Todas las noches amanece

La vida es un fogonazo de osadía mejor o peor pensada que te lleva y te trae por la calle. Doblando esquinas vas a encontrarte con los otros, esos que también son tu memoria, la historia de una vida compartida. Y sales de tu refugio, te cruzas con ellos, dejas atrás miedos y suspicacias, esperas a que el otro se baje del columpio, te paras, los nombras, los abrazas, te quitas el sombrero, desmontas los prejuicios, te sientas a desandar el tiempo como si fuera suyo, como si fuera nuestro, descorchas un saludo, compartes una mesa, remiendas las distancias, te pierdes, te descubres, celebras los encuentros.

En tránsito por nubes y tejados aprendes a exorcizar iglesias y a disolver absurdos a racionales dosis de argumentos sensatamente locos, así que apagas todo lo que no sea música y vuelves a la calle llevando de la mano a ese niño que sabe que no mientes. La vida es un fulgor alegre y atrevido, un sensual aldabonazo que solemos oír muy tarde, cuando ya ningún día nos es indiferente. Y hay días para nacer, para abrazarse al mundo y dejar, al cabo de la noche, una sonata de amor en la ventana y una sonrisa colgada del espejo, como hay días para cerrar los ojos y que la tarde desenrede nostalgias y desnudos hasta llorar la noche a sorbos y en silencio, pero todas las noches amanece.

(Preso politikoak aske)

Caza y pesca

Entre tantos conceptos desnaturalizados hasta la náusea al punto de que ya ni el diccionario es capaz de reconocerlos, hay dos que, curiosamente, han sobrevivido ilesos a los cambios y a los tiempos sin que nada altere su tradicional definición, tan antigua como el ser humano. Las cuevas en las que se refugiaban nuestros antepasados más remotos atestiguan en sus grabados la “caza” y la “pesca” como dos de sus actividades más imprescindibles para la vida.

Seres humanos que, piedra en mano o lanza en ristre, se lanzaban tras venados y otras “fieras salvajes” para matarlas y comérselas, para poder vivir; o que pescaban con sus propias manos o a golpe de cuchillo salmones y otras “bestias marinas” para matarlas y comérselas, para poder vivir.

Han pasado los siglos y, tan dados como somos a desvirtuar hasta desaparecerlos todos los conceptos que acompañan nuestras vidas, seguimos, sin embargo, llamando de la misma manera a dos actividades, la caza y la pesca, que ya nada tienen que ver ni con las circunstancias que las exigían ni con el modo en que se efectuaban.

Los hijos del multimillonario estadounidense Donald Trump, hacían alarde de su último safari por Zimbabwe. Armados de precisos rifles con mira telescópica, y ataviados como si fueran Indiana Jones camino de la guerra, los dos inquietos jóvenes posaban rodeados de su bien pertrechado equipo de pistoleros, mostrando sus trofeos: un antílope muerto, un cocodrilo, un búfalo, un kudu…

Hasta una hora, confesaba uno de los hermanos, debieron esperar en su protegida atalaya que un venado se pusiera a tiro para, después de un trago que ajustara la mira, fusilarlo a cien metros de distancia. “No tengo vergüenza en admitirlo: soy un cazador, y además de que no eran animales en peligro de extinción han servido para alimentar a los habitantes locales” declaró orgulloso.

Dentro de unos días, cuando su millonaria existencia les aburra y vuelva a conmoverles la hambruna africana, fletarán un privado vuelo al corazón de alguna selva para reiterar su dadivoso safari. ¿Esa es la caza?

Y tampoco son los únicos “cazadores” ni es el hambre una exclusiva desgracia de Africa. Mucho más cerca, “cazadores” del Reino Unido, Francia, Italia, Estados Unidos y otros respetables países del mundo, aterrizan en el expedientado aeropuerto de Ciudad Real, para participar en hispanos safaris y, tal vez, alimentar a los habitantes locales. Desde el emir de Catar hasta los príncipes William y Harry del Reino Unido, cientos de ilustres cazadores suelen darse cita y caza en la finca del sexto duque de Westminster, y en otras fincas de Castilla-La Mancha.

Ignoro si con el mismo fin que los hermanos Trump pero, ministros de Justicia como Bermejo, jueces como Garzón o reyes como el Borbón, por citar algunos, gozan de merecida fama en eso que llaman cinegética o arte de la caza. Y, por cierto, nadie más experto y laureado que el monarca español y sus bélicas hazañas enfrentando elefantes en Botswana y osos en la inhóspita Rusia que, así hubieran sido drogados o trasladados de urgencia a una agreste montaña desde el centro turístico en el que trabajaban o, simplemente, se llamaran Mitrofán, seguían siendo osos. ¿Esa es la caza?

Y aún seguimos denominando “pesca” a las artes con que se esquilma el mar y que, además de las grandes multinacionales pesqueras, también cuenta entre sus más distinguidos intérpretes a ilustres representantes de la sociedad. Franco fue, sin duda, el más connotado de ellos aunque pocos subrayen en su biografía sus altas dotes como pescador. Ni los comunistas lo aborrecieron tanto como los salmones. Nos puso a comer a todos. A mí el salmón, de niño, me salía hasta por las orejas. ¿Esa es la pesca?

Ahora que ya los supermercados cazan y pescan por nosotros ¿qué necesidad tienen tantos empresarios, políticos y jueces, príncipes y monarcas, de seguir pegando tiros y clavando anzuelos en venados y salmones?

Sé que nuestras cabezas no son dignas de ser enmarcadas y colgadas en una pared, que no pueden competir en distinción y elegancia con las de un búfalo o un oso, pero entre tantos que, en sus manos, perdemos la cabeza ¿no habrá alguna que merezca el honor? Sé que nuestras pieles, aún limpias y curtidas, no pueden compararse a las de un leopardo o un cocodrilo; que nuestros colmillos no se pueden medir con los de un elefante y que nuestros cuernos, caso de que fueran, siempre serán más discretos que los de un venado, pero entre tantos que, en sus manos, nos dejamos la piel y los dientes y los cuernos ¿no podría hacerse una excepción?

¿Para qué seguir matando a otros animales? ¿Es que no les basta con nosotros?

(Preso politikoak aske)

¡La burla más progresista de la historia es atlántica!

Orquestada por EEUU, la OTAN se creó en 1949 para defendernos a los europeos de un Pacto de Varsovia que, curiosamente, nacería 6 años después (1955) Han pasado 30 años desde que desapareciera el enemigo y los 12 apóstoles atlánticos iniciales ahora son treinta y subiendo, a la búsqueda de nuevos enemigos. Entre el Mercado, la Bolsa y la industria militar suele salir el nombre.

La ciudadanía del Estado español está integradaa la fuerza en la OTAN aunque lo ratificara un referéndum a la carta que, de entrada, solo era consultivo, aspecto este que suele pasar desapercibido. Con independencia de lo que se votara, jurídicamente el resultado no era vinculante, se hubiera seguido en la OTAN. En la papeleta ni siquiera se informaba de este aspecto al votante. Tampoco era lo único llamativo. El “sí” a la permanencia en la OTAN “conveniente para los intereses nacionales” también acordaba que “dicha permanencia se establezca en los siguientes términos”:

1.- “La participación de España no incluirá su incorporación a la estructura militar”.

2.- “Se mantendrá la prohibición de instalar, almacenar o introducir armas nucleares en el territorio español”.

3.- “Se procederá a la reducción progresiva de la presencia militar de los Estados Unidos en España”.

Ninguna de estas tres condiciones se ha cumplido. Ninguna. El “no a la guerra”, a cualquier guerra y de cualquier tipo, pasa por rechazar las armas, la industria militar, la militarización de la sociedad, la “cultura militar”. La burla más progresista de la historia es atlántica... ¡OTAN EZ!

(Preso politikoak aske)

Mejor que un girasol

Hermosa esa orquestada iniciativa de llenar de girasoles, flor nacional de Ucrania, todos los grandes medios y redes sociales, campaña a la que, al margen de alguna observación relacionada con la memoria, le auguro y le deseo éxito y que ojalá se extienda para que en los escaparates y de los balcones cuelguen los girasoles, y que se abran al sol en nuestros bosques, y que en Semana Santa sean girasoles y no palmas las que bendiga Dios. Y que por tu donación en Eroski la cajera te obsequie un girasol y que en vez de sartenes los bancos nos regalen girasoles.

Los girasoles son otra manera de decir no a la guerra de Ucrania y creo, sin desmerecer los girasoles, que ahí sí se debió ser algo más ambicioso en la altura de miras y, por ejemplo, mirar a Palestina, setenta años invadida y sin ser vista, cuya flor nacional, por cierto, es el lirio. Y van para 50, contando por lo bajo, los años que el Sahara lleva ocupado y cuya flor nacional, ya que de flores hablamos, es la acacia. La cafea arábica es la flor nacional de Yemen. La de Siria es el jazmín, la rosa es la de Iraq y la del Granado es la flor nacional de Libia. Afganistán e Irán comparten el tulipán como flor nacional. La Mariposa sigue siendo, a pesar del bloqueo, la flor nacional de Cuba. ¿Mejor que un girasol… no habría sido un florero?

(Preso politikoak aske)

Resaca de carnaval

El carnaval ya dejó la calle pero no todos los disfraces han regresado al armario. Muchos han encontrado asiento en los grandes medios de comunicación donde todos los días, en sesión continua, comparsas sin estrellas claman contra el fin de la última guerra y proponen y aplauden el rearme general, donde la muerte alardea de ser humanitaria y otra surtida comparsa de pirómanos de Estado previene a la audiencia del peligro del fuego mientras negocia el riesgo de las urnas. Los demonios son siempre quienes con más convicción censuran las llamas del infierno, como son los cuchillos los primeros en lamentar el filo de sus hojas.

Decía J.Pulitzer, en cuyo nombre se otorgan los más famosos premios periodísticos, que “una prensa cínica, mercenaria y demagógica producirá un pueblo cínico, mercenario y demagógico”. En eso estamos. El carnaval tal vez haya dejado en sus pocos días de gloria su espíritu popular y festivo, pero los disfraces siguen en los medios, siempre han estado ahí, para que puedan los tahúres exigir el “fair-play”, los dementes reclamar la cordura, los impunes ponderar la justicia, los indecentes aplaudir el decoro, los ladrones ensalzar la virtud, los hipócritas proclamar la franqueza, los olvidos ponderar la memoria, los sinvergüenzas pregonar la moral, y los monarcas brindar por el futuro.

(Preso politikoak aske)