El día en que la calle se dirigió al Congreso

 

Señorías… nos encontramos en una situación extraordinariamente dura, estamos viviendo un momento crucial que determinará nuestro futuro, pero esta es la realidad y no caben ni fantasías ni ocurrencias. Las próximas patadas que nos disponemos a repartir entre sus señorías es lo único que podemos hacer, y no me pregunto si me gusta porque, o todos unidos os entramos a patadas o nuestras piernas serán estériles. La única pregunta que debe importarnos  es ¿servirá de algo? Y la respuesta es sí… porque hacemos lo que debemos hacer, porque es nuestra obligación, porque es el único camino que conduce a la recuperación y al crecimiento. Así tengamos que entraros a guantazos, a cachetes, a leñazos, lo vamos a hacer siempre pensando en los intereses de los españoles de hoy y del mañana, en beneficio de los que nos aplauden, de los que se callan e, incluso, de los que nos provocan.

Yo soy el primero en estar haciendo lo que no me gusta: dije que renunciaba a las patadas y estoy hablando de repartir patadas; dije que volvería a poner la otra mejilla y estoy hablando de partiros la cara, pero hago lo único que se puede hacer y no tenemos nada de lo que avergonzarnos.

Sé que las patadas que nos disponemos a aplicar van a ser duras, pero son inevitables, y van a ser repartidas por este pueblo entre sus señorías con sensibilidad, con comprensión y humildad.

Sé que habrá algunos que se resistan a nuestras patadas que, repito, sé que son dolorosas, también difíciles, pero la mayoría silenciosa de buenos españoles afrontarán el paquete de hostias que ya hemos dispuesto con aplomo y serenidad para que salgamos de esta crisis con perseverancia y esfuerzo.

Los excesos del pasado se pagan en el momento presente, y el reto que tenemos por delante es aplicar a las nalgas de sus señorías patadas que nos vienen impuestas por la delicada situación por la que atravesamos y que cuentan con la aprobación de nuestros socios y amigos europeos. Hay que hacer frente a la actual crisis de manera que podamos construir un futuro mucho más seguro para sus señorías que quieren que este pueblo no sólo les diga la verdad, sino que también se la patee.

Y es por ello que, como parte de ese paquete de patadas que hemos aprobado se ha dispuesto duplicar a sus señorías, congresistas y senadores, las patadas extraordinarias por Navidad; vamos igualmente a bonificar con un 25% de puntapiés las nalgas de las organizaciones empresariales y de la Casa Real; vamos a aumentar a partir del 1 de septiembre del 17 al 21% la tributación de patadas y coces al sector financiero y bancario; vamos a acreditarles un 10% del PIB (Patada Interna Bruta) a las distintas familias de mercachifles que se reparten los medios de comunicación; y vamos a exigir que en las comunidades autónomas se proceda al mismo reparto de patadas, hasta que el déficit de puntapiés que nos sigue afectando encuentre su estabilidad en las mullidas nalgas de sus señorías y demás cortes, recortes y consortes.

Y va a ser cada semana, cada viernes, cuando vuelva a ponerles al corriente, si no tuviéramos más remedio, de la emisión de nuevos reajustes en sus nalgas. Muchas gracias por las nalgas que nos están dispensando. ¡Ah… y que se jodan!

¿Por qué no recortar ministros?

Ahora que los cretinos y delincuentes que gobiernan el Estado español, en su afán por sostener su mugriento tinglado y seguir recortando los más elementales derechos humanos, ya no cuidan las formas, ya no tienen vergüenza, ya no estiman reparos; ahora que esa recua de honorables chorizos en Audiencia, esa caterva de mangantes con despacho en Palacio y asiento en el Congreso ya no encuentran a mano qué otro derecho pueda ser rebajado, limitado, reducido; ahora que los recortes se han llevado hasta la gratuidad del agua en los hospitales, … ¿por qué no recortar, también, su prepotencia, esa burda arrogancia con la que van y vienen entre coces y copas?

Bastaría con que recortara sus desplantes quien responde como ministro del Interior español, ante la sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos que ha condenado por unanimidad al Estado español a liberar a una mujer vasca presa ilegalmente y a indemnizarla con 30 mil euros. Y son 60 presos vascos más los que esperan sentencia e indemnizaciones semejantes mientras el Estado español desacata el fallo de un tribunal del que es signatario. Alrededor de 2 millones de euros, amén de los gastos que se deriven de los juicios, y que habría que sumar a otras sentencias e indemnizaciones anteriores por detenciones improcedentes y torturas va a suponerle al Estado español su chulesca arrogancia.

¿Por qué no, entonces, recortar bravatas, ridículos, vejaciones, fantasmadas, abusos, prohibiciones,  atropellos, torturas…? ¿Por qué no recortar ministros?

 

Fármacos que seguirán siendo públicos y gratuitos

Cronopiando

De cara a compensar los precios que cientos de medicamentos van a alcanzar a partir del lunes en todo el Estado español y los inconvenientes que semejantes alzas puedan suponer a la ciudadanía, ya el gobierno ha dispuesto, con la aprobación del parlamento europeo, la gratuidad absoluta de otros vitales fármacos de masivo consumo, así como su expendio no sólo en farmacias sino en cualquier otro centro o establecimiento interesado y sin necesidad de prescripción médica.

A tal fin, los medicamentos que se distribuirán sin costo alguno, ni siquiera receta, con objeto de contribuir a la mejora de la salud son los siguientes:

Para tratamientos antidiarréicos y del estreñimiento: Laxantes deportivos compuestos de cuero televisivo contra la secreción intestinal y déficit neuronal severo. Por ejemplo, copadiramina, ligaprofeno, champiocetamol, euroinflamatorios y mundialitadores en general. Del mismo modo,  quedarán exoneradas de pago alguno las tauroxerutinas nacionales.

Para tratamientos de hemorroides se han dispuesto: Antipropulsivos financieros, vinburminas hipotecarias y las credicinolonas. También: vasidilatahorros periféricos, como bankamina y sucursalcoides de empréstitos alternos, botinpradinol y recapitaprofenos. Y de igual manera serán distribuidos por viviendas, escuelas y demás centros sociales, todos los recorticoides necesarios.

Para tratamientos de virosis tópicas o superficiales va a repartirse gratuitamente borbontandina al por mayor y sus derivados y genéricos, al igual que vaticanofurilos pedofilotoxinas y opusdeinas retrovirales.

Para tratamientos contra la tos, náuseas y vómitos, así como congestiones, mantendrán su gratuidad la coperastina, la interocodamina, los mundolíticos y otros fármacos del país.

Para quienes padezcan inflamaciones de origen traumático o no terminen de degerir y asimilar estas medidas, se han dispuesto igualmente, nuevas emisiones de fármacos gratuitos como los: pikoletoprofenos, pasmaina y maderotamol tanto nacional como comunitaria.

Todo sea por la salud

«El día de la impunidad no ha llegado»

Tal vez no fuera su intención pero cuando el ministro de Justicia español, Alberto Ruiz-Gallardón,  al referirse a la legalización de parte de la sociedad vasca, declaró convincente que “el día de la impunidad no ha llegado” y que “los demócratas serán la sombra de los que no defendían la democracia”, cerca estuvo de provocar, sin pretenderlo, una alarma social de incalculables proporciones.

Y es que ya me parecía estar viendo a todos los evasores que ocultan sus fortunas en paraísos fiscales, que han blanqueado hasta la sombra de la que hablara el ministro y a quienes se había asegurado la amnistía,  organizar marchas a Madrid,  levantar barricadas y enfrentar los nuevos recortes a la impunidad que señalara el ministro. Como desacatarían el anuncio del máximo representante de la justicia española todos los implicados en los cientos de asesinatos a cargo del Estado, con independencia de qué siglas encubrieran el crimen y qué letra del abecedario su nombre. Ellos, de los que sólo algunos pasaron por los tribunales de justicia para que, de entre esos algunos, aún fueran menos los condenados a tránsito en la cárcel, y que hoy son eminentes asesores, escriben libros, se van de vacaciones, representan a empresas, ostentan cargos…  no iban a tolerar más atropellos y ya debían estar a punto de declararse en huelga de hambre o de exiliarse a Laponia en busca de trabajo.

Pero el ministro, en lugar de enmendarla, volvía por sus yerros y recalcaba sus irrenunciables intenciones: “que nadie cometa el error de pensar que la Justicia va a dejar de funcionar o que el Estado va a renunciar a investigar, detener y juzgar a todos aquellos que se sitúan al margen de la ley”.

Y ya imaginaba a todos los ilustres delincuentes al frente de administraciones bancarias y otros despachos,  volcar contenedores, quemar cajeros o caerles a pedadras a las lunas de los bancos. Como se declararían en rebeldía, ocuparían edificios y enfrentarían a las fuerzas del orden, todos los mangantes oficiales en gobernaciones, en ayuntamientos, en parlamentos y tribunales, que  habían creído a salvo sus bien recompensadas biografías.

Suerte que el ministro, que tampoco olvida su pasado, antes de incorporarse en alguna plaza a los perroflautas indignados, recuperó su lucidez habitual y resolvió el embrollo: “que nadie desconfíe de la democracia española”.

Y nadie desconfía, ni siquiera ellos. Su hedor es inconfundible.

 

 

¿Visionarios o ciegos?

Circula por internet un texto de Thomas Jefferson, principal autor de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos y tercer presidente que tuvo ese país, y que no me resisto a compartir:

“Las instituciones bancarias son más peligrosas para nuestras libertades que ejércitos enteros listos para el combate.

Si el pueblo americano permite un día que los bancos privados controlen su moneda, los bancos y todas las instituciones que florezcan en torno a los bancos, privarán a la gente de toda posesión, primero por medio de la inflación, enseguida por la recesión, hasta el día en que sus hijos se despertarán sin casa y sin techo sobre la tierra que sus padres conquistaron”.

Muchos de los comentarios agregados al texto, que dos siglos más tarde expresa en sus efectos la crónica diaria de todos los medios de comunicación, resaltan la increible capacidad visionaria de Jefferson para adelantarse a los tiempos, para predecir el futuro.

Pero ahí es donde a uno, al margen de agradecer la cita, le asaltan las dudas porque ¿era realmente Jefferson un iluminado? ¿No sería que los demás optaron por mirar para otro lado? ¿No es acaso el visionario la consecuencia de tanto distraído conformista, cuando aquel, simplemente, se niega a cerrar los ojos?

En un mundo de ciegos el tuerto no es el rey, sino el visionario, ese que se atrevió a predecir que si le echas leña al fuego va a acabar ardiendo y al que los ciegos, casi siempre, también acaban quemando. Y no hace falta ser un visionario para saberlo, sólo negarse a practicar el viejo proverbio de “dame pan y dime tonto”.

Debiera tenerlo en cuenta esa caterva de políticos pirómanos con licencia que, además, se las dan de bomberos y pretenden, los mismos que han generado el incendio, rescatarnos del siniestro que su perversa ambición provocara.