La fractura

Lamento recordarles que en el mundo siguen muriendo millones de personas de hambre, que buena parte de la humanidad no tiene acceso a agua potable, a la salud, a la educación, a la vivienda, a la vida, mientras inauguramos restaurantes para perros, construimos más campos de golf y aprendemos a invertir en Bolsa.

A quienes de improviso han descubierto ahora, precisamente ahora, la fractura catalana me gustaría preguntarles… ¿es esa la única que advierten? ¿Es Catalunya la única fracturada?

Todas las sociedades, al margen de la lengua que hablen y en qué costura del mundo vivan, están fracturadas. Y lo están en lo social, en lo racial, en lo religioso… Sociedades rotas en las que ser mujer sigue siendo una de las principales causas de muerte para la mitad de sus habitantes, en las que las grandes avenidas separan las villas de los villorrios, los jardines de los vertederos y el ruido del silencio. Sociedades rotas, fracturadas por el color de la piel, por su origen, por su destino, por cultivar la razón o por confiar las dudas a la fe. Sí, es verdad, son tan viejas esas fracturas que de tanto no mirarlas hemos llegado a no saberlas… pero existen, están ahí.

La sociedad catalana también está fracturada. Se ha sabido ahora, coincidiendo con la manifiesta voluntad de Catalunya de decidir su futuro. El Estado y los grandes medios de comunicación lamentan a coro la fractura y exigen al compás: “volver a la normalidad” dejando todo como estaba cuando no había fractura o, lo que es lo mismo, cuando los fracturados éramos nosotros, los mismos, los de siempre, esa gran mayoría de la sociedad catalana que tiene derecho a decidir, que tiene años, décadas, siglos “fracturada”, recibiendo portazos, insultos, desprecios y golpes y que, curiosamente, ahora que hasta el traumatólogo monarca que rige el hospital descubre la fractura, es cuando más cohesionada se muestra haciendo posible las urnas, los votos y el 1 de Octubre.

(Euskal presoak-euskal herrira)

Memoria

Entre la España que sale a los caminos a jalear a los tercios de Flandes y la España que sigue en las cunetas demandando memoria… hay un metro de tierra y ochenta años de impunidad.

«… pero no convenceréis»

Era el 12 de octubre de 1936 y, en el abarrotado paraninfo de la Universidad de Salamanca, se celebraba el Día de la Raza. No faltaba nadie. Tampoco el obispo y la legión española. El rector, Miguel de Unamuno, no iba a intervenir pero, tras las primeras diatribas y soflamas de algunos oradores, se levanta: “…Se ha hablado también de catalanes y vascos llamándolos anti-España; pues bien, con la misma razón pueden ellos decir otro tanto. Y aquí está el señor obispo, catalán, para enseñaros la doctrina cristiana que no queréis conocer, y yo, que soy vasco, y llevo toda mi vida enseñándoos la lengua española que no sabéis…”

Millán Astray, que también es rector, aunque en lugar de un claustro dirija la legión, vocifera indignado su mejor argumento: ¡Viva la muerte! y desarrolla su tesis: “Cataluña y el País Vasco son dos cánceres en el cuerpo de la nación! ¡El fascismo, remedio de España, viene a exterminarlos cortando en la carne viva y sana como un frío bisturí!”

Dos meses más tarde, apartado de la universidad y en arresto domiciliario, moriría Unamuno, pero en la que sería su última intervención pública no dejó sin respuesta al “novio de la muerte”: “Venceréis pero no convenceréis. Venceréis porque tenéis suficiente fuerza bruta pero no convenceréis porque convencer significa persuadir. Y para persuadir necesitáis algo que os falta: razón y derecho en la lucha. Me parece inútil pediros que penséis en España.”

(Euskal presoak-euskal herrira)

«Solo un chin chin!

Cuando mi hija Irene tenía 2 años, un día, sorprendió en el suelo de la cocina a una solitaria hormiga. Fascinada la fue acompañando, a cuatro patas, a lo largo de algunas baldosas hasta que me preguntó:

-¡Papá mira, una hormiguita! ¿La mato?

Solidario con la hormiga intercedí por ella pero Irene, que no aceptaba mis alegaciones, me propuso a cambio:

-Sólo un “chin-chin”.

Un “chin-chin” en buen dominicano viene a ser un poco. Irene sólo pretendía matarla un poquito, un algo, un diez por ciento quizás.

Irene estaba entonces muy lejos de saber que las decisiones que se adoptan en la vida no suelen admitir paliativos.

Y lo cuento porque me asquea oír a ciertos periodistas y políticos lamentar la falta de proporción en la salvaje represión desatada por las policías españolas contra un pueblo pacífico y desarmado. ¿Hubiera sido más proporcionado solo 200 heridos? ¿Quizás 50 patadas menos? ¿Sólo 10 cabezas rotas?

Irene ha crecido. Ya no persigue hormigas por la casa a las que aplastar moderadamente para que el pisotón resulte proporcionado y termine cuanto antes. Ahora ya sabe que para el Estado español todo principio jurídico, ético, constitucional, derecho humano… cabe en un chín-chín.

(Euskal presoak-euskal herrira)

La hemeroteca interminable

-1934 (Manuel Azaña) “…es una ley de la historia de España la necesidad de bombardear Barcelona cada cincuenta años”.

-1938 (General Queipo de Llano) “Transformaremos Madrid en un vergel, Bilbao en una fábrica y Barcelona en un inmenso solar”.

-2006 (Alfonso Guerra, presidente de la Comisión Constitucional del Congreso) “¡Nos hemos cepillao el Estatut!”

-2012 (José Ignacio Wert, ministro de Educación y Cultura) “Nuestro interés es españolizar a los niños catalanes)

-2016 (Conversación entre Jorge Fernández Díaz, ministro español de Interior, y Daniel de Alfonso, director de la Oficina Antifraude en Catalunya) “Les hemos dado en todos los morros, les hemos destrozado el sistema sanitario” “Te lo afinamos aquí”.