…y un árbol viejo

Si llegara a ocurrir que un feliz día acabaras perdiendo la cordura, que extraviaras los puntos y las comas y, de improviso, amanecieras ida, extrañamente insana, perdidamente loca.

Si llegara a ocurrir que toda sensatez te fuera ajena y te diera lo mismo salir a tus adentros que entrar a tus afueras.

Si llegara a ocurrir que a los sentidos dieras rango de causa celebrando la fe de la quimera y fuera el discernimiento algo más comprensivo, la prudencia objetada por su notoria tendencia a envilecerse, el respeto emplazado a definirse y el derecho puesto del revés.

Si ocurriera que un día que no llega ganara el desvarío las apuestas y no le diera tregua a la razón ni calendario al tiempo y acabáramos los dos perdiendo el juicio… como sentencia acato y te propongo una sencilla mesa de madera en que acodar los sueños y hasta presumo aliento para hacerlos al camino. Sospecho un día de lluvia y que el sol que amanezca no nos halle dormidos; también algunas risas, ni tantas como para aturdirnos ni tontas como para perdernos, y ya como recurso ante el dictamen que imponga la demencia, acato y te propongo que no falte la música, y que en descargo a la locura, además de memoria y pensamiento, haya de vez en cuando luna llena, así le guste al cielo o le disguste, y una ventana azul y un árbol viejo.

(Preso politikoak aske)