¿Dónde está Aurora Wiwonska?

El 7 de diciembre del 2001 la dominicana Aurora Wiwonska Marmolejos, de 22 años y madre de una niña de año y medio, en un arranque inesperado y a las puertas de un club de la capital dominicana en el que la empresa para la que trabajaba ofrecía una fiesta navideña a sus empleados, se quitó los zapatos y echó a correr por las proximidades de la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Momentos antes había sostenido una discusión con su marido que, aunque no trabajaba en esa empresa, había sido invitado por ella. A la salida del local, él se dispuso a llamar por su celular a un taxi para regresar a casa, eran más de las diez de la noche, cuando Aurora Wiwonska, según declaró el esposo, se quitó los zapatos y echó a correr. Desde entonces, y ya han pasado 19 años, nadie ha vuelto a ver a Aurora Wiwonska Marmolejos. Tal vez porque, discreta, corría descalza para no hacer ruido. Una carrera urdida de improviso, como si fuera a detenerse a los tres pasos y no tuviera intención de prolongarla todos estos años. Nada se llevó en su frenética carrera, ni un pasaporte, ni dinero, ni una maleta con ropa, ni una fotografía de su hija, nada. Tampoco se despidió de nadie, ni siquiera de su marido. Simplemente, se quitó los zapatos y echó a correr cuesta abajo, por una calle a oscuras y vistiendo una elegante falda tubo, una de esas faldas que apenas sí te permiten mover los pies. Y corriendo ha cruzado, desde entonces, su menuda figura frente a todas las comisarías de policía de la ciudad que no la vieron nunca, que nunca la han sabido; corriendo ha ido dejando atrás pesquisas inconclusas y reportes a doble espacio; siempre corriendo, Aurora Wiwonska atravesó un original y tres copias, dio la vuelta a un formulario verde, recorrió sin detenerse cuatro informes anexos, dos sellos gomígrafos y algunas presunciones, incansable al desaliento, sin que la detuvieran los indicios, ni las legítimas sospechas. Corriendo le ha pasado por el lado a tres pruebas periciales, ha dejado atrás el esperticio, ha cruzado indagatorias y testigos que sirvieron, al menos, para saber que aún corre, que Aurora Wiwonska tiene 19 años corriendo. No la ha visto la jueza que dictaminó su olímpica odisea por calles y avenidas de Santo Domingo, como si desaparecer en la República Dominicana fuera un ejercicio común e impune que no requiere más averiguaciones. No la ha visto la Policía, nadie la ha vuelto a ver, ni siquiera su hija, 19 años después. Súbitamente, sin tiempo ni para despedirse, Aurora Wiwonska decidió emprender esa carrera en la que todavía persiste y de la que nadie es responsable, como si fuera una fatal ocurrencia de medianoche, como si súbitamente le asaltaran las ganas de correr el resto de sus días y se lanzara a tumba abierta por las calles de la ciudad, hasta ella misma olvidarse de sus pasos.

El derecho saharaui

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En 1884 Europa llevó a cabo un nuevo reparto de colonias entre los miembros de su selecto club y al Estado español le tocó en suerte el Sahara, colonia que en 1958 se convirtió, incluso, en provincia española. Los conflictos coloniales en el mundo, sin embargo, provocan que Naciones Unidas forme en 1961 un Comité Especial de Descolonización para impulsar la autodeterminación y acabar con el colonialismo y, años más tarde, el Estado español se compromete ante la comunidad internacional y Naciones Unidas a abandonar el Sahara y devolverlo a su legítimo propietario: el pueblo saharaui. En 1976, el Estado español, traicionando sus propios compromisos, entrega el Sahara (incluyendo a sus habitantes) a Marruecos y Mauritania escribiendo una de las páginas más bochornosas (y mira que hay unas cuantas) de la historia española. La ocupación del Sahara por sus países vecinos provoca la respuesta armada del pueblo saharaui y Mauritania renuncia al regalo pero no Marruecos que intensifica la ocupación y la guerra.

Un acuerdo de paz en 1991 deja en manos de la ONU la realización de un referéndum que permita a los saharauis decidir su futuro. Marruecos lo boicotea, las Naciones Unidas siguen dando plazos a los plazos, el estado español mira para otro lado cuando no sonríe al monarca marroquí, y treinta años después todavía el pueblo saharaui espera justicia mientras Marruecos ocupa el el país y roba sus recursos ante la indiferencia general.

(Preso politikoak aske)

Mafias

La mafia georgiana, apuntaba La Sexta, es muy peligrosa, especialmente en Madrid y Barcelona, aunque no tanto como la mafia albanokosovar que, según veía en Antena-3, cada vez se mueve más en el litoral valenciano siendo sumamente agresiva pese a no registrar los insoportables niveles de violencia con que se maneja la mafia rusa que Tele-5 sitúa en la Costa del Sol y Baleares, y que está siendo desplazada en el ranking de la delincuencia por la mafia china tal y como señala EITB, a pesar de que todo hace prever, al decir de TVE, que será la mafia italiana con la Camorra y la Cosa Nostra la que termine controlando, en base a su vasta experiencia en el mercado, el negocio de la delincuencia.

A mí, sin embargo, les confieso que la mafia que verdaderamente me preocupa, que me tiene entre harto y cabreado, de la que no se acuerda ningún medio ni siquiera para pasar una amena tarde de tertulia, que opera en todo el Estado español, también en el mundo, que tiene en nómina a jueces, a ex ministros y ex jefes de Estado, a grandes empresarios y periodistas, y que goza de absoluta impunidad es la mafia de las compañías telefónicas.

Y le vale cualquier apellido que le ponga: Vodafone, Orange, Telefónica, Euskaltel… El 33% de las denuncias de los consumidores tienen que ver con la mafia telefónica.

(Preso politikoak aske)

¡Ahí les va!

Ahí les va Inna Afinogenova, joven periodista rusa que escribe y conduce el segmento con que titulo esta columna y que, de un tiempo a esta parte, se ha convertido en uno de esos pocos espacios que aparecen en los medios y redes a los que debo la constancia de que sigue habiendo vida inteligente. Y en el caso de la periodista rusa la inteligencia se da con rango de excelencia tanto como guionista como conductora. En unos cuantos minutos, sentada en un sofá frente a la cámara, de manera sencilla, amena, con una naturalidad que se agradece, nos enseña a mirar las noticias que no vemos y a ver las que miramos, nos lleva de la mano a algo que se llama pensamiento para que no se nos oxide la criticidad y, además, lo hace con un maravilloso sentido del humor, entre irónico y socarrón, que igual se hace presente en el rigor analítico del texto, como se expresa en la lectura y puesta en escena de los minutos que dure el segmento.

En estos días, la revista Semana publicaba una “nota de embajada” relacionando a la periodista rusa con un plan ruso de “interferir” en Colombia. La respuesta de Inna me encantó: “Si pudiera “interferir” pedagógicamente en la persona que le dio clases de periodismo a quien escribió esa ¿noticia? ¿columna de opinión? ¿editorial?… en fin, lo que quiera que sea ese engendro, sí que lo haría”.

(Preso politikoak aske)