La naturaleza responde

Los ríos no van a sentarse a conciliar con los arroyos nuevas alternativas a los cauces secos. Tampoco los rescoldos del incendio indemnizarán al monte, como no imagino a las raíces de los recién talados redactando una queja en pública asamblea.

A las vacas locas la psiquiatría les es indiferente tanto como a las aves el ibuprofeno, y no parece probable que esos otros animales llamados “de granja” hayan desarrollado su adicción a la hormona por problemas relacionados con la deserción escolar o un padre maltratador. No es por prescripción médica que el plástico está en la dieta de las tortugas. El deshielo en los polos no se está produciendo porque el hielo, inconforme con su suerte glacial, haya decidido emigrar en caravana buscando un mejor futuro como cubito en el trago de la barra de un bar. Y el clima no es un funcionario veleidoso, doctorado en cambios y con un máster en arbitrariedad genética.

La naturaleza no tiene nada personal contra el progreso humano pero le importan un carajo los virtuosos pretextos con los que la “vida inteligente” justifica el colapso del planeta. La naturaleza, que no necesita mayorías, ni consensos, ni recurrir ante el Tribunal Supremo, solo responde.

(Euskal presoak-euskal herrira/Llibertat presos politics/Altsasukoak aske)

Chaplin

Charles Chaplin, cuyas películas debieran proyectarse por decreto en todas las escuelas y residencias de ancianos, decía que “solo soy, solo sigo siendo una sola cosa: un payaso. Eso me pone en un plano más alto que cualquier político”.

En razón a su modestia, supongo, Chaplin no quiso hacer sangre, que bien pudo explayarse y afirmar, por ejemplo, que un payaso también está en un plano más alto que un rey, que una corte de supremos magistrados o que el general más laureado, que el de payaso es uno de esos pocos oficios imprescindibles sin el que la vida perdería su sentido. Chaplin también decía que el día que no sonríes es un día que pierdes.

Pero los tiempos cambian y con ellos, tal vez porque nunca han disfrutado a Chaplin, todos esos ilustres citados que han proscrito la risa y los payasos y son quienes, ahora, de payasada en payasada, dirigen la triste comedia. Inviolables payasos de sangre azul que representan la bufonada de que “nadie está por encima de la ley”; honorables payasos de sangre cobre que aprecian regocijo en la violación de una manada; y el Cid Campeador en alpargatas y sin sangre que cabalga por los campos de España al bufido de: ¡A mi la legión!

Como payasos también son una mierda y no hacen ni puta gracia. Si no fuera por Chaplin yo habría perdido muchos días, demasiados, porque estos nuevos payasos no dan ni para sonrisa. Tampoco para mueca. Solo dan asco.

(Euskal presoak-euskal herrira/Llibertat presos politics/Altsasukoak aske)

«Campana sobre campana…»

Debe ser que me voy haciendo viejo o, tal vez, que ya entramos en invierno y se acerca la Navidad y con ella los entrañables villancicos y uno se pone nostálgico, pero nunca me había sentido tan feliz al oír un repique de campanas como el que el pueblo de Altsasu hizo tañer el pasado domingo para regocijo de sus vecinas y vecinos. Hasta los siete jóvenes del pueblo que siguen secuestrados por la justicia española las deben haber oído y celebrado en sus celdas.

Yo que, años atrás, tanto me quejaba del estrépito del campanario de la catedral de Iruña, lo que son las cosas, ahora agradezco y aplaudo la música celestial de la iglesia de Altsasu.

Campana sobre campana y sobre campana una… y otra, y otra, y otra, y otra más… Campanas festivas, vigorosas, campanas divinas que se llevaron del pueblo las indeseables visitas de unos cuantos violentos que han hecho de la provocación su oficio y que campan a sus anchas por esa negra y triste España en la que las campanas no repican, solo doblan. A campanazos los echó el pueblo.

No sé si será verdad ese viejo dicho de que la música amansa a las fieras pero lo que se pudo confirmar el domingo en Altsasu es que la música sí ahuyenta a las ratas.

(Euskal presoak-euskal herrira/Llibertat presos politics/Altsasukoak aske)

La noticia no tiene sexo

Decía Patricia Ansola, feminista colombiana, que las noticias no tienen sexo, su tratamiento sí, y no pasa un día sin que un periódico confirme la aseveración.

Desde seguir calificando de pasionales los crímenes machistas, como si el amor fuera una enfermedad y el asesinato de una mujer disculpable por dejarse llevar el feminicida por algo tan común y comprensible como la pasión, hasta crónicas en las que el periodista llama la atención sobre cómo vestía la mujer asesinada o el tipo de vida que llevaba.

Días atrás, un militar mataba a su esposa «accidentalmente» en San Francisco de Macorís (República Dominicana) al disparársele la escopeta que portaba.

Según la crónica del corresponsal, el militar, que andaba de patrulla con otro compañero, entró un momento en el local de la empresa en el que trabajaba su esposa para conversar con ella, tras lo cual, al despedirse y recoger su escopeta, luego de haber sostenido ambos una «amena conversación en la que acordaron salir a bailar por la noche», se le escapó un único tiro que impactó en el pecho de la mujer acabando con su vida. Acto seguido, sigue diciendo la crónica, el militar sacó un revólver y se suicidó.

Añadía el periodista que vecinos de la pareja definían al militar y a su esposa como «dos personas tranquilas, que siempre estaban sonrientes y nunca habían tenido problemas», lo que agregaba más pesar al caso por lo insólito de encontrar una pareja que no sabía lo que era una discusión, un mal gesto o una mala palabra.

Cuando leí la crónica me llamó la atención la insistencia del periodista en decorar la relación de la pareja y el accidente, para nada supuesto, con tantos apuntes y testimonios.

¿Cómo dedujo el periodista que había sido «amena» la privada conversación que sostuvieran dos personas que resultaron muertas y en la que, obviamente, él no estuvo presente? Y si aventurado es considerar “amena” la supuesta conversación, aún más lo es resolver en accidente, sin comillas que lo amparen, lo que el mismo periodista informaba «esta investigando una comisión formada por dos coroneles».

Me llamó la atención también, sin pretender presentarme como un estudioso de la conducta humana, la inmediata decisión del militar, tras el «accidente» que costó la vida a su esposa, de dispararse en la cabeza, porque tal parece que una reacción más lógica y común hubiera sido, en medio del estupor por la repentina desgracia de una bala que se pierde y un pecho que la encuentra, el tratar de reanimar a la mujer, pedir ayuda, taponarle la herida o pensar en trasladarla a un centro médico, en medio de la absoluta desolación por lo ocurrido. Generalmente, el suicidio, como respuesta inmediata, sólo ocurre si ya estaba previsto de antemano y en cuyo caso no podría verse como accidental la muerte de la mujer porque estaríamos hablando de un crimen machista y de la habitual cobertura de los medios que, así sea por inconsciencia, son cómplices del crimen.

(Esta columna y este asesinato ocurrió en el 2002. Se publicó en El Nacional, periódico en el que yo trabajaba entonces como columnista diario y corrector de estilo. El corresponsal, a quien no quise citar por su nombre, me llamó indignado. Le remití a la lectura de su propia crónica que solo porque no cayó en mis manos acabó impresa. Ni era el único ni era la primera vez que desde la ignorancia o la inconsciencia se redactaban como accidentes asesinatos machistas. Desde seguir calificando de pasionales los crímenes machistas, como si el amor fuera una enfermedad y el asesinato de una mujer disculpable por dejarse llevar el feminicida por algo tan común y comprensible como la pasión, hasta crónicas en las que el periodista llama la atención sobre cómo vestía la mujer asesinada o el tipo de vida que llevaba, era habitual entonces en los medios lo que, lamentablemente, sigue siendo costumbre. Ha habido algunos avances en el tratamiento de la violencia machista pero resultaría desolador cuantificarlos. Lo prueba el hecho de que, probablemente, la mayoría de quienes han leído esta columna tampoco ha reparado en que la escribí hace 16 años).

(Euskal presoak-euskal herrira/Llibertat presos politics/Altsasukoak aske)

Menores y medios

Si tiene a su cargo a menores de edad y le preocupa la perniciosa influencia que en ellos ejercen las llamadas redes sociales, tal vez sea hora de que les prohíba el acceso a Internet y les anime a ver más televisión, a seguir espacios como: “Crímenes pasionales”, “Mentes criminales”, “Asesinato en primera persona”, “Niños asesinos”, “Parejas asesinas”, “Crímenes imperfectos”, “Catástrofes aéreas” o “Crímenes en la red”.

Si tampoco le parece aconsejable la programación televisiva, bien puede orientarlos hacia sanos deportes como las artes marciales y el “Ultimate Fighting Championship” (UFC) en el que siempre gana el animal que más sangra o ponerlos a leer “Marca” con informaciones como: “¿Por qué se desnuda Cristina Pedroche?”, “El desnudo integral de Rita Ora que incendia Instagram”, “Aitana (OT): Son mis tetas y si hago topless no pasa nada”, “El topless de una patinadora al romperse su vestido”, “Kim Kardashian sorprende con su cuerpazo” o “A Paula Vázquez: ¿Qué tal si te echamos gasolina y te metemos fuego?”

Aunque, tal vez, sea mejor que los dejemos tranquilos y que se pongan a jugar, para eso son niños, a jugar en: Bwin, Sportium, 888 Sport, Bet 365, Suertia, William Hill, Betfair…

(Euskal presoak-euskal herrira/Llibertat presos politics/Altsasukoak aske)