Oficio de trileros

Cumbre climática a la vista y los trileros que aprovechan para salir a escena.

De cubilete en cubilete, sin mover las manos, la pasa por arriba, la pasa por debajo, la quita, no la cambia, la gira, no la mueve… ¿Dónde está la palabra?

El Tren de Alta Velocidad, ese millonario negocio entre cubiletes, al decir del Gobierno Vasco (lo leía ayer en Gara) será coherente con la Declaración de Emergencia Climática. Y hasta es posible, cuando venga otra cumbre climática, que se acabe techando el tren de maceteros, por supuesto sostenidos y sustentables, con gardenias y margaritas… y tal vez, de sus chimeneas de colores o de sus mágicos desagües sea posible también que el tren vaya esparciendo polen por los campos en flor…

Es el juego de siempre. Son trileros de la palabra y en cuanto se echan una cumbre climática a la vista se motivan.

De cubilete en cubilete, sin mover las manos, la pasa por arriba, la pasa por debajo, la quita, no la cambia, la gira, no la mueve… ¿Dónde esta la palabra?

La maldita incineradora, ese otro negocio millonario urdido por debajo de la mesa con artes de trilero y oficio de contable, ha pasado a llamarse Complejo Medioambiental de Zubieta.

Como dijera aquel experto trilero en un arranque de sinceridad, aquí no hay corrupción… Aquí lo que hay es clientelismo… Clientelismo verde.

(Preso politikoak aske)

Bolivia

Sí, es verdad, como dicen los grandes medios cuando la violencia viene de abajo, la violencia no es buena, provoca sufrimiento, dolor, también la ruina de un país. “Protestas en Chile dejan ya 23 muertos”, “Protestas ocasionan muertos y heridos en Ecuador”. Y es que los muertos no los provoca la brutal represión del gobierno chileno o ecuatoriano sino las protestas. Obviamente, las protestas tampoco son buenas, ocasionan sufrimiento, dolor, también la ruina de un país… pero como, desgraciadamente, las oligarquías latinoamericanas y el miserable mundo del negocio, no acaban de entenderlo y con los auspicios del régimen estadounidense se dedican a dar golpes de Estado cuando las urnas no les garantizan el poder, tienen mi comprensión y todas mis bendiciones cristianas y paganas, quienes en Bolivia crucifiquen a ese evangélico fascista y paramilitar de apellido Camacho y arrasen los cuarteles de los golpistas; y mi bendición también para quienes revienten a Piñera, a Bolsonaro, a Guaidó, a Duque, a Moreno y demás asesinos patrocinados por la OEA y Estados Unidos, hasta que el sufrimiento y el dolor les resulte tan insoportable a esos canallas que terminen renunciando a su maldita violencia, hasta que la ruina les sea tan dolorosa a esos miserables oligarcas, que nunca más se les ocurra dar un golpe de Estado.

(Preso politikoak aske)

¿Alguno del que se acuerde?

Sabes que tienes que dar una respuesta y que, posiblemente, no cuente la verdad, así que sonríes mientras finges una repentina sordera que te permita ganar tiempo… -¿Cómo dice?

No has superado el desconcierto pero al menos estás controlando el pánico. Una sonrisa más tarde respondes… -¡Sí, yo leo!

Te gustaría seguir repitiendo que sí, que lees, que no tanto como quisieras pero que lees, que desde siempre, en cuanto te levantas, antes de acostarte, en el baño, que lees de todo… a la espera de que la periodista que te eligió al azar entre los que íbamos por la calle se dé por satisfecha. No va a ocurrir. Cuando te interrumpe no es para darte las gracias por colaborar en el reportaje sino para seguir hurgando en la herida: -¿Cuál es el último libro que ha leído?

Tú ni te inmutas. Y volverse de piedra, congelada la sonrisa y la respuesta, no es una técnica de evasión de la que seas experto sino la tonta consecuencia de no saber qué carajo hacer. Piensas en echar a correr pero hasta para la huida se requiere valor; piensas en buscar en el reloj la excusa… solo toser sería más grotesco, así que descartas todo lo que no sea sonreír mientras ella se ajusta el pinganillo de la oreja y, generosa, amplia el perímetro de busca y te acerca el micrófono a la boca:

– ¿Alguno del que se acuerde?

(Preso politikoak aske)

…y un árbol viejo

Si llegara a ocurrir que un feliz día acabaras perdiendo la cordura, que extraviaras los puntos y las comas y, de improviso, amanecieras ida, extrañamente insana, perdidamente loca.

Si llegara a ocurrir que toda sensatez te fuera ajena y te diera lo mismo salir a tus adentros que entrar a tus afueras.

Si llegara a ocurrir que a los sentidos dieras rango de causa celebrando la fe de la quimera y fuera el discernimiento algo más comprensivo, la prudencia objetada por su notoria tendencia a envilecerse, el respeto emplazado a definirse y el derecho puesto del revés.

Si ocurriera que un día que no llega ganara el desvarío las apuestas y no le diera tregua a la razón ni calendario al tiempo y acabáramos los dos perdiendo el juicio… como sentencia acato y te propongo una sencilla mesa de madera en que acodar los sueños y hasta presumo aliento para hacerlos al camino. Sospecho un día de lluvia y que el sol que amanezca no nos halle dormidos; también algunas risas, ni tantas como para aturdirnos ni tontas como para perdernos, y ya como recurso ante el dictamen que imponga la demencia, acato y te propongo que no falte la música, y que en descargo a la locura, además de memoria y pensamiento, haya de vez en cuando luna llena, así le guste al cielo o le disguste, y una ventana azul y un árbol viejo.

(Preso politikoak aske)

A Iñaki

La muerte no siempre avisa. A veces llega de improviso y nos sorprende esperando un nuevo día.

A Iñaki Alberdi Arruti, setenta años dedicados a la música como clarinetista de la banda municipal de Azpeitia de la que también fue director ocasional, quien no lo sorprendió dormido fue la vida porque sus casi 85 años fueron una hermosa y fecunda propuesta de vida, ejercida en la casa y en el pueblo y compartida con sus familiares, amigos y vecinos. Su funeral, la pasada semana, fue una emotiva demostración del respeto que se le tenía en todo el valle.

Los miércoles, a eso del mediodía y en el bar Eguzkitza de Azpeitia, Iñaki y Jesús, dueño del bar, a los que solía incorporarse “Schubert”, tenían por costumbre repasar esta columna hasta que, cerradas las deliberaciones entre blancos y aceitunas, el tribunal dictaba sentencia. Las más de las veces absolutoria, incluso celebrada, otras objetadas y alguna incomprendida… “baina, zertaz idatzi duzu gaur?”

La verdad Iñaki es que no sé por donde andas ahora, tal vez en compañía de tu tocayo Pío, y si sigues los miércoles dándole vueltas a esta columna hasta ponerla del derecho y del revés. Por si acaso, te cuento que hoy la columna es un abrazo grande, a dos manos, y la certeza de que no voy a llorar tu muerte más allá del dolor de tu partida porque pocos como tú me han enseñado a celebrar la vida. Y de eso se trata, de celebrar la memoria del que se va para que no se vaya nunca. Eskerrik asko Iñaki.

(Preso politikoak aske)