El hombre pacífico

Ni en el parto lloró. Y siguió creciendo serenamente, atento en la escuela a poner la otra mejilla, la otra mano, el otro ojo, hasta que manco, ciego y sin mejillas, regresaba a casa para escuchar afable las quejas de sus padres.

En el trabajo supo como nadie tolerar abusos y soportar atropellos, complaciente y complacido de sobrellevar con la mejor de sus sonrisas tanta injuria. A pesar de los agravios,  siempre tenía para ofrecer la otra sonrisa, la otra oreja, el otro pie, hasta que sin mejillas, manco, ciego, amargado, sordo y cojo, rendía en la noche cuentas a la pesadilla que le tocara en suerte.

Estoicamente soportaba insultos e improperios, poniendo siempre por delante un apacible y manso corazón capaz de comprenderlo y perdonarlo todo.

Así fue que, además de sin mejillas, manco, ciego, amargado, sordo y cojo, también quedó sin pecho y sin espaldas.

Ni siquiera cuando lo desalojaron de su casa y lo despidieron del trabajo tuvo aquel hombre un mal gesto o una peor reacción, tal vez porque hacía ya mucho tiempo que carecía de gestos y reacciones.

Cuando sólo le quedaba la palabra, ya con sesenta años de ecuánime existencia, un mal día, con un hilo de voz susurró delante del espejo un postrero y definitivo ¡Coñoooooo! que llegó a oídos de todos, de sus padres, de su maestro, de su patrón… y antes de que tuviera oportunidad de arrepentirse, apostados frente a su desahogo, airadamente le reprocharon su desvergonzada intolerancia, su grosera intransigencia, su peligroso fanatismo…

Eso fue poco antes de que, también, perdiera la palabra.

            

Hablar mierda con propiedad

Días atrás el ministro Rubalcaba (lo del ministerio que ocupe cuando se publique esta columna es lo de menos) daba con la clave que explica el desafecto social hacia su persona y su gobierno: “Si la política no se explica a la sociedad, no funciona”.

Casi treinta años en la política y en el Estado ha necesitado Rubalcaba para arribar a semejante conclusión que sólo puede obedecer a dos razones: O el Gobierno y sus ministros no saben explicarse, o la ciudadanía no acierta a comprender.

En cualquiera de los dos casos oportuno me parece retomar el Cuadro de las Frases Cohete”, atribuido al funcionario estadounidense Mr. Phillips Brougton, y que constituye una extraordinaria aportación al arte de la oratoria. Este eficaz instrumento que puede permitirnos hablar mierda, y entenderla, con absoluta propiedad consiste en la implementación de un sistema conceptual combinado de palabras capaz de dar respuesta a cualquier pregunta.

El sistema consta de 30 “palabras cohetes” agrupadas en tres columnas y numeradas, cada una de éstas, del 0 al 9.

Columna 1 Columna 2 Columna 3
0-Programación 0-Funcional 0-Sistemática
1-Estrategia 1-Operacional 1-Integrada
2- Movilidad 2-Dimensional 2-Equilibrada
3-Planificación 3-Transicional 3-Totalizada
4-Dinámica 4-Estructural 4-Sustentable
5-Flexibilidad 5-Global 5-Balanceada
6-Implementación 6-Direccional 6-Coordinada
7-Instrumentaci 7-Opcional 7-Combinada
8-Retroacción 8-Central 8-Estabilizada
9-Proyección 9-Logística 9-Paralela

A partir de este cuadro, combinando a su libre albedrío los conceptos de las tres columnas, tanto Rubalcaba como cualquier otro ministro o funcionario puede despejar la menor duda que la ciudadanía observe sobre las políticas del gobierno a entera satisfacción.

Por ejemplo, ¿que no se entiende el insólito caso sucedido en el pueblo vasco de Lizartza, de casi 700 ciudadanos y en el que el Partido Popular con sólo 27 votos copó el ayuntamiento, haciendo bueno aquel principio cristiano de que los últimos serían los primeros? Pues se elige un número al azar, por ejemplo: el 27, y se va con ese número (027) al cuadro propuesto, tomando la palabra 0 de la primera columna, la palabra 2 de la segunda y la marcada con el 7 de la tercera, para componer una oración perfecta, contundente, precisa, y así explicar tan extraño fenómeno electoral. Basta aplicar la metodología propuesta y responder, siguiendo con el ejemplo: “Lo sucedido en Lizartza no es más que el resultado de una -Programación Dimensional Combinada-”.

¿Que el pueblo no entiende qué es lo que quiere decir eso de “incompatibilidad sobrevenida” con la que se pretende despojar de sus cargos públicos a quienes habiendo sido elegidos por el pueblo no resulten gratos al Estado? Usted elige otro número posible, acaso el 645, número de habitantes de Lizartza víctimas del fraude y, siguiendo el mismo procedimiento anterior, ya tiene la respuesta a la pregunta: “La “incompatibilidad sobrevenida” no es más que la necesidad de sacar adelante una -Implementación Estructural Balanceada.-

Y si tal respuesta todavía no aclarase algunos turbios aspectos, no hay más que elegir otra cifra al azar, por ejemplo el 152 (votos en blanco de la izquierda abertzale en Lizartza) y responder: “Lo ocurrido obedece a una –Estrategia Global Totalizada-”.

¿Qué hay gente interesada en vislumbrar la salida de la crisis y pretende saber qué pasa con la economía? Se elige cualquier número del cuadro, por ejemplo el 894 (número de pelos que le quedan al ministro) y contestar: “La economía está atravesando una –Retroacción Logística Sustentable-” que a nadie va a dejar indiferente.

Y entre respuesta y respuesta, mientras el pueblo, gracias a estos aportes, termina comprendiendo la política, bien podría igualmente implementarse un segundo cuadro de “frases cohetes” que rubricaría con sobresaliente cualquier exposición.

En este caso, el aporte nos llega desde la República Dominicana y sólo el anonimato de su autor me impide revelar la firma de contribución tan trascendente al arte de hablar mierda.

Consiste en 7 oraciones agrupadas en cuatro columnas que pueden usarse indistintamente para hacer cualquier observación, tomando una de cada columna y empezando siempre por la primera.

Primera Segunda Tercera Cuarta
Por otra parte, y dados los condicionamientos actuales la realización de las premisas programadas obliga a un exhaustivo análisis de las condiciones y circunstancias coyunturales
No conviene olvidar que el desarrollo de las estructuras cumple un rol esencial en la formación de las directivas de desarrollo para el futuro
De igual manera la complejidad de los estudios habrá de soslayar un eficaz punto de partida del sistema de participación general.
Es obvio señalar que el nuevo modelo organizativo exige la determinación de nuevas proposiciones
Los superiores principios ideológicos condicionan que una aplicación indiscriminada de factores concluyentes facilita la creación de cuadros que correspondan a las necesidades
Debiéramos atrevernos a sugerir que un relanzamiento de sectores implicados implica un proceso de reestructuración del modelo de desarrollo.
Por último, cabe añadir la superación de experiencias confusas y periclitadas ofrece un interesante ensayo de verificación de las básicas premisas adoptadas

 

Epitafio para un cronopio

¿Flores…? ¡Flores para los muertos, fragancia de flor muerta para unos ojos muertos que ya no pueden ver!

¿Rezos…? ¡Rezos para los muertos, plegaria de amor muerta para unos labios muertos que ya no pueden ser!

¿Llantos…? ¡Llantos para los muertos, fulgor de vida muerta para unos pasos muertos que no podrán volver!

Para ti, amado cronopio, que has vencido a la muerte y sigues de mi mano siempre vivo y presente, sólo la memoria agradecida, la voz enamorada, la mano abierta, sólo el eterno beso de la vida.

Y, en vez de flores, alas; en vez de rezos, aire; y en vez de llantos, risas.

Europa no recibe

¡Qué extraña y triste mueca la de esa Europa sin memoria, la de ese común conglomerado de poses y apetitos, hoy empeñada en desandar su historia, en negarse hasta la náusea en aquella virtud en la que, si aún fuera generosa, debería asentar su razón y su respeto, cuando los horizontes se echaban a la espalda y la punta de la bota era el camino!

¡Que amargo y vano olvido el de esa Europa que, así fuera el hambre que empujara la mano o la ambición que sostuviera el puño, rompió amarras un día y puso rumbo al sur, siguió el curso del sol hasta encontrarse de nuevo con la noche mientras fundaba el este y el oeste, y ya hastiada de andar, señora a veces, casi siempre golfa, ha terminado anclando espantos y miserias en el mismo corazón de su virtud!

¡Qué sórdida palabra que no dice, que abrazo que no une, que beso que no besa!

Bien temprano hubo ingleses surcando las aguas del Caribe, en un trasiego armado de alborotos, acarreando esclavos y devengando haciendas, honrando piratas como corsarios devenidos en sires, desde el lago Ontario hasta la Patagonia, a lomos de elefantes en la India, de la mano del opio en el mar de la China, en las antiguas Egipto y Palestina, en los llanos de Australia, en el Africa austral, en la vecina Irlanda.

Eran franceses los que entraron en Quebec, pisaron Martinica, durmieron en Haití y despertaron en Guyana, los que hablaron francés en Mauritania y fumaron hachís en Marrakech, los mismos que llegaron a Argelia y acamparon en Chad, Costa de Marfil, Túnez, Senegal, Madagascar… y volvieron a amar en Indochina y a quienes todavía maldicen en Vietnam. Ni siquiera para defenderse les bastó la Polinesia, y aún se empeñan en seguir viendo franceses cuando miran a un corso, a un vasco o a un bretón.

Y fueron españoles los que hicieron Primada a La Española, ascendieron al Cuzco, cuando América valía un Potosí, bajaron a Santiago, nominaron Caracas, La Habana, Buenos Aires, recorrieron Centroamérica y Colombia, a vueltas por las dunas del Sahara, de Nápoles a Flandes, hasta las Filipinas, en un imperio en el que no se ponía el sol, e insisten en contar como españoles a gallegos, catalanes y vascos.

Y también portugueses deambulando el negro meridiano,  de gira por Angola, de Madagascar a Mozambique, de Mindanao a Singapur, de Sao Paulo al Amazonas. Y holandeses a bordo de reales empresas surcando ajenos mares desde las Antillas hasta Sudáfrica, pasando por Formosa, Malasia o Indonesia. Y belgas que hicieron belga al Congo. Alemanes en Ruanda, Namibia, Tanzania, Camerún, Burundi, Togo…Italianos en Libia, Somalia, Eritrea… Y rusos, suecos, europeos…

Hasta que no quedó una sola costura en el mundo que no padeciera el despojo europeo, nada en ese bautizado “tercer mundo” que conservara su propia identidad; hasta que, como escribiera Neruda, “los garrotazos fueron argumentos tan poderosos que los indios vivos se convirtieron en cristianos muertos”. Porque Europa tenía que trazar nuevas rutas comerciales para sus productos y expandir sus mercados y multiplicar sus beneficios; porque Europa tenía que “hacer las Américas” e imponer sus lenguas y culturas, y convertir sus expolios en moneda de cambio, y trazar nuevas fronteras y saquear viejos recursos, no importa el exterminio, la segregación, la esclavitud, la miseria que todavía perdura y reclama justicia.

Pero esa Europa que nunca supo de puntos y de comas, que ha marcado su acento en todos los idiomas, la pertinaz viajera, la que avistó los polos y coronó todas las cumbres, la misma que anda a vueltas, también, por el espacio…esa Europa, hoy no recibe, hoy no quiere que nadie la perturbe y reitera la vieja cantaleta: más muros, más candados, más rejas. Hoy Europa no quiere emigrantes.

 

La reina, Blancanieves y el espejito mágico

 

                                             Irene Campos Fernández

 

((Tomado del libro en gestación “Cuentos que no nos contaron”, a medias entre Koldo Campos Sagaseta e Irene Campos Fernández)

 

A toda velocidad, la reina condujo su carruaje tirado por cuatro caballos sorteando obstáculos hasta que, visiblemente enojada por no hallar su valet-parking,  lo aparcó en doble fila frente a la puerta principal de su castillo y, aún más rauda, subió de tres en tres la escalinata que conducía a su alcoba.

Detrás de ella, buscando inútilmente que le prestara atención, su asistente personal enarbolaba una roja manzana al tiempo que le advertía no haber encontrado a Blancanieves, la destinataria de la fruta.

-Ahora no tengo tiempo para oírte…Esta estúpida debe estar en el bosque ¡Sigue buscándola! –refunfuñó la reina antes de cerrar de un portazo.

Cuando todavía su atribulada asistente no se había recuperado del regio exabrupto, la reina abrió la puerta, asomó su corona y gritó:

-¡Y no estoy para nadie…así que nadie me joda!

Después,  a solas en su alcoba, tras desnudarse, se sentó frente a su tocador, peinó su larga melena con un revolucionario cepillo de cerdas de jabalí de La Boutique del Peluquero que marcaba perfectamente las ondas y daba volumen a la raíz y a las puntas, se empolvó la nariz con esencia de magnolia, dio tersura a sus labios con extracto de aguacate y, finalmente, se puso un vestido de gala de la casa Virginia, long dress, con aplicaciones de piel que, sobre el negro estampado, jugaba con una gama de rojos invernales combinados con toques de azul turquesa.

Sólo cuando, ya relajada, confirmó su satisfacción frente al espejo, invocó a su asesor de imagen.

-¡Espejito, espejito, respóndeme de una vez, si en este reino hay mujer más bella que la que ves!

Al mágico conjuro de la reina, su imagen fue diluyéndose en el espejo hasta desaparecer. Del vaho que se formó en su luna, una andrógina voz requirió la confirmación de la pregunta.

-¿De verdad quieres que te responda?

-¡Sí Sasha, sí, claro que quiero que me respondas! –insistió la reina.

-Bueno, pero luego no me vengas con tus vainas, que te conozco –le respondió el espejo- ¡Mira, mi amor, tras el último sondeo Blancanieves sigue siendo más bella que tú, pero esa no es la única mala noticia que te tengo porque también tienes por delante a La Cenicienta, a Ricitos de Oro, a Caperucita,  a La Sirenita, a Cruella de Vil, a La bella Durmiente, a Alicia Maravillas, a Gretel,  a Wendy, a Belén Estevan… ¡Has bajado en el ranking al puesto 88 y casi estás a la par con el Jorobado de Notre Dame. ¡Debiera darte vergüenza… y perdóname que te lo diga!

Desolada, la reina encajó en silencio la  mala nueva.

-Y la culpa es tuya –remachó el espejo- porque no haces caso de lo que te digo y ya me tienes harta. Te sugerí que llevaras una dieta más sana, que esas tartas de manzana que te zampas son las que te tienen así, pero no me haces caso, querida, y cuando no es el chocolate te bajas unas patas de puerco con patatas fritas y luego pretendes que con una faja anticelulítica  vas a disimular los michelines, pero no, mi amor, no es así, el espejo lo ve todo ¿me oyes? ¡Todo!

-¿Y entonces…qué puedo hacer? -preguntó la reina entre sollozos.

-Pero cálmate niña, cálmate que no es para tanto –la consoló el espejo- Seguro que has oído decir que hay que sufrir un poco para estar bella, y nadie dijo que sería fácil amorcito, así que no te me desesperes ahora, que estamos cerca. Es más, ya las recomendaciones que me quedan por darte son poquitas…. Niña, no te desanimes que vamos muy bien…

-Sí… ¿pero qué hago?

-Yo que tú me haría la lipo –recomendó el espejo-  porque, seamos honestas, ya no tienes 20 años y necesitas resultados más rápidos. No importa los trapitos que te pongas encima, la grasa siempre te va a acabar desnudando, así que llévate de mi y encomienda tu cuerpo a la cirugía. Te recomiendo un lifting frontal y un lifting facial y cervical. Y ya que estamos en eso, también una rinoplastia, aunque tampoco te vendría mal un aumento mamario subfascial y submuscular. En California, me dicen, hacen ahora unas liposucciones postmenopáusicas divinas, y algo que, actualmente, está haciendo furor es la mesoplastia. Un lujo mi niña, y sin cirugía. Sólo te inyectan vitaminas antioxidantes, ácido hialurónico, oligoelementos y toxinas botulínicas y, si sobrevives, tu piel rejuvenece y vuelves a los quince. Y la mesoplastia también efectúa filling de los labios y de la cola de las cejas. Un palo, mi amor.  Hazme caso y pórtate bien.

Acabada la consulta, la reina abandonó su alcoba, siempre con su asistente, manzana en ristre, reclamando su atención.

-¡Ahora no puedo atenderte! –recriminó la reina su insistencia- ¡Blancanieves debe estar escondida en casa de los enanos, así que llévale la manzana y asegúrate de que se la coma!

Dos meses más tarde y luego de haber visitado las más prestigiosas clínicas de cirugía estética, cuando ya no le quedaba a la reina un centímetro de piel que no hubiera sido sometido a algún lifting o liposucción,  regresó a su palacio.

Como era costumbre, su asistente, todavía con la manzana en la mano, le salió al encuentro.

-¡Sí, ya sé… -la interrumpió la reina- todavía no has dado con Blancanieves, pero más te vale que le entregues la manzana si no quieres empezar a buscar otro trabajo! ¡Inepta, que eres una inepta!

A solas y desnuda en su alcoba, se aplicó tres manos de baba de caracol en el cutis, disimulando las ojeras y la palidez de sus mejillas con crema de zanahoria. Cuando dio por bueno el maquillaje, luego de desechar un vestido de gala de Stefano Galbana y otro de noche de Ives Saint-Laurent, se decantó por un nuevo modelo de Oscar de la Renta cuya propuesta en base a telas vaporosas en la que no faltaban las gasas con bordados florales y cristales de Swarouski, a juego con los pendientes, realzaba su figura. Además, la novedosa utilización de plisados, texturas y drapeados, tanto en el velo como en el tocado, le daba un cierto aire de sofisticación que la reina consideró infalible.

Una vez se ajustó el cierre del vestido, la reina se sentó frente al mágico espejo e invocó a su genio.

-¡Espejito, espejito, respóndeme de una vez, si en este reino hay mujer más bella que la que ves!

A la invocación de la reina acudió Sasha, al parecer, no muy feliz de lo que veía.

-¿Pero tú te estás volviendo loca? ¿Y qué haces con esos trapos encima? Pero mi amor… ¿Tú te crees que estamos en carnaval?

La reina, conturbada, balbuceó una respuesta.

-Es de… Oscar de la Renta…

-¡Ajá! ¿Y…?  Mira, hazme el favor y quítate esa ridícula vaina antes de que te vea alguien. ¿Es lástima que quieres dar?

-Quiero que sepas Sasha… -replicó la reina mientras se arrancaba el tocado, corona incluida, de la cabeza- que no he parado en todo este tiempo…No hay cirujano que no me haya tratado ni clínica estética que no sepa de mi cuerpo…

-Sí, lo sé –le interrumpió Sasha- y sé que también te has aprendido las 50 reglas de Nutrintelligent para lograr los 60 centímetros de cintura comiendo lo que te gusta y sin sufrir con dietas aburridas; sé que has estado consultando con sus nutricionistas on-line las 24 horas y que Nutrintelligent es el primer quemador intensivo de grasas que, además, elimina completamente el apetito; sé que cuentas con la aprobación de 10 reconocidos nutricionistas, y que su plan Ultimate Reductor, fat burner- apetite away es infalible… pero  esto lleva tiempo, amorcito, esto no es de la noche a la mañana que se consigue y en tu caso necesitamos algo más rápido, más booom, algo divine, más voila.

-También –agregó la reina- estoy siguiendo la dieta Atkins y tomando té chino antes de acostarme. He comprado un lote completo de cremas adelgazantes y anticelulitis, además de cremas antiarrugas, exfoliantes y tonificantes. Todos los sábados voy al SPA y me someto a masajes reductores, baños de lodo y mascarillas de sábila, más un poco de botox y extensiones de cabello…

-Eso está bien… pero sigue siendo insuficiente.

-¿Y en el ranking… -preguntó la reina- cómo estoy?

-Olvídate de eso…al menos de momento. Has bajado dos puestos más, hasta el 90, y  Blancanieves, querida, y mira que está gorda, te sigue llevando mucha ventaja.

-¿Y entonces…qué puedo hacer?

-Te voy a poner a hacer ejercicio –contestó el espejo.

-Es que no tengo tiempo Sasha… no tengo tiempo.

-Pues usa Power Plate. Su modelo My3&trade es el más estilizado del mercado y la manera más económica de realizar los ejercicios de acceleration training en cualquier espacio Y aún puedes obtener resultados más rápidos con el Power Plate Pack de Accesorios o usar el Power Shield para reducir las vibraciones. Si a eso le añades una bicicleta Spinning y aplicas un programa Gym Planner con equipamiento de Fitness,  en un par de semanas estás para la pasarela Cibeles. ¡Ponte las pilas, mi amor, ponte las pilas que vamos a arrasar!

Hasta los impuestos se vio obligada a aumentar la reina a sus súbditos para obtener los recursos que le permitieran importar toda clase de artefactos y ungüentos con los que mejorar su posición en el ranking y superar por fin a Blancanieves.

No conforme con ello aún fue más lejos y, después de cenar su habitual combinado proteínico y hacer sus ejercicios estáticos, la reina también se dedicó a correr alrededor de su castillo y a saltar, incluso, de almena en almena, sus cuatro torreones hasta caer desfallecida.

Ni siquiera dormía porque, antes de que saliera el sol, se zambullía en las heladas aguas del foso de su castillo completando tres vueltas más, sin que nunca la hicieran desistir el frío o los cocodrilos. 

Cuando pasado un tiempo prudencial consideró el momento de volver a encarar a su asesor de imagen, entró en su alcoba y, como acostumbraba, se desnudó.

Reparó entonces en que, a sus espaldas, siempre con la manzana en la mano, se encontraba su asistente.

-¿Y bien? –inquirió la reina- No le has dado la manzana a Blancanieves… ¿verdad?

-Estuve con ella, su majestad…y por cierto está gordísima… pero cuando me disponía a entregarle la manzana tuve que atender una llamada por el móvil de vuestra excelencia, que quería saber si le había entregado la manzana y, para cuando me di cuenta…Blancanieves subió a una carroza y desapareció… ¡pero ya sé donde vive!

La reina, muy seria, como si ya no le importara el último fracaso de su asistente, volvió a darle la espalda sentándose en el tocador y agregó sin mirarla:

-¿Cómo es que te llamas?

-¿Por qué me lo pregunta, su majestad? –contestó su asesora.

-Porque me gusta saber a quien despido…pero ya es igual. ¡Fuera! ¡Estás despedida!

Compungida, la asesora real dejó la manzana sobre el tocador y entre hipidos y sollozos salió de la habitación.

La reina observó sus ojeras en el espejo, cada vez más marcadas, y trató de disimularlas  con néctar de butifarra. Después chupó un limón agrio hasta exprimir la última gota, retocó su peinado, se vistió con un traje de gala de Domenico  Dolce y, ya lista para el encuentro, invocó a su duende mientras se calzaba sus nuevos tacones Lamborghini a juego con el vestido.

-¡Espejito, espejito, respóndeme de una vez, si en este reino hay mujer más bella que la que ves!

-Pero… ¿qué es esto mujer? ¿Qué te has hecho? ¡Mírate por Dios, pareces una muerta viviente! ¿Y esas ojeras? ¡Mon Dieu! ¿Dónde está ese culo voluptuoso que tenías? ¡Estás en los huesos!  ¿Cómo puedes mear sin deshidratarte? ¡Hasta van a decir las malas lenguas que estás anoréxica, que estás bulímica, que te has vuelto un espantajo!

La reina, lejos de desmoronarse ante el vendaval de críticas de su asesor de imagen, buscó justificarse en un puntual e inevitable desahogo.

-Óyeme Sasha… ya ni sé los años que llevo untándome toda clase de potingues, subiéndome a toda clase de artefactos, aplicándome todo tipo de cremas, siguiendo toda suerte de dietas…todas seguras, recomendadas, infalibles. Paso mi vida contando las calorías, los carbohidratos, los azúcares de cada alimento, asistiendo a sesiones de masajes reductores y tomando té laxantes tres veces al día. Me he comprado todas las fajas del mercado, he apelado a todas las cirugías, he llenado mis armarios con modelos y accesorios de todos los grandes modistos de este reino y de los vecinos…y te sigo, todavía, escuchando que Blancanieves  me saca ventaja a pesar de que, me dicen, esa condenada está más gorda que una chancha preñada.

-De eso se trata precisamente –le interrumpió el espejo- Blancanieves no está gorda sino embarazada. Por lo que sé, ha conocido a un príncipe muy apuesto y muy rico, y se van a casar.

La reina ahogó en su interior un grito de rabia, incluso dos, hasta tres y, finalmente dijo:

-¡Nooooooooooooooo!

-Pues sí, y feliz que está –confirmó Sasha los peores augurios.

-Pero… -trató la reina de recuperar el color perdido con los ojos aguados.

-¡Pero nada! ¿Cómo no te has dado cuenta? ¿Cómo has llevado esto tan lejos? ¡Si hasta la corona te queda grande ya! ¡Qué horror… vas a acabar con tu vida y, lo que es peor, con mi reputación!… ¡Hasta van a decir que consumes drogas!

La reina  no quiso escuchar más. Súbitamente, en un sorprendente gesto de física destreza, levantó sus escuálidas piernas a la altura del mágico espejo y, de un solo golpe, descargó sus dos furiosos lamborghinis sobre la luna.

Un estrépito de menudos fragmentos de cristal ahogó para siempre la voz de Sasha. Como una muñeca rota, inservible, la reina quedó en la silla, frente a su tocador, sollozando en silencio su desgracia. También su vida había acabado. Ya nunca sería la más bella. Y para colmo de desdicha, Blancanieves era feliz.

Tomó la roja manzana del tocador y volvió a sonreír al escuchar su crujido al morderla, ese agridulce sabor que la estremecía de placer, esa jugosa textura que tanto habían evitado sus labios. Al carajo, pensó. Ya, qué importaban unas cuantas calorías más.