El país más pobre del mundo

Estados Unidos, país al que algunos siguen teniendo como referencia, como modelo a imitar y seguir, es, obviamente, el país más necesitado del mundo. Bil Gates ya señaló hace algunos años una de sus principales carencias: “Estados Unidos necesita crear leyes de inmigración que permitan la entrada en el país de gente inteligente”. Pero no es la única carencia.

Si es cierto, que lo es, aquel viejo pensamiento que cifra la riqueza individual o colectiva en la falta de necesidades, Estados Unidos es, obviamente, el país más pobre del mundo. Y es que precisa de todo.

Necesita más consumidores, más vehículos, más drogas, más armas, más televisores, más patatas fritas, más abogados, más medallas, más píldoras, más petróleo, más agua, más muros, más estadísticas, más estrellas. Necesita más guionistas, más producciones y anuncios publicitarios, más cárceles clandestinas, más sodas, más teléfonos, más sectas, más rascacielos, más estrellas, más analgésicos, más récords, más ordenadores, más moscas, más portaaviones. Necesita más pavos, más torturadores, más aplausos, más embajadas, más eufemismos, más hormonas, más dólares, más gimnasios, más bases militares, más secretarías de disculpas, más Oscars, más ventrílocuos, más pandemias, más mitos, más penas de muerte, más médicos, más hijos de puta, pero, sobre todo, más… psiquiatras.

(Euskal presoak-Euskal herrira)

La bicicleta de humo

Se acercaba a los cien y, mi madre, tal vez por celebrar el centenario a su manera, en los duermevelas de las tardes hilvanaba lamentos que, con frecuencia, se las ingeniaba para transformar en exigencias y, dependiendo del tedio, de las luces y sombras que hubieran acompañado al día y, sobre todo, de las ganas de joder, hasta podía derivar en llanto.

Ausente, como si no fuera con ella el fragor de su memoria trajinando episodios nacionales, hurgaba recostada en el sofá alguna guerra patria a la medida de un pañuelo blanco perfumado en el que rendir las evidencias antes de seguir improvisando quejas, una detrás de otra, de tristeza en tristeza.

Solo regresaba a la tierra si le pasabas la mano por los hombros hablándole al oído. Cuando respondía le bastaban tres palabras para la explicación más exhaustiva. Y era su voz un acertijo, un imposible enigma, la cinco horizontal de un pendiente crucigrama, una sopa de letras.

Aquel día, mi madre, al regresar de la siesta no se limitó a interrumpir el silencio. Una vez expresó su queja, la enfatizó, la gritó y la siguió enarbolando, rueda tras rueda: “¡Quiero andar en bicicleta!”.

Hasta el día siguiente nadie pudo quitárselo de la cabeza y, en cualquier caso, tampoco iba a ser la única vez que nos volviera a aporrear el timbre con su demanda: “¡Quiero andar en bicicleta!”

Nunca ninguno de sus 5 hijos fuimos testigos de sus rondas ciclistas. Ni siquiera tenemos constancia de que alguna vez haya habido en casa de mi madre una bicicleta. Si acaso un triciclo, un patín colectivo… pero no una bicicleta. Lo más parecido que le he conocido a mi madre fue una Singer en la que, dedal en ristre, pedaleaba los veranos como los inviernos pero, porque a esa edad hasta las fantasías son certezas, sé que la hubo, antes, mucho antes de que incorporase a su expediente el cargo de madre, cuando solo era Esther, y que no era de humo.

(Euskal presoak-euskal herrira)

«La muerte cayó del cielo»

Ahora resulta que Obama, además de showman, beisbolista, padre y esposo ejemplar, cantante, baloncestista, flamante nobel de la paz… también es poeta, y no cualquier poeta. Solo así se entiende que 71 años después de que un B-29 arrojara su “Little Boy” sobre Hiroshima provocando cientos de miles de muertos que todavía no terminan de contarse, llegue por primera vez un presidente de Estados Unidos a esa ciudad japonesa para reconfortar la memoria del país y no se le ocurra verso más exquisito que el que titula esta columna: “La muerte cayó del cielo”, como si hubiera sido el cielo el responsable, un fatal infortunio, un traspiés de la muerte en las alturas, un divino designio, y que, incluso, concluya su poema apostillando: “… y la historia cambió” o, lo que es lo mismo, que no hay mal que por bien no venga.

Quién iba a pensar, con tanto que se ha escrito al respecto, que a las miles de víctimas que provocaran los atentados de las Torres Gemelas aquel 11 de septiembre, todavía les faltara por oír que también la muerte les cayó del cielo… para cambiar la historia.

Yo casi estoy por volverme creyente y, aunque sea tarde, elevar mis oraciones para que, como maná del cielo, sigan cayendo bendiciones sobre tanto cinismo.

(Euskal presoak-Euskal herrira)

República Dominicana no es noticia

En la República Dominicana hubo elecciones hace algunos muertos y días, los mismos que duran las algaradas y protestas por el fraude y a la espera de que la Junta Central Electoral finalice los recuentos, también sus cuentos, mientras toda la oposición insiste en la necesidad de que se celebren nuevas elecciones.

Al PLD, partido en el gobierno, se le fue la mano, las dos manos, y al fraude habitual que supone el uso de los recursos del Estado o la alteración del censo electoral, agregaron la compra de cédulas, el secuestro de urnas a cargo de militares y simpatizantes, el extravío de boletas, el incendio “accidental” de votos y voluntades, la expulsión de delegados, las sumas imposibles… Y todo ello, más otras defraudadoras habilidades que omito para no aburrirles y en las que este gobierno y los que le precedieron han sido contumaces expertos, llevado en esta oportunidad a su máxima expresión. Solo les faltó rotular la oficina que para la compra de adhesiones tienen instalada en el propio Palacio Nacional y anunciarse en los medios y, seguro estoy, que si no lo han hecho no ha sido por la existencia de algún insólito escrúpulo sino, simplemente, porque no se les ocurrió,

En magnánimo gesto, Danilo Medina, el mismo que jurara que en ningún caso pensaba reelegirse hasta que, todo por la patria, cambiara de opinión, ha anunciado a la oposición que no va a perseguirla, que así de generoso es el nuevo y viejo presidente.

Y si quiere saber algo más al respecto le recomiendo que no pierda su tiempo buscando un canal de televisión que le ilustre o uno de esos grandes medios de papel que lo ponga al tanto. Mejor busque en Internet. A la espera de un tsunami, de un terremoto o de un huracán, la única república americana que actualmente existe es la venezolana.

(Euskal presoak-euskal herrira)

Adiós rebelion.org

Cronopiando

Koldo Campos Sagaseta

Adios rebelion.org

Desde hace muchos años, muchos, creo que trece o catorce, vengo colaborando con rebelion.org un medio electrónico con el que me he identificado desde antes, incluso, de que Pascual y Carlos Martínez me propusieran incorporarme al equipo de articulistas de este medio y cuando también formaba parte de rebelion.org Santiago Alba .

Obviamente no comparto todos los artículos que rebelion.org publica y entiendo que pueda dar cabida a reflexiones críticas con procesos con los que uno se identifica, o que haya firmas que cuestionen movimientos, corrientes, causas que hago mías, pero me asombra tanto como me indigna que, precisamente, en estos días y circunstancias, rebelion.orgencabece la edición de hoy, 20 de mayo, con un artículo de Carlos Carcione sobre Venezuela titulado «De relato heroico a farsa grotesca» porque apesta. Con independencia de la corrección de algunos señalamientos, apenas es media línea de un artículo denso en el que se sugiere otras posibles causas para la crisis que vive Venezuela que no sea Maduro, su gobierno y el Partido Socialista. Que se calle y se pase por encima de la orquestada campaña contra esa república, en estos precisos momentos no puede ser un error. En verdad que resulta repugnante querebelion.org se preste a encabezar su edición de hoy con semejante libelo que ni letrinas como El País se atrevería a publicar. ¿Es que también ha habido un golpe de estado en rebelion.org y ya no es referencia para la izquierda? ¿Es que hace tiempo que está ocurriendo y es ahora que yo me acabo de enterar por no estar siendo en los últimos años un asiduo lector de un medio que consideraba de los «míos». En cualquier caso, en lo que a mi respecta, se pueden ir a la MIERDA y cierro con la presente mi colaboración con este medio.

(Euskal presoak-Euskal herrira)