Amargue de lunas rotas

Será que es luna llena
que para no ser menos, esta noche,
en que ni las estrellas son testigos,
mixtura de caricias y reproches,
vuelvo de nuevo a naufragar contigo.
Y sé que, si lo digo,
vas a guardar silencio
por miedo a que tus ojos se arrepientan
y rescaten mi sombra del olvido,
pero cómo callar el amor mío
si hasta cuando enmudece
es un fragor de intrusos alborotos
sin causa que lo ampare ni albedrío
que lo redima ileso,
cómo negar la voz de los sentidos,
cómo la certidumbre de los huesos.
Será que es luna nueva
que a la espera de estímulos y abrigo,
emboscada en las páginas de un beso,
han vuelto tu memoria y mis desvelos
a contrariar afanes y permisos.
Y sé que, si lo digo,
vas a darme la espalda
por miedo a que tus labios se equivoquen
y desmientan recelos y remilgos,
pero cómo callar el amor mío
si hasta cuando sin voz
es un clamor de vanos desahogos
sin verdad que lo guarde ni equilibrio
que lo disponga a salvo,
cómo ocultar sus épicos escombros,
cómo la obstinación de sus estribos.
Será que en esta luna
que arrepentida mengua cuando crece
lloviéndome nostalgias y tristezas,
al cabo de la noche sólo estamos
tu peregrina suerte y mi torpeza,
y sé que, si lo callo,
vas a apurar el paso
por miedo a que tus manos se confundan
y no acierten a dar con la respuesta,
pero cómo callar el amor mío
si hasta cuando lo niego
es un tropel de viejos abalorios
sin razón que lo acoja ni atavío
que lo procure cuerdo,
cómo esconder sus trémulos sonrojos,
cómo la sensatez de su extravío.