La furgoneta amarilla

Conmigo esperando en la estación, el tren en el que venían María y Xara desde Madrid llegó con una hora de retraso a Zumarraga y la demora provocó que perdiéramos el autobús que nos traería a los tres a Azkoitia, a casi media hora de distancia en coche. María y Xara son dos entrañables amigas y, entre esperar hora y media a otro autobús y coger un taxi, optamos por hacer autostop. Tres minutos bastaron para que una furgoneta amarilla se detuviera.

-¿A dónde vais? Era una joven pareja a cuatro meses de cuentas para ser un trío y que nos invitó a sentarnos en la cautivadora sala de estar en que habían convertido la furgoneta. Nunca se me había hecho tan corto el trayecto. La pareja aún era más encantadora que la hippiesca furgoneta amarilla. Hablamos de la vida, del mundo, de lo poco que se hace dedo y de lo insólito que resulta que una pareja de Zumarraga que volvía a su pueblo tras visitar a un familiar en un caserío vecino, recoja a tres desconocidos y, sin más, se decida a llevarlos hasta su destino, porque sí, porque estamos vivos.

Tanto se habló que ni tiempo quedó para los nombres. Sé que él producía un CD “A Fuego lento”, que en la sala de estar de la furgoneta amarilla ya debe haber una cuna, y que si no conté antes esta entrañable crónica fue porque temía que nadie me creyera.

(Preso politikoak aske)

Paradojas verdes

 

La de Fede de los Ríos es una columna que me encanta y que nunca me pierdo el domingo (gracias Fede por mandármela el sábado). Con su habitual humor y precisión llamaba la atención el pasado 8 sobre la COP25 y las paradojas de encontrarse de verde a ENDESA, la empresa que más contamina, patrocinando al mismo tiempo la cumbre climática y la opinión de los grandes medios a su gestión; o la reconversión a verdes en dos horas y un laxante del alcalde y la presidenta de Madrid; o la Iglesia que, de improviso, observa alucinada que la fumata no es blanca ni negra sino verde, y descubre la naturaleza y anima a descubrirla, o sea, a destaparla… (miedo me dan como la abran). Iberdrola es verde como son verdes las cloacas del Estado y los Borbones. Y días antes de que los monumentos de Madrid se vistieran de verde, también lo hicieron el Tren de Alta Velocidad y la incineradora de Zubieta, más conocida como Complejo Sostenible Medioambiental y Sustentable de Zubieta Verde. Quedaba por vestirse de verde el Real Madrid. Todo un detalle de Florentino, el mismo que tiene a sus hidroeléctricas en guerra contra decenas de comunidades indígenas de Guatemala empeñadas en salvar el río Caabón y preservar el medio ambiente.

En fin que, como dijera Fede, “ojalá pete el planeta y todos a tomar por culo, por bobos”.

(Preso politikoak aske)

¿Dónde está Aurora Wiwonska?

El 7 de diciembre del 2001 la dominicana Aurora Wiwonska Marmolejos, de 22 años y madre de una niña de año y medio, en un arranque inesperado y a las puertas de un club de la capital dominicana en el que la empresa para la que trabajaba ofrecía una fiesta navideña a sus empleados, se quitó los zapatos y echó a correr por las proximidades de la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Momentos antes había sostenido una discusión con su marido que, aunque no trabajaba en esa empresa, había sido invitado por ella. A la salida del local, él se dispuso a llamar por su celular a un taxi para regresar a casa, eran más de las diez de la noche, cuando Aurora Wiwonska, según declaró el esposo, se quitó los zapatos y echó a correr. Desde entonces, y ya han pasado 18 años, nadie ha vuelto a ver a Aurora Wiwonska Marmolejos. Tal vez porque, discreta, corría descalza para no hacer ruido. Una carrera urdida de improviso, como si fuera a detenerse a los tres pasos y no tuviera intención de prolongarla todos estos años. Nada se llevó en su frenética carrera, ni un pasaporte, ni dinero, ni una maleta con ropa, ni una fotografía de su hija, nada. Tampoco se despidió de nadie, ni siquiera de su marido. Simplemente, se quitó los zapatos y echó a correr cuesta abajo, por una calle a oscuras y vistiendo una elegante falda tubo, una de esas faldas que apenas sí te permiten mover los pies. Y corriendo ha cruzado, desde entonces, su menuda figura frente a todas las comisarías de policía de la ciudad que no la vieron nunca, que nunca la han sabido; corriendo ha ido dejando atrás pesquisas inconclusas y reportes a doble espacio; siempre corriendo, Aurora Wiwonska atravesó un original y tres copias, dio la vuelta a un formulario verde, recorrió sin detenerse cuatro informes anexos, dos sellos gomígrafos y algunas presunciones, incansable al desaliento, sin que la detuvieran los indicios, ni las legítimas sospechas. Corriendo le ha pasado por el lado a tres pruebas periciales, ha dejado atrás los esperticios, ha cruzado indagatorias y testigos que sirvieron, al menos, para saber que aún corre, que Aurora Wiwonska tiene 18 años corriendo. No la ha visto la jueza que dictaminó su olímpica odisea por calles y avenidas de Santo Domingo, como si desaparecer en la República Dominicana fuera un ejercicio común e impune que no requiere más averiguaciones. No la ha visto la Policía, nadie la ha vuelto a ver, ni siquiera su hija, 18 años después. Súbitamente, sin tiempo ni para despedirse, Aurora Wiwonska decidió emprender esa carrera en la que todavía persiste y de la que nadie es responsable, como si fuera una fatal ocurrencia de medianoche, como si súbitamente le asaltaran las ganas de correr el resto de sus días y se lanzara a tumba abierta por las calles de la ciudad, hasta ella misma olvidarse de sus pasos. Y me pregunto si esa impune carrera no altera, también, la paz ciudadana, si no pone en peligro la convivencia de la familia dominicana o si es que, en esta sociedad, ser mujer no vale absolutamente nada cuando, además, se carece de recursos y apellidos.

(Preso politikoak aske)

San Andrés en Azkoitia

En Azkoitia, por San Andrés, entre otras actividades hay una que concita el interés de todos los niños y niñas del pueblo: la pintura. Se trata de distribuirse por el pueblo desde primeras horas de la mañana para, a partir de unas pautas que casi siempre son las mismas, pintar o dibujar la torre de San Martín, la Casa Negra, la plaza, el Ayuntamiento, las fuentes, el mercado, la iglesia… Casi imposible encontrar un edificio en el pueblo que no tenga delante a algunos escolares tratando de que sus pinturas sean fieles al modelo escogido. Y si digo casi es porque hay un edificio que no concursa: San Jose Egoitza. Frente a la residencia de ancianos de Azkoitia nunca vamos a encontrar a niños y niñas pintando por San Andrés. La razón es que la residencia, situada sobre un pequeño cerro a las afueras, aunque esté matriculada en Azkoitia, no está en el pueblo. Lo saben los más de tres mil vecinos que han firmado una petición entregada al ayuntamiento para que la residencia vuelva a ser parte del pueblo y que a la alcaldía un poco se la pela y un poco se la suda.

Curiosamente, la empresa a cargo de la residencia, sí la está pintando. El bueno de Eneko se ocupa de ello cuando no anda transportando residentes. Los pasillos, las barandillas… Lo que Biharko sigue sin pintar es el personal que falta.

(Preso politikoak aske)

La monarquía: una urgente necesidad latinoamericana

Siempre me ha movido a sospecha que Europa, tan dada ella a exportar a Latinoamérica sus propias recetas como infalibles, cuando no a exigirlas; tan acostumbrada a trazar sus pautas económicas, sus particulares medidas, sus criterios morales; tan pertinaz en la demanda a otras naciones de sus propios sistemas institucionales y políticos, no haya hecho nunca mención alguna de la oportuna necesidad que tiene el tercer mundo y, especialmente, América Latina, de reconvertirse en un montón de monarquías.

Esa Europa que donó a América sus lenguas, que la rescató del paganismo, que la dotó de instituciones, que la convirtió a la democracia y que se afana en conducirla por la vía del desarrollo liberal en curso, ha puesto al servicio del nuevo mundo todos los viejos conceptos y beneficios que conoce y disfruta: la tolerancia ante la opinión ajena, el respeto al bien privado, la solidez bancaria, la importancia del comercio, los valores del mercado, la autoridad de las Fuerzas Armadas… todos los viejos conceptos europeos han sido trasladados a Latinoamérica y reproducidos con generosa profusión, todos menos uno que, al parecer, guardan celosamente sólo para ellos y que se niegan a compartir: la monarquía.

Esa Europa que a lo largo de la historia se ha hecho presente en Latinoamérica exigiendo gobiernos soberanos, funcionarios honestos, jueces virtuosos y ciudadanos inteligentes, curiosamente, y mueve a suspicacia, nunca ha mostrado interés por promover en América modernas dinastías.

Pues bien, la fundación para el análisis y los estudios sociales de la que soy presidente, asesor y único miembro, todo en la misma persona, no obstante carecer de las ayudas públicas que perciben otras fundaciones semejantes que, sin embargo, no tienen mi credibilidad, ha realizado un amplio estudio al respecto de la necesidad de instaurar monarquías en Latinoamérica a pesar de los recelos de algunos analistas opuestos a algunos de cuyos aspectos más interesantes quiero revelar.

Argumentos y contraargumentos sobre la monarquía en América Latina.

1.-En América Latina no existe tradición monárquica.

-Absolutamente falso. Y supongo que no es preciso referirse a la amplia nómina de reinos existentes en América antes de 1492, todos con sus particulares características, tal como eran y son los reinos europeos, y con sus correspondientes celebraciones, intrigas, herederos y alianzas.

Tampoco voy a mencionar como antecedente de lo expuesto el patético caso de la princesa americana Pocahontas, casada con un noble empresario británico que pudo haber sido su padre de no haber sido su abuelo, en un extraño y noble cruce atlántico que, en muy poquito tiempo, convirtió a la princesa en difunta.

Por otra parte, los ciudadanos americanos, luego de la conquista, siguieron siendo vasallos de reyes europeos y viviendo en colonias de reinos ajenos, por lo que su tradición monárquica viene a ser tan dilatada como la europea, aunque no haya resultado tan fructífera.

2.-La monarquía es un sistema atrasado, propio de la Edad Media.

-En este caso, el argumento, a la falsedad de su calidad agrega la inoportunidad de su razón, porque mal puede considerarse atrasado el modelo de estado imperante en países tan desarrollados y modernos como Inglaterra, España, Suecia, Italia, Bélgica, Holanda y otros muchos más, para no detenerme en el talante de algunos presidentes europeos de demostrada vocación zarista o de emperadores a la espera de que un Papa los corone. Tampoco voy a mencionar la figura del estadounidense César Imperator que ha reeditado Roma en su peor versión y noche.

La historia de la monarquía como modelo de Estado no es característica de la Edad Media. Sus orígenes se pierden en eso que algunos llaman la noche de los tiempos pero, que se sepa, todavía atribuimos la democracia a los griegos y no por ello vamos a dejar de practicarla.

3.-La monarquía no es un modelo funcional

-Otra obvia falsedad cuyo desmentido se cotiza en bolsa todos los días. Ninguna república latinoamericana, ni siquiera la más desarrollada, puede competir en producto interno bruto, por ejemplo, con la monarquía europea de menor crecimiento. Y el concurso de las monarquías europeas ha sido reconocido como vital en la consolidación de las libertades y los derechos humanos, por todos los grandes medios de comunicación. Pocos ejemplos de lo funcional que puede llegar a ser una monarquía como el aporte de la corona española al advenimiento de la democracia en ese reino, en el que es fama la importancia que tiene para el buen ánimo de los españoles en fechas tan entrañables como la Navidad y el Año Nuevo, el tradicional mensaje de su majestad, tanto por la agudeza de sus análisis como por la carga afectiva y solidaria que desprende.

Gracias a la existencia de las casas reales es que numerosos museos y centros de arte, pueden contar con un nombre, y no cualquiera, que los identifique y distinga. Y lo mismo ocurre con ciertas competencias deportivas, centros de beneficencia y hospitales. Los rostros de los monarcas también hacen posible la acuñación de la moneda, y ocupan las presidencias honoríficas de muchísimas sociedades e instituciones en defensa de la vida, la niñez desprotegida y el medio ambiente.

Hasta en el real cometido de sus comunes acciones, son funcionales los reyes para paliar la desazón de los demás mortales, ésa que nos queda en la retina cada vez que abrimos un periódico. Y así ha sido siempre. Junto al fruncido entrecejo de Fidel, el semblante preocupado de Chaves o la fatiga en los ojos de Evo Morales, la esplendorosa sonrisa de un monarca que nos bendice el día desde un coso taurino, como cabal demostración de que mientras el convulso mundo se agita y desmorona, la vida en su reino puede seguir siendo de color.

4.- La monarquía es un modelo excesivamente caro

-Esta es, posiblemente, de todas las falsedades apuntadas, la más sobresaliente. Y es que la monarquía, por muy cara que pueda parecer, siempre será rentable. Con independencia de lo numerosa que pudiera resultar una familia real en América, donde clima y costumbres multiplican cualquier descendencia, existen en el nuevo mundo suficientes casas nobles y palacios en los que alojar a las nuevas realezas como para no tener que destinar nuevos recursos a la construcción de castillos, cotos de caza u otras nobles dependencias. El resto de bienes, mansiones, vehículos anfibios y terrestres, aeronaves reales y demás inmuebles, en ningún caso supondría un desembolso más oneroso que los que algunos altos funcionarios republicanos, que ni siquiera son nobles, distraen del erario público todos los días.

Una monarquía demanda infraestructuras competentes y seguras en las que los incumbentes puedan solazarse en los veranos y distraerse en los inviernos, por las tantas responsabilidades contraídas, y Latinoamérica cuenta con instalaciones adecuadas, por ejemplo en los Andes, donde poder esquiar, o aguas cálidas como las del Caribe para realizar regatas y cruceros. En la selva del Amazonas, aunque no se disponga actualmente de osos domésticos, podrían implementarse en el futuro medidas que compensaran esas carencias de manera que pudieran celebrarse hasta cacerías de zorros a caballo.

5.-La monarquía es una inversión que no deja ganancias.

Otra falacia más que no tiene sentido ni razón. Y es que, además de a los monarcas, príncipes y princesas, condes y marquesas, vizcondes, bufones y demás personajes de la corte, la monarquía también reporta ganancias a los vasallos, creando nuevas fuentes de empleo para cubrir todas las plazas que requiere, simplemente, la propia servidumbre real: mayordomos, choferes, nanas, guardaespaldas, jardineros, masajistas, camareros, cocineros, friegaplatos, lavanderas, relacionadores públicos…

Las monarquías, por otra parte, al margen de las partidas económicas con que los estados las retribuyen, se nutren y gestionan otros muchos recursos de particulares que son, también, fuente de empleo y de progreso.

La monarquía estimula, entre otras industrias, el turismo, la banca y la llamada prensa rosa, incrementando el trabajo de toda suerte de hoteles de invierno y de verano, de safaris salvajes, de viajes, de fotos de bautizos y exclusivas de bodas, provocando la demanda de más mano de obra, de más crupiers, de más agentes encubiertos, de más contables y albaceas, de más paparazzis y contertulios, de más periodistas, de más domadores de osos, y generando, en consecuencia, la reactivación económica y una drástica reducción del desempleo.

6.- Los latinoamericanos no dan la talla como posibles monarcas.

Argumento que no sólo es insultante sino que, además, ofende.

El que podría ser futuro monarca dominicano, por ejemplo, Leonel I (El Reilegido) tal vez no sea capaz de competir con Juan Carlos I en las artes de cazar osos borrachos, y ni siquiera es fama que beba, pero nadie mejor que él para hilvanar, sin un solo parpadeo, el marco conceptual del desarrollo sostenido y sustentable.

Es posible que Bolsonaro no pueda compararse en donaire y gracia con el príncipe Ernesto Augusto de Hannover cuando, en visita a la feria de esa ciudad, hace ya unos cuantos años, impulsado por una repentina y urinaria urgencia, desabotonó temores y prejuicios y terminó meando, casualmente, sobre el pabellón turco. De justicia, sin embargo, es reconocer las habilidades en ese mismo sentido de Bolsonaro que, sin tener que ser internado, como el príncipe de Hannover, una semana en una clínica de lujo para superar su incontinencia, se meó y se cagó en la soberana voluntad de Brasil. Y ningún monarca como Piñera, Lenin Moreno, Luis Almagro, Guaidó o Iván Duque, así como una reina a la altura de la casa real británica como la boliviana Jeanina Añez para poder instaurar la guillotina en Latinoamérica

Las pasiones ocultas de monarcas europeos y sus secretos amoríos, con todo y el encanto con que nos han sido narradas, tampoco harían palidecer de envidia las historias de camas paralelas en no pocos futuros monarcas latinoamericanos, y me excusan si por discreción evito los ejemplos.

7.- Los monarcas latinoamericanos no tendrían sangre azul

-Inconveniente que, si en un principio, podría invalidar la propuesta, pierde trascendencia, sin embargo, ante el espectacular avance de la Biología y los progresos tecnológicos registrados en estos últimos años. Máxime, cuando en las propias casas reales europeas son cada vez más frecuentes los miembros que carecen de ese peculiar grupo sanguíneo. En última instancia, no hay problema sanguíneo que no pueda resolverse con una oportuna transfusión.

8.- Los posibles reyes latinoamericanos carecen de experiencia laboral

Evidentemente, ningún presidente latinoamericano puede alegar en su favor la experiencia como monarca que no tiene, pero tampoco semejante contratiempo le cerraría la puerta a la posibilidad de coronarse. No pocos administran las republicanas democracias a sus órdenes como si fueran feudos, y hasta han reconvertido sus partidos políticos en casas reales colmadas de príncipes herederos que no siempre, como las europeas, dan su visto bueno a la sucesión que se establezca.

La implementación de cursos acelerados de esquí, caza mayor, equitación y navegación a vela, serviría para corregir las posibles debilidades de los monarcas latinoamericanos en esos menesteres, con la misma eficacia con que un taller o seminario sobre etiqueta y protocolo refinaría sus gestos y maneras, su dicción, su saber estar.

En conclusión, determina el informe, Latinoamérica está preparada para disponer de monarcas a la altura de los europeos.

¿Por qué entonces Europa no promueve la monarquía en el tercer mundo? ¿Será que se avergüenza de ella y no quiere exponer a otras naciones a la desgracia de tener que pagarla y padecerla?

¿Será que la tiene en tanta estima que, egoístamente, no quiera compartirla?

¿Teme Europa acaso que puedan infiltrarse, vía matrimonio, no pocos príncipes y princesas americanas que desnaturalicen sus casas reales?

¿Será que a mayor nobleza circulante, mayor depreciación de la realeza?

(Preso politikoak aske)