son todas las películas de época, hasta que, felizmente, “Korosagasti” vio la luz el pasado mes en Azpeitia.

Esperaba que iba a encontrarme con una buena película y me encontré con una joya. En primer lugar por las escrupulosidad con que Sustaeta se atiene a los hechos sin que por ello renuncie a su criterio (ningún narrador lo hace) dando voz a las piedras; y en segundo lugar por el afortunado concurso a la hora de plasmar su historia de todas las habilidades que hacen del cine un arte.

(Preso politikoak aske)