«Chercher la femme»

Se atribuye a Alejandro Dumas la expresión “cherchez la femme”. En su novela “Los Mohicanos de París”, allá por 1854, el laureado escritor francés recurría a ella varias veces para dejar sentado que en relación al mundo del delito, no importa lo que ocurra o cuál sea la naturaleza del problema, la solución pasa por buscar a la mujer. No sólo tenía que haber una mujer implicada sino que, además, esa mujer era la culpable. Por ello, en lugar de perder el tiempo con investigaciones, pruebas periciales o interrogatorios, lo más práctico era aplicar el método “cherchez la femme”.

Si como literato Dumas siempre me pareció una mierda, como perspicaz detective novelesco demostró ser peor, mucho peor, porque equivocó absolutamente el norte de la búsqueda. Es verdad que sí, que la mujer aparece, desgraciadamente en el papel de cadáver, pero es al hombre al que hay que buscar para dar con el asesino. Cherche l´homme… ¡L´homme! Tal vez en su condición de marido o ex marido, o como padre, hijo, vecino. Tal vez el hombre del bar, el que llamó a la puerta, el que salió detrás…

Hace más de dos meses que la dominicana Gabriela Reyes, de 33 años, desapareció en Pamplona sin que se sepa nada de su paradero. “Cherche l´homme s´il vous plait, cherche l´homme”.

(Preso politikoak aske)

Europa y la ética

Crear en la Unión Europea un órgano de carácter interinstitucional que tratara sobre la ética era un compromiso de su presidenta Von der Layen. Lo sigue siendo. Obviamente, ella no estaba pensando en Gaza cuando apelaba a la ética en la pujante Europa del negocio y del mercado. Tampoco esos gobiernos europeos que suspendían el compromiso de su ayuda a Palestina.

Me pregunto qué ética podría atreverse a exponer sus virtudes y compartir escaparate y precio con tanta mercurial vileza, qué ética, por permisiva que sea, podría sobrevivir al genocidio palestino sin negarse hasta la náusea.

¿En verdad le importa a alguien que hayamos convertido en una burda caricatura esas todavía referencias que nos distinguían como seres humanos, esos derechos que hemos ido amasando a lo largo de siglos de razón y lucha, y que ahora se desmontan y niegan para que ni quede constancia de que fueron?

Bastaría detenerse unos minutos en la crónica diaria de mentiras impresas o en la verdadera identidad de quienes en el mundo se erigen en baluartes de la moral y que no resistirían el mínimo cateo a sus memorias, para entender qué se ha hecho de la ética, a qué desgraciada condición se la ha reducido, y cuántos canallas la conjugan en todos sus tiempos.

(Preso politikoak aske)

Modelo en uso

Tres rasgos sobresalen en la sociedad estadounidense que determinan las relaciones entre ellos y con los demás: la ignorancia de quien nada aprende, la ingenuidad de quien todo cree saberlo, y la arrogancia de quien siempre termina imponiendo su voluntad. Pocos hechos como el asesinato legal de una persona por parte de un estado pone de manifiesto en EEUU esos rasgos, amén su hipócrita puritanismo.

Habrá quien diga que una sociedad que asesina legalmente a menores de edad y dementes, también a inocentes a los que la verdad siempre va a llegarles tarde, a cualquiera que no tenga recursos, abogados, apellidos, no es un buen ejemplo.

Tampoco resulta edificante ejecutar con gas nitrógeno a un condenado a muerte en Alabama, apellidado Smith, luego de 34 años preso, que tuvo al reo sufriendo convulsiones y dolores a los que tampoco la “justicia” lo había condenado y que Naciones Unidas calificó de tortura.

Que digan lo que quieran. No permitamos que la razón nos desenfoque la noticia. Se le llama perspectiva. Podemos regresar a noviembre y la noticia vuelve a ser el pavo que Joe Biden, como manda la tradición y rodeado de niños y niñas, indultó en el último “Thanksgiving Day”. ¡El pavo ha vuelto a su granja de Minnesota! Oh my God!

(Preso politikoak aske)

Gracias

Debe ser la nostalgia o que la soledad espanta que uno siempre anda haciendo alegaciones o instruyendo amables coartadas que nos pongan a salvo de la vida y, sobre todo, a resguardo de timbres y relojes, para no repetirnos esas tontas mentiras que contarnos y que, al menos, ayudan a que uno se soporte.

Debe ser la costumbre de parecer el mismo, de no saber rodar a cuatro manos, cuando pararse en dos preguntas sigue siendo un riesgo prescindible por lo que mejor te suicidas a su lado, lentamente, respirando nostalgias y acunando costumbres, como si ya fueras inmune a los abrazos o no fueran contigo.

O tal vez la memoria que sabe lo que guarda e ignora lo que olvida, esas cuantas luces de combustión interna que dan brillo a las almas, y esas otras cruces de inspiración divina que ensombrecen la vida y que aún nos bailan en la sangre. O quizás el silencio, aquellos locos gritos que perseguimos juntos, insoportable estruendo de cacharros que nos ha ensordecido hasta el recuerdo. O podría ser el tiempo, que no acepta prórrogas ni se aviene a consensos y te cobra en ausencias las sonrisas perdidas, pero así el tiempo nuble la memoria y desvanezca tu nombre y mis palabras, por si acaso mañana no nos vemos… gracias.

(Preso politikoak aske)

voces a la espalda

Voces a la espalda

Koldo Campos

(De Gara)

Hace ya muchos años que estudios científicos demostraron que un bebé sonríe alrededor de 400 veces al día, a diferencia de un adulto que no pasa de 30 sonrisas diarias.

Hacerse adulto no contribuye a hacernos más felices si la sonrisa, la más genuina expresión de la felicidad, es el costo que debemos pagar por «madurar».

El bebé que agradece haber comido y descansado, que sonríe cuando nos reconoce junto a él, capaz de encontrar 400 razones para sonreír, desde que se pone los pensamientos largos convierte sus mejores sonrisas en muecas desechables de poner y quitar que, cualquier día, aparecerán a la venta en las farmacias, pero aún estamos a tiempo de recuperar esas sonrisas perdidas.

Bastaría hacer memoria, recordar en qué extraviados sueños se nos fueron quedando, en qué presentes miedos se asoman de puntillas las sonrisas que faltan, para volver entonces sobre nuestros pasos y ser, una vida más tarde, el mismo niño que sonríe y se reconoce en ese otro, tan cerca y tan distante, con quien compartir una común y fraterna sonrisa.

Bastaría que nos atreviéramos a vernos en esos que llevamos de la mano y para quienes, a veces, no disponemos de tiempo, tampoco de sonrisas, en esos cuyas voces, con frecuencia, cargamos a la espalda.

(Preso politikoak aske)