Paradojas deportivas

En el fútbol, las patadas al contrario se pitan y te expulsan.

En el baloncesto, las faltas se castigan y te expulsan.

En el ciclismo, las trampas se sancionan y te expulsan.

En el deporte, el juego sucio se reprime y te expulsan.

En la política, los exabruptos, las mentiras, la incompetencia, la necedad…

A eso se debe que Rajoy se dedique a la política.

Un cretino es un cretino

 

Decía Perich, uno de los más grandes filósofos catalanes al que algunos tenían por humorista, que la prueba de que en Estados Unidos cualquiera puede llegar a ser presidente la teníamos en su presidente.

Se refería a Nixon, todo un cualquiera que había sucedido en la Casa Blanca a otros cualquiera, y que dio paso en la presidencia de Estados Unidos a una caterva de presidentes que, además de demostrar una absoluta carencia de cualquier virtud, y especialmente de escrúpulos, tuvieron en común ser unos cualquiera.

En el Estado español, sin embargo, no cualquiera puede llegar a ser presidente. A su condición de cualquiera debe agregar un prominente grado de cretinismo que, no obstante la cerrada competencia entre los candidatos, solo a los imbéciles más sobresalientes les es dado.

Mariano Rajoy, toda una eminencia en el arte de hacer el ridículo, volvía a ponerse en evidencia en estos días: “Un plato es un plato y un vaso es un vaso”.

Años antes, Ana Botella, entonces alcaldesa de Madrid, ya había aportado en la misma línea deductiva algunos trascendentales destellos de su lucidez cuando afirmó: “La manzanas no son peras, y una manzana y una pera no son dos manzanas”.

Como uno, al fin y al cabo, también es un cualquiera, permítanme acabar aportando una sesuda reflexión al respecto, tan propia como compartida: Rajoy es un cretino, y quienes votan y eligen a un cretino también son unos cretinos.

(Euskal presoak-Euskal herrira)