En cadena

Años atrás, cuando un hecho insólito ocurría, los grandes medios interrumpían su programación y, ante el imprevisto y grave suceso, entraban en cadena. Así era que se conocía esa común sintonía de todos los medios de comunicación que paralizaban sus particulares agendas informativas para coincidir en una noticia general. La trascendencia de esa súbita noticia era la justificación de la que se valían los medios para entrar en cadena.

Actualmente, los grandes medios ya no entran en cadena porque viven en ella, y da lo mismo que canal se sintonice, que emisora se oiga, la noticia es la misma. Hace unas semanas la crisis del PSOE expuesta en sus diferentes fases monopolizaba la información de todos los grandes medios. Nada más existía. El mundo giraba alrededor de la gestora socialista, de Pedro Sánchez, de Felipe González y Susana Díaz y, constantemente, las pantallas se llenaban de entrevistas reiteradas con los mismos personajes insistiendo en cansinas declaraciones, para que los mismos analistas emitieran sus consabidos juicios que volvían a repetirse.

La cadena de los medios volvió a quedar de manifiesto cuando una bronca a las 5 de la madrugada a las puertas de un bar en un pequeño pueblo en fiestas de Navarra, en el que una persona resultó con un tobillo roto, otra sufrió una mordedura en un brazo y otra más una tendinitis, se transformaba en una emboscada terrorista y brutal a dos guardia civiles de paisano, en un linchamiento en el que intervino medio centenar de proetarras exaltados y expertos (lo agregaba La Razón) en artes marciales. Otra semana más en la que era imposible poner un canal o abrir un periódico sin que el habitual coro de analistas repitiera hasta la náusea las mismas certezas tan absurdas como reiteradas. En los mismos días moría un senegalés en Iruña en una comisaría tras ser detenido violentamente en una calle de la capital navarra, y sin salir de la misma ciudad y en parecidas circunstancias un dominicano sufría varias fracturas en otra comisaría. Dos noticias que nunca llegaron a las mesas de los sesudos analistas ni a las portadas de los grandes medios.

Siguen los medios en cadena tratando durante casi dos semanas el terrible caso de la venta legal de un piso de 60 metros cuadrados de protección oficial en un barrio obrero de Madrid en el que su dueño obtuvo un beneficio. El autor de la venta era entonces un joven madrileño que años más tarde se convertiría en dirigente de PODEMOS. En la Sexta, en la 4, en el 5, en TVE, en EITB, en El País, en ABC, en todos los medios y de manera constante, ríos de tinta sobre el caso, más expertos y contertulios debatiendo el hecho, a las 9 de la mañana, a las 5 de la tarde, por la noche… Miles de viviendas de protección oficial vendidas a fondos buitres, regaladas a empresas mafiosas por el ayuntamiento de la misma ciudad y en los mismos días pasaban de puntillas por unos medios que, finalmente, cambian de tema pero siguen estando en cadena. Las elecciones en los Estados Unidos y la victoria de Donald Trump van a congestionar canales y emisoras hasta fin de año.

Y otras vez las mismas entrevistas, los mismos contertulios reiterando las mismas opiniones que, una vez concluyen, vuelven a repetirse.

Con tantos aspectos en las elecciones de los Estados Unidos sobre los que podría hablarse, como el hecho de que uno de cada dos ciudadanos no vota y que esto ocurre desde hace más de un siglo; o que aquel principio democrático por el que se rigen casi todos los países de que “un ciudadano, un voto”, en Estados Unidos no tiene valor alguno porque se vota pero no se elige; o de que su “ejemplar” pluralidad a lo largo de sus más de 200 años se limita a dos opciones que vienen a ser la misma y en la que quien más votos obtiene a veces es el segundo; o de que si no hay un millonario capital que respalde una candidatura no hay aspiración que valga o tenga recorrido… los medios reiteran hasta el aburrimiento todos los tópicos al respecto.

Lo peor, sin embargo, no es ya el hecho lamentable de esa absoluta sintonía en los temas que abordan todos los medios, esa uniformidad temática que puede convertir un hecho banal o trascendente en única noticia durante días o semanas, lo peor es que, además de opinar los mismo lo opinen de la misma forma.

(euskal presoak-euskal herrira)