El día en que Pinocho supo la verdad

Cuando Pinocho despertó ni siquiera se puso las zapatillas. Saltó de la cama y, rápidamente, fue al baño dispuesto a comprobar en el espejo hasta qué punto habían crecido las consecuencias de sus mentiras.
El Hada Azul del cuento que le diera la vida también le había advertido del riesgo que supone faltar a la verdad y, entre conforme y satisfecho, comprobó que ni su nariz había crecido, como temía, ni sus orejas eran las de un asno.
Recobrada la calma, Pinocho sintonizó los medios para asomarse al mundo antes de salir a la calle, y así fue que se enteró de la preocupación de su alcalde por el bienestar de la ciudadanía, del interés de su presidente y de su gobierno por mejorar sus deplorables condiciones de vida, de la disposición de los empresarios por crear empleo, del afán de los banqueros por repartir ganancias, de la inquietud de los jueces por administrar sabiamente la justicia, del esmero de los grandes medios de comunicación por difundir la verdad, de los desvelos de la Iglesia por procurarnos el pan nuestro de cada día… y comprobó Pinocho que a ninguno de los tantos defensores de la razón, de la equidad, de la moral, del pueblo, le había crecido la nariz o puesto en evidencia sus orejas de burro.
Sólo al Hada Azul.

(Euskal presoak-Euskal herrira)

 

Doloroso olvido

Hermoso el festival europeo de escuelas de música que se lleva a cabo todos los años y que en esta pasada edición se celebró en Donostia y se dejó sentir en varias ciudades vascas.

Hermoso que niños y niñas de distintas culturas y pueblos europeos compartan el universal lenguaje de la música y la danza.

Lo que duele es que el Himno a la Alegría de Beethoven con que se inauguraban las jornadas, ni siquiera salpicara con alguna puntual referencia o alusión, con algún guiño solidario, a quienes esperan su acogida a las puertas de Europa después de sobrevivir al Mediterráneo, a nuestras mafias, a nuestras guerras y a nuestro expolio.

Tal vez, hubiera bastado con que, ya que no refugiados, subiera al escenario su música, su danza, pero ni eso.

De los 17.000 refugiados que se comprometiera a aceptar el Estado español sólo han sido acogidos 18. Sí, han leído bien ¡18! Y las mismas infames diferencias se han dado en otros países europeos en relación al número de refugiados que se comprometieron a a aceptar y los que han sido acogidos.

Hermoso ha sido ver a mis dos hijas, Itxaso de 10 años y Haizea de 8, participar en el festival pero no tanto como saber que mañana ellas no van a mirar para otro lado, ni tampoco a aceptar que en su nombre se invoque el olvido.

(Euskal presoak-Euskal herrira)

Ben Bradlee

Benjamín Bradlee encontraba excitante el periodismo porque según decía “nunca sabes de qué vas a escribir.” Muerto hace dos años, pasa por ser una de las más sobresalientes figuras del periodismo en Estados Unidos. Fue director del Washington Post del 68 al 91 y llevó a ese medio a duplicar su tirada y también la credibilidad de sus lectores, especialmente, tras destapar el que seria conocido como caso Watergate que acabaría sacando a Richard Nixon de la presidencia de los Estados Unidos así fuera por el menor de sus muchos delitos.

Un año antes de su muerte recibió de manos del presidente Obama la Medalla de la Libertad, el premio considerado más prestigioso de ese país, por “su pasión por la veracidad y su incansable búsqueda de la verdad”.

La misma pasión por la verdad que le ha supuesto una condena de 35 años de cárcel a Chelsea Manning ex analista de inteligencia de Estados Unidos por no aceptar que la verdad tenga que ser secreta; que tiene refugiado a Julian Assange en la embajada ecuatoriana de Londres por no creer que la verdad deba estar proscrita; y que mantiene en paradero desconocido al ex agente de la CIA Edward Snowden por no creer que la verdad haya de seguir oculta.

Decía Bradlee que “el fundamento del periodismo es buscar la verdad y contarla”. Y sí, es verdad, ¿pero dónde?

(Euskal presoak-Euskal herrira)

¿Valió la pena?

Creo que fue la última pregunta de Jordi Évole a Otegi en su programa de Salvados, y es una pregunta que si conjugada en tiempo futuro (¿Valdrá la pena?) me parece muy oportuna y útil, conjugada en pasado (¿Valió la pena?) no tiene sentido.

Juzgar la conveniencia o no de un hecho después de sucedido y hacerlo, además, en función de su supuesto resultado, es una estupidez.

¿Valió la pena que en el Estado español la mayoría decidiera en las urnas el triunfo de la República y los derechos y libertades que esta suponía? ¿Valió la pena después de cientos de miles de muertos y de exiliados, selladas las urnas y coronada de nuevo la monarquía? ¿Valió la pena cuando ochenta años después todo está por hacerse, incluyendo la república?

¿Valió la pena plantar un árbol para que días más tarde llegara la empresa maderera y arrasara el bosque? ¿Valió la pena educar a nuestros hijos en los mejores valores humanos para que tengan ahora que desenvolverse en una sociedad acreditada por el lucro, la ambición, el individualismo, la falta de escrúpulos o la violencia?¿Valió la pena que Jesucristo muriera crucificado para redimir al género humano a tenor de lo que estamos viendo?

La respuesta es sí, valió la pena, si uno tomó en conciencia la decisión que consideraba correcta, así fuera tarde, así estuviera solo, valió la pena si uno terminó haciendo lo que creía justo, aquello que se sentía obligado a hacer. Con independencia de su resultado, vale la pena hacer lo que, honestamente, uno creyó debido. Eso es lo único que vale la pena.

(Euskal presoak-Euskal herrira)

Sikka Brahim

El activista saharaui fue detenido en la casa de su familia el 1 de abril por la policía marroquí cuando se disponía a participar en una manifestación de la Coordinadora de Desempleados Saharauis de la ciudad de Guelmim, donde vivía. Torturado por la policía marroquí Brahim se declaró en huelga de hambre negándose a ingerir alimento alguno, tampoco agua.

La información al respecto no la va a encontrar en el Diario Vasco, El Correo Español, El País, El Mundo o ninguno de los grandes medios de desinformación habituales. Tampoco en cualquiera de los canales de televisión propiedad de los mismos dueños que los periódicos citados. Al fin y al cabo Brahim no era venezolano o cubano y Marruecos es un reino aliado, amigo.

De hecho, yo vine a saberlo a través de las redes sociales, en concreto de “La voz del Sahara occidental en Argentina”. Curioso trayecto el que deben seguir ciertas noticias.

Ya han pasado más de 40 años desde que el pueblo saharaui fuera traicionado y vendido por el Estado español a Marruecos sin que Naciones Unidas haya hecho absolutamente nada por cumplir el compromiso de un referéndum que a Sikka Brahim y a tantos otros saharauis va a llegarles tarde. Trasladado grave al hospital de Agadir, Sikka Brahim murió el 15 de abril.

(Euskal presoak-euskal herrira)