Era un hombre normal

Lo dicen quienes fueran sus vecinos. Nunca dio motivos de queja y hasta se dejó ver alguna vez por la iglesia y se le vio, incluso, rezar y santiguarse. Era un vecino normal

Es fama que en el autobús cedía el asiento a las ancianas y jamás olvidó felicitar a su madre un cumpleaños, y es que era un hijo normal.

Era un buen estudiante, dicen en el barrio, al menos mientras asistió a la escuela, aunque tampoco nada del otro mundo, era un estudiante normal.

Sus amigos siempre lo consideraron un buen muchacho, tranquilo, de buen humor, amigo de sus amigos, solidario, siempre dispuesto a echar una mano, un amigo normal.

Y como trabajador cumplía sus compromisos y hacía bien su labor. Era un trabajador normal.

Quienes lo conocen dicen que era un hombre normal, que pensaba que las mujeres son seres inferiores, subordinados, desprovistos de cualquier razón, y que le irritaba ese pretendido aire de superioridad de algunas que creen que, por haber estudiado o ser eso que llaman “profesionales”, ya tienen derecho a pensar, a hablar, incluso a decidir. Era un hombre tan normal que en cualquier sonrisa de mujer advertía una inequívoca señal de interés personal, que en cualquier cortesía de mujer suponía una desesperada invitación a la cama, que en cualquier gesto amable de mujer daba por hecho una irrefrenable incitación al sexo. Era un hombre tan normal que quienes pasaron por el amargo trance de observar el cadáver de la joven mujer violada, asesinada, no podían imaginar la razón de ser de tanta normal saña, de tanta normal brutalidad.

(Euskal presoak-euskal herrira)

Puente para ardillas

Leo que en La Haya, entre un bosque y un parque, hay un puente para ardillas. Se construyó hace cuatro años para que las ardillas no muriesen atropelladas al cruzar la autopista.

Según revela el seguimiento que se ha hecho del trasiego por el puente, tras cuatro años de ejercicio solo lo han cruzado cinco ardillas. Hasta podría ser la misma que ha cruzado cinco veces. En cualquier caso, desde el ayuntamiento se pide calma, se lamenta que el puente no se hubiera pensado de madera en lugar de metal, se recuerda que la autopista llegó primero y llegó para quedarse, y que el puente para ardillas no lo paga la ciudad. Tampoco las ardillas. Lo paga Europa.

Si las ardillas no quieren utilizar el puente -dice el ayuntamiento- es su problema. Lo que importa es que el puente está ahí, que se ha hecho el trabajo”. De eso se trata.

Se ignora si las ardillas siguen muriendo atropelladas al cruzar la autopista, como se desconoce si se llegó a hablar con ellas, si se pensó, quizás, en un paso subterráneo, o en pintarles pasos de cebras o de ardillas, o en ponerles un semáforo, o enseñarles a marcar el 112 o a tirar piñones a los conductores.

Así es Europa. Con los refugiados no es tan eficiente. Ni siquiera ha pensado en un puente para ellos.

(Euskal presoak-euskal herrira)

El letrinismo diario

Dos páginas dominicales reservaron para el reportaje y la pregunta: “¿Estuvo Juan Pablo II en el punto de mira de ETA?”
Según revelan las fuentes y aclara el reportaje, en 1982, a punto de llegar el Papa al País Vasco, la policía española había detectado una llamada telefónica entre San Sebastíán y una ciudad francesa en la que se decía: “Todo listo para las 8”.
Aunque no se sabía a qué se refería el enigmático mensaje de tampoco qué reservado individuo, aclara el periodista autor del letrinismo, “podía referirse a un atentado de ETA… aunque también a otra cosa”.
Y por si no fueran suficientes indicios, un perro había detectado pólvora junto a la basílica de Loiola… indicios descartados al confirmarse como restos procedentes de “los barrenos usados para instalar a última hora unas farolas”.
Eso fue todo. Al margen de otras amenazas a las que aludía el reportaje y que apuntaban a la climatología o a la torpeza de Calvo Sotelo, entonces presidente español, la principal línea de investigación seguía siendo ETA.
Han pasado 34 años, tiempo suficiente como para que la misma pregunta que el Diario Vasco nos hiciera desde sus titulares, también nos la respondiera desde la imagen que acompañaba el texto: el Papa saludando bajo la diana de ETA.
(Euskal presoak-Euskal herrira)