Gramática

Descabezar, destrozar, desmantelar… son verbos, cotidianos verbos, siempre en boca de todos pero solo en manos de los mismos. Ayer era Netanyahu, primer ministro israelí el que apelaba a ellos: “Hay que desmantelar la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos”.

Hace unos días fue la vicepresidenta española Sáenz de Santamaría la que se jactaba y reconocía haber desmantelado el proceso catalán: “¿Quién ha hecho que los independentistas no tengan líderes porque están descabezados?”

El periódico El País ya lo había anunciado en octubre: “Rajoy descabeza el referéndum ilegal”.

Antes fue el director de la Oficina Antifraude en Catalunya, Daniel de Alfonso, cuando se felicitaba junto al ex ministro de Interior español Fernández Díaz, de los grandes éxitos obtenidos: “¡Les hemos destrozado el sistema sanitario!”

Y hay partidos europeos como el de la Libertad en Holanda y en Austria, la Liga Norte italiana, Alternativa para Alemania o el Frente Nacional de Le Pen que también insisten: “Hay que desmantelar la Unión Europea para salvar a Europa”.

No, no es kale borroka, es el signo de los tiempos que nos proponen los jíbaros en los tres verbos que mejor conjugan. Y así ha de ser hasta que todos aprendamos gramática, aunque sea parda.

(Euskal presoak-euskal herrira)

Deseo para Año Nuevo

 

Por ahí andan los sesudos contertulios de todos los grandes medios debatiendo si sería legal o inconveniente que Puigdemont desde el exilio o Junqueras desde la cárcel gobernasen la república catalana. Hasta Urkullu, el mejor alumno de la clase, ha levantado la mano y, con la venia, ha cerrado el debate ante el aplauso del profesor: “para dirigir un país hay que estar presente”.

El problema es otro y, por cierto, tampoco es catalán. El problema que tiene el Estado español es, simplemente, que la mayoría del pueblo catalán quiere ejercer su derecho a decidir y “M.Rajoy”, sea porque es un cretino o porque (él mismo lo confirmó) es un cretino que vive en el 2016, se niega a aceptar que los independentistas ganaron de nuevo en las urnas a pesar de la represión, del miedo, de las amenazas y del fraude.

Tengo la impresión de que, si pudiesen elegir, Puigdemont o Junqueras optarían por gobernar Catalunya desde la Generalitat antes que desde el exilio o la cárcel, pero quienes gobiernan desde España a catalanes y vascos no disponen de más respuestas para la Catalunya que quiere ser libre e insiste en reclamar ese derecho pacífica y democráticamente.

Ya que estamos en confianza les confieso que, en cualquier caso, yo prefiero que Puigdemont o Junqueras o Anna Gabriel me gobiernen desde una cárcel de las antípodas a que lo siga haciendo la banda de delincuentes comandada por “M.Rajoy” y asentada en Madrid con sus copias en blanco y negro, incluyendo sus comandos liberados en medios, tribunales y audiencias. Y ese sí que es un problema.

(Euskal presoak-euskal herrira)

Del prior de la Abadía de la Oliva a Marcinkus

En tres breves párrafos define www.turismo.navarra.es la Abadía cisterciense de la Oliva en la ribera navarra. Si en algo se insiste en tan conciso sumario es en el “oasis de paz y tranquilidad” (primer párrafo) en el que “resulta fácil pasar las horas en tranquila y permanente meditación” (segundo párrafo) para que “tu visita te permita descubrir el valor del silencio” (tercer y último párrafo antes de pasar a “más información” para que quien se anime a visitar la abadía, asista a sus liturgias cantadas, compre vinos tintos y rosados (Denominación Origen Navarra), pernocte en la abadía y visite los alrededores, siempre que “se vista con decoro y se guarde silencio”.

En los alrededores de tan apacible oasis se encuentra el polígono de tiro de las Bardenas, el mayor de Europa, donde cazas a reacción del ejército español y de la OTAN ensayan la guerra. El prior de la orden religiosa afirma ya estar acostumbrado al ruido y a los accidentes que genera un polígono cuyo desmantelamiento se viene exigiendo desde hace 66 años pero que a la orden religiosa y a algunos caciques de los pueblos próximos les supone una vergonzosa dádiva a la que no quieren renunciar. “Somos hijos de nuestro tiempo y de nuestras circunstancias” se justifica el prior.

Antes que él, Paul Marcinkus, aquel príncipe del Vaticano encargado de las finanzas de la Iglesia que estuviera detrás del caso del Banco Ambrosiano, el mayor escándalo financiero en Italia, y la media docena de crímenes que supuso su quiebra; que también fue vinculado al secuestro y desaparición de la niña italiana Emanuela Orlandi, al asesinato de Juan Pablo I, a tráfico de oro, a pederastia… y que jamás respondió ante la justicia terminando sus días en una lujosa mansión de Arizona jugando al golf, lo resumió entonces con la misma precisión que ahora el prior de la Oliva: “No se puede administrar la Iglesia solo con avemarías”.

(Euskal presoak-euskal herrira),

 

Los telemaratones

Los telemaratones siempre me han provocado sentimientos contradictorios y avivado tristes recuerdos. Cada vez que, a través de algún medio, asisto a una colecta pública para que la solidaridad de la gente compense la desidia del Estado en asuntos tan básicos como la salud o la educación, me admira constatar que haya gente generosa y dispuesta a aportar lo que pueda en respaldo de una hermosa causa, pero también vienen a mi memoria aquellos programas de radio de mi infancia como “¡Ustedes son formidables!” con Dvorak y su Sinfonía del Nuevo Mundo como contrapunto dramático al llamado a ejercer la caridad cristiana. Han pasado los años, otros son los argumentos, pero se sigue dependiendo de la generosidad pública para investigaciones, servicios, causas de primer orden a las que el Estado se niega a dar respuesta.

Temo que los próximos telemaratones sean para adquirir camillas o pupitres o pagar la factura de la luz, pero quiero soñar que llegará un día en que, si aún hay telemaratones porque el Estado no responda a sus obligaciones, sea la solidaridad de la gente, no sus impuestos, la que se encargue de renovar la fuerza aérea, de comprar más tanques y armas, de rescatar a los bancos, de mantener al monarca y su familia,..

(euskal presoak-euskal herrira)

¿Qué va a hacer Europa?

 

Contraviniendo toda clase de principios y acuerdos, y al margen de cualquier atisbo de sensatez y razón, Jerusalén se convierte en la capital del Estado de Israel con la venía de Estados Unidos y a pesar de lo que diga el mundo. En el funeral de la vergüenza acompaña al cadáver la Unión Europea que, como es habitual, no va a poder contener su indignada histriónica aflicción.

¿Qué puede hacer Europa para evitar esta nueva infamia? Nada. Lo que acostumbra. Rogar mesura para que la respuesta del régimen sionista, que será el agredido desde que los grandes medios hagan su trabajo, guarde la proporción debida y, aunque en Palestina la vida se cotiza a la baja, no provoque más muertos de lo deseable.

La Unión Europea ya hace años que hizo sus deberes convirtiendo, de hecho, a ese Estado genocida en otro miembro más de su selecto club con quien mantiene estrechos acuerdos militares, industriales, agrícolas, universitarios, culturales, policiales, de todo tipo. Hasta en lo deportivo Israel es ya miembro de la “Champions” y de la “Europa Ligue” de fútbol, y de todos los torneos europeos de baloncesto. El próximo Giro de Italia arrancará, precisamente, en Jerusalén.

A la Unión Europea solo le cabe hacer lo que mejor hace: teatro. Podrá alegarse que la obra es una mierda, que el texto es indecente y el elenco impresentable, pero es la obra que más años lleva en cartelera (70 años), resolución tras resolución desde 1947, y el gran público sigue tragándose la función y creyendo que Europa la compuso Beethoven.

(Euskal presoak-euskal herrira)