Mafias

La mafia georgiana, apuntaba La Sexta, es muy peligrosa, especialmente en Madrid y Barcelona, aunque no tanto como la mafia albanokosovar que, según veía en Antena-3, cada vez se mueve más en el litoral valenciano siendo sumamente agresiva pese a no registrar los insoportables niveles de violencia con que se maneja la mafia rusa que Tele-5 sitúa en la Costa del Sol y Baleares, y que está siendo desplazada en el ranking de la delincuencia por la mafia china tal y como señala EITB, a pesar de que todo hace prever, al decir de TVE, que será la mafia italiana con la Camorra y la Cosa Nostra la que termine controlando, en base a su vasta experiencia en el mercado, el negocio de la delincuencia.

A mí, sin embargo, les confieso que la mafia que verdaderamente me preocupa, que me tiene entre harto y cabreado, de la que no se acuerda ningún medio ni siquiera para pasar una amena tarde de tertulia, que opera en todo el Estado español, también en el mundo, que tiene en nómina a jueces, a ex ministros y ex jefes de Estado, a grandes empresarios y periodistas, y que goza de absoluta impunidad es la mafia de las compañías telefónicas.

Y le vale cualquier apellido que le ponga: Vodafone, Orange, Telefónica, Euskaltel… El 33% de las denuncias de los consumidores tienen que ver con la mafia telefónica.

(Preso politikoak aske)

¡Ahí les va!

Ahí les va Inna Afinogenova, joven periodista rusa que escribe y conduce el segmento con que titulo esta columna y que, de un tiempo a esta parte, se ha convertido en uno de esos pocos espacios que aparecen en los medios y redes a los que debo la constancia de que sigue habiendo vida inteligente. Y en el caso de la periodista rusa la inteligencia se da con rango de excelencia tanto como guionista como conductora. En unos cuantos minutos, sentada en un sofá frente a la cámara, de manera sencilla, amena, con una naturalidad que se agradece, nos enseña a mirar las noticias que no vemos y a ver las que miramos, nos lleva de la mano a algo que se llama pensamiento para que no se nos oxide la criticidad y, además, lo hace con un maravilloso sentido del humor, entre irónico y socarrón, que igual se hace presente en el rigor analítico del texto, como se expresa en la lectura y puesta en escena de los minutos que dure el segmento.

En estos días, la revista Semana publicaba una “nota de embajada” relacionando a la periodista rusa con un plan ruso de “interferir” en Colombia. La respuesta de Inna me encantó: “Si pudiera “interferir” pedagógicamente en la persona que le dio clases de periodismo a quien escribió esa ¿noticia? ¿columna de opinión? ¿editorial?… en fin, lo que quiera que sea ese engendro, sí que lo haría”.

(Preso politikoak aske)

Tiza en el bolsillo

Porque ninguna herida es más honda que la que mata a un niño, porque ninguna sangra más que su sonrisa rota… no le soltéis la mano, no le tapéis la boca.

Dejad que os acompañe, que se siente a la mesa a recontar escobas y barajar triunfos, que se vaya de rumba en bicicleta, que se suba y se baje del urbano, que juegue al escondite por el parque, que se quede dormido en el columpio, que despierte sesenta años más tarde y siga siendo el niño que lleva de la mano.

Dejad que llore, que ría y que pregunte, aunque no haya respuestas, que pregunte, que aprenda que dudar no es un delito, que a cierta edad no hay vida de la que arrepentirse ni arrepentimiento que pueda costar la vida, que la soledad está muy concurrida, que respirar no requiere licencia ni tampoco la vida depende de un permiso.

Y porque nada se puede llegar a añorar tanto como el sueño de un ángel caído abrazado a tu pecho, y nada es más urgente o importante que mecer una cuna… no le perdáis el rastro, no le carguéis la culpa.

Dejad que siga siendo el niño que llevas de la mano y que aprendió que en la vida hay tres cosas sin las cuales la existencia sería un desatino: no tener un sueño en las nubes, carecer de un abrazo a la sombra y, sobre todo, andar sin tiza en el bolsillo.

(Preso politikoak aske)

Tomar conciencia

Debieran tener cuidado esas autoridades que, además de reprocharnos la propagación del virus, insisten en motivarnos a comprender el drama que vivimos, a ser responsables. Debieran pensárselo dos veces antes de invitarnos a ser conscientes porque podría ocurrir que tanto empeño tuviera éxito y, felizmente, acabáramos tomando conciencia de la delicada situación por la que atravesamos y diéramos valor a aquello que en verdad lo tiene y nos importa, empezando por la educación y la sanidad pública.

Debieran tener cuidado con tanto apelar a la conciencia ciudadana porque, de repente, va y nos volvemos responsables y nos da por clausurar el negocio que se traen con las viviendas, con las residencias de mayores, con los vertederos y las incineradoras; por ahí se nos ocurre cerrar salones de juego y abrir parques infantiles, archivar trenes de alta velocidad y abrir más bidegorris; por ahí nos da por exigir que la banca nos reintegre lo robado, que la Iglesia pague impuestos y devuelva los inmuebles de los que se ha apropiado, que la monarquía se confine en los museos; por ahí nos da por apagar youtubers, telecincos y telebatzokis y nos ponemos a leer a Galeano, a José Luis Otamendi, a oír música humana… ¿De verdad quieren que seamos conscientes, responsables? ¿No será mejor que sigamos siendo unos pendejos?

(Preso politikoak aske)

Condenas y excepciones

Son condenables y merecen el rechazo general las algaradas en las calles, la barbarie, el vandalismo, el caos, la quema de contenedores y vehículos, el saqueo de tiendas y comercios, los incendios de oficinas públicas… excepto en Venezuela.

Son condenables y deben ser reprimidos sin contemplaciones los atentados contra las fuerzas del orden, quemar vivos a los opositores, asesinar fiscales del Estado, el terrorismo en cualquiera de sus formas, los golpes de Estado… excepto en Venezuela.

Y son condenables y merecen el repudio de toda la ciudadanía los instigadores y autores de todas las conductas violentas y homicidas porque toda violencia es mala, y lo es siempre, venga de donde venga, en cualquier circunstancia… excepto en Venezuela, donde los gobiernos vasco y español pueden exculpar y justificar a los violentos, ignorar sus crímenes, financiar y proteger a sus líderes, ayudarles a huir de la justicia de su país, pueden darles asilo, reconocerlos como presidentes aunque nunca hayan pasado por las urnas o aunque las urnas los hayan desmentido, pueden recibirlos con todos los honores a la sombra del árbol de Gernika y a los acordes del himno vasco a los Leopoldo López, Guaidó y demás vulgares ladrones, matones y asesinos.

Es lo que tiene cotejar el suelo ético de la hipocresía con el Puto Negocio Vasco.

(Preso politikoak aske)