¿Quién promueve el aborto?

Si hay una institución que, fuera o no su propósito, ha venido fomentando el aborto a través de la historia, esa es la Iglesia Católica que, además de oponerse a la educación sexual en las escuelas, rechaza los métodos anticonceptivos.

En muchos países en los que la Iglesia es parte del Estado, así ejerza por delante o por detrás, su rechazo a la educación sexual y a los preservativos tiene mucho que ver con los miles de embarazos no deseados que terminan en abortos, se toleren o se prohíban.

Si la juventud tuviera el debido conocimiento sobre la sexualidad que la Iglesia le niega, y dispusiera, para evitar los embarazos no deseados, de los métodos anticonceptivos que la Iglesia le prohíbe, se reduciría el número de abortos.

No es el caso. Son decenas de miles las mujeres, siempre pobres, que pierden la vida al abortar; tantas como niñas, también pobres, convertidas en madres.

La Iglesia tiene siglos haciendo de la fiesta del sexo una velada infantil y convirtiendo uno de los disfrutes más humanos, así fuera un don divino para este valle de lágrimas, en una mundana perversión. Y bien lo sabe la Iglesia y sus tantas eminencias pederastísimas que contravienen la voluntad de Dios negándose a crecer y multiplicarse y hacen virtud de la castidad mientras pueblan el calendario de hijos sin padres.

(Preso politikoak aske)

No hablo de fútbol

Los dueños del equipo y del negocio, cuando supieron que solo jugaban once, decidieron limitar la plantilla a esos once jugadores ahorrando gastos y multiplicando beneficios. Cuando se rompió el tobillo el delantero centro y se produjo la primera baja, se le pidió al otro punta que se desdoblara en el ataque, que hiciera horas extra. Había que sacrificarse por bien de todos, por bien del equipo y, al lesionarse el punta que quedaba, se les pidió a los del medio campo que doblaran sus turnos. Se requería un esfuerzo extra que compensara las bajas. Más tarde vino la expulsión del lateral derecho y se dispuso entonces una defensa de tres durante las jornadas en que cumpliera su sanción pero, justo cuando el expulsado se reincorporaba al equipo, las desgracias nunca vienen solas, recayeron de sus lesiones musculares un centrocampista y el portero por lo que el lateral que quedaba tuvo que ponerse los guantes. Solo quedaban cuatro jugadores disponibles que, además de vender las entradas, lavar sus uniformes y limpiar los vestuarios, encima tenían que tratar de ganar el juego cuando, de improviso, llegó la pandemia, la excusa perfecta para que los dueños del negocio justificaran su pésima gestión y resultados. Y no, no estoy hablando del negocio del fútbol, aunque lo parezca, sino de negocio de las residencias de mayores.

(Preso politikoak aske)