Proyecto “Prólogo”

El programa de Naciones Unidas “Propuestas Locales de Gobernabilidad” (Prólogo) nació con el objetivo de frenar la corrupción en algunos países como Colombia, El Salvador y República Dominicana.
Maliciosamente, algunos ya se han apresurado a afirmar que, para colaborar en tan encomiable empresa, nadie más versado que Francisco Camps, presidente de la Generalitat valenciana que, al igual que su equipo de gobierno, ha practicado el delito en todos los supuestos que recuerda el código penal: malversación de fondos, clientelismo, cohecho, estafa, fraude, robo, falsificación… Con la misma aviesa intención se ha censurado que esa arruinada administración se aboque a tan cristiano y caritativo gesto, pero el hecho de que esa comunidad sea la más endeudada de todo el Estado español y, no obstante, haya decidido despojarse de más de medio millón de euros para financiar ese proyecto y seis millones más para cooperar con el desarrollo en “el ámbito de la gobernabilidad” del tercer mundo sólo se explica por su proverbial generosidad.
Dígase lo que se diga, esa aparente contradicción que pudiera surgir entre la catadura moral de quien tiende la mano y la virtud del acto, más que a la sospecha mueve a la admiración por quienes asumen como penitencia la expiación de sus propios pecados. ¿No sería encomiable que Jack el Destripador, por ejemplo, presidiera la comisión de Derechos Humanos? ¿No resultaría enternecedor que la nueva presidenta de la asociación contra el maltrato a los animales fuera, precisamente, Cruela de Vil?
Así debió entenderlo el representante del PNUD, Gerardo Berthin, quien tras celebrar el desembolso, sin tiempo para responder las inquietudes de algunos medios, salió rumbo a Panamá desde donde da forma al “prólogo” latinoamericano.
Si nadie más idóneo para expresar la solidaridad en el combate a la corrupción que Camps y su gobierno, ningún país más oportuno que cualquiera de los que conforman el llamado tercer mundo para agradecerla.
El problema de países como República Dominicana es que su subdesarrollo es tan subdesarrollado que hasta a la corrupción afecta. Y por más que se esfuerzan, años tienen en ello, con la ayuda internacional de organismos como el Banco Mundial o el Fondo Monetario, para no mencionar a la “embajada”, en hacer progresar su corrupción, en desarrollarla aún más, en institucionalizar su descomposición hasta lograr crear una atmósfera en verdad irrespirable, todavía están muy lejos de alcanzar las pautas de crecimiento en perversión conseguidas en una Europa que desarrolla su vileza con mucha mayor rapidez y consistencia de la que puedan asimilar sus ex colonias.
Sea porque carecen de monarcas, por la ingesta de plátanos o el mestizaje, los países latinoamericanos, en materia de corrupción, siguen estancados. No han conseguido encumbrarla a superiores niveles de desarrollo sostenido y sustentable, no han sabido llevarla con la prestancia que se estila en Europa. Al igual que a sus presidentes les falta el carisma de Berlusconi, la altura de Sarkozi, o la gracia de Aznar o Zapatero, también a sus escándalos se les reprochan sus cortas miras, su escasa resonancia.
Y es que la corrupción no se improvisa. Hace falta escuela, tradición. Algunas repúblicas bananeras todavía no habían nacido cuando ya en Europa se habían asentado los saberes y principios que rigen la corrupción. Siglos de diferencia que no pueden obviarse.
En el Estado español, sin ir más lejos, ya en el siglo IXX podemos encontrarnos con figuras tan sobresalientes como la reina regente María Cristina de Borbón, que jamás rechazó un buen negocio y que, a pesar de acabar implicada en operaciones fraudulentas con la sal, los ferrocarriles o el tráfico de esclavos, de todos salió ilesa y, lo que es mejor, provista de una respetable fortuna de más de 300 millones de reales. Y si no sigo ahondando en detalles más recientes sobre la citada dinastía, no es por el temor de que un juez vaya a suponerme alguna fobia hacia los borbones, sino porque aprecio la regia modestia y discreción en que siempre han solventado sus transacciones y porque abundan en la historia del Estado español otros muchos casos de notoria solvencia, no necesariamente reales, que prefiero recordar.
Inolvidable es, por ejemplo, en la España de Franco, Juan March Ordinas, quien, vox populi, llegó a ser investido como el último pirata del Mediterráneo. Todavía se le venera y recuerda. Manuel Arburua, quien fungiera como ministro de Comercio, siempre fue exaltado por el propio Caudillo como ejemplo de extrema laboriosidad. No debía ser fácil comenzar de botones y, en unos pocos años de sacrificado ejercicio, transformarse en multimillonario.
Más recientemente, los casos Matesa, Sofico, Naseiro, Gal, PSV, Hormaechea, Filesa, Caso del Lino, Malaya, Palau, Matas, Pretoria, Gürtel… por citar algunos, ponen de manifiesto las diferencias que en materia de corrupción sigue marcando el desarrollo europeo.
Asombra la ingenuidad que, con la mejor intención, acompaña las denuncias de pretendidos actos de corrupción en los tradicionales desayunos escolares latinoamericanos cada vez que, servidos por ambiciosas empresas, intoxican a decenas de niños por consumir alimentos en mal estado. Hasta se sabe de algún caso en el que se han reportado defunciones.
Lejos, muy lejos, tan corrupta práctica de la venta fraudulenta de aceite adulterado que en el Estado español, Caso Colza, provocó el envenenamiento de 60. 000 ciudadanos y la muerte de 700.
El hecho de que en algunas repúblicas latinoamericanas voten los muertos, siendo meritorio, no puede compararse con el progreso alcanzado en Europa donde, en algunos países, no votan los vivos.
Ojalá que ese fervor demostrado por las autoridades de la comunidad levantina en la que, prácticamente, todos los cargos civiles disfrutan de cargos penales, sirva al encomiable fin de desarrollar el autogobierno en el tercer mundo, y lo haga, además, con la misma impunidad y clamor popular (lo de popular va sin segundas) que disfruta en el estado español.
A esperar el epílogo.

Estado de derecho

El teniente Kojak negocia con un extraño tipo el precio de la información y la garantía de no ser procesado. Anuncios.
Cierto que no es ético el soborno ni virtud la delación pero, en algún lugar de esta ciudad Jack el Destripador se dispone a atacar.
Al volante de su coche y a 200 km por hora Kojak se lleva por delante a una anciana inoportuna. Anuncios.
Cierto que el cumplimiento del deber provoca a veces lamentables accidentes pero, en algún lugar de esta ciudad Jack el Destripador se dispone a atacar.
En acto de servicio, Kojak le aplica la picana en los testículos al dueño del motel en que se aloja el sospechoso y le amenaza con cerrarle el negocio de negarse a colaborar. Anuncios.
Cierto que la coacción o la tortura no son métodos indagatorios propios de un estado de derecho pero, en algún lugar de esta ciudad Jack el Destripador se dispone a atacar.
Kojak tumba la puerta de la 8 y entra disparando seguido de sus hombres. Anuncios.
Cierto que existen las órdenes de registro, de allanamiento, los ayudantes fiscales, pero es preciso actuar con contundencia porque en algún lugar de esta ciudad Jack el Destripador se dispone a atacar.
La mesa se derrumba arrastrando la cena y el televisor estalla y se desploma. En vano trato de incorporarme. Me siento sin fuerzas y apenas soy capaz de recordar nada… sólo los disparos y aquella voz tan familiar. La sangre empapa mi camisa. Alguien a mi lado repone lentamente la munición de su revólver mientras paladea un caramelo. Se está haciendo de noche… y no hay anuncios.
Jack el Destripador ha vuelto a atacar.

Guión de un ventrílocuo para una rueda de prensa

El ventrílocuo dispone de dos muñecos, uno en cada mano. Los dos muñecos visten togas, birretes y puñetas en las mangas. Uno es el Tribunal Supremo, el otro el Tribunal Constitucional.

-Ventrílocuo-
-Cierto es que la mayoría de la sociedad vasca cree que Bildu debe participar en las elecciones. Yo mismo también lo creo. Además, parte de Bildu son dos organizaciones políticas irreprochables y de las que hay constancia que no tienen nada que ver con ETA… pero debemos esperar a que el Tribunal Supremo haga su trabajo y dicte sentencia. Y, por supuesto, hay que acatar el fallo nos guste o no nos guste. ¡Qué papelón que tiene la justicia!

-Tribunal Supremo-
-Ya está, ya estoy listo para evacuar…

-Ventrílocuo-
-¿Para evacuar?

-Tribunal Supremo-
-Para evacuar sentencia… Y considerando lo considerado por quienes tienen derecho a considerar, considero testaferros de ETA a todos los integrantes de las contaminadas subjetivamente listas presentadas. He dicho.

-Ventrílocuo-
Acabamos de oír al Tribunal Supremo. No termino de aceptar la sentencia porque hay una mayoría social en Euskadi que piensa que Bildu debe estar en las elecciones, pero la acato como corresponde en un estado de derecho. Claro que siempre queda el recurso del Tribunal Constitucional para atender cualquier recurso. ¡Qué papelón tiene el Tribunal Constitucional!

-Tribunal Constitucional-
-Ya lo tengo, yo también he evacuado… sentencia. Considerando todas las alegaciones y demás recursos, este tribunal también aprecia la presencia de icónicos en listas cuya contaminación sobrevenida es evidente, por lo que se reafirma en el fallo del Tribunal Supremo en general.

-Ventrílocuo-
-Pues esto es todo. Doy ya por terminada esta rueda de prensa no sin antes recordar que yo sigo pensando en que hubiera sido bueno que Bildu concurriera a las elecciones porque, aunque no hayan sido suficientes los pasos que la izquierda abertzale ha dado, hay que animarles a que sigan por ese camino y aceptar, como lo acepto yo, el fallo de los órganos supremos de justicia, como corresponde en una democracia. ¡Qué papelón tiene el País Vasco!

Llamado urgente

Porque a veces resulta inevitable tener que hacer un alto en el camino y volver a sopesarlo todo al paso, a quienes alguna vez en el pasado estrecharon mi mano, me legaron un beso o compartieron conmigo un abrazo, debo haceros saber, porque tenéis derecho a no ignorarlo, que estoy… contaminado.
Y ni siquiera sé cómo me he contaminado, si han sido los vecinos, los amigos o el alcalde. Ignoro si se trata de una contaminación sobrevenida o de que me sobrevino una contaminación, pero lo cierto es que estoy contaminado. Es posible que hasta mi familia también esté contaminada. O acaso haya sido ella, mi propia familia, la que me ha contaminado. Es más, ahora que lo pienso… la verdad es que no confío en Haizea así se ampare en sus tres años de vida. Sólo porque lo sepan y entiendan mis razones para la sospecha, ayer le pregunté:
-¿Y que has comido en la escuela?
Y Haizea, luego de ponerle otro ganchito más a su muñeca, no quiso dejarme sin sonrisa y me contestó:
-Caca.
Yo fingí dar por bueno el primer plato e insistí:
-¿Y después, mi hija? ¿Qué te dieron después?
Para alivio de su muñeca, Haizea desechó el enésimo ganchito y, muy seria, me respondió como si no entendiera mi inquietud por su alimentación:
-Pedo.
Dado el escatológico y reiterado menú, yo opté por concluir mis pesquisas.
-Ya… y de postre te dieron moco ¿verdad?
-No aitá, de postre me dieron yogurt.
Pues bien, sí pudo ser Haizea. Y tampoco es la primera vez que la supongo contaminada. En cualquier caso, fuese Haizea la causa o mi maldita memoria que todo lo contamina, la realidad es que estoy contaminado, que este ordenador también lo está y que en la misma medida en que te lo estoy contando y tú lo estás leyendo, temo, también te estoy contaminando a ti. La contaminación te sobreviene inevitable y sigue su curso, a tu pesar o con tu venia, contaminándolo todo, tu persona, tu umbral, tu entorno…A partir de ahora siempre habrá alguien que pueda alegar en tu contra que alguna vez me leíste. Peor todavía… y que después te pusiste a escribir, saliste a la calle, hablaste con el de la tienda, saludaste a un viejo amigo… los contaminaste a todos.
Como si jugáramos a La Oca, vamos de contaminación en contaminación y contagio porque me toca, infectándolo todo, tú, yo, aquella, el otro, la de más allá…
Lo peor, sin embargo, no es ignorar cómo me he contaminado, sino no saber de qué.
Por más vueltas que le he dado a mi vida, por más huellas que he estado desandado, tratando de encontrar en el pasado la raíz de ese brote contagioso, sigo sin saber de qué estoy contaminado.
Hay, afortunadamente, una manera de descubrirlo que, al mismo tiempo, terminaría con el contagio: Contaminarnos todos. Sí, inyectarnos una dosis de humana solidaridad o de humanismo a secas, que nos inmunice contra la intolerancia y el olvido, para salir entonces a la calle dispuestos a encontrarnos, a hablar, a compartir y comulgar juntos una maravillosa y fraterna contaminación.
Tal y como lo cantara Pedro Guerra que, sin saberlo, se convirtió hace ya unos cuantos años en un precursor de la contaminación compartida, hoy más que nunca es necesario aquel “contamíname, mézclate conmigo, que bajo mi rama tendrás abrigo”.
Y ese ansiado y contagioso encuentro, no tiene porqué ser a través de Facebook o por medio de un mensaje al móvil. Mejor en la calle y a pecho descubierto (esto es una metáfora) o en la plaza del pueblo, de 12 a 1 del día, por ejemplo, y mejor el domingo, que es fiesta… todavía.
Basta con que nos encontremos, con que nos demos la mano, intercambiemos un beso, un abrazo, una palabra, para que todas y todos acabemos contagiados y la contaminación desaparezca. Y sólo hace falta ponerle fecha y hora a ese contagioso encuentro.
Quedará entonces la feliz idea común, el sueño compartido, de un mundo mejor que, además de posible, es imprescindible.

Lo único que no sabemos

Supongamos que, como bien se felicita Dick Cheney, “el programa de interrogatorios” de Guantánamo condujo a la captura del líder de Al Qaeda” obviando la inhumana tortura que exculpa el eufemismo de “programa de interrogatorios” y sustituyendo la captura por asesinato. Hasta en esos casos, dado que el fin justifica los medios, la tortura preventiva da resultados.
Supongamos que, como apunta Eric Holder, fiscal general estadounidense, las acciones fueron “legales, legítimas y adecuadas a cada manera”, para no desvariar en presuntos conceptos como “soberanía” o “derecho internacional”. En cualquier caso, el fin justifica los medios y la violación preventiva es una necesidad.
Supongamos que, como afirma el propio presidente Obama, “se ha hecho justicia”, para no perdernos en absurdas disquisiciones sobre si hubiera sido conveniente enviar un contingente de jueces, fiscales y abogados, armados de togas y birretes. También en ese caso el fin justifica los medios y el asesinato preventivo resulta inevitable.
Supongamos que, como bien repiten los grandes medios de comunicación, “el terrorismo ha sido descabezado”, para no dejar que nos perturben esos otros titulares que “desatan la alerta mundial”. El fin justifica los medios, como los medios justifican el fin de la mentira, y la mentira preventiva es la única verdad.
Supongamos que, como escribiera el guionista del film, “la lucha fue encarnizada aunque no se opuso resistencia”, “la mansión estaba muy fortificada aunque no se encontraron armas”, “Ben Laden usaba usaba a su mujer como escudo aunque no la usaba”… para que las menudencias en el guión no interfieran con el fin que justifica la película y en el que la guerra preventiva es imprescindible.
Por que el fin era que Obama, cuyo descrédito seguía en aumento, volviera a ser aclamado en las calles estadounidenses; que el pueblo estadounidense, cada día más abatido por la crisis, recuperase la confianza en su gobierno y sistema; que el mundo terminara de saber que la “justicia” estadounidense, aunque tarde, siempre te alcanza; que los países árabes entendieran la conveniencia de no variar el rumbo; que podamos todos dormir sin sobresaltos, sin fantasmas que nos ronden ni villanos que perturben nuestra paz, porque el Imperio vela por nosotros.
Ya todo lo sabemos sobre la “operación quirúrgica” que ha abatido a “Gerónimo” en otra nueva odisea al amanecer, y que ha merecido uno de los más grandes despliegues informativos que se recuerden, así como los más encendidos elogios de presidentes europeos y demás colonias. Lo sabemos todo, desde que “existía un 60% de probabilidades de que se tratara de Ben Laden”, como afirmara Obama, hasta que el “tipo de mansión en la que se escondía hablaba de la naturaleza del fugitivo”, según el asesor estadounidense Brennan.
Lo que aún se ignora es a qué pobre infeliz arrojaron al mar.