La marca del PP o el porqué la mierda hiede

 

Hay noticias que, por sí solas, ya tendrían delito, pero cuando el azar las hace coincidir en la misma mañana y en el mismo periódico y página… hay noticias que, además, rechinan.

Ocurrió en estos días. La primera noticia estaba relacionada con la presentación de las candidaturas del Partido Popular en Castilla-La Mancha. Doña Cospedal y don Mariano se encargaron de la maestría de la ceremonia. Ambos reivindicaron en sus discursos el orgullo que representa ser del Partido Popular y la importancia de  ensalzar “la marca del PP”, e invitaron a los candidatos a recorrer los pueblos de la región dando mítines, sin temor alguno, juntarse con la gente y, sobre todo, que cuando se refieran a lo que se está haciendo desde el gobierno, de los brotes verdes al final del túnel, que se hable “con mucho orgullo, como militantes del PP y a mucha honra, porque eso es lo que somos todos los que estamos aquí”.

La segunda noticia, casi a la misma altura que la anterior y en el mismo medio,  daba cuenta de un fallo de la Audiencia Provincial de Murcia por el que se condena a una mujer envuelta en una discusión de tráfico con otro conductor en el barrio El Campillo de El Esparragal, a una multa de 30 euros por haber insultado a éste llamándole: “pepero”.

(Euskal presoak/Euskal etxera)

 

Independencia

Basta que un mudo la murmure de espaldas para que se agiten sus señorías en las audiencias, los honorables en el Congreso y los nostálgicos en sus trincheras. Y la verdad es que sorprende que un concepto tan hermoso provoque tantos respingos, tanto espanto.

Al margen de su virtud, que quien no la festeja sólo aspira a poder celebrarla alguna vez, “independencia” es uno de los conceptos mejor relacionados y hasta el diccionario la vincula con otros valores como “soberanía” y “libertad”. De hecho, de la “independencia” hasta la guerra celebramos.

Tampoco hay mayor fundamento en cualquier proceso educativo que hacer posible la independencia de sus educandos. Educamos a nuestras hijas e hijos para que tengan sus propios criterios, tomen sus decisiones y sean independientes. Esa es la razón de ser de la educación.

Requisito imprescindible para el logro de cualquier convivencia, no se concibe una relación equitativa, democrática y plural, en la que sus partes no sean independientes.

¿Por qué entonces ese temor hacia un concepto, hacia una “independencia”, que todos los países que pueden disfrutarla la celebran? ¿Por qué ese miedo a que el otro disponga, también, de tus mismos derechos y gozos? ¿Cuál es el problema de querer la independencia?

(Euskal presoak/Euskal etxera)

 

En picado

Piloto y copiloto siguen juntos en la cabina y se alternan al gobierno de los mandos del avión.

Terminada la cena, los pasajeros se relajan satisfechos en sus asientos y comparten impresiones, tranquilos, hasta de buen humor, conscientes de que están en buenas manos mientras el avión, a velocidad de crucero, cae en picado.

Una vez solventada con éxito la leve desaceleración inicial que algunos se empeñaran en calificar de recesión, se restablece la ruta al tiempo que los pasajeros se distraen siguiendo en sus pantallas la película “Luces al final del túnel”, una cortesía de la línea aérea que también dispone en su “tienda a bordo” de un amplio catálogo de productos para los pasajeros interesados en adquirir a bajo costo estampitas de la Virgen del Rocío y de Santa Teresa de Jesús, así como mantillas, peinetas y mordazas.

-“¡El vuelo va bien!”- se escucha por la megafonía del avión la convincente voz de los pilotos buscando tranquilizar cualquier posible asomo de duda.

Cuando las azafatas terminan de recoger las bandejas con las urnas, ya contados los votos, se celebra la renovada confianza de los pasajeros en la pericia de los pilotos.

-“¡Ya se distinguen brotes verdes”!- vuelven los pilotos a dejarse oír mientras el avión cae en picado.

(Euskal presoak/Euskal etxera)

 

 

Engañé a todo el mundo

En ese amplio inventario de sinceros embustes y mentidas verdades en el que desde hace años vengo andando y, sobre todo, tosiendo, hora va siendo de acabar confesando lo que, en cualquier caso, ya para nadie debe ser un secreto… y es que, engañé a todo el mundo.

Engañé a mi esposa que, cada vez que se enfrentaba a un beso, siempre temía encontrarse en mis labios ese insoportable aroma del tabaco adherido a mi ropa y a mi cuerpo.

Engañé a mis hijas, sorprendidas de los tantos caramelos rondando por mis dedos y que aún siguen pensando era por ellas que los iba guardando en mis bolsillos.

Engañé al médico, al que le juré y le perjuré haber dejado el cigarrillo tantas veces como insistió en preguntármelo.

Engañé a mis amigos, a esos que bien me quieren, preocupados porque fuera capaz de proscribir los humos para siempre en mis pulmones y encontrara el amparo de sus buenos deseos.

Engañé a mis enemigos, también a ellos, a los que tanto estimo, temerosos de que fuera verdad mi pública abstinencia y acabaran por morder el polvo sus peores augurios.

Me engañé a mí mismo y me engañé hasta el punto de no saber después de tanta excusa, de tanto pretexto, quién es el yo que miente y quién el yo sincero.

Engañé a todo el mundo… menos al enfisema.

(Euskal presoak/Euskal etxera)

 

Elecciones animales

Se atribuye al escritor mexicano Guillermo Aguirre y Fierro el poema que comparto unas líneas más abajo y que, no obstante haber sido publicado en 1926, con el paso del tiempo no sólo no ha perdido gracia sino, lo que es peor, ha ganado vigencia.
En su amplio repaso por las elecciones animales el poema de Aguirre refleja ciertas humanas tendencias que debiéramos tener en cuenta quienes aún aspiramos a abandonar la selva. Y lo digo ahora que estamos en elecciones, porque de la lectura del poema podría desprenderse alguna luminosa consecuencia para quienes se atrevan a responder a la pregunta con que el escritor concluía su fábula:
 “El león falleció, ¡triste desgracia! y fueron,
por vivir en democracia,
a nombrar nuevo rey los animales.
Aunque a algunos les parezca tonto,
las ovejas votaron por el lobo;
como son unos buenos corazones,
por el gato votaron los ratones,
y a pesar de su fama de ladinas
por la zorra votaron las gallinas.
La paloma, inocente, votó por la serpiente;
las moscas, nada hurañas,
decidieron que reinaran las arañas.
No tuvo el topo duda, como tampoco queja,
mientras votaba por la comadreja;
los peces, que sucumben por la boca,
entusiastas votaron por la foca.
Por no poder encaminarse al trote
un pobre asno quejumbroso y triste
se arrastró a dejar su voto por el buitre;
el caballo y el perro, no os asombre,
como siempre, votaron por el hombre.
Amigo lector ¿qué inconsecuencias notas?
Dime ¿no haces tú lo mismo cuando votas?”.