La transición en Estados Unidos

Urge que la comunidad internacional con Cuba a la cabeza organice la transición de ese manicomio llamado Estados Unidos hacia una sociedad democrática para que deje de ser el país que acumula la mayor deuda americana y el que derrocha la mitad de los recursos del planeta; el que más drogas consume y quien más vulnera los derechos humanos, mientras multiplica indigentes y analfabetos y mantiene al margen de cualquier seguro social a 50 millones de personas.

Es Estados Unidos el país que más guerras ha provocado y más paces ha mentido, el que cuenta con más bases militares diseminadas por todo el mundo, el que más golpes de Estado ha urdido y más gobiernos democráticos ha tumbado. Es a ese país al que hay que ayudar para que sus candidatos a la presidencia no los elija el capital de entre los escaparates de la V Avenida, Beberly Hills o el circo, y para que sus ciudadanos, además de votar, puedan elegir.

Es a esa nación a la que hay que ayudar porque es inaceptable la existencia de campos de concentración, y Guantánamo solo es el más conocido, o cárceles secretas; vergonzosa la construcción de gigantescos muros con los que aislar a sus vecinos; inadmisible que secuestren opositores por todo el mundo; que sean sus soldados los únicos que no están obligados a responder ante tribunales internacionales de justicia porque están por encima de cualquier ley; y que, asesinado su presidente en un encubierto golpe de estado en 1963, tenga la justicia que esperar 66 años para que ese pueblo conozca la verdad sobre el magnicidio del presidente Kennedy y el golpe de Estado encubierto que llevó a la presidencia a Lyndon Johnson.

“Y la verdad os hará libres” proclama un enorme letrero a la entrada de las oficinas de la CIA en Virginia mientras se tiene presos o escondidos o asilados a sus propios conciudadanos como Manning, Snowdem y Assange, por haberse atrevido a decir la verdad.

EEUU es ese “norte revuelto y brutal” del que hablara Martí y que como bien dijera Chávez sigue oliendo a azufre.

(Preso politikoak aske)

A punto de mandar todo a la mierda

(Dedicado a mis hijas)

El lunes llega y pasa y no te enteras,

por eso el martes viene y no te acuerdas

que ya estamos a miércoles y tienes

la extraña sensación de que fue jueves

y hoy es viernes y estás contra las cuerdas.

Los sábados te duele la cabeza.

¡Por fin llega el domingo y también llueve!

¿Será el azar? ¿Será la mala suerte?

¡A punto de mandar todo a la mierda!

Quedamos a las cinco y me recuerda

que quedó en recogerme a menos veinte.

Le digo que no estoy en la vivienda,

que aún me quedan veinte vainas pendientes,

que está lloviendo y yo sigo en la calle.

Le ruego que no ladre, que no muerda.

¡Haberme dicho entonces que era urgente!

¿Será un error? ¿Tal vez un accidente?

¡A punto de mandar todo a la mierda!

El móvil se quedó sin batería

y ni siquiera sé la contraseña.

Yo me vuelvo a poner la mascarilla

y olvido el cambio encima de la mesa.

Tampoco tengo a quién echar la culpa,

ni argumento que valga en mi defensa.

Su eminencia no tiene más preguntas.

¿Será el destino, el karma, la ventura?

¡A punto de mandar todo a la mierda!

Y vuelvo a casa y me derrumbo muerta,

ni el gato quiere hacerme compañía.

Parece que el de hoy no es un buen día.

No hay nadie al otro lado de la puerta.

Mejor será que apague y que me duerma,

que lave esta memoria con lejía

y que el tiempo se encargue de las quejas.

¿Será que no será sin compañía?

¡A punto de mandar todo a la mierda!

(Preso politikoak aske)

El monarca campechano

El problema, al margen de las excreciones que sigan apareciendo y salpicando la muy ilustre biografía del monarca en relación a millonarias comisiones, turbios negocios, tarjetas bancarias, cuentas en paraísos fiscales, fraudes a Hacienda, cortesanas compañías o matanzas de osos y elefantes, no es lo “campechano” que pueda llegar a ser el rey de España, porque si no tuviera una fraterna familia en su memoria y sí bajo su conciencia la muerte de un hermano; si no tuviera hijos reconocidos y sí demandas y bastardos; si no estuviera sujeto a la ley y sí fuera inviolable su figura; si no fuera un hombre sincero y sí un hipócrita; si no fuera una persona sensata e inteligente y sí un necio; si no fuera un hombre decente y sí un canalla; si no fuera un ser humano virtuoso y sí un putero; si no fuera una persona honrada y sí un vulgar chorizo; si no fuera un hombre laborioso y sí un zángano; si fuera un Saboya, un Austria, un Oldemburgo y no un Rey de Copas… el problema es que, en cualquier caso, el emérito y campechano seguiría siendo un rey y, en consecuencia, yo un vasallo, un súbdito del reino.

¡Y no queremos reyes, ni príncipes, ni infantas, ni nobles de cuna, ni cuentos de hadas, ni honores de sangre, ni tronos de mugre, ni heraldos reales, ni estirpes sagradas!

(Preso politikoak aske)

¿Dónde está Aurora Wiwonska?

El 7 de diciembre del 2001 la dominicana Aurora Wiwonska Marmolejos, de 22 años y madre de una niña de año y medio, en un arranque inesperado y a las puertas de un club de la capital dominicana en el que la empresa para la que trabajaba ofrecía una fiesta navideña a sus empleados, se quitó los zapatos y echó a correr por las proximidades de la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Momentos antes había sostenido una discusión con su marido que, aunque no trabajaba en esa empresa, había sido invitado por ella. A la salida del local, él se dispuso a llamar por su celular a un taxi para regresar a casa, eran más de las diez de la noche, cuando Aurora Wiwonska, según declaró el esposo, se quitó los zapatos y echó a correr. Desde entonces, y ya han pasado 19 años, nadie ha vuelto a ver a Aurora Wiwonska Marmolejos. Tal vez porque, discreta, corría descalza para no hacer ruido. Una carrera urdida de improviso, como si fuera a detenerse a los tres pasos y no tuviera intención de prolongarla todos estos años. Nada se llevó en su frenética carrera, ni un pasaporte, ni dinero, ni una maleta con ropa, ni una fotografía de su hija, nada. Tampoco se despidió de nadie, ni siquiera de su marido. Simplemente, se quitó los zapatos y echó a correr cuesta abajo, por una calle a oscuras y vistiendo una elegante falda tubo, una de esas faldas que apenas sí te permiten mover los pies. Y corriendo ha cruzado, desde entonces, su menuda figura frente a todas las comisarías de policía de la ciudad que no la vieron nunca, que nunca la han sabido; corriendo ha ido dejando atrás pesquisas inconclusas y reportes a doble espacio; siempre corriendo, Aurora Wiwonska atravesó un original y tres copias, dio la vuelta a un formulario verde, recorrió sin detenerse cuatro informes anexos, dos sellos gomígrafos y algunas presunciones, incansable al desaliento, sin que la detuvieran los indicios, ni las legítimas sospechas. Corriendo le ha pasado por el lado a tres pruebas periciales, ha dejado atrás el esperticio, ha cruzado indagatorias y testigos que sirvieron, al menos, para saber que aún corre, que Aurora Wiwonska tiene 19 años corriendo. No la ha visto la jueza que dictaminó su olímpica odisea por calles y avenidas de Santo Domingo, como si desaparecer en la República Dominicana fuera un ejercicio común e impune que no requiere más averiguaciones. No la ha visto la Policía, nadie la ha vuelto a ver, ni siquiera su hija, 19 años después. Súbitamente, sin tiempo ni para despedirse, Aurora Wiwonska decidió emprender esa carrera en la que todavía persiste y de la que nadie es responsable, como si fuera una fatal ocurrencia de medianoche, como si súbitamente le asaltaran las ganas de correr el resto de sus días y se lanzara a tumba abierta por las calles de la ciudad, hasta ella misma olvidarse de sus pasos.

El derecho saharaui

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En 1884 Europa llevó a cabo un nuevo reparto de colonias entre los miembros de su selecto club y al Estado español le tocó en suerte el Sahara, colonia que en 1958 se convirtió, incluso, en provincia española. Los conflictos coloniales en el mundo, sin embargo, provocan que Naciones Unidas forme en 1961 un Comité Especial de Descolonización para impulsar la autodeterminación y acabar con el colonialismo y, años más tarde, el Estado español se compromete ante la comunidad internacional y Naciones Unidas a abandonar el Sahara y devolverlo a su legítimo propietario: el pueblo saharaui. En 1976, el Estado español, traicionando sus propios compromisos, entrega el Sahara (incluyendo a sus habitantes) a Marruecos y Mauritania escribiendo una de las páginas más bochornosas (y mira que hay unas cuantas) de la historia española. La ocupación del Sahara por sus países vecinos provoca la respuesta armada del pueblo saharaui y Mauritania renuncia al regalo pero no Marruecos que intensifica la ocupación y la guerra.

Un acuerdo de paz en 1991 deja en manos de la ONU la realización de un referéndum que permita a los saharauis decidir su futuro. Marruecos lo boicotea, las Naciones Unidas siguen dando plazos a los plazos, el estado español mira para otro lado cuando no sonríe al monarca marroquí, y treinta años después todavía el pueblo saharaui espera justicia mientras Marruecos ocupa el el país y roba sus recursos ante la indiferencia general.

(Preso politikoak aske)