En la luna

Lo admito, sí, es verdad, vivo en la Luna, aunque no he terminado de mudarme. Me falta recoger una sonrisa que haga más dulces las noches en menguante y una lágrima grave que compense la desmedida holganza del creciente, para contar estrellas a tu lado en una luna llena compartida, de sonrisas, de lágrimas, de vida…como gatos arriba de un tejado.

CSI y el caso del hombre desolado que nunca tuvo nombre

Escena 1-Exterior/Calle/Día/

Ciudad de Vigo, última hora de la mañana del 3 de julio del 2007. Un hombre desolado, de alrededor de sesenta años, cruza la calle. Lleva bajo el brazo una bolsa negra. Parece ausente, ido, ni siquiera responde al saludo que el vigilante del Banco de Galicia le hace cuando entra. No es la primera vez que el vigilante lo ve llegar, aunque nunca tan preocupado.

Escena 2-Interior/Oficina C.S.I./Día

La forense Catherine Willows conversa con Nick Stokes, otro de los miembros del equipo de investigación forense del C.S.I. (Crime Scene Investigation), mientras toman café en la oficina

                                                           -Catherine-

-¿Qué vas a hacer ahora que, por fin, estás de vacaciones?

                                                           -Nick-

-(Mientras estornuda) Me voy a pasar unos cuantos días a un lago, tranquilo, a pescar truchas, lejos de la moqueta de esta oficina que me va a matar y, sobre todo, lejos de Grisson.

Irrumpe, súbitamente, el nombrado Gil Grisson. Parece tener prisa.

                                                           -Gil Grisson-

-Oigo que me mencionan y me alegro de que piensen en mi. Para que vean que yo también pienso en ustedes, les voy a pedir que me acompañen. Son los únicos que están en la oficina y los necesito. Acaban de llamar de un banco. Un hombre ha muerto dentro de la sucursal, en uno de sus despachos, y a nosotros nos corresponde saber cómo y porqué.

                                                           -Nick-

-(Mientras estornuda) ¿Serviría de algo decir que estoy de vacaciones?

                                                           -Gil Grisson

-No te olvides, además de los pañuelos, de meter en tu equipo los guantes. El disparo le reventó la cabeza y debe haber sesos esparcidos por toda la oficina.

                                                           -Catherine-

-Ojalá no tenga el suelo de madera…eso siempre dificulta el trabajo.

                                                           -Nick-

-Yo, sin embargo, lo que no soporto es la moqueta…agarra mucho polvo y soy alérgico.

                                                           -Catherine-

-¿Y quién es el muerto?

Escena 3-Interior/Banco/Día

Ya en el interior de la sucursal bancaria, el hombre desolado cruza entre algunos asientos y ventanillas hasta detenerse junto a la puerta de un despacho. Tampoco responde al saludo de la eficiente secretaria que, inmediatamente,  se levanta de su silla, abre la puerta y anuncia la visita.

Segundos más tarde, la secretaria, apoyada en la puerta, le franquea el paso.

Escena 4-Exterior/Avenida/Día

Por una avenida de la ciudad, el vehículo del C.S.I. se dirige a su destino, deteniéndose finalmente, en las inmediaciones del Banco de Galicia. Grisson, Catherine y Nick, cargando sus equipos de trabajo, se acercan a la puerta del banco mientras conversan con otros policías desplazados al lugar. Alrededor del edificio, ya acordonado, se han formado corrillos de curiosos.

                                                        -Grisson-

-¿No se ha tocado nada en la escena del crimen?

                                                        -Policía-

-Nada…Al tratarse de un banco llegamos en menos de un minuto, (tratando de hacer un chiste) casi nos adelantamos al suceso… y nadie se ha acercado al cadáver o ha entrado en el despacho excepto yo.

Escena 5-Interior/Despacho del banco/Día

Un funcionario del banco esboza una sonrisa a la par que extiende rígidos los huesos de la mano. Se ha levantado, incluso, de su mullido sillón y espera de pie la reciprocidad del recién llegado pero, el hombre que tiene frente a él ya se ha sentado, ha colocado el bulto negro sobre sus piernas y no tiene intención de estrechar ningún saludo.

                                                        -Hombre-

-Necesito que me ayuden a resolver el problema…

Entra la banda sonora mientras el funcionario del banco y el hombre desolado hablan y gesticulan, se entregan documentos, suman y restan, se sientan, se levantan, revisan pagarés, discuten resultados,  se gritan, se marean…

Escena 6-Interior/Banco/Día

Grisson, cruza entre los asientos y las ventanillas, seguido de sus dos asistentes.

                                                         -Catherine

-¡Peores son los suelos de baldosa…!

                                                         -Nick-

-(Mientras estornuda) Perdón…  

Escena 7-Interior/Despacho/Día

En medio de un absoluto silencio, el hombre desolado y el funcionario del banco han quedado sentados, uno frente al otro, con la mesa dividiendo el espacio. El funcionario, recta la espalda, apoya los dos codos en la mesa para mejor sostener su barbilla con las manos. Espera una respuesta, la última respuesta al emplazamiento que no hemos oído. El hombre desolado, más desolado que nunca, ha echado la cabeza atrás, como si su cordura buscara la protección de las estrellas. Los brazos, tan desfallecidos como su cuerpo, le cuelgan a lo largo de la silla, consciente de que ya no quedan más peldaños.

De improviso, el hombre desolado saca de su bolsa una escopeta de caza, apoya el cañón en su cabeza y se dispara.

Escena 8-Interior/Despacho/Día

La puerta se abre y entra Grisson y sus asistentes. Frente a ellos, el despacho: una mesa de trabajo, una sillón detrás de la mesa, una silla caída al otro lado, una escopeta de caza en el suelo, un cartucho, un archivo, un cartel publicitario ensangrentado en el que dos recién casados agradecen al banco la llave de su vivienda, el cadáver de un hombre y la sangre que empapa la moqueta.

                                                         -Grisson-

-Lo primero que vamos a hacer es averiguar quien es el muerto

                                                         -Nick-

-¿Quieres que salga a comprar los periódicos? (mientras estornuda)

                                                         -Catherine-

-No te molestes. Ya los consulté mientras veníamos y los pocos que hablan de caso, sólo lo mencionan como “un hombre de sesenta años”. Dicen que era cliente del banco, que tenía problemas económicos, que había venido a resolverlos y que, de repente, sacó una escopeta y se mató.

                                                         -Grisson-

-¿Hay otra manera de averiguar cómo es que se llama el muerto?

                                                         -Nick-

-Si quieres puedo preguntarles a los del banco…

                                                         -Grisson-

-(Al tiempo que, pinza en mano, recoge muestras de sangre y de saliva). Probablemente lleve su identificación en la cartera. ¿Hay algún testigo?

                                                         -Catherine-

-El periódico El País habla de un funcionario del banco pero tampoco lo identifica…

                                                         -Grisson-

-Bueno… el funcionario, al fin y al cabo,  no murió.

Escena 9-Interior/Oficina C.S.I/Tarde

Grisson interroga al funcionario del banco en presencia de tres de sus abogados, dos notarios y el relacionador público de la entidad bancaria.

                                                         -Grisson-

-…y entonces, sacó la escopeta y…se mató. ¿Trató de disuadirlo?

                                                         -Funcionario-

-Claro…por supuesto. Le hablé de un nuevo plan de ahorro que en el Banco de Galicia tenemos a disposición de nuestros clientes, y de la posibilidad de poner su capital a plazo fijo con nuestro fondo de inversión… Le mencioné hasta la posibilidad de acogerse a otro préstamo, a un módico interés, siempre que saldáramos previamente los débitos pendientes, algunos flecos que han quedado en sus cuentas, en relación a la hipoteca que no pudo sacar adelante y por lo que perdió la casa y algunos otros bienes… creo que todos.

                                                         -Grisson-

-¿Recuerda alguna cosa más?

                                                         -Funcionario-

-Sí, también le ofrecí tres libretas de ahorro gratis, con diez euros de fondo, para sus nietos y un seguro de vida que no le interesó.

                                                         -Grisson-

-¿Y entonces se disparó?

                                                         -Funcionario-

-(Mientras asiente con la cabeza) No me dio tiempo ni a regalarle dos boletos del super sorteo de verano millonario que tenemos como promoción.

Escena 10-Interior/Morgue/Noche

Sara Sidle, también asistente de Grisson, conversa con Nick mientras trabajan sobre el cadáver del hombre desolado  que no tiene nombre

                                                         -Sara-

-Observa el hígado de este hombre…estaba a punto de estallar. Es posible que si no se hubiera volado la cabeza lo hubiera matado el hígado. El hígado cuando habla nunca se equivoca. Este hombre se sentía muy presionado, algo le preocupaba que no lo dejaba vivir.

                                                         -Nick-

-En realidad, todos los órganos, especialmente los vitales, apuntan en ese mismo sentido. Observa el ventrículo izquierdo, la válvula pulmonar ya no podía seguir controlando el flujo sanguíneo. Demasiada presión. Este hombre tenía días sin dormir y, tal vez, años sin descansar.

                                                         -Sara-

-¿Y crees que esa presión tenía su origen en el banco?

Warrick Brown, miembro del equipo, se acerca al grupo blandiendo unos papeles.

                                                         -Warrick-

-Las respuestas a lo que buscan están aquí…Este es el historial del desconocido con el banco, aquí está todo, préstamos solicitados, pagos de intereses, cargos y recargos… Por lo que se aprecia, antes de que lo dejaran sin nombre y sin memoria, a este desconocido de tan comunes señas, también lo habían despojado de todos sus recursos. Ya no le quedaba nada y, lo que es peor, todavía les seguía debiendo todo.

Escena 11-Interior/Oficina C.S.I./Noche

El equipo del C.S.I. al completo, incluyendo al detective Jim Brass y al químico Greg Sanders, discute el caso alrededor de una mesa.

                                                         -Grisson-

-Lo que sabemos es que el hombre era un viejo cliente del banco que nunca había tenido problemas hasta que hace seis años un préstamo lo llevó a otro mayor, aumentaron los intereses, hubo una mora, algunas nuevas operaciones y una deuda que fue creciendo cuanto más se pagaba, más una hipoteca y otros bienes perdidos… Por cierto, no tenía ni cartera y seguimos sin saber quién era el hombre.

                                                         -Jim-

-Yo he confirmado que la escopeta tenía licencia…

                                                         -Grisson-

-Pues tal vez esa licencia nos lleve a una identidad…

                                                         -Jim-

-Ya lo he intentado pero todavía no me ha llegado la respuesta de la oficina de registro.

                                                         -Catherine

-Y los periódicos siguen sin publicar su nombre.

                                                         -Grisson-

-Los restos de saliva que recogí, al igual que los análisis de sangre, revelan un agudo estado depresivo en el desconocido, una absoluta desolación…

                                                         -Sara-

-Y en ello coincide el análisis forense.

                                                         -Greg-

-(Mientras pone sobre la mesa unos folios y carpetas) A veces, los números resumen mejor que las vísceras la naturaleza de los problemas.

Escena 12-Exterior/Terraza Cafetería/Día

El funcionario, acompañado de su séquito de leguleyos, conversa con Grisson.

                                                         -Grisson-

-¿Cuándo podría saber el nombre del fallecido?

                                                         -Abogado 1-

-He revisado los periódicos y no lo citan.

                                                         -Abogado 2-

-Alguno se refiere a un hombre de sesenta años…

                                                         -Funcionario-

-Yo estoy seguro de que en un plazo breve, si no se entera antes por los periódicos, el propio banco le facilitará la identidad del suicida, siempre y cuando lo autorice su familia…

                                                         -Grisson-

-¿La familia? ¿Dónde puedo localizar a su familia? ¿De dónde es? ¿Dónde vive?

                                                         -Abogado 3-

-Ese dato tampoco lo citan los periódicos…

                                                         -Abogado 4-

-…los que hablan del caso.

                                                         -Funcionario-

-Mire investigador, el asunto es mucho más simple de lo que parece. Todos los días los bancos se nos llenan de gente que viene hacia nosotros a contarnos su sueño, a confiarnos su problema,  su urgencia, su felicidad, su esperanza…y que no importa como llamen a todas estas necesidades, siempre terminan por decirle: dinero. Por eso es que acuden a un banco… y nosotros, los bancos, se lo procuramos.

                                                         -Grisson-

-Como se lo procuraron al muerto.

                                                         -Funcionario-

-Para eso estamos, para distribuir dinero, dinero que tiene que volver al banco. Además, ese hombre no entró por primera vez al banco con una pistola en la cabeza, ni aceptó su primer préstamo bajo tortura. Tampoco se le obligó a firmar la hipoteca… Usted conoce mejor que yo cuales son las reglas que rigen el mercado. No es nada personal, es un negocio. Yo te doy, tú me das…

                                                         -Grisson-

-(Como si se tratara de un concurso) ¡Y el que falla…pierde!

                                                         -Funcionario-

¡Y el que pierde, a veces, muere! Es ley de vida, por cierto, ¿le interesaría abrir una cuenta de crédito con nosotros?                          

Escena 13-Interior/Oficina C.S.I./Noche

Alrededor de la mesa, todos los integrantes del C.S.I.

                                                         -Grisson-

-¿Has averiguado Nick si hay antecedentes, otros casos semejantes?

                                                         -Catherine-

-Los periódicos tampoco ofrecen datos, estadísticas…antecedentes. En el caso de otras muertes suele ser habitual pero cuando hablamos de bancos, la última muerte siempre es también la primera. Imposible saber cuantas deudas y bancos hay detrás de cada suicidio, si se suicidan más dentro o fuera del banco, que banco tiene más suicidios en su haber…nada, no dicen nada.

                                                         -Jim-

-En cualquier caso, las autoridades de salud bien harían en alertar a la población sobre la que ya es una epidemia…porque detrás de muchos suicidios, a nada que se indague, casi nunca falta la firma de un banco. No siempre es la única rúbrica que pone nombre al crimen, pero sola o acompañada, muy pocas veces falla.

                                                         -Gil Grisson-

-¡Banco de Galicia…!

                                                         -Catherine Willows-

-¡Banco Central de España!

                                                         -Jim Brass-

-¡Banco de Santander!

                                                         -Warrick Brown-

-¡Banco Popular!

                                                         -Nick-

-¡Central Hispano!

                                                         -Sara Siddle-

-¡BBV!

                                                         -Greg Sanders

-¡La Caixa catalana!

                                                         -Nick-

-¿Y entonces? Porque aparentemente se trata de un suicidio…así lo ha declarado el único testigo, y así lo certifican, también, las pruebas de balística, las huellas dactilares…

                                                          -Catherine-

-Y, sobre todo, así lo han dicho y escrito los pocos medios que se han referido al caso del “hombre de sesenta años”, nuestro muerto sin nombre y sin fortuna.

                                                          -Grisson-

-Sí, aparentemente, eso es lo que parece, un suicidio. Sin embargo, estamos frente a un crimen…aunque, eso sí, un crimen perfecto La propia víctima fue la que apretó el gatillo. ¿A quién se puede entonces culpar de asesinato?

                                                           -Sara-

-¿Y qué podemos hacer?

                                                           -Grisson-

-Absolutamente nada…a no ser que alguien quiera presentar cargos criminales contra la depresión, o acusar del crimen al insomnio, o llevar ante los tribunales a la extremada fatiga del riñón, o condenar a su corazón a 30 años y un día por no haber sabido sobreponerse a la presión, o…

                                                            -Jim-

-En una palabra, que aquí termina el caso del hombre desolado que nunca tuvo nombre…

                                                            -Grisson-

-…pero siempre tuvo un banco. (Mientras toma su móvil desentendiéndose del grupo)

                                                             -Catherine-

-…Yo por eso prefiero las financieras, tal vez te cobran más pero te extorsionan menos…

                                                              -Nick-

-…yo  lo que no soporto es la moqueta (estornuda)

                                                              -Grisson-

-(A la vez que cierra el móvil) ¡Vamos arriba, se suspende la reunión! ¡Otro hombre desolado y sin nombre se ha quitado la vida en otro banco…!

La culpa

La culpa es de las vacas que enloquecen, de las aves con gripe, del veleidoso clima y sus súbitos cambios. La culpa la tiene la caída de la bolsa, el precio del petróleo, la crisis del ladrillo. La culpa es de los celos y de las carreteras. La culpa es del demonio o del destino, de la imponderable idiosincrasia, de la incompatibilidad de caracteres, la culpa es financiera.

La culpa siempre es del enemigo.

Detrás de cada gran hombre

Detrás de cada gran hombre siempre hay un gran abogado con su correspondiente gran bufete de grandes picapleitos, además de los socios y grandes allegados, entre los que nunca falta algún gran director de un gran medio de comunicación y unos cuantos políticos, obviamente grandes, un gran juez, un gran intelectual, un alto ejecutivo de un gran banco, y una gran biografía redactada por un gran historiador.

¿Verdad que es sorprendente cuantas personas y oficios caben en una mujer?

La bananera república estadounidense

El desastre ecológico y las decenas de muertos que ha provocado en el Golfo de México la explosión y hundimiento de una plataforma petrolera, vuelve a colocarnos frente a la triste realidad de una república bananera, y hablo de la estadounidense, que a su natural torpeza e ignorancia, agrega la arrogancia de creerse paradigma de todas las virtudes y, en consecuencia, imprescindible guía para los demás países a los que se empeña en dictar pautas para su progreso y desarrollo.

Y estos tres ingredientes: ignorancia, torpeza y arrogancia, suelen ser demoledores cuando suman sus letales efectos. Si esta catástrofe hubiera ocurrido en cualquier otro país americano, a los grandes medios no les habría faltado tiempo para denunciar la pésima gestión del accidente, la incompetencia puesta en evidencia o la irresponsable ocultación de datos. Pero ha ocurrido en Estados Unidos, donde su presidente, apenas hacía un mes que  había levantado la prohibición de realizar nuevas exploraciones de gas y petróleo por el riesgo que conllevan y donde acaba de volver a cancelar los permisos hasta que no se investigue y se conozca lo ocurrido.

De momento, las únicas certezas que parece tener el presidente Obama  es que será la empresa British Petroleum la que asuma los costos del desastre, y que todas las valoraciones que funcionarios de distintos niveles estuvieron manejando y haciendo públicas en los primeros días del desastre resultaron erróneas; ni las fugas de crudo eran las que se afirmaron, ni la gravedad de los vertidos era el que se estimaba, ni la velocidad de la mancha ha sido la que se preveía. Todas las medidas adoptadas han sido insuficientes o simples desatinos; ni prender fuego a las manchas ha servido para extinguirlas ni las barreras flotantes han evitado su avance.

De las decenas de muertos y desaparecidos nadie se acuerda.

Imposible no recordar el paso del huracán Katrina años atrás. Y no sólo por afectar el mismo litoral sino por el grado de ineptitud demostrado en ambos casos y que retrata a los Estados Unidos como la más bananera de todas repúblicas.

En aquella ocasión, a pesar de saberse la trayectoria y dirección de la tormenta Katrina desde siete días antes, sólo a última hora comenzaron a activarse los mecanismos de seguridad y socorro; sólo fueron trasladados los ciudadanos que pudieron costearse su salvación; los guardias nacionales encargados de preservar las vidas en las ciudades y comarcas inundadas, no estaban en ese servicio, sino empleados en otros afanes y oficios, a 12 mil kilómetros de distancia, en Iraq; buena parte del material de socorro que debió servir para resguardar la vida de la población amenazada por la tormenta, ya transformada en huracán, tampoco estaba donde debía sino en Iraq; no había refugios en condiciones ni dotados de comida, linternas, mantas o agua potable; la población más pobre y más negra fue la más perjudicada y la que más muertos y desaparecidos aportó a la tragedia; turbas armadas asaltaron algunos supermercados y policías provocaron más víctimas disparando sobre alborotadores y personas desesperadas; a las zonas de desastre llegaron antes los periodistas que los médicos y las cámaras de televisión antes que los botiquines; todavía se ignora el número de muertos y desaparecidos; el presidente estaba de vacaciones.

 Por si no bastaran los citados ingredientes para definir como bananera esa república, buena parte de las ayudas destinadas a auxiliar a las víctimas se extraviaron por el camino y terminaron transformadas en vacaciones caribeñas, viajes a Australia y otros dispendios parecidos.

No es el primer grave accidente que ocurre este año en Estados Unidos ni tampoco el primer símil que pueda hacerse entre la sociedad que más alardea de progreso y desarrollo y el tercermundismo más ramplón.  

En los primeros días de abril morían alrededor de 30 trabajadores en una mina de Virginia, tras una explosión cuyo origen aún se busca aclarar. La empresa Massey Energy´s Performance Coal, dueña de la mina, dispone de un largo historial de mortales accidentes. De hecho, tres años antes, en otro accidente ocurrido en su mina Sago, de Virginia, murieron 12 obreros. En aquella ocasión la empresa se declaró culpable de 10 cargos criminales vinculados a ese siniestro y en el 2009 tuvo que pagar 2, 5 millones de dólares en multas, bastante menos, obviamente, de lo que tendría que invertir en las medidas de seguridad que ignora.

En febrero de este año también se registraba una enorme explosión en una central eléctrica en Connecticut, cuyo desenlace en relación a las posibles víctimas causadas sigue siendo un misterio. Según las primeras informaciones de la policía local, recogidas por la cadena estadounidense NBC, la explosión había provocado “múltiples muertos y heridos”. El periódico local “Hartford Courant” aseguraba que cerca de un centenar de trabajadores se hallaban en el interior de la planta cuando sobrevino la explosión
El administrador de la planta, Gordon Holk indicó que un indeterminado número de trabajadores estaba desaparecido, y que estaban procediendo a su búsqueda y rescate. Algunos testigos afirmaron haber visto cuerpos por todas partes y que bajo los escombros quedaban muchas víctimas. Sin embargo, la policía sólo reportó la muerte de dos trabajadores y un centenar de heridos, para que tres meses más tarde se siga sin saber qué fue, en verdad, lo que pasó y cuantas personas perdieron la vida.