Votos en negro

¿Es admisible que un Estado como el español, el más corrupto de Europa según sondeos europeos, pueda gestionar elecciones desmintiendo su corrupta naturaleza? ¿Es creíble que una banda de delincuentes constituida en Estado y que no ha dejado ileso un solo artículo del Código Penal vaya a abstenerse del delito electoral? ¿Es aceptable que un partido que se ha financiado ilegalmente pueda pretender como válidos los votos que alega como propios cuando el propio Ministerio del Interior admite “errores” en los censos y 9 de cada 10 ciudadanos de los casi dos millones que residen en el extranjero siguen sin poder votar? ¿Es casual que Fernández Díaz, el más mendaz de todos los ministros no obstante la reñida competencia, el mismo que se jacta de haber ganado la guerra que ha perdido o de haber arruinado la sanidad catalana, capaz de fabular intrigas contra adversarios políticos y ni siquiera responder por ello, y que según confiesa cuenta con un ángel de la guarda que le ayuda a aparcar el coche, esté a cargo de la pulcritud y la decencia que se le supone a un proceso electoral? ¿Es posible imaginar que quienes han sentado cátedra en toda suerte de tramas delictivas, en cajas B o en dinero en negro, vayan a tener algún pudor para no disponer, también, de urnas B o votos en negro?

(euskal presoak-euskal herrira)