¿Por qué se cayó el anciano?

En el comedor de una residencia de mayores que podría ser cualquiera de las que están en manos del negocio, un residente espera el desayuno. Dos auxiliares van trayendo, de uno en uno, a los ancianos desde sus habitaciones una vez los levantan, los visten y asean. No queda tiempo ni para mirarse. El residente que espera sentado el desayuno cada vez se muestra más nervioso.

Le han dicho que no se levante y sabe que no puede hacerlo, que debe estar quieto en la silla a la espera de que venga la auxiliar, que puede caerse, que tampoco sería la primera vez que acaba en el hospital y, de hecho, porque lo sabe es que sigue sentado, pero pasan los minutos y le urge levantarse. Vuelve a pedirle calma una auxiliar que rauda llega al comedor con otro residente antes de irse en busca del siguiente.

Tras algunos amagos, el residente apoya las manos en la mesa e incorpora lentamente el cuerpo, hasta ponerse de pie entre la silla y la mesa. No puede esperar más… y ocurre lo que temía.

La insoportable falta de personal en las residencias del negocio provoca toda clase de conflictos y accidentes, a veces mortales. No es este el caso. La urgencia era intestinal y el residente necesitaba ir al baño. Una vez se puso en pie se cagó encima.

(Preso politikoak aske)

De relieve

Nada como la realidad para valorar las inversiones que hacemos, y nadie como el rey Felipe VI para saberlo.

Durante la celebración de la “pascua militar”, acto con el que se inicia el “año militar” y en el que se hace balance del que termina, de las guerras habidas, de las armas que se compraron, de los nuevos uniformes de la tropa, además de los tradicionales repartos de medallas, también suele haber discursos, y el rey, tan ambiguo a veces, en esta ocasión quiso ser preciso y afirmó que “la invasión rusa de Ucrania ha puesto de relieve la importancia de invertir en Defensa”.

Importancia puesta de relieve, por cierto, en toda circunstancia porque cualquier inundación o incendio pone de manifiesto la necesidad de invertir en Defensa para suplir la falta de bomberos; cualquier pandemia pone de relieve la necesidad de inversión en Defensa para compensar con sanitarios militares las carencias de médicos y enfermeras en los hospitales públicos; cualquier crisis o huelga pone de relieve la importancia de contar con militares que se ocupen del control aéreo, de la educación en las aulas, de la basura en las calles…

Al fin y al cabo, cada vez que los Borbones abren la boca o la bragueta, si algo ponen de relieve es la urgencia de invertir en la república.

(Preso politikoak aske)

La uva nº 13

Habemus año y, además, nuevo, porque si una palabra se repite en los titulares, así vengan servidos en las cenas o desde las pantallas, esa palabra es “nuevo”. “Nuevo” no tiene porqué ser bueno ni tampoco verdad, solo es el adjetivo líder en todas las listas navideñas.

Y es que es nuevo el viejo tribunal, como son nuevas las alzas reiteradas de precios, las nuevas medidas en los aeropuertos, los nuevos controles en todas las fronteras.

“¿Estamos ante una nueva guerra fría?” “¿Nos enfrentamos a una nueva variante del virus?”, “¿Se deben implementar nuevas dosis, nuevos modelos, nuevos confinamientos? ¿Necesitamos nuevos protocolos y vacunas?

Y es nueva la colonia de todos los años mientras Ronaldo anuncia su nuevo fichaje por un equipo saudí y Lahoz protagoniza un nuevo show con el pito en la boca, y hay nuevos despidos y nuevas protestas y hay nuevos detenidos y nuevos desahucios y nuevas las evidencias que el nuevo juez evaluará en su día, según disponga el nuevo tribunal… y una nueva mujer asesinada y otra nueva mujer asesinada y una última hora con que se cierra el año con una nueva mujer asesinada. ¡Ser mujer sigue costando la vida!

Ahora que ya nos comimos las uvas, en confianza, lo peor del año viejo es que no termina.

(Preso politikoak aske)

Divididos

Basta que se mueva en el aire una brizna de juicio, que asome al nuevo día un soplo de cordura y lo haga, además, en una lengua que no sea el castellano, para que se venga arriba el patio nacional y cunda la voz de alarma: “¡España se rompe!”, “¡La Constitución se quebranta!”, “¡Cataluña se fractura!”, “¡Euskadi se quiebra!”…

Quienes nunca han creído en el valor de la palabra sino en el exabrupto; en la virtud de la verdad sino en la infamia; en la importancia de la justicia sino en sus santos cojones, sacro argumento que convierte sus citados atributos en reales razones y su bragueta en enseña patria, claman contra tanto estropicio en curso y lamentan que estemos divididos.

Hay que reconocer que en eso llevan razón. Es verdad, estamos divididos, lo hemos estado siempre y, me temo, que lo vamos a seguir estando por mucho tiempo, quizás hasta que la justicia no sea un esperpento y el derecho una mala palabra; hasta que la fortuna de unos no disponga la ruina de todos; hasta que el miedo no pese más que la razón; hasta que la verdad pueda ser rehabilitada; hasta que el respeto sea restaurado y la impunidad no salga agradecida; hasta que no queden en las cárceles vergüenzas con cargos y en las poltronas de la justicia cargos sin vergüenza.

(Preso politikoak aske)

Preguntas reservadas

Preguntas reservadas

Koldo Campos

Inquieta pensar que la única fase en la vida de un ser humano caracterizada por su afán de saber, hasta el punto de merecer para la ciencia un sesgo universal tipificado como fase del “porqué”, sea la infancia, sean esos primeros años en los que, además de cultivar otras artes marciales, los seres humanos hacemos preguntas, la única fase en el ciclo de la vida en la que se reconoce la demanda de respuestas como rasgo más sobresaliente.

Y sí, es verdad, a esa edad ¿qué más podrían hacer esas pobres criaturas sino preguntas? Lo ignoran todo y, en consecuencia, todo quieren saberlo. De ahí que familia, escuela y sociedad, casi al compás, deban ocuparse de que esa “fase del porqué” sea lo más breve posible y no vuelva a repetirse. Basta con censurar la espontaneidad (¡Guarden silencio!), denigrar la imaginación (¡No digan tonterías!) y desterrar de las aulas, los hogares y las calles, la capacidad de asombro y el derecho a demandar respuestas.

¿Qué pasa después? ¿No sería posible otra cuestionadora fase a los treinta, o un rebrote, entre inquisitivo y curioso, tal vez a los setenta? ¿Ya lo sabemos todo? Pues sí. Las preguntas quedan reservadas a los crucigramas, los concursos y las ruedas de prensa del ministro, del torero y de Ronaldo.

(Preso politikoak aske)