Un estado delincuente

 

Todos los días algún representante del estado español insiste en que vivimos en un Estado de derecho en el que impera la ley y en el que la ley es igual para todos.

Sin embargo, el Estado español incumple la ley orgánica por la que se aprobaron las autonomías. El País Vasco lleva esperando 39 años que se hagan efectivas 37 transferencias. El Estado español incumple una decena larga de los derechos recogidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos como el derecho al trabajo, a igual salario por igual labor, a no ser arbitrariamente detenido, a asistencia legal, a no ser torturado ni sometido a malos tratos… El Estado español también incumple 23 artículos de su propia constitución; incumple la Ley de Memoria Histórica, incumple la Ley de Asilo, incumple la Ley de Discapacidad, incumple la Ley de Comercio de Armas, incumple la Ley de Morosidad, incumple la Ley de Estabilidad Presupuestaria, incumple la Ley de Costas, incumple la Ley Penitenciaria, la ley de la Unión Europea en materia de contratos temporales, la ley en materia de desahucios…

El parlamento europeo ha señalado reiteradamente al Estado español como uno de los países que más incumple las normativas europeas. El Estado español es un estado delincuente.

(Euskal presoak-euskal herrira)

Pánico a la autodeterminación

 

No me voy a molestar en comprobarlo pero, probablemente, Rajoy tenga razón al recordar en estos días que solo tres países han garantizado en sus constituciones el derecho a la autodeterminación: “la de la antigua Unión Soviética (mohín acompañado de susurro), la antigua Yugoslavia y Etiopia (risas de fondo)”.

No citó, tal vez porque se le habían acabado las muecas o porque el ejemplo le pillaba demasiado cerca como para recordarlo, otro Estado, España, que en 1975 firmó el llamado Acuerdo de Madrid como garantía del referéndum de autodeterminación del pueblo saharaui, referéndum que, por cierto, ya lleva 42 años de retraso.

Habitualmente, sin embargo, como es sabido, los pueblos han conseguido su independencia en base a otros métodos mucho más civilizados y modernos que un violento referéndum. Las colonias españolas en América, por ejemplo, en la España en la que no se ponía el sol, lograron independizarse de la corona española tras una larga campaña, casa por casa, recogiendo firmas. A las demás colonias españolas por el mundo les bastó un minuto de repulsa y de silencio para que el rey español entrara en razón y accediera a otorgarles la independencia. Una peregrinación, rogativa incluida, al Cristo de Medinaceli, acabó por convencer a José Bonaparte de la conveniencia de abandonar el Estado español y regresar a Francia poniendo fin al Escrache de la Independencia, y los Estados Unidos, país de referencia que no admite mohínes ni risas, se independizaron de Inglaterra tras un masivo envió de cartas de repudio al rey inglés que, abochornado, ni siquiera perdió el tiempo en consultar a sus súbditos la posibilidad de la independencia.

(euskal presoak-euskal herrira)

Sueños y pesadillas

Para quienes todavía no tengan clara a la hora de acostarse las diferencias que hay entre disfrutar unos dulces sueños o padecer unas amargas pesadillas, las cuentas anuales presentadas por Inditex, el obsceno negocio vinculado a la ropa de Amancio Ortega, le pueden sacar de dudas. Anjel Ordóñez hacía antier en Gara referencia a esa empresa y a esas cuentas: ventas por valor de 23 mil millones de euros; más de 7 mil tiendas; más de 160 mil personas empleadas. Cada minuto que pasa Ortega gana 2.380 euros. Es decir, que cada mañana que el millonario gallego feliz despierta en su mansión después de ocho horas de reparador descanso, sus sueños le han producido más de un millón de euros. Exactamente, según sus propias cuentas, 1,142.400 euros por dormir. Eso son sueños.

Las niñas que trabajan en miserables condiciones para Amancio Ortega en las plantas textiles de India, Bangladesh o Marruecos pueden llegar a ganar un euro por hora trabajada, menos de medio céntimo por minuto al día. Es decir, que cada noche que agotadas regresan a sus casas y, finalmente, se acuestan, siguen debiendo todo, hasta el catre en el que se derrumban. Eso son pesadillas.

Mientras los sueños de algunos acunen las pesadillas de todos nadie debiera dormir.

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Tres noticias de septiembre del 2010 para leer hoy

 

Septiembre del 2010. La primera noticia nos relataba otra nueva denuncia de torturas. Las padecidas en esos días por nueve independentistas del País Vasco detenidos por la Guardia Civil: la “bolsa”, amagos de violación, tocamientos sexuales, golpes… El mismo juez que ordenara las detenciones, la incomunicación y la inasistencia legal, también desestimaría las denuncias de torturas.

Sandra Barrenetxea, una de las detenidas, declaraba haber sido desnudada en el mismo trayecto a Madrid, entre insultos, golpes y tocamientos en los pechos. La vecina de Bilbao denunciaba que un guardia civil le arrancó los pantalones forzándola a que abriera las piernas. Igualmente, denunció que fue obligada a permanecer en bragas en los interrogatorios y amenazada con ser violada en más de una ocasión.

Aniaiz Ariznabarreta, otra de las mujeres apresadas, también denunciaba haber sido torturada en el mismo trayecto a Madrid, viaje que debió hacer semidesnuda, siendo objeto de golpes, tocamientos en los pechos e insultos sexistas. Durante los cinco días que permaneciera detenida e incomunicada fue mantenida desnuda en todos los interrogatorios, sufriendo tocamientos tanto en los pechos como en la vagina.

Septiembre del 2010. La segunda noticia informaba que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos condenaba al Estado español a indemnizar con 23.000 euros al preso político vasco Mikel San Argimiro, al entender que el Estado violó el artículo 3 –que prohíbe la tortura– del Convenio Europeo de Derechos Humanos, por no investigar las torturas (la “bolsa”, golpes y vejaciones sexuales) que denunciara San Argimiro tras ser detenido e incomunicado por la Guardia Civil.

Septiembre del 2010. La tercera noticia nos ponía al tanto de la entrega en Madrid del Premio del Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género que recaía en la Guardia Civil, además de otras policías (Cuerpo Nacional de Policía, Ertzaintza, Mossos d’Esquadra y Policía Foral).
El acto estuvo presidido por los ministros de Igualdad, Bibiana Aído; Interior, Pérez Rubalcaba; y Justicia, Francisco Caamaño, así como por el presidente del Consejo General del Poder Judicial, Carlos Dívar (años después renunciaría por sus semanas caribeñas en Marbella, comidas y despendoles incluidos); por el presidente del Consejo General de la Abogacía Española, Carlos Carnicer; por el Fiscal general del Estado, Cándido Conde-Pumpido (actualmente en el Tribunal Constitucional) y por la presidenta del citado Observatorio, Inmaculada Montalbán.

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Nuevos delitos

Uno pensaba que el odio era un sentimiento y que, al margen de la consideración que nos merezca, era tan legítimo como el amor, pero los tiempos cambian y ahora resulta que lo que creía un sentimiento también es un delito. Oigo en los medios habar del delito de odio para explicar una bronca, un insulto, cualquier cosa, y me echo a temblar. No porque odie, que si alguna vez odié años hace que no albergo semejante sentimiento, sino porque me preocupa que además del odio también se convierta en delito el asco. Y es que asco si que tengo y, lo que es peor, lo tengo por arrobas, a mansalva, en cantidades industriales. Son tantos mis ascos que enumerarlos me llevaría cien columnas y la certeza de no poder nombrarlos todos. Basta que entre en un bar y tengan puesta, es un ejemplo, Tele-5 para que de inmediato me invada una sensación de asco insoportable; solo con la portada del Diario Vasco es suficiente para que la náusea me haga correr al baño, y con El Correo Español ni siquiera tengo tiempo de correr. Sufro arcadas en todos los tonos y tamaños, ascos S, M, XL, XXXL, ascos en do, en re, en mi-fa-sol, ascos en blanco y negro, en directo y diferido, en prosa y en verso, ascos nacionales e internacionales… ¿También será delito el asco?

(Euskal presoak-euskal herrira)