El derecho saharaui

En 1884 Europa llevó a cabo un nuevo reparto de colonias entre los miembros de su selecto club y al Estado español le tocó en suerte el Sahara, colonia que en 1958 se convirtió, incluso, en provincia española. Los conflictos coloniales en el mundo, sin embargo, provocan que Naciones Unidas forme en 1961 un Comité Especial de Descolonización para impulsar la autodeterminación y acabar con el colonialismo y, años más tarde, el Estado español se compromete ante la comunidad internacional y Naciones Unidas a abandonar el Sahara y devolverlo a su legítimo propietario: el pueblo saharaui. En 1976, el Estado español, traicionando sus propios compromisos, entrega el Sahara (incluyendo a sus habitantes) a Marruecos y Mauritania escribiendo una de las páginas más bochornosas (y mira que hay unas cuantas) de la historia española. La ocupación del Sahara por sus países vecinos provoca la respuesta armada del pueblo saharaui y Mauritania renuncia al regalo pero no Marruecos que intensifica la ocupación y la guerra.

Un acuerdo de paz en 1991 deja en manos de la ONU la realización de un referéndum que permita a los saharauis decidir su futuro. Marruecos lo boicotea, las Naciones Unidas siguen dando plazos a los plazos, el estado español mira para otro lado cuando no sonríe al monarca marroquí, y treinta años después todavía el pueblo saharaui espera justicia mientras Marruecos ocupa el el país y roba sus recursos ante la indiferencia general.

(Preso politikoak aske)

«Que nadie escupa sangre»

Un brote de humanismo recorre el mundo. También Euskalherria. “No estamos dispuestos a consentir que tenga que morir gente para que los demás puedan seguir haciendo su vida como si nada pasara”.

Lo decía la presidenta navarra. Su colega en Euskadi insistía en los mismos humanistas conceptos: “que nadie quede atrás”.

Y yo que comparto tan hermosos principios, salté alborozado de mi silla para abrazarme al televisor. ¡Bravo! ¡Bravo! Zoragarria! ¡Viva Chivite! ¡Viva Urkullu!

Decía Eduardo Galeano que “en este mundo sin alma que se nos obliga a aceptar como único posible, no hay pueblos, sino mercados; no hay ciudadanos, sino consumidores; no hay naciones, sino empresas; no hay relaciones humanas, sino competencias mercantiles” y así fuese porque, de improviso, Urkullu y Chivite se habían vuelto comunistas o cristianos coherentes, brindé junto a ellos por el fin de las residencias de mayores en manos de buitres, por el fin del lucro inmobiliario, por el cierre de las putas incineradoras y vertederos, porque ni la educación ni la salud vuelvan a ser nunca un maldito negocio, porque dejen de morir de hambre todos los días en el mundo 25 mil seres humanos, para que, como decía aquella vieja canción de Atahualpa Yupanqui en sus preguntas a Dios, “nadie escupa sangre para que otros vivan mejor.”

(Preso politikoak aske)

Agradecimientos

A la infinita torpeza del Estado español inhabilitando el derecho del pueblo catalán a elegir sus presidentes habrá que agradecer que la independencia a la que aspira ese pueblo recobre fuerzas y sentido, volviendo a aunar voluntades por encima de sus diferencias, porque la independencia, también en el País Vasco, no solo es necesaria sino imprescindible.

A la prevaricadora arrogancia de las cloacas supremas y generales del poder judicial español habrá que agradecer que termine de caerse la venda de los ojos de quienes, hasta ahora, todavía creían que justicia es un principio moral que sirve para dar a cada quien lo que le corresponda y pertenezca.

A la delictiva ambición de la patronal y sus representantes españoles o vascos, Garamendi o Zubiaurre, habrá que agradecer la toma de conciencia de una clase trabajadora a la que se propone la resignación de sus condiciones de vida, la reducción de sus derechos y salarios y que, además, aplauda agradecida.

A la congénita estupidez y codicia de la monarquía y sus Voxbones habrá que agradecer el auge republicano, al igual que a las grandes letrinas de desinformación agradecemos nuestra pasión por encontrar espacios que no nos avergüencen y medios honestos y veraces.

Y a la madre naturaleza, cómo no, también habrá que agradecerle que nos siga proveyendo de piedras.

(Preso politikoak aske)

Realismo

La falta de personal sanitario se cubre con militares y como tampoco los centros sanitarios dan abasto se montan hospitales militares. Si no hay bomberos suficientes para apagar incendios o desinfectar instalaciones se traen más militares, y como tampoco hay suficientes rastreadores de contagios el Estado ofrece rastreadores militares, y que sean militares quienes hagan cumplir el confinamiento en zonas sujetas a restricciones. Cualquier día tenemos a la legión, cabra incluida, impartiendo educación en escuelas e institutos.

La pregunta que nos hacemos tantos ¿No será que lo que falta es personal sanitario, docente, rastreadores, bomberos, científicos… y sobran militares? Que algo tan sensato y racional como abolir el ejército nos parezca una locura es otra manera de demostrar lo perdidos que estamos.

Se nos habla del inquietante futuro que se nos viene encima y de la necesidad de ser realistas. Y habrá que serlo para poder elegir entre cuarteles o centros médicos, entre submarinos o guarderías, entre tractores o tanques, entre bombarderos o escuelas, entre respiradores o lanzallamas, entre batas blancas o uniformes de camuflage, entre libros o granadas, entre educadores u hombres rana, entre enfermeras o paracaidistas, entre construir la paz o exacerbar la guerra, entre irnos a la mierda o reinventar la vida.

(Preso politikoak aske)

Amor en alpargatas

Y sí, se puede amar discretamente, sin mármol en las venas, sin arreglos florales, ni padrinos, ni alardes, sin testosteronas estridencias y lunas de papel, sin campanas al viento ni grandes titulares, sin cuentos de hadas, sin tanta pasarela, sin tanto escaparate…

Aunque el look en oferta que propone el amor para un otoño inglés de color y estampados se empeñe en negar las evidencias, la verdad es que también se puede amar sin hacer ruido, al paso y al detalle, a capela también, así como de lejos, a solas y a la sombra, como si amar no fuera una carrera o una cadena al cuello y una veintena de quilates de anillo con un nombre grabado, un viejo álbum de poses y sombreros, o los aniversarios que logren escapar indemnes al polvo o al incendio.

Lo cierto es que hay amores de rebajas, de parada de bus y fila de ambulatorio, que siguen respirando en el cajón de abajo del armario, detrás de la memoria, amores sexagenarios que suenan a tambor de lavadora, que con que solo timbre su nombre se emocionan, amores comunes, ordinarios, tan anodinos como pinzas en el tendedero sin ropa de un balcón, tan imaginarios como ciertos, y es que también se puede amar sin aspavientos, de puntillas, entre el duphalac de la mañana y el diazepam de la noche, amor de pensionista, amor en alpargatas.

(Preso politikoak aske)