“Señor X”

Normal
0
21

false
false
false

MicrosoftInternetExplorer4

st1:*{behavior:url(#ieooui) }

/* Style Definitions */
table.MsoNormalTable
{mso-style-name:”Tabla normal”;
mso-tstyle-rowband-size:0;
mso-tstyle-colband-size:0;
mso-style-noshow:yes;
mso-style-parent:””;
mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt;
mso-para-margin:0cm;
mso-para-margin-bottom:.0001pt;
mso-pagination:widow-orphan;
font-size:10.0pt;
font-family:”Times New Roman”;
mso-ansi-language:#0400;
mso-fareast-language:#0400;
mso-bidi-language:#0400;}

 El próximo 19 de diciembre se cumplirán 30 años del asesinato de Katu Oñederra, vecino de Azkoitia. Al igual que Katu muchos otros vascos fueron asesinados por pistoleros a sueldo del Estado español en la llamada “guerra sucia”.

Y me gustaria saber a qué cárcel pueden ir sus familiares y amigos a perdonar a sus asesinos; a qué escuela, en qué universidad podrán sus allegados compartir su relato; en qué público espacio sus familiares, desde su experiencia como víctimas del terrorismo, podrán contribuir a un futuro de paz. 

Nadie fue investigado, ni acusado, ni conducido delante de un juez, ni condenado a la cárcel por la muerte de Katu o de tantos otros.

No debe ser fácil llegar a perdonar a quien te arrebató la vida de un ser querido, pero aún debe ser mucho más doloroso disculpar a un fantasma, a un impune fantasma que carece de rostro, de nombre, de huellas… Si acaso, el alias tras el que todavía se esconde quien se jactara: “Ni se ha probado ni se probará”, “El estado de derecho también se defiende en las alcantarillas”, “Blanco o negro, lo importante es que el gato cace ratones”.

Y junto al alias, su cínica verborrea, sus jugosos bienes, su espléndida soldada y los títulos y honores con que el pesebre nacional recompensa sus desvelos: Premio Carlomagno, Collar de la Orden de Isabel la Católica, Gran Cruz de Oro de la República de Austria, Medalla de Oro de Madrid, Hijo predilecto de Andalucía, Hijo predilecto de Sevilla, Embajador Extraordinario y Presidente de los Sabios de la UE…

Tantos títulos a su cargo para que, sin embargo, a “Isidoro” lo acabe, finalmente, barriendo la historia como el “Señor X”.